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NOVELA: Evodio el suertudo - 6 de 16

Parte 5 >>

El reparto de herencias

Ojina y Moisés, orgullosos viajan con Bollo en la cabina el camión. Ven cómo sus otros hijos pasan a caballo sin saludarlos. Sabedores que vendrán tiempos difíciles, aconsejados por don Antonio Girón, huizache de Escuintla, deciden plantearle el problema al Licenciado Hugo Castellanos Coello, Notario Público de Tapachula, para que de inmediato inicie los trámites del juicio de Sucesión Testamentaria, con la finalidad de que sus doce hijos tengan sus respectivas herencias.  Nueve largos meses duran esos engorrosos trámites. Pagaron una fortuna en mordidas a las autoridades y honorarios al Notario Público, quien los ha citado a su despacho para leerles documento final:

- Siendo las once en punto de la mañana del lunes 5 de abril de 1960, por su propia voluntad y en buenas condiciones de salud según manifiestan, comparecen ante mi, Licenciado Hugo Castellanos Coello, Notario Público de la ciudad de Tapachula, los señores Moisés Matul y Ojina Kaneko, acompañados de sus doce hijos que se enlistan por edad, de mayor a menor: Eliseo, Simón, Anastasio, Ángel, Rosendo, Estanislao, Víctor, Jacinto, Francisco, Javier, Evodio y Roselia, con la finalidad de finiquitar el rubro de asignación de herencias.

- Terminadas las diligencias indispensables para tal efecto, en mi calidad de Notario Público y de mediador para dirimir desavenencias entre las personas por adir y con el aval de los señores Moisés Matul y Ojina Kaneko, de conformidad con sus doce hijos, se acuerdan las clausulas siguientes:

  1. Se asigna herencia en efectivo de $150,000.00 (Ciento cincuenta mil pesos, cero centavos, moneda nacional) a los primeros diez hijos de los señores antes mencionados.
      
  2. No tiene asignación de herencia ni dinero alguno el Sr.Evodio Matul Kaneko, alias “El suertudo” por haber heredado de su abuelo el Señor Kumataro Kaneko Toyomoto, un rancho ganadero denominado “El Cerezo” en el municipio de Escuintla, Chiapas.
      
  3. Se asigna herencia en efectivo de $100,000.00 (Cien mil pesos cero centavos, moneda nacional) A la señorita Roselia Matul Kaneko. Transcribo textualmente el motivo de la diferencia en cantidad de dinero respecto a sus hermanos mayores: “No entregarle la mesa puesta a quien sea el marido de Roselia.”
      
  4. Los señores Moisés Matul y Ojina Kaneko consideran que las cantidades asignadas como herencias son altamente suficientes para que sus hijos adquieran para su supervivencia predios rústicos o en su caso, ranchos ganaderos.
      
  5. Los señores Moisés Matul y Ojina Kaneko desean dejar asentado por escrito y de conformidad que sus once hijos que han sido heredados; que por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia reclamen más herencia.  Los señores Moisés y Ojina Kaneko manifiestan que para su supervivencia se quedan con los cafetales y las casas de San Antoño, del municipio de Escuintla.    
      
  6. Con mi presencia de Notario Público, el día de mañana martes 6 de abril de 1960, en las oficinas del Banco Nacional de México de esta ciudad de Tapachula, Chiapas, se abrirán cuentas bancarias a nombre de cada uno de los once heredados, para que les sean depositadas las cantidades respectivas y puedan disponer de ellas cuando lo consideren necesario.   
      
  7. Para concluir y validar este documento de común acuerdo, se solicita a todos los presentes pasen a firmarlo o en su caso poner la huella del dedo pulgar de la mano derecha.

