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Peones japoneses en la hacienda San Nicolás (1899-1924)

3. Llegada de los inmigrantes japoneses

En el artículo anterior informamos que el número de contratos entre la Sociedad Agrícola San Nicolás y la Casa Morioka fue aproximadamente diez, lo  que no necesariamente significa que hubiese habido diez momentos para la llegada de inmigrantes. Un solo contrato podía servir para el arribo de varias partidas de trabajadores; y un conjunto de partidas tenía que reunir la cantidad de trabajadores precisada en el contrato.  El cuadro siguiente indica que en poco más de 30 veces llegaron barcos al puerto de Supe con trabajadores japoneses destinados a la hacienda San Nicolás. De igual manera, se observa que el número de japoneses de cada partida fue muy variado. Ello tiene una explicación: no siempre la Casa Morioka cumplía con la entrega de la cantidad de trabajadores a la que se había comprometido. A continuación tenía que buscar el modo de cubrir el número restante. Por eso hay fechas en las que llegan sólo 5, 6, 9, 11 peones; en cambio, en otras arriban 147, 100, 188, 101. Por lo general, esas cantidades pequeñas procuraban complementar las grandes.

Fuente: AFA, SN diversos documentos, sobre todo correspondencia de las fechas de llegada de los grupos de peones japoneses.( Elaboración del autor)

El cuadro presentado, aunque aproximado,  no es completo pues  sus totales no representan el total de arribos, el cual estimamos en 3 000 japoneses, aun cuando sólo  hemos detectado  2,390.
   
Por otro lado, en todo momento lo que más les interesaba a los empleados de la Sociedad, en particular al administrador, eran las características físicas de los recién arribados. Es frecuente leer en la correspondencia frases del administrador y del gerente en este sentido: "(han) causado buena impresión por su buen aspecto " (abril 1899)…” o “...tienen bastante menos buen aspecto que los de la partida recibida anteriormente "; y hasta era posible hacer reclamos cuando no tenían buenas condiciones físicas:

"..el aspecto físico de estos peones dejaba mucho que desear, pues los encontramos en su mayor parte  débiles y avanzados de edad....si bien han manifestado voluntad para el trabajo, son fatalmente débiles y como consecuencia enfermizos.  Ya hay algunos enfermos y si no se mejoran los devolveré por próximo vapor "1

Y las exigencias a la Morioka no sólo se referían a la edad y al estado de salud, también en cuanto a los lugares de origen. En algún momento llegó a la hacienda un grupo que, según los empleados, eran “coreanos”. A ellos los consideraban "...muy inferiores (a los japoneses) en la fuerza física como en inteligencia ". Igual ocurrió en otra ocasión con un grupo de gente procedente de Okinawa. Por eso mismo, en defensa de sus intereses, la Gerencia de la Sociedad instruía al administrador de San Nicolás: "...no estamos obligados a recibir sino inmigrantes japoneses... ". Inmediatamente a continuación añadía: "no recibiremos por ningún motivo "isleños" sino peones japoneses que nos sean útiles para el trabajo ". Esto sucedía en noviembre de 1918.

Y en cualquier momento hubiera sucedido lo mismo. Con mucha miopía a los hacendados peruanos de la costa solamente les interesaba los brazos de los trabajadores, la cantidad de musculatura que podía representar intenso despliegue de energías, aunque también un poco de inteligencia que permitiera una incorporación rápida a la realidad exigente de las actividades de la hacienda.

Y como los japoneses venían a trabajar, alrededor de lo mencionado eran las subsiguientes observaciones y exigencias del administrador. En noviembre de 1906 recomenzada la inmigración a San Nicolás, llegó un nuevo grupo de “niponeses”. Por diversas causas, durante 7 años, había estado interrumpida la inmigración a San Nicolás y a muchas otras haciendas. Fueron dos las principales causas de esa interrupción. La primera cuando hubo un gran problema con la Casa Morioka con los primeros inmigrantes que llegaron en abril de 1899 y que sólo luego de años se solucionó. El segundo motivo fueron las dificultades que se crearon con la Guerra Ruso-japonesa en los años  1904-1905. Pues bien, solucionado todo eso, en noviembre de 1906 llegó la segunda partida o lote de inmigrados. Sobre ellos el administrador informaba a la Gerencia:

