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Takashi - Parte 2

Lea parte 1 >> 

Los abogados laboralistas

Oscar firmando el dia que se recibió de abogado y de escribano publico.

Cuando fue despedido de la fábrica metalúrgica, Takashi consultó en el estudio jurídico de Javier Slodky y Mario Garelik, ubicado en la calle Maipú 51 de Avellaneda. Ambos  abogados coincidieron con el consejo que Beba le había dado previamente. Le  aconsejaron a mi padre que continuara con sus estudios en la facultad y de ese modo  pudiera colaborar mejor con las problemáticas de los obreros. Mi padre terminó la facultad en un tercio del tiempo que les llevaba a otros estudiantes finalizar la carrera de abogacía. Se recibió con doble título de escribano público y abogado. Mientras estudiaba para rendir los exámenes, trabajaba como asociado en el estudio jurídico de Slodky y Garelik. El estudio atendía consultas de treinta a cuarenta obreros por día. En el barrio los abogados laboralistas eran conocidos como los “muchachos que defienden a los pobres” como recuerda Mario Garelik. Slodky, Garelik y mi padre, además de ser socios, compartían una gran amistad, eran como hermanos.

El ambiente del estudio era alegre, nunca faltaban las risas y el buen humor. Una de las anécdotas que Garelik recuerda es la de un cliente que fue al estudio contando su problema. Javier Slodky, que redactaba en forma brillante (escribió varios libros) redactó el telegrama para mandarle a la parte en causa, cuando el cliente fue al correo para mandarlo, los empleados le dijeron que era mejor que se dejara estafar porque el telegrama le iba a costar más que el juicio. El cliente volvió a referirle a Javier lo que le habían dicho los empleados del correo y entonces Takashi, que ahí estaba le dijo que se trataba de un telegrama y no de las obras completas de Javier Slodky.

En 1974 corrían tiempos peligrosos en Argentina para quienes defendían a los obreros. Un sábado a la noche del mes noviembre, escucharon el timbre del estudio. Preguntaron quien era y una voz respondió que era la policía y que tenían una orden de allanamiento. Mario Garelik se asomó por la mirilla de la puerta y vio a un grupo de  ocho o nueve hombres armados, cargando escopetas Ithacas. Rápidamente decidieron no abrir y se escaparon por los techos. Sin duda se trataba de una escuadrón de la muerte, de un partida de la Triple A, que se dedicaba a asesinar a cualquiera que defendiera el interés de los trabajadores, como era el caso de los abogados laboralistas.

Takashi que siempre fue muy ágil les mostraba el mejor camino para saltar entre las casas. Del techo del estudio saltaron hacia una azotea, de allí a un cartel y del cartel a la vereda. Mario Garelik no tomó bien la distancia y se cortó la mano. Después de más de cuarenta años todavía mantiene la cicatriz de esa noche. Terminaron en una panadería en la calle Mitre. Éste período se volvió caótico, no se sabía que se podía esperar, a dónde ir, siempre con los grupos de tareas pisando los talones de mi padre y y sus socios.

Mi padre solía comprar muchos libros. Gran parte de nuestras salidas consistían en ir a las librerías de la avenida Corrientes. Decía que los libros eran la herencia que nos quería dejar a mi hermano y a mí.  Pero dado que los grupos de asesinos seguían presionando, mi abuelo materno, mi mamá y mi papá tuvieron que quemar la mayor parte de la “biblioteca Oshiro” como la llamaba él mismo. Mi madre me comentó que ese día fue muy doloroso para mi padre, que le caían lágrimas al ver como se desintegraban las páginas de tantas obras. Algunos de los libros que sobrevivieron fueron las poesías de Michelangelo Buonarroti, de Neruda y unos tomos de arte con obras de Goya, Toulouse Lautrec, Gauguin y Leonardo Da Vinci. Mi padre Takashi tenía razón que esa era la mejor herencia, porque aún en la actualidad me emocionan ver obras de esos artistas inmortales.

El Estudio debió afrontar un segundo encuentro a principios del 1975 con las fuerzas represivas. La Alianza Anticomunista Argentina no desistía de sus intentos. La segunda vez fueron a buscar a mi padre a la casa de un primo lejano que tenía el mismo nombre y apellido. Se confundieron porque también era doctor, pero en medicina. Este hombre llamó a mi padre para advertirle del peligro. Pasamos varias noches durmiendo en casas de parientes. Mi mamá, hermano y yo volvimos a nuestro departamento. Javier y Takashi decidieron viajar en tren a Necochea, era de noche y recuerdo que los fuimos a despedir a la estación de Retiro. Cuando volvieron, pasaron otro periodo en una de las casas vacías de abuelo Katsu.

En noviembre de 1974 con la ayuda del personal de la embajada de México y la novia de Javier Slodky que trabajaba allí como secretaria, mis padres, mi pequeño hermanito y yo logramos entrar allí, vivimos por un mes mientras mis padres hacían los trámites para conseguir asilo político en dicho país; México.

