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Nikkei Uncovered: a poetry column

Canciones

Este mes, nos complace presentar dos poemas en español de la poetisa peruana Doris Moromisato Miasato. Ella es ecologista, feminista y budista y estos dos poemas son hermosas canciones de homenaje, uno para su padre y otro para el famoso artista japonés Hokusai. De los recuerdos evocados a aquellos imaginados, su poesía se lee como una canción de lamento, inspiración y maravilla. Agradezco llevar conmigo estos poemas mientras comenzamos a dejar el verano por el otoño. También debo agradecer a Norma, la madre de mi pareja, que tiene como lengua materna el español y también es de Perú. Ella es alguien con quien disfruto conversar sobre arte y fue fundamental para ayudarme a entender la maravillosa obra de Doris. ¡Disfruten!

—traci kato-kiriyama

* * * * *

Foto por Jaidith Soto

Doris Moromisato es poeta, escritora, gestora cultural, investigadora en temas de género y presencia japonesa en Perú. Es Embajadora de Buena Voluntad de Okinawa. Graduada en Derecho y Ciencias Políticas por la UNM de San Marcos. Publicó 4 libros de poesía y 3 de crónicas, sus relatos y ensayos conforman diversas antologías, sus poemas han sido traducidos a varios idiomas.

 

LA LUNA SOBRE EL ARROZAL

Sus ojos      dos luceros en la noche,
como inesperado insecto          el tiempo
se posa en su pecho y remueve su cansado corazón.
Por el surco naranja de los ajíes se escucha
el displicente paso del ciempiés.

Las velas
aún alumbran las mamparas del patio y las tres cuerdas
de la vieja guitarra que padre convirtió en su cómplice shamiseen.
Hala una cuerda y su mirada se pierde en un campo de arroz.
Su boca cansada del imperio de castizas palabras
vuelve atrás: mikayuki-sama, konbanwaa...

Un aullido antiguo brota de su pecho
animal solitario que huye de los más salvaje de su amor.
El hogar se llena de su sobria, gris melancolía.
Todo calla
y yo escucho desde mi cama, para no verlo morir.

Hala otra vez y la suave brisa estremece a las lechuzas,
la luna besa su cuerpo lento: mikayuki-sama,
konbanwaa... 

La eterna historia de la barca surcando el mar de Okinawa
brota de sus labios. Pescadores saludando a la luna,
retornando felices a la aldea.

Padre estira su voz, la luna se resbala sobre el arrozal
y la última vela empieza a derretirse sobre el piso
como mi corazón

como su viejo cansado corazón.

*Este poema es propiedad intelectual de Doris Moromisato.

 

HASTA QUE A HOKUSAI SE LE ESCAPE EL MAR
                                                            a Melina, dekasegi

Trepando de niño las altas colinas de Edo
vadeando las rocas, las irreverentes espinas de los matorrales,
Hokusai comprendió
envuelto entre perfumes de coníferas y el canto de los grillos
que si atrapaba el monte Fuji en su lienzo
rozaría las estrellas que nos vemos
de día
y hallaría al fin la paz en su corazón.

Treintaiseis formas dibujó para entender su penacho de nieve,
la armonía de su cuerpo ascendiendo al cielo
el bosque de pinos que agitaba su corazón
                    al recorrerlo
mientras la tinta goteaba de su espalda
coloreando sus pisadas cuesta arriba. 

Treintaiseis veces se sentó a mirar la bruma
buscando retener en sus manos
todas las olas que se agitaban en sus ojos,
sólo las grullas comprendían su intento
y él las observaba níveas remontando el horizonte
ambicionando para sí esa enceguecedora claridad
en su corazón.

Treintaiseis veces rasgó el aire y onduló el pincel,
sepia las barcas inclinadas por la marea
azules los pescadores
naranja la fugacidad de sus cuerpos y amarilla
la bondad de sus pequeños labios.
Cestas y sombreros de paja rozando
la muda majestuosidad de su cumbre.

Y miro su mar embravecido, las olas
a punto de fugar de la postal que contemplo esta mañana
donde me dices que estás bien
que sobreviviste a nuestra infancia
y sigues creciendo entre pines, máquinas, timbres
y marcadores de tarjetas que no brotaron de la tierra
como nuestros mastuerzos y maracuyás. 

Y descifro la postal sobre la cual ondulaste tu mano
para contarme que te acuestas muy temprano
sobre el mismo tatami
mirando el reloj despertador y no el viejo sauce
que contemplabas desde tu ventana
acompañando apacible tus sueños.

Quizás también estrellas habiten dentro de nosotras
y sólo las veamos dentro de una lágrima
ola que escapa del mar de nuestros ojos
y esparce la tinta sobre las huellas que estampamos
humildemente
cada día.

*Publicado el 1999 en Chambala era un camino. Este poema es propiedad intelectual de Doris Moromisato. 

 

© 1999, 2021 Doris Moromisato

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About this series

Nikkei Uncovered: a poetry column is a space for the Nikkei community to share stories through diverse writings on culture, history, and personal experience. The column will feature a wide variety of poetic form and subject matter with themes that include history, roots, identity; history—past into the present; food as ritual, celebration, and legacy; ritual and assumptions of tradition; place, location, and community; and love.

We’ve invited author, performer, and poet traci kato-kiriyama to curate this monthly poetry column, where we will publish one to two poets on the third Thursday of each month—from senior or young writers new to poetry, to published authors from around the country. We hope to uncover a web of voices linked through myriad differences and connected experience.