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Kamishibai: El teatro de papel no se detiene

Pepe Cabana se dedicaba al diseño gráfico cuando decidió dejarlo todo por el kamishibai. Crédito: Pepe Cabana.

Japón está lleno de tantas formas de arte que existen algunas poco conocidas fuera de su país, incluso en Perú, donde la comunidad nikkei ha desarrollado y difundido muchas de ellas, como el ikebana, los bonsái, el origami y el manga. Solo así se explica que haya un solo exponente del kamishibai, el teatro de papel que surgió después de la Segunda Guerra Mundial como una especie de arte callejero.

Así lo explica Pepe Cabana Kojachi, conocido como “Mukashi Mukashi” (que significa “hace mucho, mucho tiempo”), quien inició su camino como narrador de cuentos luego de dejar su trabajo como diseñador gráfico, y que desde hace casi 10 años es el único que difunde el kamishibai en el país, mezclando sus dos raíces, la ayacuchana del Perú y la japonesa, que viene de su abuelo migrante.

“Me di cuenta que en el kamishibai podía plasmar mis dos raíces fusionando el retablo ayacuchano y el teatro de papel japonés”. Y es que en este arte japonés se emplea un teatrín de madera llamado butai, en el que se guardan las láminas con imágenes que ayudan a contar una historia. Así lo hacían los vendedores de golosinas en Japón después de la Segunda Guerra Mundial, y lo continuaron los artesanos del kamishibai.


Kamishibai itinerante

“Muchos creen que tiene un origen milenario, pero el kamishibai surgió con estos vendedores que iban en bicicleta”, explica Pepe, quien también emplea el mismo transporte para llevar su arte de papel y con el que ha podido llegar a Argentina, Chile, Colombia, Cuba, México, España, Paraguay, Estados Unidos y Polonia, empezando por recrear cuentos clásicos japoneses.

Sus primeros cuentos japoneses fueron Cuán rápido puede comer una bruja, La amistad de los ogros y Lágrimas de dragón. Cabana Kojachi cuenta que fue en Argentina donde vio por primera vez este arte para niños del que ya había oído hablar pero que no tenía exponentes en el Perú. Cuando empezó su propio camino, quería transmitir la plástica japonesa. Luego fue creciendo.

Ha hecho historias de Shakespeare, cuentos griegos y narraciones por encargo, lo que lo ha convertido en el pionero del kamishibai, al que ahora se dedica a tiempo completo, presentándose en casi todos los circuitos teatrales y culturales del Perú. Sin embargo, ha sido en Chile donde ha podido dictar talleres para formar a otros narradores y ha sido en Polonia donde ha sido recibido como una celebridad nikkei.


Una historia que crece

“En Chile me sorprendió que el kamishibai lo adoptara el gobierno, todas las bibliotecas públicas tienen este recurso para la narración de cuentos”, explica Pepe, quien se ha trazado una meta ambiciosa: llevar el kamishibai a colegios públicos y privados de todo el país, donde espera que esta forma de teatro con apoyo visual ayude a captar la atención de los chicos y a motivarlos a hacer sus propias historias.

Durante la Feria del Libro Ricardo Palma, en el distrito limeño de Miraflores, Mukashi Mukashi mostró ese arte en el que combina actuación, interacción y diversión. Usando un simple sombrero se transformó en un personaje que logra encandilar con el ritmo de su voz, su fraseo acelerado y su dominio de escena. La interacción se hace con palabras japonesas y exclamaciones jubilosas que debe pronunciar el público a la señal de Pepe.

Cuando se presenta en un escenario, Pepe adopta la personalidad del narrador de sus historias. Crédito: Javier García Wong Kit.

“El kamishibai nunca falla, es mágico, consigue atrapar la atención de los niños, hacerlos atravesar esa línea que separa la fantasía de la realidad”. El despertar de las emociones se inicia con las tradicionales hyoshigi, dos tablillas de madera que se golpean entre sí para llamar al público. “Se dice que en una época llegó a haber más de cinco mil narradores en Japón”, refiere Pepe sobre el país que recientemente lo ha invitado a llevar el kamishibai de vuelta a casa.


