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Kizuna 2020: Bondad y solidaridad nikkei durante la pandemia de COVID-19

“No debemos quedarnos con esta sensación de horror porque el Perú es un gran país”

Hace un año, se impuso en el Perú una de las cuarentenas más rigurosas del mundo para ralentizar la expansión del nuevo coronavirus. Ha sido un año penoso y terrible para un país diezmado por la pandemia y abatido moralmente por un escándalo que involucró a un expresidente y dos exministras que abusaron de sus posiciones de poder para vacunarse de manera clandestina mientras miles de personas morían. 

Jorge Yamamoto aboga por un plan nacional de valores para levantar al Perú (Zoom)

A lo largo del año, uno de los especialistas más consultados por los medios de comunicación ha sido el psicólogo social Jorge Yamamoto, para analizar el comportamiento de los peruanos y su casta gobernante.

¿Qué balance hace el analista de estos doce meses de pandemia? El psicólogo advierte de la “impresionante arremetida de los antivalores”, expresada en la desobediencia de las reglas por parte de la ciudadanía y la corrupción de los políticos.

“El comportamiento de transgresión de la norma ya era algo conocido en el Perú, pero ahora adquiere carácter suicida. Se plantea a las personas que hay normas para su propia supervivencia, pero no las cumplen y terminan contagiándose y contagiando a sus adultos mayores, llegando el Perú a ser campeón mundial en mortalidad por covid durante varios meses”, dice.

Por ello, subraya “la enorme necesidad de trabajar la conducta ciudadana, especialmente los valores”.

Con respecto a los exmiembros del gobierno peruano que se vacunaron a escondidas, entre ellos una exministra de Salud que públicamente dijo que como “capitán” sería la última persona en vacunarse (cuando ya había sido inmunizada en secreto), y a quien critica su “caradurismo”, su ruindad denota la “tremenda crisis de valores” por la que atraviesa el Perú.

¿Qué pasa por la cabeza de un político que miente y miente, que persiste en la negación aunque le restrieguen la verdad en la cara? Jorge Yamamoto alude a lo que denomina “la desconexión moral. ¿En qué consiste? En generar una amortiguación entre la realidad y nosotros mismos. Es como si uno estuviera drogado, no tiene total conciencia y ese es uno de los procesos psicológicos que se han asociado más a la corrupción”.

Y así como resultan incomprensibles los embustes de los gobernantes pese a las evidencias que los refutan de manera palmaria, también son difíciles de entender ciertas conductas de la población, como las personas que celebran funerales de un familiar fallecido por coronavirus con alcohol y bailes, disparando el riesgo de contagiarse.

“Esa es una señal de extrema falta de conciencia, no en el sentido moral, sino en el sentido psicológico. Nosotros podemos actuar de manera automática, sin razonar, sin prender la parte frontal del cerebro, basados en una serie de mecanismos automáticos, como lo hacen las amebas, los protozoarios. ¿Qué pasa? Tengo la muerte de un ser querido, reacción automática emocional: pena. Reacción automática para aliviar la pena: reunirme con los amigos y bailar. Reacción automática: los ritos funerales que siempre practico. Entonces no se activa el cerebro”, explica.

REFLEJO DE LA SOCIEDAD 

La ciudadanía en el Perú estalló de indignación cuando se destapó el escándalo de las vacunas. Sin embargo, lo cierto es que los políticos y autoridades de un país son un reflejo de las personas que gobiernan.

“El problema está en que la mayoría de peruanos de grandes ciudades hubiera actuado de la misma manera y hubieran sido excepciones que confirman la regla los que no hubieran aceptado la vacuna o los que no hubieran hecho la repartición (de las vacunas)”, dice el psicólogo.

Así las cosas, la corrupción no es patrimonio exclusivo de la clase política, está enquistada en la sociedad. “Así funciona la corrupción desde las raíces culturales”, apunta Jorge Yamamoto. “Por eso, un plan contra la corrupción no solo debe ser visto como un tema legal, sino también como un tema psicosocial, como un tema que está enraizado en la cultura. No somos conscientes de cuándo estamos transgrediendo la norma, y de ahí salen estas justificaciones cínicas: ‘yo no puedo darme el lujo de enfermarme’, ‘yo tengo un alto riesgo’, y en esas termino vacunando a seis de mis familiares1”, añade.

La alusión a los habitantes de las grandes ciudades, quienes en su mayoría se habrían vacunado de manera subrepticia de haber tenido la oportunidad, no es gratuita. El psicólogo nikkei, que ha estudiado a las pequeñas comunidades en los Andes y la Amazonía de Perú, sostiene que en estas una vileza como la reseñada no sería posible. “Hay una elevada conciencia”, apunta.

En contraposición, en las urbes como Lima, e incluso en ciudades medianas, hay “una guerra de todos conta todos. ¿Eso qué genera? Adormecimiento emocional, cuyo efecto es reducir la conciencia”. No existe solidaridad, respeto por el prójimo.

MIRADA POSITIVA

Aunque a veces lo tilden de pesimista por sus descarnados diagnósticos sobre la situación y realidad del país, Jorge Yamamoto apuesta y promueve el optimismo, pero no el optimismo irracional de quien se cree inmune a las amenazas y acude a una fiesta porque está convencido de que no se va a contagiar, ni el optimismo iluso de quien dice “todo va a estar bien”, como si la mera enunciación de un deseo alcanzara para transformarlo en realidad, como si las palabras fueran una varita mágica.

No, él defiende un optimismo emparentado con “la resiliencia y la capacidad de adaptación”, y que “parte del realismo, que se da cuenta de dónde está pisando y dice ‘esto no me va a vencer, voy a encontrar la forma concreta de poder salir adelante’. Ese es el optimismo que necesitamos”, explica.

