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110 años de la Inmigración Japonesa a Brasil: Devolución de la Escuela Japonesa de Santos y el verdadero final de la IIº Guerra. Superando la discriminación para una convivencia en paz - Parte 2

Lea parte 1 >>

El “Exodo Egipcio” de los inmigrantes japoneses de Sudamérica

Kami nació el 15 de marzo de 1922 en la localidad de Nogata de la Prefectura de Fukuoka y a los 11 años vino a Brasil junto a sus padres. Al comienzo se ubicaron en la Colonia Hirano, luego se mudaron a la Colonia Monte Alegre muy cerca de Bastos, y después de la IIº Guerra Mundial se fueron a Lins y en recien en 1956 llegaron a Santos.

La Colonia Hirano es una de las más antiguas que se instalaron en masa pero en ese entonces el no conocimiento de la malaria hizo que en solo medio año murieran más de 70 personas. Esa tragedia es bien conocida pero esos pioneros abrieron camino en las selvas vírgenes. Y en Bastos y Lins formaron una comunidad nikkei muy nutrida y organizada.

Cuando Kami tenía 19 años, en diciembre de 1941, se produce el ataque japonés a Pearl Harbour. Al mes siguiente, los Estados Unidos realiza en Río de Janeiro una Reunión de Cancilleres Panamericanos, donde excepto Argentina, los 10 países participantes (incluye Brasil) aprueban la ruptura de relaciones económicas y diplomáticas con los países del Eje.

Desde ese entonces la opresión y la vigilancia hacia los inmigrantes japoneses se hizo cada vez más evidente y desde enero de 1942 se prohibió el uso del idioma japonés en los lugares públicos como así también no podían mudarse ni trasladarse sin la autorización de Seguridad Pública. De esta manera, los japoneses quedaron inmovilizados y aislados en sus domicilios o áreas de residencia como si fueran extensos campos de concentración.

Brasil estuvo del lado de los aliados por ende sus barcos mercantes que se dirigían a los Estados Unidos fueron blanco de los submarinos alemanes. A ese efecto, el gobierno brasileño tomó medidas más rígidas contra los inmigrantes de los países del Eje confiscando sus bienes. Desde el mes de abril de ese año la Policía Secreta DOPS arrestó a varios dirigentes importantes de la comunidad japonesa por sospecha de espionaje e incluso fueron objeto de torturas.

De allí surge en mayo de 1942 la Ayuda Mutua de Católicos Japoneses de Sao Paulo con el fin de ayudar sigilosamente a sus connacionales detenidos. En ese entonces estaba totalmente prohibido que más de 3 personas se reunan en los lugares públicos, pero gracias al apoyo del Arzobispo José Gaspar se pudo canalizar estos gestos de solidaridad. A través de la Iglesia Católica se pudo mantener cierta comunicación y alcanzarles ropas y libros a los japoneses detenidos. Cabe recordar que Brasil recibió en su momento a muchos cristianos perseguidos pero durante la guerra los mismos japoneses tuvieron estos gestos de caridad y ayuda.

A medida que pasaban los meses el número de barcos brasileños y americanos con carga hundidos por los submarinos alemanes aumentaba por lo que a partir de 8 de julio de 1943 los ciudadanos pertenecientes a los países del Eje debieron en un plazo de 24 horas desalojar sus viviendas y negocios del área costera de la ciudad de Santos. Los italianos eran tantos que quedaron fuera de esta medida, pero 6.500 japoneses y más de un centenar de alemanes tuvieron que vender o rematar sus enseres - fruto de sus ahorros y esfuerzos - a precios irrisorios para luego ser enviados y reubicados en algún lugar a punta de fusil de la Policía.

Había mujeres embarazadas y personas enfermas donde el marido o la cabeza de familia no se encontraba allí y no había forma de ubicarlo, pero aún así fueron detenidas provocando un gran daño psicológico y emocional en algunas personas. En esas circunstancias la Escuela Japonesa de Santos fue confiscada. Koichi KISHIMOTO que en ese momento era periodista compara esta situación de los inmigrantes japoneses con el Exodo egipcio que huyen para buscar la tierra prometida.

La lucha interna entre “ganadores” y “perdedores” tiene su origen en la persecución hacia los japoneses desde la pre y durante la IIº Guerra

En el informe de la Asociación de Ayuda Mutua hay una columna de “reubicados durante la guerra” donde se señala que en 1942 unas 1500 personas del Barrio Conde y en 1943 unas 6500 personas de Santos fueron desalojados. Desde 1942 que es el año donde se produce la ruptura de las relaciones diplomáticas entre el Brasil y Japón hasta 1952 que es el año donde el Embajador de Japón toma poseción, la asociación contabiliza un total de 17.000 personas asistidas, donde hubo personas con escasos recursos y hasta con serios problemas mentales. Lo que debiera hacer un Consulado que debe proteger a sus nacionales, una asociación privada asumió dentro de un contexto no habitual esas responsabilidades humanitarias.

Documento donde consta las diversas actividades de apoyo de la Asociación de Ayuda Mutua. En 1942 fueron desalojados del Barrio Conde unos 1.500 japoneses y en 1943 fueron expulsados de Santos otros 6.500 como parte de la persecución a los inmigrantes japoneses.

En un documento de marzo de 1953 de la Asociación de Ayuda Mutua señala la existencia de japoneses en estado demencial en los Hospitales Psiquiátricos de Juquerí y Pirituba donde había unos 7.000 internados, de los cuales 700 eran de nacionalidad japonesa.

