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Heredamos valores morales, hasta propiedades, pero también enfermedades, somos tan dulces

Foto familiar, en enero de 1963, la foto fue tomada en Asahi, antes que la mamá viajara a nihón para que la oba conociera a sus nietos. Su hermano Julio de 14 años, su nesan Julia de 24 años, Santiago 16, Dominga 19, Isabel 18 años, Hiroko 21. Mamá tenía 46 años y papá 54 años.

Empiezo esta publicación con lo que me dijo Isabel Kamiya, que lo quería para el título, pero tuve que cortar: “heredamos de los padres la dignidad, la decencia, el honor, hasta las propiedades, pero también las enfermedades. Somos unos hermanos bien dulces”.

Este artículo tiene todo para que no sea leído: personas comunes y simples, desconocidos, el título demasiado largo, al igual que el artículo (dicen que deben ser cortos, concisos, para que la gente no abandone la lectura, especialmente de una entrada de un blog, con títulos cortos y llamativos, pero la verdad es que no quise modificarlo, aunque me corra el riesgo de no ser leído).

Esta es la historia de la familia Kamiya Chinen, una familia simple como cualquiera, pero con vivencias tan importantes a través del tiempo, con muchas alegrías, triunfos, tristezas, al igual que cualquier familia nikkei; muchas cosas en común. Todos somos importantes, tenemos necesidad de reconocimiento. Si recordamos nuestra historia, nuestro pasado, nuestros ancestros, los reconocemos, ellos siempre estarán vivos en nuestro corazón y en el de los demás.

Katoku Kamiya, una persona común y corriente, como cualquier muchacho de Okinawa, Japón, nació en 1908, el lugar se llamaba Tamashiro. La situación económica en ese tiempo era muy mala, la única solución para ellos era emigrar, como lo hacía la mayoría de jóvenes, buscando un futuro mejor; un tío materno suyo, que se encontraba en Perú, lo animó a venir para que lo ayudara en el negocio que tenía. Katoku, cuando tenía 19 años, un 3 de mayo de 1927, llegó al Perú, llegó solo y lo recibió su tío, quien tenía una bodega en la Av. Abancay, en la cuadra 9, en el que trabajó durante diez años, transcurridos los cuales decidió independizarse.

Para esto, en Okinawa su papá y un vecino se habían puesto de acuerdo para que se case con Toyo Chinen, la hija de este vecino, lo hicieron por la modalidad de poder, de esa manera llegó al Perú. Toyo, su vecina, tenía 20 años, llegó a Lima ya casada, como la señora Kamiya, en 1937, conociendo a su esposo solo por sashín (foto), retrato en mano a su llegada. Como era en esos tiempos, el amor vendría después. Katoku recibió de parte de su tío la bodega en forma de pago por todos esos años y el tío buscó otro lugar, así que ellos iniciaron como pareja su vida matrimonial siendo dueños del negocio. Katoku le dijo a Toyo que solo se quedarían diez años y luego regresarían.

Su hija Isabel se ríe y me dice: “mi papá la engañó, en diez años le hizo seis hijos, de esa manera nunca iban a regresar…”. El encontrarse en el centro de Lima hizo que fueran concurrentes a los cines, que al parecer les gustaba a ambos, además de otros lugares de diversión cercanos; no todo era trabajo, hasta tenían una anécdota que siempre les contaban a sus hijos, llegaron a conocer en persona a la mexicana Sara García, en una de sus visitas a Lima para alguna presentación.

Si bien es cierto fueron tiempos de guerra, gracias a Dios no tuvieron mayores problemas, como algunos nikkei, solo una vez que hubo un altercado, pero donde los vecinos salieron en su defensa. Estando en la bodega nacen las cuatro primeras hijas de la pareja: Julia Kazue nació el 16 de noviembre de 1939, Rosa Hiroko nació el 22 de octubre de 1941, Dominga nació el 21 de marzo de 1943, e Isabel nació el 27 de setiembre de 1944.

Durante ese tiempo sentían que no avanzaban, le dijeron que en el negocio de las granjas se hacía más rápido okane (dinero), por lo que incursionan en él, es de esa manera que empezando el año 1945 se inician en la granja avícola en Barranco, en la calle Luna Pizarro. De allí pasaron, años después, a la tercera cuadra del Jr. Progreso, un poco más allá. De esa manera se aventuraron, fue difícil cambiar la ciudad por el campo, ir a un negocio del que no sabían mucho, tuvieron que aprender en el camino.

