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A 30 años del fenómeno dekasegi

Año 1990, primer grupo de trabajadoras peruanas en una fábrica de ventanas y marco de aluminio. (Foto: M. Sugashima)

Antecedentes históricos

En abril se cumplieron 120 años de la llegada de los primeros 790 inmigrantes japoneses al Perú. Todos ellos llevaban una maleta cargada de ilusiones y deseos de trabajar, con la esperanza de, pasados algunos años de sacrificio y esfuerzo, poder regresar al Japón y reunirse con sus familiares.

Sin embargo la realidad fue otra. Tuvieron que enfrentar muchísimas adversidades, entre ellas el idioma, la comida, la diferencia de culturas, la discriminación, el incumplimiento de contrato. Pero, sobreponiéndose a todo ello, pasaron los años y muchos hicieron del Perú su nueva patria sin olvidar sus raíces y transmitiendo su legado a las nuevas generaciones.

Esta misma historia se repetiría 90 años después, pero a la inversa, cuando el 28 de febrero de 1989, el primer contingente de 30 peruanos Nikkei iniciaron el viaje hacia Japón para trabajar, con miras a un futuro mejor para sus familias.

Mientras que en Perú las condiciones políticas, económicas y el terrorismo se hacían cada vez más críticas, en Japón se vivía una bonanza económica sin precedentes. La economía japonesa crecía con fuerte dinamismo en un ambiente de euforia a la que se le llamó la “época de la burbuja”.

Por ese entonces, el mercado interno experimentaba un aumento en la demanda cada vez mayor y en el externo los productos japoneses invadían el mundo. Por esta razón, la industria manufacturera requería de un mayor número de trabajadores no calificados.

El retorno

Durante los primeros años de la década de los ochenta, muchas empresas contrataron a trabajadores del sudeste asiático. Pero, debido a una serie de problemas tales como el idioma, la religión, costumbres y, lo que era más grave, la documentación, es que el Gobierno comienza a ver la posibilidad de contratar a descendiente de japoneses de Brasil y Perú.

Mientras el gobierno estudiaba esta posibilidad, representantes de algunas empresas estaban viajando a Sudamérica con la finalidad de contactar a trabajadores nikkei, ofreciéndoles un puesto de trabajo bien remunerado con alojamiento y todo lo necesario. Es así que comienza la emigración masiva de los nikkei hacia la tierra de sus ancestros.

Factores externos y situación actual

Han pasado 30 años y los dekasegi hemos vivido dos crisis económicas, la de finales del 89, con el rompimiento de la burbuja económica, y luego a finales del 2008, la recesión económica mundial (Lehman Brothers shock). Como si fuera poco, nos tocó vivir dos terremotos, el de Kobe llamado oficialmente Hanshin-Awaji Dai Shinsai, ocurrido el 17 de enero del 1995, y el del 11 de marzo de 2011, Higashi Nihon Dai Shinsai, con posterior tsunami y fuga en la planta nuclear de Fukushima.

A pesar de todas las vicisitudes vividas en estos años, las familias nikkei cuentan con cierta estabilidad económica, aquí formaron su familia, y sus hijos estudian en las escuelas japonesas, muchos de los cuales se han formado profesionalmente en prestigiosas universidades integrándose a la sociedad; incluso muchos de la primera y segunda generación de dekasegi han hecho realidad el sueño de la casa propia.

Datos estadísticos

Actualmente, según los datos estadísticos proporcionados por el Ministerio de Justicia (junio del 2018), la población de extranjeros se ha incrementado durante seis años consecutivos, alcanzando la cifra récord de 2.6 millones (1.6 % de la población total), de los cuales 48 mil son peruanos y 196 mil brasileros, entre otros.

Problemática de los dekasegi

A pesar de los logros de algunas familias, la mayoría sigue con los mismos problemas de aquel entonces. Me refiero a que siguen trabajando en el sector manufacturero para empresas contratistas o subsidiarias cuyos contratos son de corta duración.

Por otro lado, el escaso nivel en el idioma japonés solo les permite trabajar en sectores donde no requieran formación profesional especializada, dando lugar a que las oportunidades para encontrar mejores empleos sean escasas. Aunado a esto está la avanzada edad de los primeros inmigrantes.

Apertura migratoria

Actualmente, a falta de mano de obra en los rubros de construcción, manufactura, agrícola, servicios en general, entre otros; desde abril de este año entró en vigencia la reforma de la Ley de Migración, que permitirá la entrada de un número mayor de trabajadores extranjeros de países del sudeste asiático que tienen convenios bilaterales con Japón. El Gobierno admitirá hasta 345 mil trabajadores dentro de un período de cinco años.

