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Japoneses la comunidad en busca de un nuevo sol naciente - Parte 1

INTRODUCCIÓN* 

A lo largo del siglo XX la ciudad de México se nutrió de miles de inmigrantes que, por diversas razones, llegaron al país. Ya transcurrieron más de 110 años desde el arribo de los primeros 34 colonos japoneses a la zona del Soconusco en Chiapas en 1897, con el firme propósito de crear una finca cafetalera. Cuando fracasó ese proyecto, se dispersaron para integrarse a otras actividades. Las oleadas y las redes de japoneses que, a partir de entonces, se sucedieron y que se concentraron en algunos estados de la República, fueron en buena parte fruto de los ciclos o vaivenes que la economía mexicana experimentó: colonos para poblar áreas no explotadas; agricultores y peones que las plantaciones de algodón y azúcar reclamaban; obreros que las construcciones de vías férreas requerían; mineros que la demanda mundial de metales solicitaba; profesionistas que la expansión de la ciudad de México y su comercio necesitaban, etcétera.

Sin embargo, los corredores por donde circulaba la mano de obra que requería la economía mundial se encontraban a menudo bloqueados por las barreras que erigían los racismos nacionales, por los conflictos políticos que surgían en las sociedades y por la imposición de los intereses de las grandes potencias. La comunidad de japoneses que empezó a concentrarse paulatinamente en la ciudad de México fue resultado de todos estos elementos que la crearon y la moldearon, por lo que su historia responde a ellos y, sin duda, a la forma en que los emigrantes los enfrentaron.

Para comprender mejor estos elementos se ha dividido el texto en cuatro grandes apartados o etapas que se refieren a la historia de la comunidad en la ciudad de México. La primera abarca la serie de transformaciones que se dieron en Japón durante la época Meiji (1868-1912), lo que permitirá entender el contexto en el que se da la salida de los emigrantes.

La segunda parte muestra a los pioneros de la emigración, su llegada a México a partir de 1897 hasta antes del ataque japonés a Estados Unidos en diciembre de 1941. En ese periodo los emigrantes no sólo buscaron tener un ingreso, sino que ahorraron con objeto de mejorar sus condiciones para regresar a su país o, en su defecto, de establecer algún negocio propio.

La mayoría, jóvenes solteros, empezó a construir una familia mediante el sistema de yobiyose (solicitar una pareja a Japón); otros regresaron a su país para casarse y traer a su esposa, y algunos más, la minoría, se unieron en matrimonio con una mujer mexicana.

En la tercera parte, que abarca el periodo de la Segunda Guerra Mundial, se explican los motivos que obligaron a la antes dispersa comunidad a concentrarse en las grandes ciudades, en particular en la ciudad de México, que se convirtió en el lugar donde habitó, a partir de entonces, la mayoría de los japoneses.

La cuarta parte da cuenta de cómo al terminar la guerra y al cancelarse definitivamente las posibilidades de regreso a su país, la comunidad, apoyada en la cresta del crecimiento de la ciudad y de la larga onda expansiva de la economía nacional, levantó una serie de negocios que se constituyeron en una nueva forma de vida. No sólo se reconstituyó — después de las penurias de la guerra— sino que, apoyada en una segunda generación de japoneses nacidos en México (nisei), expandió sobre mejores bases sus negocios. La primera parte de ese ciclo se cerró exitosamente con la construcción del Liceo Mexicano Japonés en 1977, institución de alto prestigio que marcó la nueva etapa de los nisei e incluso de sus hijos sansei (tercera generación), rodeando de prestigio a la comunidad misma y a su país de origen, que se erigió como potencia económica. Estas dos últimas generaciones aseguraron su estabilidad económica mediante dos vías: la herencia del negocio familiar y la educación superior,1 lo que permitió crear una comunidad mucho más sólida en términos sociales y con creciente capacidad económica y política. La segunda parte de esa etapa estuvo marcada por el declive y la incertidumbre de la economía nacional —que llega hasta nuestros días—, en la que la cuarta y quinta generaciones de japoneses buscaron desarrollarse no sólo a partir de los viejos negocios de sus ancestros, muchos de ellos sin posibilidad de resistir los embates de las crisis económicas recurrentes,sino como profesionistas y nuevos inversionistas en busca de un camino propio.

A lo largo de estos periodos se menciona la serie de organizaciones que estableció la comunidad; así como las aportaciones de algunos emigrantes que permiten conocer cómo se integraron a la ciudad que los ha alojado.

Integrantes de la comunidad japonesa en la Legación de la calle de Colima, colonia Roma, ca. 1940. Colección: Shozo Ogino.

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* Este trabajo no hubiera sido posible sin la valiosa ayuda y comentarios de emigrantes y de sus hijos: Martha y Carlos Kasuga me brindaron importantes datos y fotografías. Los señores Hiromi Ida, Jesús Akachi y Enrique Shibayama me proporcionaron la historia de sus negocios. El señor Shozo Ogino me facilitó igualmente algunas de las fotografías que ilustran el texto y me dio certeras indicaciones sobre todo el periodo.

Nota:

1. Takehiro Misawa, "Reproducción social y cultural de las familias de los inmigrantes japoneses en México: su impacto sobre la conformación de las expectativas de las relaciones intergeneracionales de los nisei", en Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, núm. 94 (52), 1 de agosto de 2001.

 

* Este artículo fue originalmente publicado en Carlos Martínez Assad (ed) La Ciudad Cosmopólita de los Inmigrantes. Mexico, Gobierno del DF. 2010.

 

© 2010 Sergio Hernández Galindo

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