Select a primary language to get the most out of our Journal pages:
English 日本語 Español Português

We have made a lot of improvements to our Journal section pages. Please send your feedback to editor@DiscoverNikkei.org!

culture

es

Ser Nikkei en el Peru: Una marca de identidad

Imagen y discurso nikkei en la literatura peruana

A punta de talento y una rica experiencia histórica, la presencia japonesa ya forma parte de la tradición literaria en el Perú. Consagrados escritores peruanos, como José María Arguedas o Mario Vargas Llosa, han insertado en sus narrativas personajes de origen japonés que muestran una imagen poco justa y fidedigna pues resultan seres fracasados y marginales en el contexto nacional. Felizmente, a partir de la posguerra y sobre todo desde la década del 70, los mismos descendientes japoneses hicieron sentir sus voces literarias a través de publicaciones quebrando, así, esa antigua imagen negativa y mostrando más bien una absoluta inserción al Perú.

Lo “japonés” en la ficción peruana

En El Sexto (1961) de José María Arguedas (Andahuaylas, 1911 – Lima 1969) es una de las novelas más impactantes de la literatura peruana donde se narra los interiores de un centro penitenciario. Allí se describe a un personaje japonés harapiento y mentalmente trastornado que se desplaza por los pasillos como un repulsivo animal plagado de piojos y a quien todos maltratan, un ser marginal que no se integra ni a las luchas de clases ni a la realidad de la descripción del Perú. ¿Era esta la imagen que el escritor andino Arguedas tenía de los japoneses?

En 1965 Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) publica La casa verde y uno de sus personajes claves es el japonés Fushia, una mezcla de prófugo y contrabandista que se desplaza misteriosamente por la selva peruana huyendo de la policía. Una vez más se etiqueta a la presencia japonesa con la marginalidad social. Lo curioso es que veinticinco años después, en 1990, Vargas Llosa se enfrentaría en la vida real con un hijo de japoneses, Alberto Fujimori, en la carrera presidencial.

En 1991 el periodista Jorge Salazar publica un libro de crónica policial titulado La medianoche del japonés, en la cual narra la historia de Mamoru Shimizu. Un sanguinario asesino que conmocionó Lima cuando el 2 de noviembre de 1944 mató con un garrote a su hermano, cuñada, dos sobrinos y tres de sus paisanos japoneses. Con un profundo análisis, pareciera decirnos un mensaje final: Shimizu más que un verdugo fue una víctima de la intriga y la presión anti-japonesa reinante en la época de la segunda guerra mundial, aunque la imagen final que se nos queda de Shimizu es la de un frío y despiadado asesino.

Más actual, Eiko es una de las personajes principales, sino la más importante, de la novela Las dos caras del deseo publicado en 1994 por Carmen Ollé (Lima, 1947). Apasionada, casi díscola y profundamente sexual, Eiko es una poeta que a su paso seduce a hombres y mujeres. Quizás esta era la nueva imagen de la nikkei contemporánea que quiso transmitir la escritora, imagen alimentada por estereotipos de japonesas súper eróticas presentadas constantemente en la literatura, ánimes y películas del siglo XX.

Nikkei en la literatura peruana

Fue solo después de la culminación de la segunda guerra mundial, y pasado el ambiente anti-japonés que la comunidad nikkei pudo volver a abrir sus escuelas y periódicos. Sin embargo, durante cien años de presencia japonesa en Perú, la veta creativa que más han cultivado sus descendientes son las artes plásticas. En los últimos cuarenta años, mientras que en este campo podemos encontrar hasta cincuenta destacados nombres, en la literatura no alcanzamos ni siquiera a ocho. ¿Por qué esta disparidad?, ¿por qué el talento de los y las nikkei se inclinó por las formas plásticas y no por las idiomáticas? Es innegable afirmar que la herramienta lingüística fue y es la pauta que marca la diferencia. Dominar las gramáticas, retóricas, giros y otros asuntos de la lengua española requiere de otra clase de discurso y -esta es una presunción mía- este tipo de esfuerzo aleja demasiado a su creador o creadora nikkei de lo que se desea expresar1.

De la decena de escritores de origen japonés destacan, entre otros nombres, los poetas José Watanabe Varas, recientemente fallecido, Nicolás Matayoshi, Rafael Yamasato2, así como los narradores Augusto Higa Arakaki3 y el escritor e historiador Fernando Iwasaki Cauti4, quien se declara menos cercano a sus raíces japonesas, así como otros nombres más. Cabe destacar que en los últimos treinta año se publicaron, además, muchas revistas de origen nikkei, pero que de todas ellas resaltó la revista Puente por sus profundas búsquedas de la identidad nikkei y la necesaria integración al Perú.

José Watanabe Varas: el guardián del hielo

Nació en Laredo, zona rural de Trujillo, en 1946, y falleció este año 2007 en Lima de un mal que lo aquejaba desde hace más de veinte años. Por su poesía limpia, sencilla y profundamente humana, era desde hace algún tiempo el poeta más querido, leído y admirado en el Perú. Su padre era un inmigrante japonés de Okayama y su madre era de origen andino. Cursó estudios de artes plásticas en la Escuela de Bellas Artes de Trujillo (ubicado al norte del Perú) y de arquitectura en la Universidad Nacional Federico Villarreal. En 1971 fue premiado como Poeta Joven del Perú con su primer libro Álbum de familia (1971). Escribió las siguientes obras poéticas: El huso de la palabra (1989), Historia natural (1994), Cosas del cuerpo (1999), Habitó entre nosotros (2002), La piedra alada (2005), Banderas detrás de la niebla (2006), un libro de teatro Antífona (2000), la antología El guardián del hielo (2003) y este año 2007 se presentarían sus libros de temática infantil y juvenil. Innegablemente Watanabe era muy versátil, pues además fue guionista de cine y publicó el libro fotográfico La memoria del ojo. Cien años de presencia japonesa en el Perú.

