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Japoneses la comunidad en busca de un nuevo sol naciente - Parte 8

Parte 7 >> 

LAS PAPELERÍAS LA VIOLETA Y LA NUEVA VIOLETA

Al ser obligados a concentrarse en la ciudad de México durante la guerra, el señor Arata Akachi y su familia arribaron de Los Mochis, Sinaloa, donde vivían desde hacía más de diez años. En esa ciudad norteña la familia Akachi poseía un molino de nixtamal, fruto de su trabajo y del ahorro de muchos años, que les permitía vivir de manera holgada. Junto con ellos venía su primo, Ernesto Mitsuo, quien tenía una papelería y una mercería en esa misma ciudad. Ya en la capital, todos se mudaron a una vecindad ubicada en el barrio de Tacuba y, al no contar con ningún trabajo, tomaron la determinación de adquirir una papelería que traspasaban en esa zona, en lo que hoy es la avenida México-Tacuba. Por fortuna, el señor Akachi contaba con ciertos ahorros.

El señor Akachi decidió que el nombre de la papelería fuera La Violeta, en recuerdo a la de su primo en Los Mochis. La tienda no estaba muy bien surtida, por lo que empezó a aprovisionarla e incluyó la venta de juguetes, regalos y bonetería. La clientela no sólo se consolidó sino que aumentó en respuesta al servicio y atención que siempre han caracterizado a los negocios japoneses, y por la certeza de que siempre encontrarían la mercancía que solicitaran. La atención personalizada de Akachi hizo que fuera conocido en su barrio como el "japonesito" de La Violeta.

A pesar de que el negocio marchaba sobre ruedas, no todo era alegría para el señor Akachi y su familia. Su hermano, Kuninosuke, que había venido con él a México, se trasladó a Japón antes que empezara la guerra junto con su esposa y familia, y como se rompieron los contactos no tenía informes sobre su situación. Al finalizar la guerra y al quedar Japón en ruinas, Arata Akachi decidió invitar al hijo de su hermano, Jesús Akachi, a regresar a México pues la papelería había crecido y era de gran utilidad que su sobrino le ayudara. En 1951, Jesús regresó a México y se involucró en la administración del negocio familiar, al que hizo crecer con la adquisición en 1965 de un terreno ubicado justo enfrente de La Violeta, que fue demolida al ampliarse la avenida. En ese lote construyó un edificio de departamentos y en la planta baja ubicó La Nueva Violeta. Jesús Akachi, casi octogenario y a casi setenta años de haberse fundado La Violeta en plena Segunda Guerra Mundial, sigue al frente de La Nueva Violeta, atendiéndola junto con su familia con el mismo cuidado y atención personalizada.

La familia Akachi atendiendo a la clientela de la papelería y mercería La Violeta, ca. 1943. Colección: Familia Akachi.


LOS NEGOCIOS DE TACUBAYA

En el barrio de Tacubaya, en la calle de Jalisco, al terminar la guerra y después de años de trabajo ciertos miembros de la comunidad lograron establecer algunos negocios como las ferreterías de los señores Ikeda y Kimura, que aún siguen funcionando; la relojería que abrió el señor Teramoto; la tienda de ropa de bebé de la familia Miyamoto; y el local de ropa en general del señor Masagoro Ida y su esposa, denominado La Japonesita.

A principios de la década de 1960 el matrimonio Ida viajó a Japón de visita, y se trajo a su sobrino, el señor Hiromi Ida, quien se ha hecho cargo del negocio desde ese entonces. La tienda La Japonesita ha sido testigo de las transformaciones de la ciudad y se ha ido modificando y adaptando a esos cambios y a la nueva organización de la economía. Se ha resistido a morir a pesar de las graves crisis económicas. En los años sesenta la tienda se expandió a tres "cortinas" más, como respuesta el servicio y honradez, e incluyó la venta de regalos. El señor Ida considera que, además del servicio, la ubicación de la misma le permitió tener gran éxito pues frente a ella se estacionaban los camiones foráneos que se dirigían a Toluca antes de la construcción de la terminal de Observatorio. En ese entonces se agolpaban cientos de viajeros en espera de la salida de los autobuses. Con el tiempo, la tienda La Japonesita sigue atendiendo a sus clientes que regresan, de acuerdo con el señor Ida, por la atención esmerada que se les brinda.

Otro negocio importante en ese barrio fue el revelado de fotografías de color, propiedad de Enrique Shibayama, quien nació en 1931 en Mexicali, donde su familia se había establecido años atrás. Su padre fue pionero en el cultivo del algodón, junto con otros japoneses que llegaron una década atrás y adquirieron tierras de cultivo que se convirtieron en un emporio algodonero con gran éxito ante la demanda de esa materia prima. Al desatarse el ataque a Pearl Harbor, aquellos residentes fueron los primeros a quienes se les obligó a trasladarse a la ciudad de México con unas cuantas pertenencias y sin su fuente de sustento, y se vieron obligados a mal vender las propiedades que con años de esfuerzo de trabajo habían logrado comprar. El padre de Enrique Shibayama, el señor Takugoro Shibayama, fue el encargado de administrar el campo donde fueron recluidos los japoneses que no tenían medios para sobrevivir. En ese lugar transcurrió la infancia de Enrique y en una escuela cercana a Temixco estudió la secundaria. Al terminar la guerra, la familia Shibayama regresó a la ciudad de México donde el joven estudió fotografía en la única escuela que existía para ese especialidad, el Instituto Cinematográfico de México, cuyo director fue Celestino Gorostiza. Después de recibirse, trabajó en el primer laboratorio de revelado de color donde aprendió el oficio y las técnicas, propiedad por cierto de un refugiado español. Con el propósito de perfeccionar sus estudios, se mudó a Los Ángeles, California, y a los pocos años de su regreso fundó su empresa, Color Lab, en San Pedro de los Pinos, que creció con gran éxito debido a la preparación y servicio que Shibayama dio y sigue dando a sus clientes. Su participación decidida en la organización de la comunidad japonesa en México y Latinoamérica fue reconocida por el gobierno japonés, quien le otorgó la Orden del Sol Naciente; además, ha ocupado diversos cargos directivos en la Asociación México-Japonesa, en el Liceo Mexicano Japonés y en la Asociación Japonesa Panamericana. 

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* Este artículo fue originalmente publicado en Carlos Martínez Assad (ed) La Ciudad Cosmopólita de los Inmigrantes. Mexico, Gobierno del DF. 2010.

 

© 2010 Sergio Hernández Galindo

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