Elija un idioma principal para aprovechar al máximo nuestras páginas de la sección Artículos:
English 日本語 Español Português

Hemos realizado muchas mejoras en las páginas de la sección Artículos. ¡Por favor, envíe sus comentarios a editor@DiscoverNikkei.org!

NOVELA: Evodio el suertudo - 5 de 16

Parte 4 >>

 La muerte de Kumataro San:

Como todos los migrantes japoneses, Kumataro San hasta ahora había vivido sin apreturas económicas, pero ahora su ferretería de Escuintla ya no es la única ni la más surtida; han bajado las ventas, pocas ganancias, hoy la atienden dos dependientes de su entera confianza.  Su principal soporte económico es la pensión vitalicia del gobierno japonés y la venta de leche, quesos, reses de su rancho “El Cerezo”. Hasta allá llegan a caballo Ojina y familia y lo encuentran encamado.

¡Idiay pues papá! 

¿Ahora que le sucede?

“Desde ayer tiene calentura, voltura y cursera”, explica la criada.

- Mija, ayer en la mañana mandé a uno de los muchachos del rancho a Huixtla para que le explicara al Dr.Nagaya que tengo mucha diarrea y retorcijones; vino, me revisó y dijo que estoy grave, que tengo cólera; trajo un frasco de tabletas de Enterovioformo, las estoy tomando, pero no he mejorado, siento desfondado el estómago, me duele mucho, por primera vez me siento muy mal; también me recomendó beber agua de coco con sal de mar para no deshidratarme…

¿Qué comiste papá?

Fui a Las Palmas y comí una mojarra frita que me hizo daño; seguramente estaba shuca y me pasó a fastidiar la panza; lo raro es que tengo muchos años comiendo en ese lugar y nunca me había enfermado.

Que vaya otra vez este muchacho a avisarle al Dr.Nagaya que sigo enfermo, para que venga a revisarme o que me mande medicinas.

¿Mejor te llevamos a Huixtla Papá?

Que el Dr. Nagaya te vuelva a recetar, es muy acertado; además Huixtla es un pueblo más grande y hay más boticas donde comprar otras medecinas que te curen. 

¡Sabes estando en Huixtla podemos ir con don Santos que es  un buen Chimán; lo conocemos muy bien, ya ves que él curó de susto a Bollo cuando se lo llevó el Rí o Negro!

¡Con tal de sanar yo iría con quien sea, brujos, curanderos, hasta con el mismo demonio!

Estoy muy débil, siento acalambrado el estómago, no creo soportar el traqueteo del tren… ¡No lo vas a creer, con su visita me he sentido mejor, ya no tengo los retorcijones!

¿Pero dónde está mi nieto Kenopodio?

Evodio, papá…, se quedó en el rancho; es tiempo de la cajeteada y está trabajando con sus hermanos.

- Me hubiera gustado verlo…

¿Sabe leer y escribir?

- Si papá, es muy inteligente; en meses aprendió a leer y escribir en la escuela de San Antoño.

¿Por qué papá?

- Precisamente por eso, porque es el más avispado de mis nietos he decidido heredarle mis libros y mi rancho El Cerezo; veintiocho hectáreas de terrenos, sesenta reses, dos potreros, treinta árboles de aguacates, veinte de cocos, diez de guanabas, dos arroyos pasan cerca de la casa. Es un capital suficiente para que mi suekko emprenda su vida como todo un potentado.

- En mi cofre está una carta con poder que firmé ante dos paisanos japoneses como testigos de honor, que dice: “En perfecto estado de salud y por mi voluntad heredo el rancho El Cerezo a mi nieto, el Señor Evodio Díaz Kaneko; al final mi nombre y mi firma”. Lo recita Kumataro San, de memoria…

¿Crees que Evodio quiera venirse a vivir a la costa?

- Hija, acá en el pueblo hace mucho calor y San Antoño es tierra fría; vos dirés que es pretexto, pero por eso no iba a visitarte.

- Además el camino está tan parado para ir a San Antoño, parece que va uno camino al cielo; hay tramos que los caballos en lugar de avanzar reculan.

Papá, si esa es su voluntad, Bollo vendrá pronto y con gusto. Y si no quisiera, yo lo obligaría; considero que no será necesario, porque él fue educado para obedecer.

