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Los beisbolistas y sus descendientes que quedaron amarrados en el equipo Vancouver Asahi

Nikkei Legacy: The Story of Japanese Canadians from Settlement to Today por Toyo Takata (1983)

Quisiera relatar mi tarea de seguimiento del equipo de beisbol Vancouver Asahi en estos 30 años, pues al leer el artículo “La historia familiar de Kenichi DOI, pitcher (lanzador) del Vancouver Asahi”, de Yobun Shima, publicado en la serie “Más Que un Juego: Deportes Nikkei”, no pude más que motivarme a expresar mis pensamientos.

* * * * *

Mi interés por la leyenda del equipo Vancouver Asahi ha sido por la obra Asahi: A Legend in Baseball, del autor Pat Adachi que fue publicado en 1992. Un día cuando me encontraba en la edición de Nikkei Voice vino Pat y me dijo: “Tengo que pedirte un favor”. Me trajo una caja con varias porciones de torta y me dice: “Es para tus hijos”. Desde ese momento, comencé a trabajar en la traducción y diagramación al japonés de esa obra escrita por él. El padre de Pat llamado Iwaichi Kawashiri fue uno de los dirigentes de la primera generación “issei” que realizó grandes esfuerzos para la comunidad nikkei, y para mí era una persona muy respetable y estaba muy agradecido en muchas cosas.

La presentación de la publicación fue el 28 de agosto de 1992 en una sala de Nikkei Bunka Kaikan donde tuvimos el gran honor de tener a 11 de los ex-jugadores de beisbol del equipo mencionado y que Ken Kutsukake (receptor) presentó a cada de ellos. Fue un momento de muchísima alegría que lo compartí con Pat. Fue cuando todos los jugadores del equipo Vancouver Asahi estaban presentes en un arco no visible de Canadá para que sea también conocido en Japón. Tanto Yobun Shima como yo en calidad de descendientes de esos baluartes, nos encontrábamos dentro de ese arco ligados uno con otro.

Pat Adachi (primera fila a la derecha) le regaló a su padre, Iwaichi Kawashiri (primera fila a la izquierda), el libro ASAHI: A Legend in Baseball en el Hospital Castlewood Wychwood Towers de Toronto en 1992. Última fila desde la derecha: Mickey Maekawa (lanzador) y Ken Kutsukake (cácher). Foto por Yusuke Tanaka.

Quien fuera el director técnico del equipo Vancouver Asahi, Eddie Kitagawa, nos decía: “Nosotros los “nisei” (segunda generación) disfrutábamos del beisbol solo porque nos gustaba”. Cualquier japonés diría “jugar al beisbol” pero él decía que disfrutaba jugando a este deporte, lo que me pareció algo muy particular. Indudablemente, en esos años de 1920 cuando Kenichi Doi jugaba al beisbol aún se podía disfrutar este deporte.

Hacia el año 1921 el equipo Vancouver ASAHI fue a Japón donde disputó 22 partidos con equipos de universidades y escuelas de la secundaria, cuyo resultado fue de 11 victorias, 10 derrotas y 1 empate. Aun así, al finalizar los partidos el tirador (pitcher) de ese entonces Tokikazu Tanaka (Hojo) se fue a Fukuoka para casarse con quien se carteaba, la Srta. Kizue. Vaya, vaya, verdad? En eso no dejó ningún hueco ni derrota y su triunfo fue casarse. Sin embargo, como Hojo había sido director de escuela de idioma japonés en la preguerra durante la IIº Guerra fue recluído en el Centro de Prisioneros de Guerra de Angler donde fue uno de los dirigentes más destacados y en sus diarios ha dejado testimonios de suma relevancia.

El beisbol deja de ser un deporte de distracción para los nisei cuando ganan por 2º vez el Torneo de la Terminal League de 1930. La razón es que la comunidad de inmigrantes japoneses mostraba reacciones muy evidentes en paralelo a lo que sucedía en las relaciones internacionales de Japón en Asia. Ante el incidente de Manchuria en 1931 en donde las tropas imperiales japonesas expanden su presencia en China eso exacerba también los sentimientos nacionalistas de los inmigrantes japoneses. El receptor Kutsukake señaló que el campo de juego ya parecía un campo de batalla por el ambiente que se respiraba, pues en un partido tres de los principales jugadores fueron objeto de bola muerta en un partido y en ocasiones la misma hinchada ingresaba desordenadamente al campo de juego. Cuando ganaban un partido ya parecía una victoria del ejército japonés. El maestro Tsutae Sato de la escuela japonesa me comentó con cierto humor que cada vez que el equipo de la escuela marcaba un punto toda la hinchada gritaba tres veces “banzai”, aunque los jugadores nisei sentían un poco de verguenza.

Los jugadores nikkei pelearon con todas sus fuerzas en cada partido y eso implicó innumerables triunfos y hasta probaron suerte jugar en una liga mayor con nuevos equipos contrincantes para sacar provecho económico, pero Vancouver Asahi no logró ni una sola victoria en esa categoría semi-profesional. El único que logró relevancia fue el jugador de shortstop (entre segunda y tercera base, torpedero o campocorto) Roy Yamamura.

No solamente los muchachos se sintieron atraídos por el equipo Vancouver Asahi sino también las chicas como la nisei Hatsumi Hosoi de la Ciudad de Kobe quien en una ocasión me comentó que era una entusiasta fan del jugador de center field (jardín del centro) Frank Shiraishi y que siempre lo seguía con mucha atención desde la hinchada.