Siendo las quince horas del lunes 5 de abril de 1960, en la ciudad de Tapachula, Chiapas. Yo Hugo Castellanos Coello, Notario Público de esta ciudad, doy por terminado este asunto de asignación de herencias solicitados por los  señores Moisés Matul y Ojina Kaneko, con domicilio conocido en la Colonia San Antoño, municipio de Escuintla, Chiapas.  Para los fines consiguientes, se entrega copia del documento firmado en propia mano de los involucrados.

Doy fe, Licenciado Y Notario Público  Hugo Castellanos Coello.

El Lic. Castellanos los felicita por civilizado y oportuno acuerdo de familia; son de las raras ocasiones en que en su Oficina no hay insultos ni golpes. ¡Acá los espero cuando se les ofrezca otra cosita! Es un hombre meloso que vino del centro del estado a hacer fortuna a la costa. Los despide con un abrazo y los japones relajados con sombreros y morrales al hombro caminan juntos rumbo al parque central.

“Vamos a dar gracias a San Agustín”, ordena la matriarca. Sin protestar y en orden entran al templo; se persignan, permanecen hincados unos minutos, se ponen de pie en silencio sombrero en mano siguen a Ojina y Moisés y van a comer cocido de res a la fonda de don Juan Campana en el Mercado que esta junto al parque.  Ojina que es una mujer muy ladina, muy astuta, secretea en la oreja a su marido: “La cuenta de ahorros de mi papá ya está a mi nombre; ese dinero es para ti y para mí; ellos no lo saben, nunca se los dije, porque uno no sabe el cambio de los hijos al paso del tiempo”.

Desapartados los japones por la decisión de Ojisan a favor de Evodio, de inmediato se dedican a buscar ranchos ganaderos en los municipios de los tres pueblos. Con el dinero en la mano es fácil encontrar oportunidades. Compran al contado; trabajan intensamente, jornadas hasta de dieciséis horas causando la admiración de los costeños que pretextando “La gran calor” sus jornadas son de cuatro horas y el resto del día, se la pasan en las hamacas.

Los emprendedores japones al paso de los años han arribado. En camiones llevan el ganado a las estaciones de Ferrocarriles Nacionales que lo transporta hacia los rastros de la ciudad de México. Están en competencia persiguiendo la máxima de Ojisan: “Ahorrar y abundar el dinero”. Mantienen una buena relación entre ellos, se visitan, pero no van a “El Cerezo” donde viven Evodio y la Maestra Celia, porque les tienen tirria.

La shunca Roselia con su marido viven con sus papás en El Arenal, una ranchería a la orilla de un rio ancho cerca de Escuintla. Ojina, desmerecida por la separación de la familia, lúcida aún, ha perdido parcialmente la vista y la audición. Moisés permanece firme; el trabajo de arriero en su juventud lo fortaleció. Ahora tiene un nacido en el cachete derecho por donde asegura que salen gusanos, que es mal puesto por un brujo pagado por sus vecinos envidiosos de San Antoño.

Evodio es el Japón que más ha arribado; mucho influyó la herencia de su abuelo y el haberse casado con la avispada Maestra Rural. Viste elegante, tiene chofer que maneja un automóvil LTD; en un portafolio de piel color café trae sus documentos; su porte es distinguido parece un Diplomático o Empresario japonés

Con la ayuda de su avispada esposa, a los veinte años de edad Evodio terminó la educación primaria por correspondencia. En la sala de amplia casa cuelga en un marco color oro el certificado expedido por un Instituto de superación personal, con sede en la ciudad de México, validado por la SEP.  Hasta entonces  a Evodio se le ocurre abrir el cofre de madera donde guarda los libros que le heredó Ojisan; todos están en japonés y tienen dibujadas caricaturas humanas. Algunas se carcajean Bollo al verlas se ríe, se carcajea al no entender ni jota lo que significan de esa bola de garabatos.

– Debí haber venido a estar con Ojisan, que me enseñara japonés, ¡Qué tristeza no saber leer estos libros! Dice a su esposa. Sorprendida de que su marido hable y se ría ruidosamente a solas, expresa: ¡Ay cachanilla, dialtiro pensé que estabas delirando. No te aflijas, encontraremos a quien te saque de este borlote!