¿Pero Papa, usted de qué va a vivir?

-Nosotros tenemos dinero, dígame ¿Cuánto vale El Cerezo? Se lo pagamos…

-Aquellos mil centenarios de oro que me dio cuando me junté con Moisés, los hemos abundado por muchos miles…

-Mija, por ahora no necesito dinero, en el banco de Tapachula tengo ahorros suficientes para el resto de mi vida…

-Además pondré en venta la Ferretería y la casa de Escuintla, ya no las necesito…

-Cuanto antes que se venga mi nieto para acompañarlo, enseñarle el rancho y los trabajos que debe supervisar, es necesario que él conozca al encargado y a los mozos.

La aparente mejoría para Kumataro San se tornó en un profundo sueño; al día siguiente quedó en una pieza, sin hablar ni moverse; por la tarde arrojó dos bocanadas de sangre y falleció. La noticia de su fallecimiento pronto se supo en los pueblos de la costa en donde vive la japonada descendientes de los migrantes de 1897.

La mayoría de los asistentes al funeral proviene de los tres pueblos, como suele suceder en los velorios en los pueblos de la costa. Más que velorio parece una fiesta; la marimba  toca la pieza favorita de Kumataro San: “La Paloma”, “Cuandoo salí de Cuba válgame Dios…” 

En varias mesas y bancas improvisadas con tablas y tambos, juegan naipes, toman café con trago, cuentan chistes…No faltan los advenedizos de siempre, los gorrones que ponen el ambiente. Uno de ellos grita: “Te nos adelantaste Kuma; enseguida te haremos compañía, al cabo que nadie de nosotros se va quedar en esta tierra para  semilla”. 

Soportando el calorón de la costa, están presentes sus doce nietos. Bajaron de San Antoño a velarlo y sepultarlo, a rezar el novenario con varias señoras y señores Kumataro San se había convertido al catolicismo. Reparten comida, café y aguardiente a los asistentes y a los nueve días siembran la cruz en su sepultura.  Su gran amigo Koichi Uchida está presente; recibió un telegrama notificándole la gravedad de Kumataro San y lamenta que por la distancia no pudo llegar a tiempo. Recientemente lo ascendieron de puesto y tiene excelente sueldo, pero la responsabilidad es mayor. Con un fuerte abrazo se despide de los dolientes.

Al mediodía los japones tienen una comida familiar para platicar todo sobre Ojisan: su enfermedad, sus bienes, la herencia, etc. Eliseo el hermano mayor de los japones, mal encarado, como no se le había visto antes,  con la voz afónica, entrecortada por la incomodidad del momento, pregunta a su mamá:

¿Qué le pasó a Ojisan?
¿Por qué se murió tan de repente?
¿Qué pasará con sus bienes?

¡Por ser el nieto mayor, por derecho me corresponden!

- Ojisan enfermó de la panza, cualquier pretexto cuando la muerte viene por nosotros. Dichoso tu abuelo que no sufrió una agonía prolongada, fue lo mejor para él y para nosotros. Antes que enfermara Ojisan por su propia voluntad heredó sus bienes a Bollo.

¿Todos sus bienes?

No, únicamente el rancho con todo el ganado; la casa y la Ferretería de Escuintla la venderemos y el dinero lo entregaremos en partes iguales a los doce.

- Mamá, Ojisan no fue parejo…

- Como Evodio nació con los ojos como los de Ojisan, desde chiquito fue su preferido.

¿Ya no le comprarán rancho ganadero a Evodio?

No, ese dinero que le íbamos a pagar a Ojisan por el rancho, será para la shunca.

¿Para la shunca?  Ella no lo necesita… tendrá su marido para que la mantenga…

- Eliseo, tu hermanita no será una mujer inútil mantenida; ella se casará como la gente entendida, tendrá su herencia, como yo. Ojisan me heredó dinero cuando me junté con tu padre. Moisés tenía su patacho de bestias y muchas ganas de arribar, pero las ganas no son suficientes; se requiere dinero para empezar un negocio. Gracias a la herencia que tu abuelo me dio y que todos hemos trabajado como burros tenemos dinero para darles sus herencias a ti y a tus hermanitos. 

