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Memorias de un hombre con memoria. Kisei Higa, el rostro actual de uno de los nikkei más notables

Es un adicto a la historia, cada momento debe tener una fecha exacta para Kisei Higa Tamashiro. Los números salen de su boca y se vuelven el preámbulo de un nuevo relato. Algo va a decir, y lo quiere sustentar con el calendario. 

Kisei Higa se ha empeñado en conocer cada apunte del fenómeno de la inmigración japonesa (su tema favorito). Pero la mayor parte de su energía la entregó en su papel de dirigente nikkei.

A comienzos del siglo XVII, en la época del décimo virrey Juan Mendoza y Montesclaro, se hizo el censo poblacional de Lima, cuando Lima era pequeña. Solamente llegaba a 25 mil habitantes, pero en ese censo hubo 20 japoneses”. 

Hablamos por teléfono dos veces antes de la entrevista. No olvidó ni la cita ni mi nombre. Su agenda mental tiene la capacidad de retener los detalles del día de ayer casi con la misma avidez que los de hace algunas décadas. Incluso tiene espacio para almacenar con comodidad mucho de lo leído. Su cabeza de nieve activa circuitos que crean mapas con los apellidos cada vez que conoce a un nikkei. Eso le permite adivinar de dónde pudo venir y a qué clan pertenece. 

Sábado. Nueve y cinco de la mañana. Me recibe risueño, con una sonrisa que endulza su sala de paredes blancas. Su cuerpo delgado contrasta con sus manos grandes y dedos de nudo. Avanza con dificultad, se ayuda de un andador. Una lesión en la columna le restó agilidad. Lo miro y creo que tiene la serenidad de un maestro Jedi.

–Me levanto a las siete, a veces más temprano, a veces más tarde. Solamente estoy acá en la casa porque a la calle no puedo salir. Me gusta leer historia, geografía, veo televisión, mucho noticiero. 

–Pero los noticieros son trágicos, dan pena, puras malas noticias.

–¿Malas noticias, no? Pero de todas maneras hay que enterarse pues. 

* * *

Kisei Higa se ha empeñado en conocer cada apunte del fenómeno de la inmigración japonesa (su tema favorito). Pero la mayor parte de su energía la entregó en su papel de dirigente nikkei. 

Ha sido un hombre de acción. Fue el primer nisei que integró la directiva de la Asociación Peruano Japonesa. Dedicó tanto a su comunidad que su hijo mayor sentía celos del tiempo que no estaba. En 1996 lo invitaron a la cena anual en la residencia del embajador Morihisa Aoki. Fue uno de los rehenes del MRTA. Salió libre a las dos horas. 

Quizá no lo sepa, pero ya se está volviendo parte de esa historia que tanto le obsesiona, que revisa en libros, revistas y periódicos. Las únicas que se quejan son sus córneas: a los 89 años cumplidos siente que pierde la vista. Ahora usa lupa para leer las letras más pequeñas. Y entiendo que le sea más fácil prender el televisor.

Sentado en el sillón de cuero de su sala vuelve a hablarme sobre los primeros japoneses que llegaron a estas tierras. Está –dice– la historia oficial y la menos conocida. La primera se inicia con el arribo del barco Sakura Maru en 1899; la otra se basa en un censo de 1614. 

“Cuando se construyó ese puente de piedra que está a espaldas de Palacio de Gobierno, eso lo construyó un contratista, Juan del Corral. Entre su personal había un japonés que llevaba apellido español, pero en su libreta llevaba anotado que era japonés”.

Eduardo y Héctor son dos de sus hijos. Maribel, su nieta. Junto a él su esposa Kiyoko y Mary, una de sus nueras.

* * *

Su casa en el distrito de Jesús María se ve espaciosa, pero nada comparada con sus tierras en la exhacienda San Agustín, que albergó a cinco generaciones de su familia, desde su padre (que llegó en 1923 a esa “tierra bendita”) hasta sus bisnietos. En diciembre del año pasado tuvo que dejar su vida de hombre de campo porque el Estado decidió ampliar el aeropuerto Jorge Chávez. Una voz como la de un niño nos ha interrumpido desde que nos sentamos a hablar. Luego descubro que es la lora Aurora, una de sus dos mascotas que trajo en su mudanza. La otra es Maya, una cocker musculosa que se alborota con las visitas.

“Uno a veces sueña que está dentro del cultivo, uno sueña a veces”. Kisei Higa no puede desprenderse de sus sembríos. Dormido se ve entre sus hortalizas, cosechando tubérculos o sembrando flores. Son 79 años de existencia que se quedaron allá. 

A los diez había llegado desde su Chancay natal para encontrarse con su padre en San Agustín. La primaria la estudió en el colegio japonés como muchos niños. La secundaria la hizo por correspondencia y terminó en la dependencia de la Universidad de Waseda. 

Siempre se preparó para vivir en Japón. Era la idea de su padre igual a la de tantos issei de inicios del siglo pasado. Pero la guerra cambió eso, les cambió la mentalidad. Por la guerra comenzó la persecución, la mala propaganda. En ese tiempo no había tantas organizaciones como ahora, dice. Su padre se fue a Japón el mismo año que estalló la guerra. No lo volvió a ver, murió en 1943. Se quedaron él, su madre y sus hermanos.

* * *

“Memoria sí tiene bastante”, dice Kiyoko Kanashiro, su esposa y cómplice de vivencias. Se ríe mucho cuando le pregunto dónde y cómo se conocieron, se ríe más cuando le pregunto la fórmula para estar juntos 63 años. Se conocieron en la boda de la hermana de ella, en San Agustín. Tienen cinco hijos. El mayor, Eduardo, también se nos ha unido. Dice que a su padre lo que le ha faltado es escribir un libro para recordar todas las cosas que sabe. 

Pero Kisei Higa sigue recordando. Aunque le guste jugar solitario y componer canciones es más una máquina de contar historias de Japón y de mitología. Hay otro tema natural en casa de los Higa: se habla de milagros, almas y de fe. ¿Eres creyente?, me preguntan. Me cuentan una, dos, tres experiencias sobrenaturales.

Kiyoko me regala un sobre blanco con unas estampas, me dice que tenga fe y nos lanza buenos deseos al fotógrafo y a mí. Su esposo me mira con expresión entrañable. Parece decirme que pudo haberse jubilado en todo, menos en la fe. 

Kiyoko Kanashiro. “¿Qué es lo que más me gusta de mi esposo? Todo. Su carácter, es bueno, comprensivo. No hay ningún defecto, solamente que no me escucha. Él ha sido padre de familia de sus hermanos, quedó huérfano joven. El último de ellos tenía ocho años. Cocinaba, lavaba, por eso es que tiene mucha paciencia, por sus hermanos. Aprendió a ser padre con ellos”.


Perfil de Kisei Higa 

  • Nació en Chancay (norte de Lima) el 10 de abril de 1923.
  • A los diez años se fue a vivir a la hacienda San Agustín (Callao).
  • Se casó con Kiyoko Kanashiro en 1949.
  • Ha sido presidente de la Asociación Okinawense del Perú y de la Asociación Peruano Japonesa del Callao.
  • En 1993 fue condecorado por el gobierno de Japón con la Orden del Sol Naciente y la medalla del Sol Naciente con rayos dorados. 
  • Es uno de los miembros más distinguidos de la comunidad nikkei peruana.

 

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 68, junio 2012 y adaptado para Discover Nikkei.

© 2012 Asociación Peruano Japonesa; © 2012 Fotos: Asociación Peruano Japonesa / Fernando Yeogusuku

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