En la granja tenían pollos, gallinas, patos, gansos y llegaron a tener una incubadora que tenía una capacidad de diez mil pollitos. El negocio era una mina de oro, pero lamentablemente nada dura para siempre, así que empezaron a importar pollos de doble pechuga, con ello llegó la peste y fue la decadencia de las granjas.

Si bien es cierto que los hijos ayudaban en vacaciones de verano, papá y mamá tenían el convencimiento de que deberían estudiar para que cada uno se pueda defender en esta vida. Mamá había resultado ser una persona muy hábil para los negocios, dedicación total a la granja y una persona visionaria, culta e inteligente. Ella pensó que su hija Dominga vaya a España a estudiar Medicina.

Isabel me dice: “Tenía la habilidad de hacer sentir que papá era un trome1”, reflexiono lo que me dice y pienso que las mujeres nikkei tienen esa habilidad de hacernos creer a nosotros los hombres que todo lo podemos, aunque en el fondo ellas son las impulsadoras de todo lo que emprendemos. Su papá los engreía bastante, corrige, los malcriaba, especialmente a las mujeres. Su mamá era más recta, de seguro de más carácter, pero su visión era que tenía que hacerlos económicamente independientes, para no tener que pasar apuros y las mujeres no ser mantenidas, ni abusadas.

A mamá no le gustaba cocinar, no pasaba para nada el cau cau, en casa se comía criollo en el almuerzo y en la noche nihon ryori. Papá cocinaba y lo hacía muy bien, además le gustaba hacer las compras, así que por las noches no faltaban las vistas de los paisanos, además detrás de la granja tenía una huerta donde sembraba verduras como nasubi (berenjena), cuando sobraba los nabos y calabazas se le secaba para hacer senguiri.

En esa época se aprovechaba los recursos y el tiempo, así que también hacían katsuo o kachuu como los uchinanchu conocemos al pescado bonito secado y ahumado. A mamá lo que le gustaba hacer era kamaboko(pastel de pescado), castera (bizcochuelo) a vapor, para ello se las había ingeniado para hacer un molde con unas patitas largas para colocarlo en una olla grande para hacerlo a vapor.

Papá era muy alegre, así que se hacían reuniones en casa, tenía dos sanshin, tocaba y bailaba, era bien jaranero. Mamá, en cambio, era diferente. Isabel recuerda que un día su hermana Dominga le preguntó porque se casó con su papá, que era lo opuesto a ella, a lo que le contestó en forma inteligente: “compara a tu papá con los demás papás”. Lo describe a papá como una bella persona, demasiado generosa, hasta llegar a pelear siempre con su hermano Santiago, quien le recriminaba que andaba prestando okane a todo el mundo, como si fuera un millonario.

Su nesan Kazue y Rosa son las más serias, me dice, “son bien nihonjin, tengo que tener mucho cuidado como les hablo, los demás se han acostumbrado a la peruana, pero con la formación de nihonjin”, lo que atribuye a que ellas fueron solo a nihon gakko (colegio japonés).

Lo que les traía mucho orgullo era que su papá, en el año 1951, construyó con su dinero una casa que era para el sensei Nagata, quien era un personaje multifacético, pionero del karate, judo, sumo y varias artes marciales, también era un excelente pintor de acuarela. Le construyeron la casa en la parte delantera de la granja de Chinen en Venegas, estaba a doce cuadras de su casa, pero ahí les iba a enseñar el sensei, a modo de nihon gakko. Parece que papá y mamá todavía tenían la idea de mandar a sus hijos a Japón o quizás regresarse, cuando lo hicieron era solo para ellos las clases, pero se fueron sumando varias familias del sonjin: Chinen, Nakandakari, Nakamura, Oshiro, finalmente estuvieron por momentos hasta veinte alumnos, quizás permanecieron más de cinco años. Cuando estuvieron en la granja nacieron los dos hombres, Santiago nació el 17 de abril de 1946 y Julio nació el 26 de julio de 1948.

Cuando Isabel tuvo diez años decidieron que tenían que ir al colegio, fue un gran choque para ella, el primer día en una escuela fiscal, cerca de casa, presentarse con un impecable mandil blanco, con su maleta nueva, esa que usaban los cobradores y de tres cuerpos, además llevaba su cuaderno de la marca Minerva empastado y lápices de colores Mongol. La profesora la vio delante de ella y se escandalizó, luego comprendería que era un colegio pobre y allí estaban ellos, los hijos de los granjeros. Esa primera impresión al parecer no le gustó a la maestra. Recién entraba a un colegio peruano, por así decirlo, y la pusieron en segundo de primaria.

