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NOVELA: Evodio el suertudo - 8 de 16

Parte 7 >>

El diario de Ojisan

Averiguar sobre la juventud desconocida de su abuelo se volvió una obsesión para Evodio. Cuando terminó la educación elemental, su esposa le sugirió que la lectura de buenos libros lo harían una persona diferente a los demás. Bollo heredó de su madre la diligencia, el esmero en el trabajo, el orden de pensamiento para planear las cosas, el tesón para conseguirlas, el aseo personal, la limpieza del hogar y cómo ahorrar dinero. De su papá heredo la prudencia, la fortaleza física y la sabiduría para tratar a las personas. 

Celia Terry, su esposa con sangre irlandesa, fue la guía de su vida, la líder de la familia. Se repitió el ciclo de la vida de sus padres. Fue ella quien le diseñó el plan para traducir las cien hojas en japonés del diario de su abuelo.  Evodio consultó a dos ancianos sobrevivientes de la migración de 1897, uno de Escuintla, otro de Acacoyagua, al señor Eduardo Tsuzuki de Tapachula, primera generación de japoneses nacidos en Chiapas, con estudios en la Universidad de Tokio.

Sucedió algo inverosímil; por separado los ancianos con sus cansados ojos casi cerrados por la edad iniciaron la lectura de las páginas manuscritas en japonés pero no avanzaron más de tres hojas pues se rehusaron a traducir y continuar leyendo, argumentando: “Letra muy chiquito”.

El señor Tsuzuki, joven comparado con los ancianos, que  tiene los ojos buenos, tampoco se prestó de traductor:

“Está escrito en japonés antiguo y yo estudié japonés moderno; creo que estas hojas escritas por tu abuelo no tienen ningún valor, es basura, deberías tirarlas al rio”.

Taciturno, irascible, Evodio se siente incapaz de saber lo que dice el diario de Ojisan.

- Mi corazón me dice que algo muy importante contienen esas hojas porque los ancianos al leerlas se asustaron. Tzusuki trató de restarle importancia; estoy seguro de que este cabrón japón me  mintió, que tire al río las hojas, está loco…

¡Ojisan ayúdame por favor, ilumíname los sentidos, quiero saber qué dicen esos garabatos que escribiste en esas hojas!  Celia su mujer, responsable de la escuela de la comunidad rural La Bonanza, sufre también por las penas que pasa su marido y mañana y tarde reza tres Aves Marías y tres Padres Nuestros para que Dios traiga la solución. Una tarde llega eufórica: ¡Bollo, Bollo, creo que tu problema del diario de tu abuelo se ha solucionado!  Hoy por la mañana uno de mis alumnos llevó a un niño japonés que no habla ni jota de castellano; su familia acaba de llegar a La Bonanza y viven en el rancho del abuelo de mi alumno.

Con un recado manuscrito que la Maestra encarga a su alumno que entregue al papá del niño japonés, logran un primera comunicación con él y con cierta desconfianza los recibirá posteriormente. La respuesta manuscrita del japonés en castellano, aclara: “Comprendo poco y escribo poco castellano; dispongo de poco tiempo pero los espero hoy en la tarde, reservado por favor”.   Evodio y su mujer se sorprenden al conocerlo; es alto, fornido, rubio, con ojos japoneses de color celeste intenso.

Al percatarse del asombro de los visitantes, ataja:

Guten Tag mein Name ist Otto Himi. Ich kome aus Alemania. Meine Grossmutter ist  aus Deutchland, und mein Grossvatter stammt aus Japan

Celia recuerda sus clases de alemán y taduce a su marido: 

Buenos días, mi nombre es Otto Himi. Vengo de Alemania. Mi abuela es alemana y mi abuelo es nativo de Japón.

- Soy una persona con características físicas raras, mezcla de dos razas muy diferentes.

- Por mi seguridad personal y de mi familia nuestras reuniones deben ser secretas; mi abuelo, un anciano japonés, recientemente fue asesinado en Alemania por los Makazos pero antes de morir me recomendó alertar a los miembros de la Sociedad Secreta Reformista para la Modernización y Prosperidad de Japón en América; por esos estoy de paso en este lugar. Ich suche Herrn Arima, Kenji Arima, quien vino en la migración de 1897 a Escuintla, encubierto como Kumataro Kaneko.

“Yo busco al señor Arima, Kenji Arima”

¡Señor a quien busca ya falleció, era mi abuelo!

¿Falleció o lo asesinaron?

-No lo sabemos, estaba sano y repentinamente enfermó del estómago y falleció.

¡Claro que fue asesinado!

-Es una de las técnicas de los Makazos; les ponen una cepa de Cólera en la comida para destruirles el estómago o Batroxotina en la bebida para paralizarles el corazón. Ambas dosis no dejan rastros en el organismo del envenenado.

- Mein Gott! (¡Dios Mío!) No tengo más que hacer aquí, me voy para la Republica de la Argentina antes que sea tarde…

- Señor Himi por favor, explíqueme que dicen estas hojas en japonés que el abuelo heredó a mi esposo: Nadie ha querido hacerlo; le pago su tiempo, le ruego su ayuda.

- ¡Ja, klar, natürlich!  Dame, meine Zeit ist Gold. Ich fange an mit die Lektüre, kostenlos, ja, Entschuldigen Sie bitte, das ich die sprachen mische. >
 (¡Sí, claro, ¡Naturalmente! Señora, mi tiempo vale oro. Iniciaré la lectura, sin costo, si, por favor perdonen, que yo mezcle los idiomas.)   

Parte 9 >>

Nota de editora: Ésta es una obra de ficción. No está patrocinada ni afiliada de manera alguna por ninguna institución, instalación o familia. La historia está basada en lugares, personas y hechos históricos, pero está escrito enteramente desde el punto de vista del autor.

Referencia:
Evodio el suertudo - Modismos >>

 

© 2013 Florentino de Mazariegos

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