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Sobre nombres e identidad colectiva: El caso de los Nikkei en el Perú

El tema de la identidad, aun cuando muy frecuentemente mencionado en los discursos, sobre todo políticos y académicos, es uno de los que — debido a su complejidad — presenta mayores dificultades para una definición certera. No obstante, algunas nociones al respecto y acercamientos a casos precisos nos pueden permitir una mayor comprensión sobre este tema que parece ser muy relevante en las agendas actuales.

Sabemos que las identidades individuales y colectivas se van definiendo a lo largo de las historias personales y conjuntas y que tales identidades se construyen siempre en relación con otros individuos y grupos. En tal proceso de construcción se va estableciendo lo propio o particular y lo distinto o diferenciado de individuos y grupos. Sabemos también que las identidades no son estáticas y mas bien, en mayor o menor medida, están sujetas a un cambio permanente en esa relación con otros y con el ambiente en su sentido más amplio.

Por otro lado, sabemos también que la identidad de una persona o grupo – debido a esa relación con otros - implica varias perspectivas y que, por ejemplo, cuenta tanto no sólo qué y cómo pensamos, sentimos y decimos de nosotros mismos sino también qué y cómo piensan, sienten y dicen los demás acerca de nosotros. Algunas veces esas distintas perspectivas pueden coincidir,pero no siempre. Estas nociones sobre el tema de la identidad, presentadas de manera algo abstracta, las podemos encontrar mejor ilustradas en su relación con los nombres asignados o auto - asignados a y por los ciudadanos japoneses y sus descendientes en el caso específico que expondremos a continuación.1

Las poblaciones e individuos de origen japonés de los países del continente americano, en los cuales están asentados, son nombrados o designados de modos distintos por las sociedades más amplias. En los países del norte del continente, por ejemplo, reciben los nombres de Japanese–Americans y Japanese–Canadians (en los Estados Unidos y Canadá, respectivamente) o simplemente Japanese, mientras en la mayoría de países latinoamericanos son designados casi invariablemente como Japoneses, como en México, Colombia, Paraguay, Argentina, Bolivia y Chile, y Japonese (en la lengua portuguesa) en Brasil.2 En el caso del Perú, los nombres asignados a los inmigrantes japoneses y a sus descendientes, como colectivo e individuos, presentan comparativamente algunas particularidades, con variaciones o cambios en el tiempo. Tales cambios o aparición de nuevos nombres se vinculan a contextos y circunstancias históricas específicas.

Desde su arribo al Perú en 1899 y su pronto desplazamiento hacia las ciudades, especialmente a las provincias de Lima y Callao3, hasta la Segunda Guerra Mundial, los inmigrantes y sus descendientes eran nombrados como Japoneses al igual que en todos los países que recibieron estas migraciones. Durante la década de 1930, y aunado a una campaña antijaponesa desarrollada por varios periódicos peruanos, a esa común denominación se agregó otra: Nipones. Desde ese período el término Nipón adquirió una connotación despectiva en el Perú4, puesto que al igual que el término Japonés, solían aparecer unidos a expresiones xenófobas y racistas como parte de una política de exclusión.

En la posguerra, y más específicamente entre las décadas de 1960 y 1970 - debido a la incursión y éxitos de algunos hijos de japoneses en distintos deportes, y posteriormente en el campo cultural (artes plásticas y literatura principalmente) - empiezan a aparecer en los diarios peruanos la palabra Nisei (segunda generación o hijos de japoneses) vinculada a hazañas deportivas: campeonatos nacionales e internacionales en disciplinas diversas como ciclismo, box, lucha libre, billar, bolos, béisbol, voleibol, fútbol, entre otros. Asimismo, dentro del imaginario colectivo la presencia de los apellidos japoneses comienza a adquirir otros vínculos más allá de la esfera comercial, a la cual se circunscribía durante la preguerra.

Desde la década de 1980, las comunidades de origen japonés de los países del continente americano adoptaron y difundieron el término Nikkei5. Para alguna interpretación, el uso de ese término sería para remarcar el origen japonés y para diferenciarse de otros grupos de origen asiático; no obstante, la motivación principal para tal adopción sería mas bien el enfatizar en el origen americano (nacional) de los individuos y comunidades. En el caso peruano, la frecuencia del uso de tal término por descendientes de japoneses y las organizaciones de ese origen, propició su utilización también en algunos medios (prensa radial, televisiva y escrita), aunque su difusión no se extendió más allá por la aparición de otra denominación a inicios de la década siguiente.

Efectivamente, en 1990, durante la campaña para la primera elección de Alberto Fujimori como Presidente de la República, sus detractores empezaron a llamarlo Chino con ánimo de descalificación6. La respuesta del candidato fue utilizar el calificativo para autodenominarse, permaneciendo con ese apelativo aun hasta el presente. Desde entonces, la denominación Chino — aunque no novedoso en su aplicación también a descendientes de japoneses desde décadas anteriores — se extendió a todos ellos y es actualmente el de mayor frecuencia en el uso popular. Una de las explicaciones para este hecho es que, por un lado, la población de origen japonés es cada vez más pequeña con relación al crecimiento de la población en general. Y, por otro, el fácil reconocimiento de las características fenotípicas de los japoneses que ocurría en el pasado ha cesado, puesto que Lima y Callao (sus lugares tradicionalmente de concentración) cuentan actualmente con una población mayoritariamente inmigrante (de otros lugares del Perú) y con menos experiencia en reconocer los “matices” de origen asiático.

Finalmente, aun cuando los nombres aplicados a los Nikkei en el Perú fueron apareciendo y cambiando en el tiempo, muchos de ellos coexisten en el presente. Por ejemplo, Japonés o Chino son frecuentes en los ambientes doméstico y popular, mientras en los formales – como en la prensa – continúan utilizándose indistintamente Nisei o Nikkei. Lo relevante de la aparición y utilización de nombres específicos para los descendientes de los japoneses en el Perú es, quizás, que son un indicio del reconocimiento de su identidad por los “otros” y, más aun, de su inclusión en el imaginario y cultura nacionales. Un buen ejemplo de esta afirmación es el notable reconocimiento alcanzado por la denominada “cocina Nikkei peruana” en los medios local e internacional.

Notas:

1. Particularmente, en algunas publicaciones y títulos de artículos y libros esta autora ha utilizado la denominación o categoría “de origen japonés”, considerando que lo innegablemente común a estos individuos y colectivos es precisamente su origen (procedencia nacional, territorial, cultural y aun racial).

2. Estas denominaciones pueden ser encontradas tanto en títulos de libros y artículos especializados del campo académico como en diarios y en el lenguaje coloquial de los países mencionados.

3. En la capital del país y el puerto del Callao se ha concentrado entre el 84 y 90% de la población de origen japonés durante la mayor parte del siglo 20 hasta el presente.

4. A diferencia de Nipón (por Nippon de la lengua japonesa), Japonés no adquirió ni fue asumido por los aludidos como término despectivo.

5. Apócope de la palabra japonesa Nikkeijin, cuya traducción literal sería “japoneses en ultramar”.

6. En el Perú se suele utilizar popularmente una gama de calificativos con connotaciones raciales - culturales para la exclusión, tales como cholo, chino, negro, entre otros. No obstante, esos mismos calificativos son también utilizados domésticamente como expresión de afecto y familiaridad, aplicados muchas veces independientemente de la raíz socio- económica, racial y cultural del designado.

* El siguiente articulo sobre los nombres identificadas para los Nikkei fue contribuido por Amelia Morimoto, Coordinadora del Programa Perú - Asia de la U. de San Marcos.

© 2007 Amelia Morimoto

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