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Los inmigrantes y la cultura japonesa en Morelos: una añeja relación

El libro Los japoneses en Morelos. Testimonios de una amistad1 es una muestra de la presencia de los inmigrantes japoneses y de la cultura de ese país en suelo morelense. Alejo Ebergenyi fue el encargado de coordinar los 15 artículos que componen este libro y que se enmarcan en un gran arco histórico que va del año de 1614 hasta nuestros días.

El libro inicia y concluye con dos ensayos escritos por Guillermo Quartucci. El primero, denominado “Hasekuraen Cuernavaca. Relato de Ficción Histórica”, aborda de manera novelada el paso por Cuernavaca del primer grupo de japoneses que arribó a la Nueva España en el año de 1614, comandado por Hasekura Tsunenaga. El segundo artículo, “La cultura otaku en Cuernavaca”, revela la influencia que ejercen los videos, el manga, el anime y el cosplay en miles de jóvenes de esta ciudad quienes son seguidores de estas expresiones de la cultura japonesa. El escenario donde los jóvenes se reúnen es la popular FrikiPlaza Zone, un edificio de arquitectura colonial en pleno centro de Cuernavaca, en el que los fandom o fanaticada de este género de la cultura japonesa buscan asiduamente las novedades de sus héroes favoritos.

El libro reproduce un ensayo muy conocido que publicó la profesora Maria Elena Ota Mishima, “Un mural novohispano en la catedral de Cuernavaca, los 26 mártires de Nagasaki”, en el año de 1981. El artículo tiene aún gran vigencia pues explica la historia de este mural pintado en el siglo XVII y describe el sacrificio del fraile mexicano San Felipe de Jesús en Nagasaki en 1597.

Crucifixión de los mártires en los murales de la catedral de Cuernavaca (Colección de Guillermo Quartucci)

El ensayo “Manuel Kaichi Abe: de jornalero a propietario” es muy importante para comprender la historia de los primeros inmigrantes japoneses que radicaron en Cuernavaca. Este trabajo escrito por Alejo Ebergenyi, con base en datos de la entrevista que le concedió su bisnieto Roberto Abe, describe cómo este inmigrante llegó a México en 1906 (contratado para levantar los rieles del ferrocarril Manzanillo-Guadalajara) y cómo en la década siguiente comenzó a crear un enorme emporio a partir de su primera tienda, “La Vencedora”, que se estableció en el centro de Cuernavaca.

El siguiente artículo escrito por Sadayoshi Kogiso es muy interesante pues nos narra la vida de uno de sus familiares, el señor Junzō Oguri, quien fue uno de los arquitectos paisajistas más reconocidos en Morelos. Oguri salió de Japón a la edad de 16 años a bordo del yate del magnate sueco Axel Wenner-Gren, uno de los hombres más ricos del mundo en 1930. Debido a la guerra, el yate de Wenner ya no pudo cruzar los mares por lo que el magnate se quedó a radicar en Cuernavaca. Oguri se dedicó a la jardinería, oficio que aprendió en el jardín botánico que el sueco tenía en las Bahamas, y estuvo al cuidado de los jardines de la residencia de Wenner en Cuernavaca. Al correr de los años, Oguri montaría su propio negocio de viveros y jardines y fue el encargado de crear los paisajes de la residencia de Barbara Hutton en lo que hoy es el Hotel Camino Real Sumiya y los jardines de la Villa Olímpica durante las olimpiadas de México en 1968.

En un artículo posterior, “Historia del Camino Real Sumiya”, el mismo Kogiso relata muy brevemente la historia de la excéntrica millonaria estadunidense Barbara Hutton quien llamó a Junzō Oguri para elaborar el jardín japonés en su quinta. Hutton además mandó construir una réplica del Teatro Kabuki-za, tesoro de Japón en México, que se conserva aún en ese hotel.

El jardín de piedras en la residencia de Barbara Hutton (Colección de Sadayoshi Kogiso)

En el artículo de Carlos Uscanaga, “Japón en Morelos, la visita de estudiantes japoneses de Kanju Nakamura”, se aborda la historia de este miembro destacado de la Dieta japonesa, quien promovió y organizó el primer viaje de estudiantes a México antes de la Segunda Guerra Mundial. Nakamura acompañó al grupo de cinco estudiantes que visitaron Morelos en 1931, quienes fueron recibidos por el propio gobernador del estado, Vicente Estrada Cajigal. La visita de estos estudiantes es importante pues nos marca el inicio de los intercambios entre estudiantes de ambos países y nos muestra la “semejanza entre los pueblos mexicano y japonés en lo físico y lo espiritual” como lo consideraron los estudiantes japoneses durante su visita.

El artículo “El campo de Temixco: persecución y organización de la emigración japonesa”, autoría de quien esto escribe, muestra la difícil etapa de concentración de las comunidades japonesas durante la guerra y explica el porqué de esta medida. Pero además destaca dos elementos fundamentales que nos permiten comprender el éxito de esta comunidad en México. El primero se refiere a la perseverancia, el trabajo y la organización que mostraron los inmigrantes durante el conflicto. El segundo enfatiza el esfuerzo que la comunidad puso en educar a sus hijos en Temixco y en los otros lugares de concentración. No resulta extraño por tanto, que esta generación esté plagada de doctores, dentistas, administradores y profesionistas en general que tienen un papel destacado en la sociedad del México de hoy.