Al día siguiente Evodio encuentra un libro grueso con pasta de color verde amarrado con una cinta negra escrito por puño y letra de Ojisan. La mayor parte de las hojas están en idioma japonés, unas cuantas en inglés, tres en castellano. Varias hojas al principio del libro están en blanco, insertadas algunas fotografías de personas de origen japonés en color sepia, descoloridas por el tiempo. 

Las hojas escritas en castellano están numeradas y fechadas. Al leerlas Evodio se da cuenta de que este libro es el diario de su abuelo; lo estrecha contra su pecho, pues le despierta un gran interés y emoción hasta las lágrimas.

- Celia sabe inglés, ella me ayudará con las hojas escritas en inglés; ella es tajuarina, nativa de Piedras Negras y dicen que a los tajuarines con el aire que pasa de Eagle Pass, se les pega el inglés. ¿Sera cierto? Lo averiguaré…

¿Pero y las hojas escritas en Japonés?   ¡Eso si está en chino!

- Quedan pocos japoneses de los que vinieron con mi abuelo; la mayoría han fallecido y los viejitos que aún viven, por la edad, ya no pueden leer ni con anteojos. Estoy  seguro que más de alguno me podrá leer esas hojas para saber de qué se trata.

Evodio está obsesionado por saber la misteriosa vida de Ojisan:

Su juventud en Fuji, Japón.

¿Por qué se vino a rodar tierras?

¿Por qué estuvo en ciudad Juárez?

¿Por qué lo llevaron preso a Perote?

¿Por qué desapareció unos meses?

¿Cómo conoció a Obaasan Celestina?

¿Por qué me heredó el rancho y sus libros?

¿Por qué se murió repentinamente?

A pesar de vivir Ojina con su mamá en la sierra, en tierra fría a ocho leguas de distancia de la casa de Kumataro San, en  la infernal calurosa costa, hubo buena comunicación entre padre e hija.

Ojina no recuerda que su papá alguna vez la abrazara y la besara. Únicamente por el intenso brillo de sus ojos claros detrás de las rendijas sabía que él la quería mucho. Kumataro San era un hombre con educación marcial, no se le daba el decirle palabras melosas a su hija y no se emocionó cuando ella le comunicó su compromiso con el arriero, como si esperara la noticia, muy serio le dijo:

– Creo que ya tienes la edad suficiente para decidir tu vida y confío en tu buen juicio; te daré en efectivo tu herencia, pero si necesitas algo más, no dudes en pedírmelo; siempre y por toda la vida seré tu padre.

Por las constantes lluvias en la parte alta del municipio, el camino de herradura al pueblo se vuelve intransitable; muchos derrumbes, los ríos crecidos son difíciles de pasar, la gente de la sierra normalmente baja cada tres meses al pueblo por víveres, pasa dos días de estadía y otra vez para arriba, para sus aldeas: San Antoño, Ojo de Agua, La Vega, Hoja Blanca, etc...

Las pláticas entre padre e hija casi siempre tratan sobre los trabajos en los ranchos:

- Que los cafetales están floreando, que cargaron mucho, que habrá muy buena cosecha, que calló helada y se los llevara la fregada a los rancheros de San Antoño….

- Que hace dos semanas en el rancho ganadero de Ojiisan nació una camada de novillos y becerras, que entraron ladrones, con hachas y machetes trozaron postes y los tres hilos de alambre de púas, se llevaron dos toros, que la policía montada los aprendió y recuperó las reses.

Parte 7 >>

Nota de editora: Ésta es una obra de ficción. No está patrocinada ni afiliada de manera alguna por ninguna institución, instalación o familia. La historia está basada en lugares, personas y hechos históricos, pero está escrito enteramente desde el punto de vista del autor.

Referencia:
Evodio el suertudo - Modismos >>

 

© 2013 Florentino de Mazariegos

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