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NOVELA: Evodio el suertudo - 11 de 16

Parte 10 >>

¡Viva México, Viva Japón!

La vía del tren ha quedado atrás por un camino ancho y plano, avanzamos hacia Escuintla ¡Por fin llegamos! Es un caserío de una sola calle. En la alcaldía nos reciben las autoridades del pueblo que han sido informadas de nuestro arribo por dos empleados del Departamento de Fomento de Colonización, recién llegados de la ciudad de México.  El más joven, según mis cálculos, tendrá alrededor de veinticinco años de edad; su nombre es Koichi Uchida, nacido en la ciudad de México, hijo de japoneses, bilingüe habla castellano y japonés.

“Como ciudadano mexicano pero con sangre japonesa, a nombre del Gobierno de México, sean ustedes bienvenidos a Escuintla, al estado de Chiapas, a México, con base a los acuerdos firmados por nuestras altas autoridades. A la brevedad, tomarán posesión de las tierras adquiridas para cultivar café. Desde este momento cuentan ustedes con la protección de las leyes mexicanas para sus personas y sus propiedades. ¡Viva Japón, Viva México!  Se nota que vienen  cansados y hambrientos, no se preocupen, hemos preparado una comida para ustedes que esperamos sea de su agrado “

- El discurso de bienvenida en japonés y la comida nos devuelve el alma a todos; se me quita lo pasmado, mi cerebro empieza a generar ideas, para hacer las tareas encomendadas y tener respuestas a la brevedad. Por ahora no me interesa saber de tierras para cultivar café Koichi Uchida es mi contacto en la ciudad de México e iniciamos una amistad entrañable.

De Chiapas a la ciudad de México hacemos tres días en Ferrocarriles de calidad básica, con asientos de madera. Por descarrilamiento del Ferrocarril que corre en sentido contrario, paramos en un lugar llamado “Medias Aguas”; horas después llegamos el Puerto de Veracruz y transbordamos al tren que viene de Yucatán. Mejora la calidad de la comida en el comedor y los asientos ahora están acojinados y forrados con terciopelo de color oscuro.

- De mañana llegamos a la ciudad de México y hace mucho frío. La ciudad es grande y grande también es la aglomeración de gente. ¡Cuida tus cosas, tu dinero, porque acá te roban las calcetas sin quitarte los zapatos! Me advierte Koichi. Caminamos unas cuadras. La familia de Koichi vive cerca de la Estación de Ferrocarriles y tienen una tienda de abarrotes llamada: “La Japonesa”. Veinte dependientes les ayudan en la venta de mercancías. Los papás de Koichi me dan la bienvenida; están enterados de la Migración japonesa a Chiapas y seré su huésped por varios días. 

La familia Uchida está contenta de vivir en México, país rezagado, pero tranquilo. No tienen planes de regresar a Japón pues los mexicanos son buenas personas, amigables y solidarios. -No quieren a los americanos porque hace menos de medio siglo los invadieron y les robaron medio país. Con desprecio los llaman “Greengos”, que quiere decir: “Lárgate verde”, por su uniforme de color verde.

“Todos los días en nuestra tienda vendemos muchas mercancías, tenemos los cajones de los roperos llenos de dinero; regresar….no, la vida en Japón se ha tornado difícil, porque ahora es un Imperio beligerante, dicen”.

En dos semanas de estancia he caminado hasta las Pirámides de Teotihuacán, construcciones incomparables y en chalupa viajo al Lago de Xochimilco. La vista del Popocatépetl  me recuerda al Fuji Yama. Con los Uchida hablo en japonés y mi castellano ha mejorado; ya puedo pedir comida: “Tortillas por favor”, saludar: “Buenos días, buenas tardes, buenas noches”. Los mexicanos se parecen a los japoneses, son bajos, delgados y amables.

Koichi me ha comprado el boleto para viajar en tren hasta la frontera norte; son varios días con sus noches, me dice: “Enfrente de la estación de Ferrocarriles está un restaurante que se llama “Nippon”; su propietario, Hachiro Kató, es nuestro contacto en Ciudad Juárez y él te ayudará en las tareas que te encomendaron las autoridades japonesas”.

Sin novedad arribo a mi destino y no me cuesta hallar el Restaurante. Es una casa pintada de color blanco que en la marquesina tiene pintado el escudo Nacional de Japón.  Me recibe el señor Kató quien tiene sesenta años de edad y treinta de radicar en México; su esposa es mexicana, no tienen hijos. Ambos son muy amables; me enseñan el cuarto que ocuparé y me invitan a comer hudón, la comida de la buena suerte para los japoneses. Tengo la ventaja de hablar en japonés, castellano e inglés, Hachiro habla los tres idiomas. 

Le explico las tareas que debo hacer en Ciudad Juárez. -Es muy fácil; trabajaras como mesero en el restaurante y ahí podrás darte cuenta como conviven mexicanos y americanos. Se gana buen dinero pero es un ambiente difícil; los americanos son mandones, despreciativos y viciosos, vienen a este lado del río a los zumbidos a emborracharse y a hacer desórdenes que en su país no les permiten, a veces te avientan los dólares al piso o a la cara para ofenderte. A los japoneses nos llaman “amarillos” pero no los oigas, dedícate a trabajar.

