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Los nikkei de América Latina y los nikkei latino

¿Cómo integrarnos mejor en la sociedad japonesa?

En el mes de febrero de 2010 se realizó un Seminario titulado “Los extranjeros y su integración social en Japón”1, donde el que escribe ha participado en las sesiones del grupo dirigido por el Profesor Angelo ISHI de la Universidad de Musashi, Tokio. Fueron meses de discusión e intercambio de opiniones para tratar de llegar a algunas conclusiones que permitan promover una mayor concientización de los japoneses sobre la presencia y convivencia con los extranjeros.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de este país viene organizando desde hace unos 8 años este tipo de simposios internacionales de temas migratorios, pero ha sido la primera ocasión en que han usado la palabra “integración de los extranjeros en la sociedad japonesa”. Al parecer, desean apurar un poco más el proceso de adaptación de los extranjeros en Japón porque, con o sin crisis, en el ámbito vecinal y local las fricciones se están agravando o simplemente no hay un marco de comprensión ni una adecuada convivencia entre ambas partes.

A medida que los extranjeros prolongan su permanencia, la atención a los extranjeros en las ventanillas municipales y oficinas públicas exige cada vez más preparación y apoyo de material más especializado. Las guías habituales no ofrecen respuestas.

Las prefecturas y los municipios han venido implementando innumerables medidas para facilitar la convivencia con los extranjeros editando guías en diversos idiomas, dando charlas y cursos de japonés, organización de festivales interculturales, etc, bajo los programas de “internacionalización de la sociedad” (chiiki shakai no kokusaika) y, últimamente, de “convivencia multicultural” (tabunka kyosei).

Se han acondicionado ventanillas municipales de atención a extranjeros en diversos idiomas y algunas oficinas como las laborales, las inspectorías de trabajo, etc. ofrecen apoyo de traductores para temas más específicos y complejos. Dentro de este contexto, las ONGs y entidades civiles intermedidas también han ocupado un rol importante.

Estas consideraciones y medidas son la mejor evidencia de que, sea el momento histórico que sea, el país o la región del que se trate, cuando los extranjeros que llegan a un país prolongan su estadía y comienzan a formar familia, es innegable que esa presencia es un fenómeno migratorio, más allá de la formación académica, profesión, raza o nacionalidad. Tengan o no muchos deseos de estar integrados o interrelacionados, en la medida que conozcan mejor las costumbres, las pautas sociales, las leyes y los sistemas de seguridad social y tributario, etc; comienzan a aprovechar mejor los beneficios que el sistema ofrece y eso es lo que evita conflictos innecesarios y actitudes de desconfianza e incomodidades.

Si bien la convivencia es un proceso de aprendizaje de ambas partes, la de los migrantes y de la sociedad receptora, si los mismos extranjeros no prestan ese interés y no se esfuerzan en entender la sociedad donde han optado vivir es muy difícil lograr el primer paso hacia una convivencia un poco más madura.

Vale mencionar que las relaciones sociales en la sociedad japonesa no es una relación contractual o jurídica en el sentido estricto, al contrario, se trata más de costumbres, tradiciones y pautas culturales que han sido cultivadas en el seno de la sociedad o en cada grupo específico o región y, en muchos casos, se puede decir que son “pautas generalmente aceptadas” por esos grupos o por la mayoría. Es obvio que estas “pautas de conducta” no están en las guías bilingues para extranjeros y, aunque se haga mención, solo es posible su comprensión en la experiencia cotidiana y en la relación interpersonal.

Quien escribe ha nacido en Buenos Aires, Argentina, y es hijo de padres japoneses que emigraron en la pos-guerra. A pesar de tener medio siglo de vida en dicho país no se puede decir que han logrado conocer todas la particularidades de la Argentina. Ni siquiera el que escribe, que ha podido recibir una buena educación, hasta la superior, en la Argentina, puede dar cuenta que conoce todos los aspectos de la sociedad donde ha nacido y ha sido formado.

Es el centro deportivo de los bolivianos en la ciudad de Escobar, a 50 km al norte de la ciudad de Buenos Aires.

En el caso de los migrantes, sea para sobrevivir y luego para crecer y desarrollarse, en líneas generales, buscan la mejor manera, con sus precauciones, miedos y prejuicios, relacionarse de la mejor manera con los nativos y, dentro de lo posible, ayudarse entre los connacionales para compartir experiencias e información. Y dentro de este último, la clave es el conocimiento de cómo funciona la sociedad y cómo aprovechar lo que ofrecen para desarrollar una actividad, mejorar la calidad educativa de los hijos, etc. Si los mismos extranjeros se cierran o no son muy permeables, se limitan asimismo y hasta pueden que alimenten el resentimiento contra los nativos.

Los países de América Latina han recibido una enorme corriente migratoria y hasta algunos decenios atrás nadie dudaba de la necesidad de una inserción efectiva o asimilación casi total en la sociedad local como requisito indispensable para su inserción social y desarrollo; pero, los pensamientos del multiculturalismo, la importancia de respetar la diversidad de los extranjeros, de las etnicas y culturas diferentes, han promovido un mayor respeto de lo diferente para que la convivencia no sea tan tensa entre las partes2.

