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Peones japoneses en la hacienda San Nicolás (1899-1924)

4. Actividades que realizaban

Al revisar los certificados de trabajo que la hacienda proporcionó a algunos japoneses, nos encontramos con la sorpresa que realizaron toda clase de actividades en San Nicolás. Así por ejemplo:

  • El 15 de agosto de 1930 la hacienda certificaba que Samuel Orihashi se había desempeñado en el puesto de mayordomo de riegos.
  • Shoishi Sampe trabajó en la hacienda cinco años, cuatro de ellos como “cosedor” de sacos de azúcar y un año como segundo mayordomo de la casa – administración.
  • En marzo de 1935 sobre Shindo - el reemplazante del último inspector - se decía que había estado a cargo del laboratorio de la fábrica y de la inspección de los obreros japoneses.
  • El 13 de marzo de 1928 se daba un certificado a Morigita Morito, en el cual se aseguraba que había trabajado en la hacienda durante 20 años y que se desempeñó como obrero de campo en las diversas labores del fundo.
  • Kiroku Ninomiya recibió su certificado el 30 de junio de ese mismo año y en él se decía que trabajó durante 17 años en la hacienda y siempre en diversas labores.
  • K. Irie trabajó en San Nicolás durante 21 años, llegó en 1908 y, de acuerdo al certificado que le dieron el 3 de diciembre de 1929, primero fue trabajador de campo y posteriormente fue maestro carpintero.

Con esta breve información que presentamos – debido al corto espacio disponible - intentamos demostrar que los japoneses inmigrados realizaron y se ubicaron en variadas posiciones en la hacienda, algunas de bastante importancia, como mayordomo de riegos y la responsabilidad en el laboratorio de la fábrica. Pero, la mayoría de ellos no llegó a esos cargos, generalmente se desempeñó en aquellas actividades en las que no era requerida ninguna especialización.

Posiblemente, los japoneses que llegaron al Perú no tuvieron muchos conocimientos en trabajos agrícolas y menos aún en los trabajos típicos de una hacienda de “cañavelera” (de caña de azúcar), ellos aprendieron bajo vigilancia y "magisterio" de los caporales peruanos. Por eso, no convenía a San Nicolás traer tantos inmigrantes al mismo tiempo, no era posible ejercer "magisterio" con un numeroso alumnado. Pero los japoneses aprendían rápido - opinión frecuentemente repetida - y algunos de ellos, luego de conocer bastante bien las labores del cultivo de la caña, no optaron ni por fugarse ni por dejar la hacienda al finalizar sus contratos (como ocurría en otros casos). Por el contrario, algunos prefirieron quedarse en San Nicolás y hacer su vida allí, aceptando continuar trabajando de manera indefinida y pocos de ellos hasta lograron ocupar altos cargos o pudieron dedicarse a cultivar algodón como “yanaconas”, en terrenos fértiles que la propia hacienda les fue proporcionando a partir de mediados de la década de 1920 y en condiciones contractuales muy diferentes a la de los peones.
    
Pero lo dicho fue lo menos frecuente, esos fueron asuntos incidentales no previstos, ni programados ni calculados por la hacienda. Tengamos presente que desde 1899 la Sociedad se decidió traer inmigrados para que trabajaran en las labores del campo, aunque preferente y muy especialmente para las labores de corte y carguío de caña. Tal, una actividad extenuante tanto como la “limpia” de acequias; pero, ambas indispensables para los cañaverales, más la primera que la segunda. Pero, expliquemos la importancia de las labores mencionadas. En primer lugar,  sin cortadores de caña o con un número reducido de ellos que abasteciera de caña cortada, no funcionaba la fábrica de elaboración de azúcar y, si se producía esa paralización, se dejaba a la vez sin actividad a los cien peones de la fábrica de elaboración de azúcar y a una cantidad menor de peones destinados a la colocación de rieles por los que transitaban los carros Decauville en los que se llevaba la caña. Todo esto significaba, en suma, que había más de cien salarios improductivos por cada día de paralización.