Lo perseguían a mi padre y mi madre estaba de 9 meses, apenas salió del hospital el 31 de octubre nos fuimos a la Embajada pero no se sentía muy bien. Mario Garelik arregló con el médico para que visitara a mi mamá, Mario me contó que nuestras familias era como una gran familia y hasta teníamos los mismos dentistas y médicos.

La Embajada mexicana estaba vigilada desde afuera por los militares argentinos, entrar no era tanto el problema como salir. Mario llevó al Dr. Normandi (era el médico de familia de Garelik, de Slodky y nuestro) con temor de no saber si iba a poder ser libre a la salida o si se lo iban a llevar. Pero mas allá del temor el médico decidió arriesgarse y revisar a mi mamá.

La cancillería mexicana no le otorgó la condición de perseguido político a Takashi, quien desistió el pedido de asilo. Ese mes que vivimos en la Embajada de México fue un período para meditar sobre qué rumbos tomar. Mis abuelos paternos y maternos no querían que nos alejáramos de ellos. Mi padre era el hijo mayor en una familia Nikkei , ocupaba un lugar de mucha importancia, más allá de que era muy querido por mis abuelos y su hermana Yoko. Mi mamá era la más mimada por mis abuelos maternos, además de que trabajaba en la empresa textil de mi abuelo.

Mi mamá siempre me recordaba las palabras de mi papá, que siempre resuenan como eco en mi cabeza; “Éste es mi país” y allí se quedó para bien o para mal. Mis padres acordaron en que se iban a quedar en la Argentina y vivimos respetando esa decisión.

La presión ejercida por la Triple A tuvo sus consecuencias. En la oficina de Garelik, Slodky y Oshiro, la marea de obreros que consultaban mermaba; los obreros no se atrevían a hacerlo por temor y también porque impedían que los clientes llegaran al Estudio. Dicho clima imposibilitaba trabajar y entonces los tres abogados disolvieron la sociedad en 1976.

El Dr. Enrique Gastón Courtade  tenía un prestigioso estudio a la vuelta de la oficina en Avellaneda. Tenía mucho trabajo y al escuchar que Takashi ya no trabajaba más junto a Garelik y Slodky, le ofreció ser socio. Parecía que las cosas habían vuelto a la normalidad; Courtade y mi padre trabajaron juntos por más de un año, mientras representaban en un juicio a más de un centenar de obreros despedidos por una empresa del ramo de metal mecánica perteneciente a Martínez de Hoz. Courtade al igual que mi padre fueron secuestrados el mismo día: el 21 de abril de 1977.

Apenas Javier supo de la desaparición de Takashi, estuvo oculto por unos meses buscando el modo de irse del país. Consiguió una beca para irse a Perú, en donde se convirtió en un escritor famoso. En el ’77 ya había formado familia con Miriam y esperaban a una nena llamada Judith. Javier se fue del país solo y posteriormente lo hicieran su esposa e hija. Javier volvió a la Argentina con su familia cuando recuperamos la democracia. Retomamos contacto con ellos cuando volvimos de Italia con mi hermano y mi madre en el año de 1992. Javier siempre tenía recuerdos, anécdotas y buenas palabras para compartir sobre mi viejo. Disfrutar de su compañía me devolvía un pedacito de Takashi y me permitía sentirlo más cerca. Javier era una persona amable, culta y bondadosa. Perderlo fue un shock para su esposa e hija y para mí también. Durante los años que viví lejos del país, sus cartas fueron siempre una alegría. Cuando las cartas dejaron de llegar y mi tía Yoko me avisó de su fallecimiento, me costó mucho aceptarlo. Mi hermano y yo teníamos tanta confianza en Javier que le habíamos dejado un poder general para que vendiera el departamento de mis padres. La amistad que tenían con Takashi no terminó con su desaparición, Javier siempre se preocupaba en llamar o visitar a mi abuela Ikuko, o de llevarnos a cenar si estábamos en Buenos Aires. Todavía nuestras familias están conectadas a través de ellos.

Mario dejó de ejercer abogacía, si bien trabajó en un estudio jurídico como empleado y vendía libros contables. Decidió quedarse en Argentina ya que tenía hijas muy chicas y no lo vimos durante muchos años. Mario Garelik contribuyó en el capítulo de Takashi del libro sobre los 17 desaparecidos Nikkei en la Argentina del periodista Andrés Asato; “No sabían que somos semillas…” También asistió al homenaje que hizo la Secretaría de DD.HH (Derechos Humanos) de la Municipalidad de Avellaneda el 25 de septiembre de 2015 para señalar las esquinas de la Av. Mitre y Mariano Acosta y colocar los nombres de cuatro abogados secuestrados y asesinados por la dictadura: Oshiro, Courtade, Elenzvaig y Valera. También estuvo presente en la inauguración de la instalación de arte de la Biblioteca del Congreso. El hecho de hayan pasado más de cuarenta años y los amigos de mi padre estén presentes tiene un valor inconmesurable para mí.

Homenaje de la Secretaria de DDHH de la Municipalidad de Avellaneda, señalización “Esquina Oscar Takashi Oshiro”, en donde tenía el estudio jurídico.

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© 2017 Gaby Oshiro

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