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Historias familiares de los migrantes de Kagoshima

Entrega del libro al Gobernador de Kagoshima. Crédito: Perú Kagoshima Kenjinkai.

La prefectura de Kagoshima se ubica al sur de Japón, un conjunto de islas desde donde hace más de 110 años salió un grupo de japoneses con destino al Perú, sin imaginar que en esas lejanas tierras encontrarían una nueva patria para sus descendientes, un lugar tan distinto pero con algunas similitudes que ahora ellos empiezan a entrever cuando regresan al país de origen.

Las historias de migración suelen ser dolorosas y catárticas. Tal vez por eso, y por la conocida reserva de la intimidad de los japoneses, muchos inmigrantes no se animan a contarlas. Hace dos años, la organización Perú Kagoshima Kenjinkai celebró 100 años de fundación (7 de febrero de 1916) y 110 años de la inmigración kagoshimana al Perú, una fecha difícil de obviar en las actividades celebratorias.

“Entre los diversos oficios que aprendieron los inmigrantes de Kagoshima en el Perú, el que más destaco fue la panadería. También se dedicaron a la relojería, la carpintería y la peluquería”, explica Gloria Yoshida, su actual presidenta. En los últimos años, se iniciaron relaciones con sus pares de Brasil y este año participaron en el Kagoshima Global Kizuna Assambly, primer encuentro mundial de los descendientes de esa prefectura, en el que participaron 20 países.

Historia institucional

Sin embargo, había un proyecto postergado que los kagoshimanos no querían dejar pasar y que traía ya larga cola: la elaboración de un libro conmemorativo con la historia y las actividades de la institución, así como otras anécdotas de los “34 kagoshimanos que llegaron al Perú sin saber el idioma ni costumbres, pero con su valentía, sacrificio y esfuerzo sacaron adelante a sus familias”, precisa Gloria Yoshida, miembro de una de las 130 familias que participan en esta organización.

En esta labor se involucraron jóvenes del mismo kenjinkai, quienes han emprendido esta labor con gran entusiasmo y profesionalismo. “Nos ha tomado seis largos años tener en nuestras manos el libro que hoy presentamos a ustedes”1, dijo Gloria Yoshida respecto al libro “100 años de Kagoshima en el Perú 1916-2016”, en octubre de este año. Diego Yoshida fue el encargado de recopilar las 34 historias familiares de la publicación y Amanda Hirakata Miura realizó el diseño editorial.

“En un principio, la idea era recopilar solo las historias de vida de los primeros migrantes (isseis), a partir de la narración que pudieran hacer sus descendientes. En este punto, no se tenía muy claro el formato que se utilizaría para las historias de vida, pero se acordó que debía ser bastante libre, para permitirle a cada familia contar lo que ellos consideraban importante sobre la vida de su abuelo o abuela”, dice Diego Yoshida.

Diego Yoshida Kuboyama es el último becario que viajó a Kagoshima gracias a su kenjinkai. Crédito: Diego Yoshida.


Exploración familiar

Diego es sociólogo y durante los tres años de investigación fue descubriendo muchos sucesos importantes dentro del kenjinkai, por lo que poco a poco, fueron incluyéndose capítulos adicionales. “No solo la estructura del libro cambió, sino también que cada familia contactada nos volvía a enlazar con otra más, por lo que la meta inicial de unas diez, terminó siendo de 34 historias”.

Si bien la mayoría de familias viven en Lima, había algunas que estaban en las afueras de la ciudad. A todos ellos los entrevistó Diego Yoshida, quien considera que un rasgo que las distingue es la fuerte unión, legitimada por registros como el koseki y una serie de valores y costumbres que “están estrechamente ligadas a nuestros orígenes, quizá más de lo que podemos imaginar”.

Para él, hacer este libro ha sido una buena forma de conectarse con su historia y de rendir homenaje al legado y la cooperación dentro de la comunidad. “Pienso que para entender nuestra posición, el trabajo que elegimos, los amigos que tenemos o nuestros gustos, el conocer nuestras raíces puede esclarecer nuestra forma de pensar y quizá nos ayude a tomar mejores decisiones”, señala Diego.

Herencia compartida

Muchos pueden pensar que las historias de los migrantes japoneses son iguales. Si bien hay varios puntos en común, lo interesante de este libro está en la narración que hace cada familia. “La unión dentro del grupo de migrantes a través de reuniones tenía un valor cultural tremendo. Las juntas entre los mayores en donde mantenían el idioma japonés, los tanomishi para apoyar mutuamente el crecimiento de negocios locales, la lectura de periódicos traídos del Japón para compartir noticias”, dice Diego Yoshida.