En su primer día de clases se rezaba y se cantaba una canción religiosa que después se enteró que era el Salve. La profesora que no había tenido una buena impresión de ella le recriminó porque no sabía ni cuál era su mano derecha, además de que era muda. La sacó a la pizarra a hacer un repaso de suma y resta en decimales, escribió una suma y colocó una resta horizontal y debajo una resta también en decimal.

Isabel me dice: “A mí se me salió el ‘samurái’ y lo resolví como quebrado y la profesora muy asombrada me dijo “tienen que venir tus padres porque tú no puedes estar en segundo año”. Lo malo era que estaba muy bien en matemáticas, pero en los demás cursos no estaba tan adelantada, al haber estado en un nihon gakko”. Sus dos hermanas mayores solo estudiaron en nihongo, los cuatro últimos estuvieron en colegio peruano. Ahí los obligaban a hacer la primera comunión, de modo que en un solo día se bautizó, hizo la primera comunión y fue su primera vez en una iglesia.

Cuando cursó el cuarto de primaria, se trasladó a la Gran Unidad Escolar Juana Alarco de Dammert, en la Av. Benavides, donde siguió hasta terminar la secundaria. Su hermana Dominga entró en el colegio particular Fray Martín de Porres, fue al cuarto de primaria. Al evaluarla la pasaron de frente al quinto, estaba muy bien en matemáticas, pero a ambas les afectó los demás cursos. Sus hermanos estudiaron en la escuela fiscal Nicanor Rivera Cáceres, luego en el José María Eguren, donde estudiaron con Alan García, que iba seguido a la granja para ‘jugar’, aunque Isabel comenta: “Alan era chico, pero creo que más que jugar, más bien venía a comer, era bien comelón y en casa lo atendían bien”.

Mamá tenía siempre una ilusión, el de regresar a Nihon, aunque sea para visitar, ver a su familia. Así lo decidieron, papá no iría, toda su familia había muerto, muchos por la guerra, para él no tenía sentido hacerlo (o quizás no quería enfrentar todo lo que había dejado en el pasado). Era enero, había pasado oshogatsu (Año Nuevo), todo ese ajetreo, pero mamá se iba de viaje. Cuando mamá viajó a Japón su okasan (mamá) y hermanos vivían todavía, se fue muy ilusionada en verlos, todos los preparativos, hasta se tomaron una foto familiar, se fueron a Asahi, les iba a mostrar a todos, lo orgullosa que estaba de su familia, los abuelos tenían que ver a sus nietos, aunque sea por fotos los conocería, llevando regalos, los omiyague (presentes), pero la verdad es que ella regresó muy triste, ya no encontró a sus amigas de cuando era niña, sus hermanos ya eran muy mayores, sentía que había una distancia entre ellos, que el tiempo la había hecho tan grande, por todos esos años que estaban distanciados de extremo a extremo en el mundo; no era para menos, habían pasado 27 años.

De regreso en el mes de mayo, mamá se reincorporó rápidamente a sus actividades, tenía que ver lo relacionado al viaje de Dominga, se iba a España, a estudiar Medicina, era menor de edad y tenía que tramitar un permiso ante el juez. Se fue en agosto. Hasta que llegó el 13 de diciembre, a las 7 pm. Todos estaban en casa, mamá se sintió mal, todos asombrados, asustados, sin saber qué hacer ante estas situaciones. El Hospital Casimiro Ulloa estaba a 10 minutos, mamá falleció en brazos de Julia Kazue, no llegó a la asistencia, un paro cardiaco fue fulminante. Papá tenía 54 años al fallecer mamá, pero en un año se envejeció como si hubiese pasado diez años. Su mamá murió a los 46 años, tenía diabetes, lamentablemente todos han heredado este mal, menos Isabel, pero es como para cuidarse. “Heredamos de los padres la dignidad, la decencia, el honor, hasta las propiedades, pero también las enfermedades, somos unos hermanos bien dulces... Su papá era bien ondulado, así que todos lo son…, mi hermano es zambo de pelo y mide 1.80, nació con más de 5 kilos por la diabetes de mamá, mi nesan medía 1.65, también pesó más de 5 kilos, fueron por cesárea, más bien yo soy chiquita”.