Para los dekasegi latinoamericanos esto podría ser contraproducente, pues la competencia por un puesto de trabajo se hace más difícil, ya que los practicantes laborales son muy jóvenes y con salarios muy por debajo de los nikkei, por lo que pueden ser reemplazados fácilmente. Por esta razón es indispensable el dominio del idioma japonés o poseer cartas de habilitación en alguna especialidad que les permita ser necesarios en su función.

Ascenso social

La segunda generación, o sea los hijos nacidos o criados en Japón, representan un gran salto cualitativo en la evolución de la comunidad peruana, dado que ellos son conocedores de dos culturas y dos idiomas y en este mundo globalizado pueden convertirse en los recursos humanos que necesita Japón y el mundo.

Lamentablemente el tiempo no perdona, así como sucedió con los pioneros que llegaron al Perú y se quedaron, la colonia de nikkei peruanos echó sus raíces y aunque en un principio todos teníamos la intención de quedarnos dos o tres años, esto no sucedió, pues nuestros planes fueron variando más que nada por la educación de nuestros hijos, primero pensamos que terminen la educación obligatoria (Sho gakko y Chu gakko), luego que terminen el Koko (secundaria superior). Pero ellos, ya con 18 años de edad, decidieron seguir alguna carrera en universidades, escuelas tecnológicas o trabajar en fábricas. Y así nos fuimos quedando.

Como resultado de esta decisión, actualmente tenemos que los hijos de la primera generación de nikkei en Japón destacan en distintos campos profesionales, llámese ingenieros, médicos, economistas, comunicadores sociales, deportistas, entre otras profesiones.

Identidad nacional

Y seguiremos aquí hasta que nuestras fuerzas y economía lo permitan, sin olvidar que somos los embajadores de un país que acogió a nuestros antepasados y que por circunstancias de la vida, los nikkei tuvimos que emprender el camino de retorno hacia Japón, cargando una pesada mochila con dos culturas y, por lo tanto, tenemos el deber de dar a conocer nuestros valores a la sociedad japonesa.

En ese sentido, la comunidad nikkei en Japón se preocupa por que las siguientes generaciones conserven su identidad, creando talleres de enseñanza del idioma español y de danzas típicas del Perú. Aquí los niños participan activamente y con mucho entusiasmo, pues es en estos talleres donde pueden compartir con otros niños sus experiencias y practicar su lengua materna.

Clase de español para niños latinoamericanos del grupo “Amauta taller de español” conformado por madres voluntarias. (Foto archivo personal)


Futuro incierto

Un último pero importante tema es sobre el futuro de la primera generación de dekasegi (ahora residentes) y el de su familia.

En enero último se realizó un taller organizado por el grupo de investigación “Presencia Japonesa en el Continente Americano” (PJECA), denominado Peruanos en Japón Ⅸ “Diálogo entre las primeras generaciones”, en la ciudad de Ōta, prefectura de Gunma, cuya finalidad era escuchar de primera fuente sus experiencias, inquietudes y dificultades que les tocó vivir en todos estos años.

Asimismo, el tema de la educación y futuro de sus hijos (segunda generación) y un tema crucial: el futuro familiar después de vivir tantos años en Japón. La principal preocupación de los asistentes fue sobre la jubilación, años de aportación, y si “podríamos vivir con la pensión mensual”.

Seminario “Peruanos en Japón, dialogo entre las primera generación” (Foto archivo personal)

En los primeros años de los noventa, ninguno de los nikkei latinos pensábamos permanecer mucho tiempo en Japón, por lo que la jubilación no era un tema prioritario, a pesar de que es obligatorio, no nos afiliamos. Pero con el pasar del tiempo y viendo que los años se nos venían encima, decidimos afiliarnos.

Para alivio de muchos, a partir de agosto del 2017 el Sistema de Pensiones estableció que el periodo mínimo de aportaciones para recibir la pensión de jubilación quedaría reducido a 10 años (normalmente era de 25 años como mínimo) sin embargo, la pensión a recibir es proporcional a las aportaciones, por tanto no podría ni solventar el alquiler de una vivienda.

Sobre el tema de la educación y futuro de sus hijos

Indudablemente, todos coincidieron que lo mejor para ellos es que estudien y se formen profesionalmente aquí, y decidan ellos mismo su futuro. Entonces, la pregunta que todos nos hacemos es, ¿qué hacer?

¿Trabajar y aportar hasta donde nos permitan?, ¿regresar al Perú y separarnos de nuestras familia?, ¿invertir en bienes inmuebles?, ¿poner un negocio?

Preguntas difíciles de responder pues cada uno, dependiendo de su situación, tendrá que definir en algún momento el rumbo a tomar.

Disertación en la Universidad de Utsunomiya sobre “Los Nikkei peruanos en Japón” para los alumnos de la facultad de estudios internacionales.(Foto archivo personal)

 

© 2019 Takashi Takahashi

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