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Crónicas Nikkei 8 — Héroes Nikkei: Pioneros, Modelos a Seguir e Inspiraciones

Mi Héroe: Kiyoshi Kuwahara

Con el tiempo, mi concepto de héroe ha cambiado notablemente y las personas que yo admiraba de niña por sus hazañas y virtudes ya no son las mismas. Gracias a Pioneros, Base de Datos de los Inmigrantes Japoneses en el Perú (1899-1941), obtuve la primera información acerca de mi abuelo y eventualmente me condujo a obtener el Koseki (registro familiar japonés) de Kiyoshi, el cual a su vez me llevó a forjar una mejor imagen de mi héroe actual: mi abuelo, Kiyoshi Kuwahara.

Mi niñez transcurrió en la ciudad de Iquique, situada en el árido norte de Chile. Allí crecí plácidamente, rodeada de mis abuelos Kiyoshi y Matsuno. Ellos contrajeron matrimonio después de diez años de que mi abuelo enviudara. En ese entonces, mi abuelo era un viudo con dos hijos, y mi abuelita, una viuda con una hija; felizmente los tres niños crecieron como verdaderos hermanos. A mis abuelos japoneses, a pesar de hablar español con acento, se les entendía muy bien.

Mi abuelo y sus niños cuando enviudó.

Mis recuerdos de infancia están plagados de experiencias compartidas por ellos como, por ejemplo, mi fascinación por explorar todos los recovecos de su hogar o mi obsesión por observar a mi abuela preparar miso (pasta aromatizante hecha a base de semillas de soja y fermentada con el hongo Koji) en un tonel gigante. Aún recuerdo nítidamente mi admiración y regocijo cuando el abuelo me sentaba en sus rodillas cuando tocaba su violín; así nació mi gusto por las piezas clásicas de ese instrumento. Todavía evoco la paciencia con que mi abuelo disecaba pescado y productos de mar para preparar sus deliciosos platos japoneses. También recuerdo la emoción que me embargaba cada vez que, a escondidas de todos, me ponía los hermosos tabi (calcetines tradicionales japoneses) de terciopelo azul de mi abuela.

Mis abuelos - Matsuno y Kiyoshi.

En fin, hay muy pocos recuerdos de mi niñez que no estén ligados a mis abuelos y, por ende, al Japón. La vida continuó su inevitable curso y, lamentablemente, mi abuelo Kiyoshi falleció cuando yo tenía solamente once años. Aunque mi abuelita Matsuno lo sobrevivió dieciséis años más, yo no compartí mucho más tiempo con ella ya que partí a la capital a estudiar en la universidad.

Después, sucedió la vida…

Fue solamente después de cincuenta y cinco años del fallecimiento de mi abuelo que, con mis hermanos, nos preguntamos: ¿Cómo fue que el abuelo viajó desde Japón a Iquique, Chile? ¿Qué lo empujó a tomar esa decisión? ¿Dónde había nacido? ¿Tendremos familiares en Japón? Estas preguntas que nos planteamos en aquel entonces fueron las que me motivaron a indagar acerca de mi abuelo y sus raíces. Tal era mi intriga sobre su pasado que invertí todo un año haciendo una búsqueda exhaustiva a través de internet y contactando a cuanta asociación japonesa encontrara, o a las personas que llevaran el apellido Kuwahara.

Mi intensa búsqueda de respuestas me llevó a descubrir que mi abuelo fue uno de los tantos campesinos de Kumamoto que, durante la diáspora japonesa de la era Meiji, emigró a América del Sur en busca de una mejor vida. Kiyoshi llegó al Callao, Perú, a bordo del Itsukushima Maru un 16 de octubre de 1906 a trabajar para una compañía azucarera en Paramonga. Mi abuelo, junto con los otros noventa y nueve campesinos que fueron a trabajar a dicha azucarera, pronto se dio cuenta de que la realidad era muy diferente a los anuncios publicitarios que había visto en el Japón. La adaptación al clima, costumbres, alimentación y un idioma tan diferente fueron sin duda parte de una experiencia muy difícil de sobrellevar.