El relato directo de los descendientes le permitió, además, conocer cómo es visto en la actualidad ese hecho histórico. “En lo personal, creo que para las nuevas generaciones de nikkeis, esta obra les permite acercase a la historia de su familia de una manera bastante amena y accesible. Lo que se buscó desde un inicio es que el público objetivo sean los propios nietos y que esta obra sirva para despertar ese interés por conocer más sobre sus orígenes”.

Esa herencia compartida se hizo más evidente al notar que la mayoría de familias de Lima que proviene de Kagoshima se conoce, son familiares o están relacionados. “La investigación del libro nos permitió conectar a dos generaciones y abrir un espacio de conversación. Fueron varias las personas que nos expresaron su agradecimiento por incentivarlos a sentarse una tarde a conversar con el ojichan o la obachan, y por primera vez escuchar sobre la larga travesía por la cual tuvieron que pasar sus antepasados”, apunta.

Directiva de la asociación Perú Kagoshima Kenjinkai 1957-1958. Crédito: Perú Kagoshima Kenjinkai.


Esas pequeñas similitudes

Desde Kagoshima, adonde ha viajado becado, al igual que otros 27 jóvenes beneficiados del kenjinkai, Diego cuenta algunas similitudes que encuentra en esa ciudad costera coronada por el volcán Sakurajima y su natal Lima. “He podido notar particularidades entre las ciudades aledañas, ya sea en el ámbito gastronómico o la música, por ejemplo. Pero creo que la más visible sería el dialecto o las formas de expresarse; lo que en Japón conocen como Kagoshimaben”.

Amanda Hirakata, diseñadora y editora gráfica del libro, estuvo en Kagoshima el año pasado, y también vio esos pequeños detalles. El camote, por ejemplo, que muchos en Perú consideran propio de su cultura alimenticia, también se siembra y consume aquí y en más variados productos: dulces, licores y postres. Además, el hecho de ser ciudades costeras también propicia algunas similitudes. Ella cuenta que conocer Japón le ayudó a entender más a sus padres y entender mejor su origen japonés.

“Kagoshima es una provincia, no es una gran ciudad. Aquí todos son muy amables y cuidadosos. Son considerados con el otro, además de reservados, no son de demostrar sus sentimientos”. Para Amanda, quien creció en un hogar con padres muy moderados y silenciosos, estar aquí le hizo entender mejor su naturaleza. “Mis ojiichan tuvieron que vivir cosas por el impacto de la guerra que los llevó a autocensurarse, ahora todo es diferente pero es importante recordarlo”, dice.

La edición

El libro "100 años de Kagoshima en el Perú" tiene un diseño que combina elementos de Perú y Japón. Crédito: Perú Kagoshima Kenjinkai.

Elaborado en un formato table book, el libro “100 años de Kagoshima en el Perú 1916-2016” inicialmente iba a ser una revista, pero el empuje de estos jóvenes y el interés por recuperar esas anécdotas familiares, los llevó a darle más vuelo. “Escuchar cada historia desde distintas perspectivas también es interesante porque cada uno recuerda la cosas a su manera”, añade Amanda Hirakata.

Para Diego Yoshida, terminar el libro es solo cerrar un capítulo de una historia que es “mucho más compleja e interesante. Cuando leo sobre la vida de los migrantes, tengo esa sensación de que faltan partes en el relato. Me gustaría continuar la investigación desde el punto de vista japonés y de una manera mucho más académica”, dice Diego, para quien ser nikkei es “llevar dos culturas dentro. Es decir, tener la oportunidad de ver el mundo de dos maneras distintas, y pensar a partir de una visión mucho más completa”.

Valorar esta faceta es uno de los objetivos del libro, que vincula lo japonés y lo peruano al inicio de cada capítulo, con elementos propios de su historia y un precioso acabado de la portada y su cubierta, que asemeja un telar precolombino. En su edición intervino Gustavo Hirakata, encargado de las ilustraciones, Toshihiro y Mitsuru Nakajima, para la traducción al japonés, y Alfredo Yoshimoto, a cargo de la impresión. Para ellos ha sido un gran honor poder entregar esta publicación a Satoshi Mitazono, gobernador de Kagoshima, así como a otras autoridades de la prefectura. Sin duda, un hito que se suma a la nutrida historia de la migración japonesa.

Nota:

1. “Presentación del libro: 100 años de Kagoshima en el Perú 1916-2016” (Peru Shimpo, 12 de octubre de 2018)

Para adquirir el libro. Colaboración: S/ 100
Contactar a Yuri Sasaki, ysasaki_1969@hotmail.com, o Gloria Yoshida, kagoshima@kenjinkai.pe.

 

© 2019 Javier Garcia Wong-Kit

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