¡Pero Eliseo… ya estuvo bueno de tanta impertinencia!

¡Ya basta de tantas imponencias!

¡Como dicen los indios de San Antoño, hay que ser coche pero no tan trompudo!

¡Vos parecés muco! 

¡Sos el único pendenciero!

¡Ten un poco de respeto por tu abuelo, apenas acabamos  de sembrar su cruz!

¡Ciertamente ustedes han trabajado y por eso están mejor que cualquier sanantoñero, sin deudas ni vicios de cigarros y de trago!

¡Que me perdone Dios, no es milagro de San Antoño;  tu papá y yo los enseñamos a trabajar, a ser hombres de bien, además, hemos quitado las piedras de su camino!

¡No quiero oír más impertinencias!

¡Les advierto a todos, ningún vecino, ni los indios de San Antoño debe enterarse de este arguende de las herencias!

¡Al que chismorree que se vaya a la mierda, no le daremos un quinto!

- Por último, su abuelo también heredó sus libros a Bollo.

¿Alguna inconformidad?

¿Libros….? Apenas sabemos leer, con el trabajal que tengo, la mujer y los hijos, ni tiempo tengo de mirar libros…termina Eliseo.

En su mirada cansada se nota la tirria que Eliseo le tiene a su hermano Evodio  por haber sido el preferido de sus papás y de Ojisan. En su cerebro maquina malos pensamientos: - Yo me encargaré de que los demás hermanos la traigan contra Evodio. De haber sabido que esto iba a pasar, hubiéramos dejado que se ahogara en el Río Negro…

Pero los malos pensamientos los detiene ante las amenazas de su madre: “El que chismorree se va a la mierda...”.

Por su parte, Evodio tiene en su corazón sentimientos encontrados: una gran alegría por la herencia de Ojisan, pero mucha tristeza por la envidia de sus hermanos, menos de la shunca; ella no es pendenciera, quizás ni se case, porque su mamá es muy estricta, no permite que vaya  a los bailes, ni que se acerquen a ella los muchachos de San Antoño. “Todos son una bola de indios calzonudos” dice; olvida que su marido es un indio Maya de San Antoño. Evodio presiente que su mamá solo casará  a Roselia con un ladino y rico.

Desde que empezaron a tener dinero los japones, a iniciativa de Ojina, buscaron  personas que les ayuden en trabajos que ellos desconocen. Mikael, un vecino muy avispado, es el chofer y maneja el camión de redilas rojas que compraron en Tapachula. En tiempo libre Mikael instruye a Evodio. El sueño de Ojina es ver pronto a Bollo manejando el camión llamado “El rey de la sierra”.

Mikael es muy pacienzudo, lento en la enseñanza; no le preocupa que Bollo aprenda rápido, pues su patrón le paga doble salario, además le ordenó: “Tomáte el tiempo que sea necesario para que Bollo aprenda a manejar bien, para que no vaya ir de cabeza a los barrancos”

Mikael se pasa de obediente; mientras su alumno maneja, él ronca profundamente; al despertar, abraza a Evodio y le dice: “Vos Bollo sos un suertudo, nadie de tus hermanos aprenderá a manejar carros”. Gracias a usted don Mika y gracias al gobierno que arregló el camino de San Antoño a Hoja Blancal; sin la carretera estaría igual que mis hermanos cuidando, cargando y arreando al patacho de bestias. La verdad es que por tanto pleito con ellos a veces me arrepiento de andar encaramado en este camión; un día de estos me regreso de arriero.

A los tres meses Bollo maneja al camión de redilas rojas, despacio porque hay tramos de brecha reducidos y empinados con profundas laderas a los lados. El instructor está sorprendido por la habilidad de Bollo para aprender en poco tiempo.  “Cabrón muchacho, resultó más listo que yo; me costó un año de puteadas de don Manuel, mi maestro de la manejada…” 

Part 6 >>

Nota de editora: Ésta es una obra de ficción. No está patrocinada ni afiliada de manera alguna por ninguna institución, instalación o familia. La historia está basada en lugares, personas y hechos históricos, pero está escrito enteramente desde el punto de vista del autor.

Referencia:
Evodio el suertudo - Modismos >>

 

© 2013 Florentino de Mazariegos

chiapas fiction mexico