La vida del doctor Seiki Hiromoto es un ejemplo de la historia de éxito y tesón de la comunidad japonesa en México y del servicio que como doctor prestó a la comunidad de Temixco este inmigrante. El relato, “La vida en Temixco. Testimonio del Doctor Seiki Hiromoto” fue escrito por Carlos Sierra Becerra. En el mismo se relata que Hiromoto no cobraba la consulta a los pacientes que no tenían para pagarla por lo que los pobladores le agradecían su atención pagándole con gallinas, tortillas, frutas o huevos. No es de sorprender que a la muerte de Hiromoto “miles de personas lo acompañaran y hubo que velarlo tres noches para que la gente estuviera cerca de su doctor”.

Familia del doctor Hiromoto en Temixco (Colección familia Hiromoto Yoshino)

Los artículos escritos por Virginia Meza recrean la experiencia de dos centros educativos en Morelos de la actualidad. En el primer artículo, “Centro Cultural Coyolxauhqui, un puente de comunicación entre dos culturas”, Meza narra con nostalgia la vida de una niña “M” quien desde sus primeros años de escuela se interesó en la lengua y la cultura japonesa. La perseverancia de “M” la llevarán finalmente a dominar la lengua japonesa y a fundar una escuela, el Centro Cultural Coyolxauhqui, donde se imparten clases de japonés para la comunidad nikkei en Cuernavaca y de español para los japoneses interesados en el aprendizaje del mismo. El Centro Coyolxauhqui se ha convertido en una pequeña pero fundamental escuela que ha contribuido a la identidad de la comunidad nikkei en Cuernavaca y al conocimiento entre las culturas japonesa y mexicana.

El otro ensayo de Virginia Meza, el “Instituto Cultural México-Japonés de Morelos”, describe la historia de ese instituto, destacando como desde el año de 1991, ha sido el núcleo de la enseñanza del idioma japonés para niños y adultos. Con grandes esfuerzos y con la colaboración de la familia Arai, del señor Sadayoshi Kogiso y de la comunidad nikkei de Morelos en general, actualmente la escuela se ha mantenido gracias a la generosa actitud de la maestra Kyōko Matsushita quien es a su vez la directora y la única maestra. El Instituto además de funcionar como centro educativo ha sido participe e impulsor del intercambio de estudiantes japoneses en México y de mexicanos en Japón con lo que realmente se ha promovido la relación entre ambas naciones.

Desde esta perspectiva educativa y de intercambio cultural, los autores Santhony y Ernesto Takayanagi, en su artículo “Minoru Fukahara y las remanencias culturales de los estudiantes de intercambio de Minoh”, nos muestran el trabajo incansable del embajador honorario de la ciudad de Cuernavaca, Minoru Fukahara, en la promoción de las relaciones académico-culturales entre esa ciudad y la japonesa de Minoh. Con su trabajo, Fukahara ha logrado que las familias japonesas conozcan “el espíritu de la juventud mexicana y su nobleza humana” y que los jóvenes mexicanos practiquen y conozcan la lengua y la cultura nipona a lo largo de 25 viajes de intercambio donde han participado 234 personas. A sus 90 años de edad “este samurái mexicano de la cultura”, como describen a Fukahara los autores, es sin duda otro tesoro viviente de las relaciones entre México y Japón.

Alumnos de Minoru Fukahara celebrando su nombramiento como Profesor Extraordinario de la Universidad Autónoma del estado de Morelos (Colección de Ernesto Takayanagi)

Relacionado con el intercambio cultural entre México y Japón, Victor Hernández en su artículo “Ōtaki y Cuernavaca: el encuentro de dos ciudades hermanas”, aborda la relación entre estas ciudades desde una perspectiva histórica al describir el naufragio del barco de Rodrigo de Vivero en las costas japonesas en el año de 1609. Con el ánimo de recordar ese hecho que dio inicio a los contactos entre México y Japón, la ciudad de Ōtaki y el pequeño pueblo costero de Onjuku (pueblo pesquero que ayudó a los tripulantes del barco de Rodrigo) organizaron un festival para recordar y resaltar las relaciones entre México y Japón que adquirió gran relevancia al asistir el presidente de México, José López Portillo, al festejo en el año de 1978.

Monumento a México en la calle que lleva su nombre en la ciudad de Ōtaki

En el artículo de Virginia Valdivia y Vania de la Vega, “De Yokohama a Cuernavaca: reflexiones sobre el establecimiento de Nissan CIVAC”, las autoras hicieron un breve recuento del establecimiento de la planta de autos Nissan en la capital morelense en el año de 1966. En el escrito se destaca además la importancia económica y social que para Cuernavaca significó la instalación de la fábrica nipona -la primera fuera de Japón- y se muestra la relevancia que tuvo para las relaciones entre ambos países.

El ensayo de Shozo Ogino “La prima donna Shigeko Watson” expone la activa participación de esta bailarina japonesa en la difusión de la cultura de ese país en Morelos. La bailarina quien llegó con su marido a Cuernavaca en 1974, el estadunidense Stanley Watson, a lo largo de su vida y como miembro activa de la Asociación de Amigos del Museo del Palacio de Cortés fue incansable en la promoción de diversas exposiciones en ese recinto. Shigeko murió en el año de 2003 en estas tierras a la edad de 77 años mostrando el carácter de las mujeres; es decir, de acuerdo a sus palabras, “la fuerza de un tigre y la fortaleza del acero”.

Nota: 

1. Los japoneses en Morelos. Testimonios de una amistad, Alejo Ebergenyi (coord.) Fondo Editorial del Estado de Morelos, 2018.

 

© 2019 Sergio Hernández Galindo

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