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Carolina Shimabukuro: dama de fierros

Carolina Shimabukuro rompe esquemas en el trabajo y en el deporte. (Foto ©APJ/José Vidal)  

Piloto de carreras y gerente de soporte de Komatsu Mitsui en Lima, la vida de Carolina Shimabukuro Goto es una prueba de habilidad en la mecánica, de velocidad en el volante y de saber esquivar los prejuicios que se le ponen en frente.

Desde niña le gustaba jugar con carritos con su hermano o estar en el taller que su papá tenía en el distrito de La Victoria. “Los mecánicos me ponían a desarmar cosas o a limpiar partes del auto, andaba siempre llena de grasa”. No quería muñecas (odiaba a Barbie), desde chica el sueño de Carolina Shimabukuro Goto fue ser mecánica de autos. Cuando estaba en el colegio La Unión ya sabía que quería diseñar su propio auto de carreras, por eso no dudó en estudiar en el instituto Tecsup.

“En quinto año de secundaria, yo ya sabía que quería estudiar Mantenimiento de Maquinaria Pesada. Me averigüé todo para ingresar. Al principio, mis papás querían que estudiara Ingeniería, pero yo estaba segura de lo que quería”. El temor de sus padres, Tsutomu e Isabel, era que su hija estuviera en un mundo de puros hombres, donde el machismo domina por falta de oposición. Pero ella estaba dispuesta a romper ese esquema.

“En todo el salón éramos solo tres mujeres. Al final, solo yo me quedé. Para hacerme respetar tenía que saber más que el resto. En las clases prácticas, era la primera en terminar los trabajos y cuando alguien me llamó ‘china’ una vez, tuve que cuadrarlo. Desde entonces, siempre me trataron como igual, hasta me contaban cosas que solo se dicen entre hombres”, recuerda Carolina, quien consiguió hacer prácticas en Komatsu Mitsui, una empresa que estaría muy ligada a su futuro profesional.

DERRIBANDO PREJUICIOS

En sus primeros pasos tuvo que hacer de todo para ganarse la confianza de sus jefes, todos hombres mayores. Una vez que pasó por la etapa más básica de un practicante, a Carolina la enviaron por todo el Perú a hacer mantenimiento de la maquinaria pesada de minería y construcción. Allí se enfrentó a más prejuicios cuando veían que era una mujer quien llegaba como mecánico. Su caja de herramientas pesaba catorce kilos.

“Creo que muchas veces se piensa que las mujeres solo pueden sobresalir con una cara bonita o sonriendo. Pero hay dos maneras: la otra es con talento y esforzándote”, dice Carolina, quien comenta que saber de autos le ayudó a estar en un mundo de hombres (“de fútbol no sé nada”), poder participar en sus conversaciones y no dejarse intimidar. “Me siento cómoda, pero al principio siempre se paga un derecho de piso”.

En Komatsu Mitsui estuvo tres años y luego regresó para quedarse otros once, pasando por distintas áreas hasta convertirse en gerente de soporte. “Me apoyaron mucho, sobre todo para continuar mis estudios”, cuenta Carolina. En 2008 estudió Administración en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas - UPC y en 2013 hizo un MBA en Centrum Católica gracias a una beca. Pero hay otra carrera que Shimabukuro ha seguido en paralelo y donde siempre está detrás del volante: la de piloto.

AMOR POR LOS FIERROS

Carolina recuerda que un día su hermano Juan Carlos le dijo que la había inscrito en una carrera. Era 2002 y en la competencia de autocross (carrera de habilidad que se hace en un circuito con obstáculos) las mujeres podían inscribirse gratis. “Me gustó mucho, hice amigos que me prestaban sus autos mejor preparados para que pudiera competir”. Luego llegó una de las experiencias que siempre recuerda: el rally sudamericano en Huancayo, en la sierra central del Perú.

Carolina participa en diversas competencias de autos. (Foto: archivo personal)  

Fue copiloto en varias pruebas en esta modalidad que se hace sobre caminos de tierra y en 2009, junto con su hermano, decidieron invertir para correr juntos. “Nos endeudamos, fue una odisea llegar porque fuimos manejando el mismo auto. Como era alquilado, nos preocupaba chocarlo en la competencia así que íbamos despacio y creo que eso nos sirvió porque llegamos cuartos”. Cuando era niña, toda su familia iba a ver las carreras del circuito de Santa Rosa. Ahora, su papá siempre va a verla competir.

Hace unos años, incursionó en los karts, participando en “La hora del kartismo 2012”, de Trujillo, donde quedó en segundo lugar. En el 2017 se unió al Team Yokohama de la TC Series by Honda, que compite en La Chutana, al sur de Lima. Junto a otras cuatro chicas, viene demostrando que saber de autos no es una cuestión de género, y que el amor por los fierros también es cosa de mujeres.

VIDA AL VOLANTE

Ponerse al frente del volante le ha traído a Carolina muchas satisfacciones. (Foto: archivo personal)  

Cuando va de su casa en Surco a su trabajo en el Callao, Carolina conduce un Toyota compacto o su querido Honda Civic Si rojo con placa de Hello Kitty. “Eso sí, tiene que ser auto japonés, otro no entra”, dice entre bromas. De sus cuatro abuelos japoneses quedaron ciertas costumbres, como la del butsudan, donde conservan las fotos de ellos, y la cocina nikkei.

Con el Honda negro con el que compite, el mismo modelo que tiene en rojo, Carolina tuvo un despiste y se dio una vuelta de campana. Afortunadamente, salió ilesa (al poco rato ya se estaba riendo), pero no ve la hora de volver a conducir usando sus clásicos guantes rosados. “El automovilismo es un deporte muy caro que necesita de mucho apoyo”, comenta cargando su casco con el que ha llegado a ir a más de 160 kilómetros por hora.

En días de semana, conduce lento por el tráfico y porque sabe que los grandes cambios toman su tiempo. “Cuando entré a trabajar a Komatsu Mitsui no había camerinos para mujeres. Yo no tenía dónde cambiarme. Eso es algo que hemos podido cambiar”, dice feliz también de que más mujeres se interesen por la mecánica, los autos y las carreras, como sus compañeras del team de Yokohama o las amigas que van a verla competir. Romper esquemas en la sociedad, romper prejuicios, es una carrera para todos.

 

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 111, y adaptado para Discover Nikkei.

 

© 2017 Texto y fotos: Asociación Peruano Japonesa

Carolina Shimabukuro peru Racer