Kamishibai nikkei en Japón

En noviembre, a Pepe Cabana se le cumplió uno de sus mayores sueños. Gracias al apoyo de AELUCOOP, viajó a Japón para mostrar su trabajo y compartir las experiencias sobre el teatro de papel japonés. La ruta del kamishibai pasó por Tokyo, Kyoto, Hyogo y Okinawa, con un proyecto que integra la capacitación profesional para la identidad, cultura y el fomento de la lectura.

En su reciente viaje a Japón visitó varias ciudades. Aquí en los exteriores del Palacio Imperial en Tokio. Crédito: Pepe Cabana.

“Fueron 14 años de espera muy paciente para lograr hacer realidad este sueño que lo he aprovechado al máximo y dejando de lado horas de sueño para estar despierto y conocer todo lo que podía”, cuenta Pepe, quien pudo visitar museos, librerías, bibliotecas y tener experiencias de la vida cotidiana de los japoneses, entre ellas sus medios de transporte como el densha y shinkansen.

“En cada uno de ellos siempre me encontraba a alguien con un libro en la mano, el gusto por la lectura es impresionante en Japón”, explica. El viaje es el inicio de un proyecto documental titulado Raymi Kamishibai, que buscará recoger distintas experiencias en torno a este arte al que el peruano le ha compuesto una canción en japonés que estrenó en un seminario organizado por la International Kamishibai Association of Japan IKAJA.

Dentro de la estadía en Okinawa, Pepe Cabana Kojachi visitó la biblioteca de la prefectura de Nishihara, lugar de ascendencia de su abuelo materno, donde dejó sus cuatro publicaciones de cuentos. “Era una manera de sentir que mi abuelo retornaba mediante mis publicaciones a la tierra de sus raíces”. La fantasía de dedicarse por entero al kamishibai sigue su curso.


Cuentos y recuentos

Este año, Pepe también publicó Amigos de los cuentos, edición independiente en formato de historieta sobre cómo contar y compartir tus relatos; y Kami, kami, kamishibai (APJ, 2016), el primer cuento que habla sobre el origen del teatro de papel japonés, ilustrado por él mismo. “Las guerras no deberían existir. Aparentemente, hay un vencedor, pero en realidad perdemos todos”.

Portada de su libro Kami, kami, kamishibai, editado por el Fondo Editorial de la Asociación Peruano Japonesa. Crédito: Asociación Peruano Japonesa.

Así inicia esta obra que inaugura la colección infantil, serie Nikkei, del Fondo Editorial de la Asociación Peruano Japonesa. El autor cuenta que quiso incluir en la historia del kamishibai el tema de la guerra para mostrar cómo después de una tragedia siempre hay una esperanza. Convertido en un recurso pedagógico, el kamishibai es estudiado en universidades, aplicado en colegios y bibliotecas.

En tiempos de fascinación por la tecnología, este medio artesanal parece no tener límites. Pepe, tampoco. En los últimos meses, estuvo en shows musicales, ferias de libros, clases maestras y capacitaciones para docentes, entre otras iniciativas que tienen al kamishibai en el centro del escenario. Sin embargo, Pepe sigue buscando a sus sucesores, a personas e instituciones que se contagien con la magia de contar cuentos para expandir este arte.

Con AELUCOOP Cooperativa de Ahorro y Crédito viene realizando acciones de fomento a la cultura, educación, identidad y valores nikkei, como fue su viaje a Japón. Pero sus iniciativas no se acaban: dice tener una colección de piezas con las que se podría armar un museo y muchas ideas para Raymi Kamishibai. El arte de papel no se detiene, Pepe tampoco.  

 

© 2016 Javier Garcia Wong-Kit

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