Asimismo, según la época, había que tener una cantidad variable de cortadores de caña que hiciera posible cumplir los compromisos contraídos por la Sociedad. Por tal exigencia, cuando las oficinas de la Sociedad en Lima demandaban al administrador una cantidad mensual de azúcar, la hacienda debía tener el número necesario de peones dedicado al corte y que fuese capaz de lograr un rendimiento proporcional a aquellos compromisos. No se podía tener dudas sobre la cantidad de peones ni sobre sus rendimientos, había que estar plenamente seguros de lograr los objetivos; si no ocurría así,  la Sociedad fallaba a sus clientes.

Por todos esos motivos, y con el fin de conseguir que los peones japoneses se dedicaran al corte y carguío, en noviembre de 1913 el administrador sugería que en los contratos se debería estipular que los inmigrados  debían cortar caña en las mismas condiciones que los trabajadores peruanos y en el instante que la administración lo exigiera. Poco después, en un contrato firmado con la Morioka en diciembre de ese año, se señalaba que los cincuenta inmigrantes solteros "serán dedicados de manera preferente al trabajo de corte de caña", y en la cláusula subsiguiente se precisaba que no sólo irían al corte esos 50 peones, sino la totalidad (150) de los contratados. Mejor dicho, también tenían que cortar caña las cincuenta mujeres casadas que venían en esa partida. Así de necesario era tener cortadores o mondadores, como en otros momentos se los llamaba en San Nicolás.

Para una mayor comprensión de la dureza de esta labor agrícola,  describiremos cómo se hacía el corte en esos años, pues era más complejo de lo que se supone y de lo que es ahora. El corte en sí consistía en ir cortando caña, dejarla en el suelo y, cuando había cierta cantidad, acarrearla y colocarla dentro de los carros Decaudeville, cada uno de los cuales era llenado con más o menos una tonelada. La caña podía cortarse luego de haber incinerado las hojas o sin realizar la quema. Esta quema es aún un espectáculo sorprendente, llamativo y grandioso, pues lo que se enciende es todo un inmenso campo de más de una hectárea con las hojas secas que elevan muy alto las llamas y producen un humo que se va subiendo junto con los restos de las hojas convertidas en cenizas. Cuando está todo bien quemado, recién entran los cortadores, aunque también podía hacerse el corte sin hacer esta quema. Cuando el corte se hacía en estas últimas condiciones, los peones salían más limpios que cuando se quemaba.

Además de cortar, el peón tenía que cargar la caña y colocarla dentro de los carros Decauville. A toda esta actividad se la agrupaba, en el libro en que se llevaba las relaciones diarias de trabajos, como "corte y carguío"; ambas eran actividades complementarias, como lo es en la actualidad. Asimismo, para el traslado de la caña de los campos donde se hacía el corte hasta la fábrica, había toda una red ferroviaria en la que se complementaban las “troncales” con rieles fijos con otras de rieles movibles. Había un grupo de peones que colocaba los rieles movibles, aproximándolos hasta donde se encontraban los peones cortando la caña. Toda esa infraestructura permitía transportar la caña que en una época tuvo bueyes y después locomotoras como la fuerza impulsora que jalaba la hilera de carros Decaudeville.

 

* Este artículo se publica bajo el Convenio entre la Fundación San Marcos para el desarrollo de la Ciencia y la Cultura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y el Japanese American National Museum, Proyecto Discover Nikkei.Lima- Perú, 2009.

 

© 2009 Humberto Rodríguez Pastor

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About this series

A través de una serie de 5 artículos, Humberto Rodríguez Pastor registra la presencia de japoneses en la Hacienda San Nicolás (Valle de Supe, a unos 180 kilómetros al norte de Lima -Perú) entre los años 1899 y 1924, basándose en la documentación sobre el tema del ex - Archivo del Fuero Agrario.