Nicolás Matayoshi: peruano y andino

Nació en Huancayo en 1945. Es poeta, investigador literario y de la cultura andina Lanka, además de gestor cultural. Como poeta ha publicado Te amo (1973), Poemario (1993) y Gaia (1993), entre muchos otros más. Como investigador posee varios textos de reflexión literaria y un excelente libro sobre una de las mitologías de la región del Valle del Mantaro: Los tesoros de Catalina Wanka. Se declara así mismo hijo del Japón y de los Andes. Matayoshi asegura: ”Soy hechura de una cultura que jamás llegué a comprender plenamente: Una cultura que florece detrás de la cresta de los mares. Un país que fue aliado de los fascistas europeos, enemigos reconciliado de los yanquis. Alguna vez, ansioso de descubrir los elementos de esta cultura que veía como una fabulosa caja de Pandora, me llevó a buscar a Mizoguchi, a Yukio Mishima, a Kenzo Tange, a «Genji Monogatari» y encontré que, en síntesis, era un pequeño burgués, totalmente perdido en una mezcla cultural. La cultura oficial me hablaba de dioses extravagantes como Zeus, Isis, Odín, Thor, etc. Una cultura oriental que me hablaba de Buda, Susannóo, Izanagui-Izanami, de Taniguchi Sensei, Nichiren Shoshu y el rito Shinto. Descubrir a los duendes andinos: los muquis, a sus dioses locales: el Tayta Wamani, el dios Wari, el Huallallo Carhuincho: una mezcla de dioses sin remedio”5.

Hermanos Tamashiro y la revista Puente: un intento de mestizaje cultural

Una vez acabada la segunda guerra mundial y culminados los ataques racista a la comunidad japonesa en el Perú, muchos descendientes volvieron a estudiar en colegios y universidades. Fue en la década del 60 que algunos jóvenes profesionales nisei se agruparon en la llamada “Generación 64”. La búsqueda final de esta asociación fue mejorar la imagen de los descendientes japoneses, que siempre fueron vistos como grupo cerrado, a través de obras de caridad a favor de los peruanos más pobres, y de la organización de simposios con destacados intelectuales peruanos. Todo ello para demostrar sus intentos de “peruanizarse” sin dejar sus raíces japonesas. De este grupo surgieron los hermanos Alejandro y Enrique Tamashiro que en los años 80 fundaron la revista Puente, un importantísimo espacio de diálogo y debate pues a través de sus numerosas ediciones algunos profesionales e intelectuales nisei y sansei exponían sus ideas de manera muy crítica sobre la “problemática” del nisei y de su integración al Perú. Para Laussent-Herrera “estos debates revelaron la imagen de un nisei prisionero de su crisálida, dispuesto a salir volando, pero retenido en su afán por una suma de prejuicios culturales, tanto japoneses como peruanos, de los que no logra zafarse. Las contradicciones que lo aquejan, el deseo de tomar lo mejor de sus dos sociedades de origen lo detienen. En efecto, lo que caracteriza a este grupo, que ha encontrado en Puente su modo y su medio de expresión, es la lucidez que muestra sobre todo en su unánime rechazo a la creciente intervención de Japón en la vida y las instituciones nisei6.


Notas:

1. En uno de mis libros de poesía publiqué este malestar: “En la escuela memoricé héroes y batallas, ideales de una patria construida con amor y sacrificio. Aprendí atenta mis deberes: atrapar la vida en japonés, reconstruir todo en castellano, amar en uchinaguchi y observar el quechua filtrándose como una nube por mi ventana”. En: Moromisato, Doris. Chambala era un camino. Lima: NoEvas Editoras. 1999, p. 63

2. Ferreñafe, Lambayeque, 1945. Ha publicado el poemario Estambre.

3. Nació en Lima. Obras narrativas: Que te coma el tigre, Al final del porvenir, La casa de Albaceste, entre otros más.

4. Nació en Lima en 1960. Ha publicado, entre otras obras, La última espada del imperio, Neguijón. Es considerado el más prometedor escritor peruano contemporáneo.

5. Matayoshi, Nicolás. “Soy factura de un paisaje”. En: Moromisato, Doris y Juan Shimabukuro. Okinawa. Un siglo en el Perú. Lima: Ediciones OKP, 2006, p. 83.

6. Laussent-Herrera, Isabelle. Pasado y presente de la comunidad japonesa en el Perú. Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos, 1991. Pp. 72-73.

© 2007 Doris Moromisato

identity literature peru

About this series

La identidad Nikkei en el Perú se construyó en un paisaje multiétnico y pluricultural. Esta experiencia histórica se realizó manteniendo las tradiciones y costumbres heredadas de las culturas japonesas, y se caracterizó por sus contradicciones y su heterogeneidad. Hoy, ser nikkei en el Perú es una marca valiosa e irremplazable que va calando los diferentes espacios políticos, artísticos, gastronómicos, musicales, folclóricos y deportivos, entre otros. Mis artículos brindarán un panorama de esta inserción que operó a lo largo de más de cien años de presencia japonesa en el Perú.