Así y todo, mi abuelo logró cumplir con su contrato de trabajo, para luego desplazarse hacia el sur y finalmente terminar su viaje en la ciudad de Iquique, Chile. Allí se estableció y formó una familia que, hasta el día de hoy, suma cincuenta y tres descendientes que llevan un poco de su genética, de sus enseñanzas y están orgullosos de llevar el apellido Kuwahara. Este viaje hacia el pasado de mi abuelo no solo me permitió aprender sobre la historia del Japón y de Chile, sino también descubrir a aquellos familiares que aún viven en Japón. Más de cien años desde de que mi abuelo saliera del puerto de Yokohama, Japón, con destino al Callao, Perú, tuve un emocionante y conmovedor encuentro con miembros de la familia Kuwahara en Hikawa, Kumamoto.

Antonio Kiyoshi y Fuyi en Iquique, 1949.

Todo lo aprendido acerca de mi abuelo, de las razones de su viaje a Sudamérica, de su familia en Japón, de sus costumbres, de su alimentación, etc., forma parte de un libro que escribí y compartí con mis hermanos. Esto con el fin de que sus descendientes sepan las razones históricas y personales que llevaron a mi abuelo a embarcarse en el gran viaje de su vida, trasladándolo desde un lugar con vegetación frondosa, abundantes lluvias y costumbres diferentes, como es Miyahara (Hikawa en la actualidad) a Iquique, un pueblo costero ubicado en el árido desierto de Atacama. Pero la búsqueda de información sobre mi abuelo, así como el proceso de escribir un libro sobre su vida, causaron un efecto muy profundo en mí. A través de ellos advertí que muchas de las cualidades que hoy me definen como persona tienen su origen en las enseñanzas de mi abuelo que me llegaron a través de mi amado padre. Gracias a esas enseñanzas aprendí a ser respetuosa con los mayores, a proteger a los niños, a velar por todos los miembros de la familia y a ayudarnos los unos a los otros. Igualmente aprendí a trabajar lo mejor que uno pueda sin importar el tipo de trabajo que haga, a ser perseverante, a valorar el estudio y la educación, a ser amable con todos, ayudar a los necesitados, etc.

Mi abuelo Kiyoshi.

Aun cuando mi abuelo no fue un héroe público y la historia de su vida es similar a la de todas aquellas personas que emigraron en busca de un mejor porvenir, así y todo, Kiyoshi es mi héroe personal. Su integridad y honorabilidad impulsaron a mi propio padre a dedicar su vida a ayudar al prójimo, especialmente en su profesión de técnico dental, lo que fue reconocido públicamente cuando se aprobó una ley que le da el nombre de mi padre a una Clínica Dental del Hospital de Iquique.

Las profundas enseñanzas de mi abuelo perduran hasta el día de hoy: cada uno de sus descendientes continúa colaborando para mejorar la sociedad en que vivimos, ya sea a través de sus profesiones o individualmente. Mi abuelo no fue un ser humano perfecto, pero tenía valores universales profundamente arraigados. Por eso pienso que necesitamos más personas como él para diseminar valores que ayuden a mejorar nuestra sociedad y, por ende, a vivir en un mundo mejor. Actualmente los medios de comunicación masiva nos bombardean con noticias que reflejan, al parecer, la pérdida de valores universales como respeto, libertad, bondad, justicia, igualdad, responsabilidad, honradez, solidaridad, honor, etc.

Hoy valoro y admiro más que nunca a mi abuelo y puedo decir con mucho orgullo: ¡Kiyoshi Kuwahara es mi héroe!

 

© 2019 Fuyiko Kuwahara

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Te invitamos a enviar tus historias, ensayos y otras obras en prosa. Los personajes deberán ser nikkei o tener alguna conexión significativa con la comunidad nikkei. Se puede presentar más de un artículo por autor. Se aceptarán los artículos a partir del 1 de mayo hasta el 30 de septiembre de 2019, a las 6 p. m. (hora del Pacífico). Se publicarán todas las historias enviadas que cumplan con los lineamientos y criterios del proyecto como parte de la serie Héroes Nikkei, en la sección Artículos de Descubra a los Nikkei, de manera continua.

Para mayor información, visita 5dn.org/ESHeroes.


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#1: ¡ITADAKIMASU! Sabores de la cultura nikkei 
#2: Nikkei+ ~ Historias de Lenguaje, Tradiciones, Generaciones y Raza Mixtos ~ 
#3: Nombres Nikkei: ¿Taro, John, Juan, João?
#4: La Familia Nikkei: Memorias, Tradiciones, y Valoress
#5: Nikkei-go: El idioma de la familia, la comunidad y la cultura
#6: ¡Itadakimasu 2! Otros sabores de la cultura nikkei
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