Luego de fallecer mamá, Rosa fue a España para acompañar a Dominga, se quedó durante un año, donde estudió Alta Costura, aquí ya había hecho cursos de corte y confección, para luego trasladarse a Nueva York. Isabel me dice: “Hoy cuando reflexiono, me digo todo esto sucedió en un mismo año y me parece increíble”.

Julia Kazue, “mi nesan” como siempre dice Isabel al referirse a ella, era la hija mayor, se tuvo que hacer cargo al fallecer su mamá. El que haya muerto en sus brazos reafirmaba eso, tenía 24 años, si bien es cierto todos ya eran grandes, ella asumió la conducción de la casa. Estudió cocina y repostería, además costura, siempre le mandaban a hacer las tortas de matrimonio. Kazue nunca se casó, seguro su papá quería un pretendiente okanemochi, dice Isabel, los espantaba a todos, la consideraba como su princesa, incluso recuerda que cuando cumplió los 12 años, en su umaredoshi, tiró la casa por la ventana, invitando a muchas personas. De seguro estaban todos los del sonjin, solo a ella le hicieron santo, me dice, pero seguro por ser la mayor. Ella falleció el 1 de marzo de 2020.

Rosa Hiroko estudió alta costura, acompañó a Dominga casi un año en España, hasta que fue mayor de edad, en ese tiempo era a los 21 años. Luego se fue a Nueva York, donde siguió su carrera, actualmente está retirada, está profesando una religión hindú, para ello va seguido a la India, mientras Dominga, terminó sus estudios de Medicina en España, tiene una hija y un nieto, actualmente vive en Valencia. Rosa y Dominga regresaron muchas veces de visita, pero ambas hicieron su vida en el extranjero.

Isabel terminó sus estudios secundarios en 1963, justo cuando falleció su mamá. Estudió una carrera técnica de fotografía, su papá le ayudó a poner un estudio fotográfico, con lo que se hizo independiente económicamente. Se dedicó a él 40 años. A los 25 años ya tenía su propio negocio, siempre agradecida con papá, porque la hizo independiente y la ayudó. Actualmente está retirada (en un siguiente artículo escribiré sobre ella).

Santiago estudió Industria Alimenticia en la Universidad de La Molina, trabajó en varias granjas avícolas como supervisor de alimentos comerciales de aves, tiene un hijo y una nieta. Julio estudió Zootecnia en la Universidad de La Molina, trabajó en entidades del gobierno, encargado de la novena zona agraria, también en ENATA. Julio egresó de ESAN, tiene una hija y tenía un hijo que era el mayor, lamentablemente falleció cuando tenía 35 años, tenía dos profesiones y era soltero.

En 1956 habían logrado comprar el terreno donde estaba la granja, pero al fallecer mamá, las cosas nunca fueron igual. Papá estaba muy triste, mamá era el motor de la granja, personas se le acercaban diciendo que para qué tenían tanto terreno, luego descubrieron que eran envidiosos, se acercaron varios que no tenían nada, muchos se aprovecharon de él, hasta lo estafaron, lamentablemente el que más lo hizo fue un nikkei, depositó su confianza en él, pero lo defraudó. En 1968, al venir la urbanizadora, vendieron gran parte del terreno, quedándose con un pequeño lote, donde estaba la casa. Hay que tener en cuenta que la granja era de una cuadra y al hacerse casas, ya no podía funcionar, en ese momento, los hijos no dependían de él.

Durante varias horas de chat, en varios días en que entrevisté a Isabel Kamiya me fue relatando su historia familiar, es por eso que este artículo lo hago como una narración de todos los hechos, como un espectador privilegiado, de esa forma deseo que ustedes al leerlo sientan por momentos tristezas y alegrías que fui sintiendo al hacerme partícipe de la historia de la familia Kamiya Chinen. De seguro que Isabel por momentos se habrá sentido abrumada por la cantidad de preguntas que le hacía, ni bien terminaba de contestar, empezaba con la réplica. Personalmente me parece que valió la pena, especialmente para conocer un poco de su familia, su historia. A lo largo de la historia, utilizo las comillas para señalar aquellos pensamientos que me dio Isabel y que me conmovieron, me llamaron la atención, tristeza, alegría, que me marcaron al recibir su relato.

Nota:

1. Jerga peruana que significa hábil, ingenioso.

Roberto Oshiro Teruya

family nikkei peru