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Los festejos del primer centenario de la independencia de México y la participación de Japón

El mes de septiembre es importante para el pueblo de México debido a que festeja el aniversario de su Independencia. En el año de 1910, los festejos fueron grandiosos y especiales pues se celebraron con múltiples actividades el primer centenario de la Independencia de México.

El gobierno del general Porfirio Díaz preparó con todo cuidado y antelación la celebración e  invirtió una gran cantidad de esfuerzo y dinero en obras que conmemoraran  tan importante aniversario. El monumento más  representativo que se erigió fue sin duda la Columna de la Independencia que se ubicó justo en una de las avenidas más importantes de la ciudad de México: El Paseo de la Reforma.

Inauguración de la Columna de la Independencia

Los principales edificios como el Palacio Nacional, la Catedral  fueron iluminados por primera vez con cientos de luces eléctricas como símbolo de la modernidad a la que había ingresado el país de acuerdo a los anhelos del propio presidente Díaz.

Pero no sólo el pueblo de México celebró  tan importante aniversario. El gobierno mexicano invitó a diplomáticos de otros países para que formaran parte de los festejos. Los representantes de  siete países enviaron una representación especial, participación que mostró el interés que tenían en sus relaciones con México. El gobierno del Emperador Meiji, envió una de esas delegaciones que fue encabezada por el barón Yasuya Uchida y su esposa. Juntó con Uchida, se designó a una delegación militar presidida por el teniente coronel del estado mayor imperial, Konishige Tanaka y el capitán Totukataro Tanaka con el propósito de que dieran realce a la comitiva japonesa. Además de ellos se le solicitó al diplomático Kinta Arai, apoyara a la delegación de su país quien hablaba un perfecto español. Arai, décadas después, sería uno de los primeros profesores extranjeros de la Universidad Nacional, encargado de impartir clases de la cultura y el idioma japonés.1

Delegación encabezada por el Barón Uchida

Para los enviados diplomáticos especiales que llegaron a México, el gobierno del general Díaz decidió alojarlos en las más imponentes mansiones de la ciudad de México por lo que solicitó a sus propietarios sirvieran como anfitriones de tan importantes invitados. La representación japonesa fue alojada en el “castillo” de la señora Lorenza Braniff, mansión ubicada en el mismo Paseo de la Reforma.

Mansión donde se alojó la Delegación Especial Japonesa  

Como parte de su participación en el centenario, Japón envió una magna exposición de productos japoneses que se montó en el Museo Nacional de Historia Natural, mejor conocido en ese entonces como el Palacio de Cristal (actual Museo del Chopo). El día 2 de septiembre el propio presidente de la república y su gabinete en pleno, junto con el embajador de Japón en México, Kuma Horigouchi, fueron los que se encargaron de inaugurar la exposición.

Palacio de Cristal

La muestra de objetos japoneses fue todo un éxito, pues los productos como muebles, telas, vajillas y jarrones que se exhibían fueron altamente apreciados y puestos a la venta. Los sectores acaudalados de la sociedad porfiriana empezaron a interesarse en la importación de las mercancías que la industria japonesa fabricaba.

Exposición de productos japoneses (Colección Artes Gráficas Panorama)  

El periódico más importante de ese entonces, El Imparcial, informó extensamente de la exposición y de la presencia japonesa. Destacó en sus artículos que el Emperador Meiji regaló a México dos preciosos  jarrones de porcelana,  con incrustaciones de perla y oro que fueron diseñados especialmente para México con diseños de águilas,  símbolo patrio nacional.

El presidente Díaz al recibir el mensaje y el presente que había enviado Japón, agradeció los mismos con las siguientes palabras:
“Mucho es de agradecer también que la delicadeza de su Majestad el Emperador haya llegado al extremo de no sólo enviar una Misión Especial compuesta de  personalidades tan dignas y honorables, sino de hacer patente su benévola estima hacia México con el  precioso obsequio que habéis tenido la complacencia de entregarnos, obsequio que México acepta gustosamente con sus dos significaciones: la trascendental de las buenas relaciones que nos unen y la maestría de los japoneses, que lo mismo saben distinguirse cuando se trata de no dejarse arrebatar el calificativo que legítimamente se han ganado de artistas insuperables”.