Eso significa que durante el Gobierno Dictatorial de Vargas que profundiza la persecución de los nacionales de los países del Eje muchos inmigrantes japoneses terminan en una situación psicológica deprimente. Los diplomáticos pudieron regresar en julio de 1942 en un barco de intercambio de prisioneros lo que provoca un sentimiento de soledad y abandono muy grande que en mi opinión podría ser una de las principales causas de la posterior lucha interna entre ganadores “kachigumi” y perdedores “makegumi”.

El Japón de esos tiempos

En esos tiempos casi el 90% de los inmigrantes japoneses fueron a Brasil para trabajar y ahorrar durante 5 a 10 años y luego regresar a su pueblo natal con mucho dinero de manera exitosa. Por eso, como eran “dekasegui” (ahorrar mucho y regresar) se basaban toda su organzación al estilo japonés. Si el objetivo era radicarse permanentemente hubieran hecho estudiar a sus hijos en las escuelas de Brasil y se habrían adaptado más a la sociedad local.

Durante la Administración Vargas los inmigrantes japoneses fueron considerados ciudadanos de país enemigo donde la opinión pública creía en la teoría del “peligro amarillo”. Durante años los japoneses fueron objeto de burla, humillaciones y exclusiones.

Dentro de un ambiente social así algunos japoneses no podían dejar de extrañar a su país y a su familia y por eso terminaron con una fuerte depresión. Muchos japoneses eran oriundos de pequeñas aldeas rurales y desde luego jamás habían ido al exterior. Por la guerra no pudieron regresar por más 10 años a su país y no es difícil imaginar que esa extrema desesperación y añoranza se manifestaron en estados emocionales a veces enfermizos.

Aún hoy donde hay innumerables servicios de apoyo a quienes los destinan al exterior, hay empleados de grandes empresas y estudiantes universitarios japoneses que no se adaptan a la vida en el extranjero. Yo mismo no he regresado a Japón por 6 años y cuando retorné todo me parecía novedoso por las cosas que había, de que en una tienda de conveniencia podía sacar fotocopias a color o retirar dinero de un cajero automático, como así también ver dulces y postres sabrosos en las góndolas que extrañamente me causaron cierta emoción.

Desde luego, durante la guerra por más que anhelasen desesperadamente regresar a Japón, nadie tenía esa alternativa. Muchos tuvieron que reprimir sus sentimientos y aunque el entorno se burlaba o los humillaba algunos pensaban que algún día podían tomar la revancha y demostrar que son mucho más. No perdieron la esperanza de que alguien demuestre que los japoneses son mejores. Será por eso que muchos se ilusionaron de que el Ejército Imperial de Japón llegaría en algún momento a Brasil y les daría una buena paliza al gobierno brasileño.

Dentro de esa fantasía se sentían que eran los mejores del mundo para sentirse fuertes y orgullosos moralmente. Esa tergiversación emocial es lo que había de raíz en los ganadores “kachigumi” de la guerra. Aun después de la rendición de Japón seguían creyendo que su país estaba ganando la guerra y negaban que su Patria se había rendido.

Para colmo ya en 1941 los diarios de la colectividad japonesa fueron forzados a cerrar y la única fuente informativa era Tokio Radio de ondas cortas de la NHK que llegaba de Japón.Todos los dias se informaban de los comunicados oficiales del Cuartel General Imperial donde señalaban que sus tropas seguían ganando en todos los frentes. Y en cuanto a las noticias de los diarios brasileños que llegaban de los países europeos para los colonos japoneses era “propaganda de los Aliados y que Japón seguía ganando”. Esa percepción era la que tenían casi todas las colonias japonesas. Por eso, cuando en agosto de 1945 los diarios brasileños anuncian la derrota y rendición de Japón y hasta Tokyo Radio anuncia el fin de la guerra con el mensaje del Emperador, para esos japoneses ese resultado no era posible aceptarlo.

Para estos japoneses la rendición de Japón implicaba la desaparición de su país y de la familia Imperial. Significaba que no tenían dónde regresar y que todo los esfuerzos por ahorrar y llevar dinero a su pueblo natal ya no tenía significado alguno.

Día a día llegaban muchas noticias sobre el fin de la guerra y la rendición de Japón. Para los colonos no era posible creer eso. Admitir la derrota era echar por la borda todo su sustento existencial y desde el fondo de sus sentimientos rogaba que Japón ganase la guerra. Para aliviar esa ansiedad de extrañar tanto al Japón y asumir una realidad donde Brasil sería su nuevo hogar llevaría una década o más para muchos japoneses.

El aislamiento y la concentración de colonos japoneses provocó profundos traumas psicológicos y una situación esquizofrénica. En ese estado emocional se produce un choque frontal entre los “ganadores” y los “perdedores”. La frustración en su máxima expresión provocó heridas físicas y psicológicas entre los mismos inmigrantes japoneses. No se puede explicar ni hacerlos responsable de este fenómeno solo desde la locura o el fanatismo.

Si en esos momentos el gobierno de Japón hubiera estado más cerca y con recursos para asistirlos, seguramente a los más extremistas o enfermos mentales los hubiera retornado al país de origen. Pero, teniendo en cuenta que al finalizar la guerra solo de Manchuria regresaron cerca de 1 millón de colonos es de entender que para el gobierno de Japón era imposible hacerse cargo de sus nacionales que vivían en Sudamérica.

Parte 3 >>

 

© 2018 Masayuki Fukasawa

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