Por otra parte, la misma globalización posibilita a que uno esté en una sociedad y a la vez de manera “virtual”, por internet y mail, con los suyos del país de origen dentro de una interrelación compleja de intereses trasnacionales. Dentro de este nuevo contexto, la excesiva “presencia” de lo diferente puede generar más prejuicios, rencores y desentendimientos entre los mismos y con los locales. En vez de facilitar una mayor comprensión en la sociedad donde han sido recibidos, genera hacia los extranjeros sentimientos de exclusión, aislamiento y hasta expulsión. A pesar de estar “informados” más que antes, no necesariamente puede haber mayor entendimiento.

En la Argentina siguen llegando muchos migrantes limítrofes y no siempre logran integrarse exitosamente, aunque en las ciudades relativamente exitosas se puede observar que ambas partes prestan cuidado en no estimular demasiado las diferencias3.

 En el caso de Japón, salvo la migración desde las colonias imperiales de la preguerra y las llegadas ocasionales de la posguerra, según la conveniencia de cada momento, en toda su historia no han recibido importantes masas de inmigrantes. Es por eso, incluyendo a los estudiantes extranjeros “ryugakusei”, los extranjeros son considerados visitantes y la sociedad los recibe con la hospitalidad y los servicios para ese efecto. Es obvio que no se producen grandes fricciones culturales porque la temporalidad resuelve o hace superar los pequeños desentimientos.

Sin embargo, cuando esa permanencia se transforma en cuasi permanente y la relación vecinal y laboral con los japoneses se hace indispensable para comprender las cuestiones cotidianas, el mismo migrante extranjero, esté en la posición o profesión que sea, comienza a necesitar de información actualizada y útil para cada ocasión, muchas de ellas basadas en la experiencia y no en los manuales. De allí la importancia de una relación más personalizada entre los locales y los colectivos extranjeros. Desde luego, este “face to face” requiere de mucha energía, de paciencia, de, a veces, pasar vergüenza, de asumir errores, de rechazar con elegancia y diplomacia lo que no gusta, etc.

Y cuando los municipios y prefecturas implementan de manera “unificada y coordinada” diversas medidas de integración social no siempre dan los resultados esperados porque el modo de integración laboral, social y cultural que tienen los extranjeros en cada ciudad, aldea, o area industrial, varía mucho de una región a otra, y no todos se manejan con las mismas prioridades.

La experiencia enseña que el inmigrante no siempre pide ayudas públicas de asistencia ni mendiga beneficencia, sino información útil y aplicable para ir resolviendo lo que urge y solo si es posible planifica un poco más a mediano plazo. Quiere lograr los mismos derechos y oportunidades que los locales pero con esfuerzo y dedicación y, luego, brindar lo mejor de sí, con sus particularidades, a la sociedad que ha sido acogido.

Si tanto el migrante como la sociedad receptora está en la defensiva y no se anima siquiera a preguntar por las “eternas dudas”, es indudable que eso no genera confianza ni facilita una convivencia provechosa para ninguna de las partes.

Seminario Internacional organizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón, IOM-Organización Mundial de Migraciones y Prefectura de Kanagawa. Quien escribe y la asesora del Dpto de Migraciones del Ministerio de Interior de Noruega en un panel.

Notas:
1. http://www.pref.kanagawa.jp/osirase/kokusai/seisaku/workshop.html
http://www.iomjapan.org/news/symposium2010.cfm
http://headlines.yahoo.co.jp/hl?a=20100220-00000026-kana-l14

2. Alberto Matsumoto, “Cap.3: Políticas de convivencia cultural de la Argentina – La integración de los migrantes limítrofes como referencia para pensar la política migratoria de Japón”, Obra dirigida por Sachie Asaka, Universidad de Nanzan, “La convivencia multicultural en un mundo globalizado – las relaciones interpersonales internacionales”, Editorial Korosha, 2009.

3. La Argentina ha tenido siempre una migración limítrofe importante, aunque muchas veces considerada “golondrina” por las estaciones de cosecha y su temporalidad. Sin embargo, a través de los decenios se fueron dispersando por todo el país y se instalaron también en el Gran Buenos Aires para ofrecer su mano de obra en la construcción, servicios y en la agricultura. Al comienzo, como peones, luego como medieros y ya últimamente como propietarios de las quintas de verduras para formar su propio mecanismo de distribución a través de mercados ubicados cerca de los centros de consumo. En algunas localidades se observan verdaderos barrios como el de los bolivianos que poseen sus centros deportivos, asociaciones de comercio y demás instalaciones para sus connacionales. En el mercado, además de las verduras de producción propia, ofrecen, por ejemplo los fines de semana, todo tipo de productos y en ella pueden participar cualquier comerciante. Por otra parte, en el noroeste, en algunas localidades de escasos recursos se puede observar hechos de fricción por el uso discrecional de los servicios de salud y educativos públicos por parte de los migrantes limítrofes que están indocumentados y que inciden en la ya deteriorada finanzas públicas locales y en la calidad de los servicios médicos y de educación.

© 2010 Alberto J. Matsumoto

migration nikkei in japan

About this series

El licenciado Alberto Matsumoto encara las distintas facetas del Nikkei en Japón. Desde la política migratoria sobre la inserción al mercado laboral del inmigrante hasta su inculturación a las costumbres y lenguaje japonés a través de la educación primaria y superior. Analiza la vivencia interna del Nikkei latino con su país de origen, su identidad y su convivencia cultural personal y social en un contexto cambiante de globalización.