Jarrones obsequio de Japón  

La exposición en el “Pabellón Japonés” como se le llamó popularmente al Palacio de Cristal, estuvo abierta diariamente hasta el día 30 de octubre de ese año con un horario de nueve de la mañana a  seis de la tarde. La muestra tuvo tal éxito que los sábados, domingos y días festivos permaneció abierta hasta las ocho de la noche. El precio de la entrada fue de 30 centavos por persona en los días de trabajo y de 50 centavos los domingos y días festivos. Los niños de menos de siete años ingresaban gratuitamente.

La amistad y el interés entre el gobierno japonés y mexicano se había fortalecido no sólo por los lazos diplomáticos, sino más bien  por la emigración de gran número de japoneses que empezaron a llegar masivamente a México a partir de 1897. Para el año de 1910 habían arribado cerca de 9 mil emigrantes. Los trabajadores japoneses buscaban un mejor futuro en México, laboraban como agricultores en Chiapas o como obreros en los ingenios azucareros de Oaxaca y en las minas de Coahuila y  Chihuahua. La comunicación entre ambos países se realizaba mediante modernos buques de vapor que conectaban los puertos de Yokohama con  Manzanillo y Salina Cruz. Una compañía japonesa de vapores hacía recorridos regulares  entre ambos países, situación que permitió que el comercio y la emigración fluyeran constantemente.

La presencia de la comunidad de japoneses se hizo notar en la misma exposición. En el terreno adjunto al Palacio de Cristal, se levantó un jardín japonés que fue creado por Tatsugoro Matsumoto, emigrante que radicaba en México desde hacía más de una década. Matsumoto era el encargado del cuidado de los jardines del Catillo de Chapultepec y de los arreglos del interior del mismo, lugar de residencia del presidente Díaz. La comunidad en su conjunto participó también en los diversos festejos del centenario como la prensa da cuenta, los trabajadores emigrantes se habían ganado el reconocimiento en los diversos lugares donde residían por su disciplina y responsabilidad en el trabajo.

Sin embargo; a pesar de la integración de la comunidad japonesa en México, los emigrantes no eran bien vistos por el gobierno norteamericano. La expansión imperial del Japón en Asia y su  consolidación como gran potencia hicieron que las diferencias entre Estados Unidos y Japón  repercutieran en la vida de las decenas de miles de emigrantes que radicaban en diversos países de América. El gobierno norteamericano sostenía que los trabajadores emigrantes eran el “ejército de invasión” del Imperio Japonés y que detrás de los pobres mineros japoneses que trabajaban en México “se escondían espías”. Igualmente Estados Unidos desconfiaba del presidente Díaz pues de acuerdo a sus intereses, consideraba que los lazos entre México y Japón eran demasiado cordiales.

Las excelentes relaciones  y los festejos del centenario por tanto no estuvieron ajenos a las disputas entre Estados Unidos y Japón, diferencias que cobrarían una intensidad inusitada y que desatarían la Guerra del Pacífico en 1941. En este ambiente, Uchida expresó, en una nota que dejó al periódico El Imparcial, sus mejore deseos para el pueblo de México con las siguientes palabras: “Deseo a México miles y miles de años de vida en esta gloriosa ocasión del centésimo aniversario de la Independencia.”

Nota del Embajador Uchida

Nota:

1. Arai se casó con una mujer mexicana. Sus tres  hijos fueron destacados profesionistas mexicanos en cada uno de sus campos. Ver el artículo de Shozo Ogino en http://www.mx.emb-japan.go.jp/sp/anecdota_marzo_05_2016.html.

 

© 2016 Sergio Hernandez Galindo

centenary Independence Japan mexico