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La Princesita del Perú: Angélica Harada cumple 50 años de vida artística - Parte 3

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¿Cree que el arte y la cultura no son suficientemente valorados en el Perú?

Yo lo digo porque nosotros somos corazón. En cambio, ahora las que han salido, las que dicen que son folclóricas, se han llenado de plata. ¿Por qué? Porque han encontrado la mesa servida, no han sufrido como nosotros hemos sufrido. Hemos batallado para que nuestro folclore se haga conocido, hemos batallado en los coliseos, mal pagados, pero nuestro deseo era seguir adelante, difundiendo lo nuestro, y lo hemos difundido con mucho honor, con mucha honra. En nuestras actividades nunca había borracheras, peleas. En cambio, ahora se pelean, rompen botellas, se cortan, hasta muertes ha habido. Y estas jóvenes no saben respetar. Bueno, a mí al menos cuando me ven se acercan y saludan, “señora, ¿cómo está?”, pero a mis compañeras “ya están viejas, ya fueron”. No es así pues, deberían respetar a todos, hombres, mujeres, que han dado su vida por llevar la cultura peruana a través de sus cantos.

Usted dijo hace poco en una entrevista que hay que diferenciar entre folcloristas y folclóricos.

(Ríe) Nosotros somos folcloristas porque llevamos lo que es la verdadera música, con toda su esencia. Cantamos un huayno con un argumento bonito. ¿Ahora qué? Todo es cantinero, todo es borrachera, todo es traición. ¿Qué mensaje le dan a la juventud, a los niños? Nada. En cambio, antes cantábamos al padre, a los paisajes, a las madres, a la abuelita, todas esas canciones bonitas; y también al amor, ni hablar, pero era suave, era lindo. No decíamos “amor maldito”, sino “bendito”, porque el amor debería ser bendito, por más que le haya traicionado es bendito. Porque usted la quiso, ella lo quiso. Nosotros cantamos a la mujer andina, la mujer del campo, al obrero, al minero.

Ustedes eran las voces del Perú profundo.

Exacto, somos del Perú profundo.

En internet hay canciones suyas, y entre la gente que las comenta hay muchos peruanos que residen en el exterior, que tienen mucha nostalgia, y que a través de su música sienten que están regresando al Perú. Seguramente eso lo siente cuando canta en el extranjero.

Es una cosa maravillosa. Y también triste. En España por ejemplo, yo me he presentado como tres veces. Hay muchas personas que no pueden venir porque no tienen los papeles en orden, o sea no tienen visa, entonces ¿qué hacen? Toman y cantan junto con uno llorando. A uno le dicen “cántate esta canción”. ¿Y para qué? Para que se echen a llorar. Yo recuerdo que había una que era de Huánuco, era prohibido entrar a mi camarín, a puñetazos entró. Estaba con sus copitas. Me dijo “todo el mundo te quiere con todo su corazón, yo te quiero con todas mis tripas” (risas). En Estados Unidos hay cualquier cantidad de peruanos que no pueden venir, y entonces cuando una llega es como una mensajera del Perú. Siquiera una los hace pasar con ese calor humano, con ese calor peruano. Digo “vengo con todo el sabor peruano”. Entonces cantamos, los hacemos bailar, y así sucede en diferentes países a los que he ido.

Usted debe de tener muchísimas anécdotas. ¿Alguna que nos pueda contar?

Huyyy. La verdad es que yo paro olvidándome las canciones, soy muy distraída. Alguien me pasa la voz en el escenario, estoy por cantar una canción, y ¡pam!, se me va la letra. Tengo que inventar letras, a veces no cuadra la música. Pasó en el teatro ayacuchano, inmenso. Yo era bien sobrada –nunca sirve ser sobrada– con los músicos. “Ensaya”, me dijeron. Yo les dije “no ensayo”. Y salí a cantar y me pongo a cantar “Cordillera andina”, y me olvidé. (Canta) “Cordillera andina, rutilante cadena”, ahí me olvidé. Y seguía yo cantando “cordillera andina, cordillera andina”. Entonces no falta un palomilla pues, desde el segundo piso, una voz fuerte: “¡Princesita, mucha cordillera!” (risas). Y la gente cómo se reía.

Yo seguía cantando. Dije “voy a inventar”. (Canta) “Donde el indio llora, cordillera andina, cordillera andina”. Seguía cantando, y los músicos dirían “esa señora se ha vuelto loca”. Terminaron, yo seguía cantando, sin música. Entonces volteo y me acordé. (Canta) “Cordillera blanca, cordillera negra, ambas cordilleras forman dos ramales”. Era todo cordillera. Entonces yo muy cínica al público le dije “yo estoy cantando a todas las cordilleras y hay uno que me ha dicho que hay muchas cordilleras, y no he terminado de cantar a todas las cordilleras del Perú” (risas).

¿A qué canción le tiene más cariño?

Desde que grabé esa canción hasta ahora, serán más de 40, 45 años, en todas mis presentaciones tengo que cantarla. Si no canto esa el público me dice “¿y? ¿‘El amor y las naranjas’?”. Después otro huayno: “Todo se puede olvidar menos el primer amor”. 

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El primer encuentro con su padre

Angélica Harada conoció a su padre (Mitsujo Harada) en la adolescencia. Sus progenitores se separaron antes de que naciera. La Princesita creció ignorando que su papá era japonés, hasta que por intermedio de un amigo de él, también japonés (llamado Julio Itomura), pudo conocerlo. En su libro autobiográfico Mi vida, el mundo que conocí, narra cómo se produjo ese encuentro:

“En la hacienda Macas me esperaba mi padre: bajo de estatura, serio, pero de mirada tierna y cariñosa. Julio me acercó de la mano, posiblemente compadecido por mi repentino inmovilismo. Mi padre hizo lo propio, se acercó muy lentamente, y de inmediato me dijo: ‘tú parecer igualita a mi hermana’. Yo sólo pude sonreír nerviosamente, tal fue el impacto de aquel momento que no sé cómo describirlo, sólo puedo decir que las lágrimas que se agolparon en mi rostro fueron las primeras que sentía de franca, abierta, verdadera felicidad”.

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Perfil
Angélica Harada nació el 30 de mayo de 1938. A lo largo de su dilatada carrera ha recibido infinidad de reconocimientos, entre ellos: las Palmas Artísticas, otorgadas por el Ministerio de Educación en 1989; fue condecorada como artista destacada por el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social en el 2008; y fue distinguida como Personalidad Meritoria de la Cultura Peruana por el INC en el 2010.

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* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 50, octubre 2010 y editado para Discover Nikkei.

 

© 2010 Asociación Peruano Japonesa / © 2010 Fotos: Asociación Peruano Japonesa.

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