Perú tiene un lado oscuro, pero también un reverso luminoso. “No debemos quedarnos con esta sensación de horror, de saquen su visa y sálvese quien pueda, sino más bien (esto) debe ser visto como un reto de que tenemos que hacer algo porque este es un gran país, con unos paisajes naturales hermosos, con gente trabajadora, honesta (especialmente en las pequeñas comunidades tradicionales), con ingenio. Qué pasa si ese ingenio se orienta hacia el bien y no hacia el mal, si simplemente nos damos cuenta de que todos ganamos si mantenemos unas cuantas normas de comportamiento, y si en vez de machetearnos y envidiarnos, empezamos a trabajar juntos ayudándonos. Ese va a ser el mejor acto para salvar al país”, dice.

Es cuestión de enfoque. Cuando se hizo público el escándalo de las vacunas, los medios y la población se lanzaron a la caza de quienes se habían beneficiado irregularmente de ellas. ¿Y qué hay de aquellos que pudiendo haber accedido a la vacunación tuvieron la entereza de rehusarse? En medio de tanta putrefacción, ¿no podrían servir ellos de ejemplos morales, de modelos para construir valores?

“Deberíamos buscar a esos pocos que dijeron ‘no, eso está mal y yo no lo hago’. A ellos deberíamos ubicarlos y entrevistarlos, y entender cómo han sido formados en casa, cuál ha sido su razonamiento, porque fueron la excepción frente a esta mal. Ahí vamos a tener una serie de puntos centrales para desarrollar planes eficaces anticorrupción, por el bien del país”.

Si miramos el vaso medio vacío, notamos que durante la pandemia, según estudios realizados por Jorge Yamamoto y su equipo de investigación, ante la crisis y la escasez de recursos, la unidad familiar ha retrocedido, empujada por el individualismo. También ha crecido la violencia familiar.

No obstante, si miramos el vaso medio lleno, descubrimos que un importante sector de la población ha reforzado sus lazos familiares y aprendido a valorar a su parentela.

“Hace poco conversaba con un amigo, un exitoso empresario, y me decía ‘ahora ya no me importa ser rico, solo quiero ser feliz. Me doy cuenta de la cantidad de tonterías que compraba, tonterías para mí, para mi esposa, pero eran solo para lucirme. Ahora estoy entendiendo que la felicidad tiene que ver con la unión familiar’. Ese es un ejemplo de cómo hay personas que están encontrando qué cosa es realmente importante y han hecho un salto en su calidad de vida”, revela el experto nikkei.


CRUZADA POR LOS VALORES
 

¿Cómo salir del atolladero en el que estamos hundidos? ¿Cómo rescatamos al país de la corrupción y la anomia?

Jorge Yamamoto propone un plan nacional de valores para salir adelante, con la participación de poderosos estamentos, como las empresas y los medios de comunicación, en un esfuerzo de largo de aliento, de una década, impulsado por “un optimismo resiliente, antidepresivo, que ayuda al individuo y a la comunidad a tener una esperanza razonable”.

Valores encarnados en personas como las que rechazaron el indebido privilegio de vacunarse y que pueden “darle un optimismo saludable a la gente, decirle ‘mira, sí se pudo’. ¿Y cómo lo hicieron? Porque probablemente desde pequeños sus padres les dieron una formación clara, basada en el ejemplo, con calidez pero con estructura”.

Cambiándonos a nosotros mismos, siendo mejores personas, mejores ciudadanos, podemos cambiar al país.

“Yo no puedo cambiar al Perú, pero sí puedo cambiarme a mí mismo y puedo cambiar a mi familia. Puedo educar a mis hijos en valores como primera prioridad, y quizá me empiezo a juntar con amigos que compartan estos valores, y así los hijos van viendo un ejemplo homogéneo”, dice.

El ejemplo puede escalar de la familia y los amigos al campo laboral y, más adelante, a otros ámbitos.

“En mi empresa puedo empezar a promover estos principios para la mejora de la calidad de vida y la calidad personal de mis colaboradores. El efecto va a ser que van a trabajar mejor, van a ser más honrados. Y de pronto extendemos el mensaje a la cadena de proveedores, a los clientes, y podríamos crear islas de productividad, e ir cambiando al Perú persona tras persona, cliente tras cliente, familia tras familia”.

Machu Picchu, ciudadela inca que hace grande al Perú (foto Andina)

Nota: 

1. La exministra de Relaciones Exteriores del Perú recibió en secreto la vacuna y se justificó alegando que no podía darse el lujo de enfermarse. Un exviceministro de Salud no solo se vacunó, también hizo vacunar a su esposa, sus hijos, su hermana y sus sobrinos.

 

© 2021 Enrique Higa Sakuda

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About this series

En japonés, kizuna significa fuertes vínculos emocionales. 

En el 2011, habíamos invitado a nuestra comunidad nikkei global a colaborar con una serie especial sobre cómo las comunidades nikkei respondieron y apoyaron a Japón tras el terremoto y tsunami de Tohoku. Ahora, nos gustaría reunir historias sobre cómo las familias y comunidades nikkei se han visto afectadas y cómo están respondiendo y adaptándose a esta crisis mundial. 

Si te gustaría participar, revisa nuestras pautas de presentación. Recibimos artículos en inglés, japonés, español y/o portugués. Estamos buscando distintas historias de todo el mundo. Esperamos que estas historias ayuden a conectarnos, creando una cápsula del tiempo de respuestas y perspectivas de nuestra comunidad Nima-kai global para el futuro.

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