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NOVELA: Evodio el suertudo - 12 de 16

Parte 11 >>

¡Los migrantes en Escuintla tienen serios problemas!

Koichi me ha invitado a conocer el lugar donde  trabaja. Las oficinas del Departamento de Fomento de Colonización están en el primer piso del Palacio Nacional de México. Me informa que los migrantes japoneses en Escuintla tienen serios problemas, que debo regresar a Chiapas a continuar con mis tareas. Le pido me apoye en la planeación mi vida porque intuyo que ya no regresaré a Japón y pronto estaré en Escuintla, en donde además de trabajar en las tareas que me asigne el Gobierno japonés, deseo abrir un negocio, pero no tengo una idea clara del giro, porque desconozco el mercado.

¿Una carpintería para hacer pagodas? propongo a Koichi, “No mi amigo, las pagodas son gustos de ricos, de personas refinadas; de los paisanos que llegaron a Chiapas la mayoría va a cultivar la tierra, a cultivar café; sugiero una tienda de abarrotes como la nuestra, es más nosotros te enviaremos por tren las mercancías; como has visto, mis papás a veces no tienen tiempo para desayunar pues la venta de comestibles por las mañanas es muy demandante”.     

Koichi es la única persona que sabe que yo no vine a México a cultivar la tierra; que pronto llegarán de Japón personas preparadas para hacer estudios topográficos de la costa de Chiapas y ver la posibilidad de construir un muelle en donde atraquen barcos japoneses. Yo seré el guía de los Ingenieros japoneses que han anunciado su arribo para el inicio del próximo año y creo tener el tiempo y los conocimientos suficientes para establecerme en Escuintla y apoyarlos en todo lo que sea necesario.

Acepto la recomendación de Koichi quien me acompaña en mi regreso a Chiapas; una vez que haya terminado los asuntos que me encomendó el gobierno japonés, pondré una tienda de abarrotes en Escuintla; los señores Uchida desde la ciudad de México serán mis proveedores. Durante los tres días que dura el viaje en tren de la ciudad de México a la Acapetahua, Chiapas, Koichi me pone al tanto de lo que sucede con los migrantes japoneses en Escuintla.

Siete días después de su arribo a Escuintla, el 18 de mayo de 1897 tomaron posición de los terrenos y al día siguiente empezaron la construcción sus casas, con espacios para practicar las artes marciales. Los terrenos adquiridos son planos, con climas demasiado calientes, fértiles, excelentes para el cultivo de toda clase de gramíneas: maíz, frijol, arroz, etc., frutas tropicales: mango, zapote, sandía, guanábas, etc., crianza de ganado vacuno, porcino, equino, tienen un gran problema: los te renos no son aptos para cultivar café.

Los mejores cafetales de Chiapas están en la sierra de El Soconusco pero los terrenos adecuados para este producto fueron acaparados por migrantes alemanes desde 1860. Los agrónomos japoneses que recomendaron la adquisición de terrenos en el municipio de Escuintla, desconocían las características de los terrenos para cultivar café y por ende involuntariamente cometieron tres errores:

Primero: recomendar la compra de terrenos en la costa, en zonas bajas, en tierra caliente. Para cosechar un café de calidad, el denominado “Café de altura”, amén del buen mantenimiento  de los cafetales y excelente proceso en el beneficiado de los granos, los cafetales requieren cultivarse en terrenos montañosos, con clima templado y una  altitud promedio de 900 metros sobre el nivel del mar. 

Segundo: la falta de asesores para proveerse de semillas seleccionadas para sembrar almácigos.

Tercero: desconocer los tiempos para trasplantar y sembrar las plantillas de cafetos.

La falta de conocimientos  y planeación para el cultivo del  café en la región de El Soconusco, causó desazón y deserción entre los migrantes, que además de no recibir dinero de Japón, se sintieron engañados. Seis regresaron a Japón; el responsable del grupo Ing. Agrónomo Torazi Kusakado se hizo el harakiri. Enterado y alarmado por esta situación el señor Takeaki Enomoto promotor del proyecto de colonización japonesa en México, envió como emisarios a los señores Kawamura y Kobayashi a solucionar este conflicto.

Aconsejados por los emisarios, el resto de los migrantes optaron por permanecer en Escuintla. Los denominados migrantes independientes con su pecunia, adquirieron terrenos para sembrar arroz, maíz, frijol y criar ganado vacuno. Los colonos que venían contratados, por iniciativa del señor Terui Ryoziro, fundaron “La Compañía Japonesa Mexicana” para cultivar arroz, maíz, frijol.

Gracias al trabajo en equipo disciplinado, solidario, con jornadas de hasta dieciséis horas diarias, la Compañía Japonesa Mexicana tuvo logros agrícolas impresionantes: almacenes llenos, farmacia bien surtida, fábrica de tintes para textiles. De 1912 a 1915 tuvieron una ganancia máxima de 300,000 yenes mensuales. Paridad de la época 2 yenes por dólar. Lamentablemente la Revolución Mexicana causó inestabilidad política y económica al país, paralizó a la administración y la Compañía Japonesa Mexicana se disolvió.

Las altas ventas de la Compañía Japonesa Mexicana, derivadas de una excelente administración, fue tildada de socialista. Desató la desconfianza del gobierno de Estados Unidos, que tenía en la mira al estado de Chiapas, porque en la sierra de El Soconusco radicaba un selecto grupo de alemanes chauvinistas que desde 1860 se dedicaban al cultivo y  exportación a Europa del mejor café que se producía en México.

Para Estados Unidos el Japón de hoy con las guerras ganadas a Rusia y a China, es un imperio beligerante, poderoso, orgulloso, pretencioso, peligroso, con aspiraciones de tener supremacía en el mundo. La presencia de los colonos japoneses en Escuintla para los agentes de la O.S.S., del gobierno estadounidense no es casualidad. 

Parte 13 >>

Nota de editora: Ésta es una obra de ficción. No está patrocinada ni afiliada de manera alguna por ninguna institución, instalación o familia. La historia está basada en lugares, personas y hechos históricos, pero está escrito enteramente desde el punto de vista del autor.

Referencia:
Evodio el suertudo - Modismos >>

 

© 2013 Florentino de Mazariegos

chiapas fiction mexico