- Llevo dos semanas de mesero; tengo las manos quemadas, con ampollas, pero las bolsas llenas de dólares. Hablar inglés me hace diferente a los meseros mexicanos que se son renuentes a hablar inglés. “Yo no quiero ladrar el inglés, que los pinches gringos aprendan a hablar el castellano”, argumentan. En las mesas a los americanos les avientan los platos, con ademanes les mientan la madre y cuando los cocineros saben que la comida es para gringos les ponen chiles picosos o escupen en los platos.

- Los americanos vienen en varios grupos. No son rencorosos a pesar de que los mexicanos les enchilan la comida y les escupen los platos; cada fin de semana regresan a divertirse. Como mesero no les importas, no te conocen, no se acuerdan de ti, no hablan contigo; simplemente te piden comida y bebida y ya borrachos avientan los dólares al piso, en forma altanera  vociferan: “Mexicans and Yellows are the same shit, sons of bitch.”

Con dos años de mesero he ganado miles de dólares y esa ganancia no estaba escrita en mis tareas. Considero que este tiempo ha sido suficiente; ya tengo una idea de cómo conviven los mexicanos y americanos en la frontera; que persiste el odio de los mexicanos hacia los americanos; que no se olvidan de las humillaciones ni de que hace cuarenta años invadieron y arrebataron la mitad del territorio e izaron la bandera americana en el Palacio Nacional de México. ¡Me gusta que el pueblo mexicano sea rencoroso, orgulloso de su país, que conserve sus tradiciones, sus costumbres, su idioma!

En Ciudad Juárez radican muchos paisanos y mi estadía en este lugar me ha permitido pulsar la simpatía de los mexicanos hacia los japoneses. La simbiosis de estos dos pueblos la creo posible; ahora puedo asegurar que los mexicanos pueden ser nuestros aliados comerciales y políticos. La preocupación del gobierno japonés a este respecto para mi está resuelta de manera indubitable.

En Ciudad Juárez abordo el tren y emprendo el regreso a la ciudad de México. Se suben unos cantantes con guitarras y sombreros anchos y comprendo perfectamente cuando cantan: “Paso del Norteee que lejos te vas quedando” Siento nostalgia por abandonar este lugar, a mis amigos del restaurante, a Hachiro y su esposa. Perfectamente puedo leer letreros en la parte exterior de los furgones del tren que dicen: “Ferrocarriles Nacionales de México”. Estos son diferentes por mucho a los que van al sur de México: asientos confortables, excelentes las literas para dormir. Diferentes también los paisajes: desérticos, llanuras inmensas, interminables… En la estación de Buena Vista me reciben los los Uchida. Están enterados de la situación que viví en la frontera norte, pues semanalmente les enviaba una carta. Me dan alojamiento y en una semana redacto lo más detallado posible el informe para el gobierno japonés.

  • El sentimiento antiamericano de los mexicanos.
  • El desprecio de los americanos hacia otras razas.
  • La prepotencia de los americanos.
  • Estados Unidos es una potencia que representan una amenaza para el mundo.
  • Los Estados Unidos como enemigos son insaciables (Ver lo que le hicieron a México).
  • El dilema: ¿Nos unimos con otros países para bloquearlos o nos alineamos con ellos?
  • La primera opción deberá ponderarse con mucho cuidado.

- El informe consta de siete temas que escribí en cincuenta hojas, pero conjuntamente con Koichi lo revisamos, depuramos y se reducen a treinta y cinco. De acuerdo a las instrucciones de Tokio lo firmo como Nékko. Personalmente Koichi lo entrega al Embajador de Japón y a los tres meses recibo el acuse de entrega, con un reconocimiento del gobierno japonés por el cumpliendo de la parte más importante de mi misión en México.

- Estoy sorprendido pues comprendo y hablo bastante el castellano, menos las palabras que tienen doble sentido; creo que esas no las comprenderé nunca porque en el idioma japonés no existen. Entablo conversaciones elementales con mujeres jóvenes que me preguntan si soy chino y me dicen que tengo ojos de gato. Respondo que soy japonés, que heredé el color de ojos de mi abuelo. Viajo en carruajes por la ciudad en la que hay lugares muy bonitos como la Alameda Central, el Paseo de la Reforma, la Colonia Roma, el bosque y el castillo de Chapultepec.

- Por sus conversaciones me parece que mi jefe Koichi es muy inteligente. Habla de las perspectivas y expectativas del mundo y cree que Estados Unidos es un país con una infraestructura industrial y comercial que controla a una gran cantidad de naciones.  “Imperativo que Japón se una a otras potencias para hacer un contrapeso, porque el poderío americano es evidente”, dice. 

Parte 12 >>

Nota de editora: Ésta es una obra de ficción. No está patrocinada ni afiliada de manera alguna por ninguna institución, instalación o familia. La historia está basada en lugares, personas y hechos históricos, pero está escrito enteramente desde el punto de vista del autor.

Referencia:
Evodio el suertudo - Modismos >>

 

© 2013 Florentino de Mazariegos

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