Otro episodio importante es que en 1992 vino a Canadá el locutor de partidos de beisbol del canal de televisión Chunichi Hoso, Norio Goto, junto a su esposa Kyoko. Mientras paseaban en un autobús por la ciudad de Vancouver y hablaban en japonés un nikkei se le acerca y le dice: “De joven yo jugaba beisbol en este Estadio”. Así fue el encuentro con Kaye Kaminishi que posteriormente es la obra Vancouver Asahi Monogatari (2010), escrito por Goto que le dedicó 8 años de minuciosa investigación.

El entusiasmo por Vancouver Asahi se extendió a la esposa de Goto y pude saber que la amiga de su madre llamada Takeki Chiba era la esposa de aquel Kinpei Goto que en 1906 cruzó de polizón el océano en el barco Suian-Maru. Realmente es interesante las vueltas de la historia en cómo se van interconectando unos con otro.

Otro hecho de no puedo dejar de pasar es que a dos cuadras de mi casa en el barrio PAPE de Toronto vivía Shozo Miyanishi quien en 1935 cuando el equipo de Tokio Kyojin vino a Vancouver fueron a ver el partido junto a su amigo Tameo (Ken) Noda, pitcher (lanzador) de Asahi. En esa ocasión justo cuando sacó una foto estaba el legendario lanzador Victor Starffin de la escuela de Asahikawa (Hokkaido), que con sus 18 años ya era un lanzador pocas veces visto en la historia de beisbol. En esos años Starffin era uno de los mejores jugadores pero la guerra lo confina en Karuizawa por ser considerado extranjero de país enemigo. Al finalizar la guerra retorna al mundo del beisbol pero las pelotas no tenían la misma velocidad de antes y va perdiendo protagonismo hasta que fallece en un penoso accidente de tránsito con un tren. Por otra parte, Tameo Noda que ingresa al ejército imperial muere en combate en el frente chino. Starffin y Noda son dos pitcher nikkei que solo cuando jugaban al beisbol podían sentir que estaban en su mundo, en su espacio y en su lugar (Fuente: Articulo del dia 6 de marzo de 2020, titulado “Sporting Niseis of 1930s: Posing on Camera (La juventud de preguerra de los nisei que amaban el deporte). 

Será por eso que el nisei Manabu Doi de Toronto se abocó a construir con entusiasmo un monumento conmemorativo en el cementerio de Cumberland, su tierra natal. Y sobre la vida de Kenichi Doi hasta entonces se me había pasado o no le había prestado la debida atención. Supe también que Tokugi Suyama conocía el nombre del lanzador Ken Nakanishi que fue muy reconocido hacia el año 1933. Sin embargo, cuando visité el Museo de los Inmigrantes Japoneses de Yokohama en 2018 y hablando con un guía voluntario de ese establecimiento me dice: “Ah, Ken es mi tío”. Realmente, me quedé más que sorprendido.

El nombre del tío de este guía llamado Teruo Nakanishi era Kanekichi Nakanishi, oriundo de Hiroshima que había emigrado a Cumberland en 1891. Teruo hizo un seguimiento de su historia familiar durante 7 años y pudo constatar que su tío Ken había sido soldado y había escrito un diario bastante minucioso en el frente continental (China). Shima como Nakanishi estaban interrelacionados de alguna manera con el mundo de Vancouver Asahi.

Estas historias están ligadas por un hilo formando una red no visible. La vida de cada uno de ellos está relacionada entre sí aunque a veces no se den cuenta. La publicación Nikkei Voice fue creado en 1987 y uno de los editores y fundadores que es Joy Kogawa lo sintetiza de la siguiente manera: “Everything is connected” (todas las cosas están conectadas).

El historiador y filósofo italiano Croce dice: “Toda historia es una historia contemporánea”. Eso significa que los recuerdos incorporados en mi ADN están indefectiblemente ligados con la misma humanidad y, además, significa que la manera de ver esas verdades o cómo percibirlas van cambiando permanentemente. Señalo esto porque he podido apreciar que la manera de percibir la historia va cambiando con mis cambios y con los cambios de la sociedad.

La búsqueda de las historias de Yobun Shima comienza con liberar de sus leyendas y mitos la historia de los jugadores de Vancouver Asahi de hace 100 años y va descubriendo con nombre y apellido la vida de cada uno de ellos para que tengan protagonismo y revivan actualmente. Cuando Shima descubrió la foto de su tío Shoichi es muy probable que de alguna manera Shoichi le haya pedido que lo busque y reconstruya y conecte estas historias.

Para finalizar no quiero dejar de mencionar que hacia el año 1910 Shoichi Shima de Vancouver Asahi se enfrentó también al equipo Victoria Nippons donde estaba si mal no recuerdo el center fielder George Tatsuo Nagano. En la foto adjunta del equipo Nippons el que está en el extremo izquierdo es George que es el hijo mayor del primer inmigrante japonés a Canadá, Manzo Nagano. No tuve el gusto de conocerlo en persona a George pero sí a su hija mayor Jun Morisaku (la primera nieta de Manzo) en la ciudad de Toronto y nos escribimos por más de diez años por lo que pude escribir varios artículos sobre su vida.

Jun me regaló una preciosa corbata hecha a mano utilizando las telas que había sobrado de cuando trabajó en la fábrica textil de Los Angeles. Para mí esta corbata es un tesoro muy importante que me relaciona con el pionero Manzo Nagano.

Y mi actual desafío es qué herencia patrimonial puedo dejar a las siguientes generaciones.

 

© 2021 Yusuke Tanaka

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