"Queriendo evitar lo que pasó en Cañete donde la inmigración japonesa mal empleada hizo bajar notablemente la cantidad de trabajo representada por una tarea, he establecido desde el primer momento que el peón no podía tener derecho a S/1.00, sino cuando el trabajo hecho corresponde a lo que haría un peón criollo por la misma suma. Hubo resistencia al principio, pero he hecho bien de ser inflexible en  esa interpretación de la cláusula sobre salario, porque hoy hay 80% del total que acaban perfectamente esa tarea a las 4 de la tarde, habiendo descansado una hora a las once y media y no dudo que dentro de una semana todos la harán perfectamente ".2

Pero no eran solamente exigencias lo que experimentaban estos peones, había ciertas atenciones de otro carácter. Antes de la llegada de una nueva partida se tomaban precauciones tales como tener listas las viviendas y si llegaban enfermos se les atendía y como precaución general se les daba medicamentos preventivos contra el paludismo. A los hacendados de San Nicolás les parecía conveniente que descansaran, que se aclimataran y se concebía que el inmigrante debía encontrar grata la labor y agradable su nueva residencia. Así era, pues veían en el inmigrado la salvación para el problema de la escasez de brazos.

Pero leamos in-extenso lo que narraba el mismo administrador sobre la llegada de un nuevo grupo y lo ocurrido a continuación:

"Como comuniqué a Ud. (le escribe al gerente) en mi telegrama el domingo 24 (mayo de 1908) me fueron entregados por  el señor Williams, representante de la casa Morioka y Co., 146 emigrantes, de estos 12 mujeres, que según contrato vienen a esta hacienda a prestar sus servicios como jornaleros. A la una y media p.m. quedaron sin el menor contratiempo, perfectamente establecidos en sus respectivos alojamientos. Al siguiente día fueron todos numerados. Han descansado tres días; ayer salieron a trabajar todos, lo mismo hoy. El trabajo que hacen es por tarea exactamente igual a la que hacen los criollos, con sólo diferencia de tiempo. Hasta ahora están sanos, bastante contentos y demuestran muy buenas aptitudes para el trabajo; a mi juicio, son mejores peones que todos los que han venido hasta la fecha" .3

Pero no todas las partidas de inmigrantes llegaron tan pacíficamente. Hubo tumultos y huelgas inmediatamente de producido el ingreso de inmigrantes. En enero de 1909, un grupo que hacía poco había desembarcado rehusó continuar trabajando si es que no les pagaban S/1.20 en vez de S/ 1.00. También era frecuente que una vez que llegaba una nueva partida fugaran algunos de los japoneses que la componían. Y también acontecían múltiples resistencias menores. De todas maneras, a nuestro parecer, estos ejemplos ilustran un inicial descontento de los inmigrados. Era el enfrentamiento con una realidad diferente, donde era muy distinta la manera de realizar las labores agrícolas, un país donde había una apreciación diferente sobre la intensidad exigida en el trabajo y que respondía a una lógica y a una motivación  distintas respecto a las actividades en el campo. Eran esos primeros instantes los de mayor choque para los inmigrados. Se sumergían y aceptaban las condiciones o buscaban una solución. Una de las frecuentes soluciones fue la fuga, pero no huyó la mayoría.

CITAS :
1. AFA, SN 64, gerencia a varios, carta a Morioka  del 5 setiembre de 1910, p. 299
2. AFA, SN 186, Administración a gerencia, carta del 30 de noviembre de 1906, p. 248
3. AFA, SN 188, Administración a gerencia, carta del 26 de mayo de 1908, s/p

 

* Este artículo se publica bajo el Convenio entre la Fundación San Marcos para el desarrollo de la Ciencia y la Cultura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y el Japanese American National Museum, Proyecto Discover Nikkei.Lima- Perú, 2009.

 

© 2009 Humberto Rodríguez Pastor

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About this series

A través de una serie de 5 artículos, Humberto Rodríguez Pastor registra la presencia de japoneses en la Hacienda San Nicolás (Valle de Supe, a unos 180 kilómetros al norte de Lima -Perú) entre los años 1899 y 1924, basándose en la documentación sobre el tema del ex - Archivo del Fuero Agrario.