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Mary Higa y Daisuki Mensore: emprendimiento con kimochi

Aunque tiene un nombre corto, tiene mucho por contar. Mary Higa resume su vida con esta frase: “Siempre miro para adelante”. Hace 5 años abrió con mucho esfuerzo su tienda de regalos en el distrito limeño de San Miguel. Actualmente, Mary participa en todos los eventos de la colectividad nikkei, ofreciendo novedosos productos así como artículos de Japón. Por su carácter espontáneo y siempre atento, ha ido ganándose la preferencia del público. Detrás del mostrador, Mary nos cuenta cómo comenzó.

«Prácticamente, nací en la bodega»

Los padres de Mary tenían una bodega en el Rímac, en donde Mary pasó toda su infancia y adolescencia. Mientras su mamá atendía, ella dormía en la caja de leche que estaba debajo del mostrador. Mary recuerda que era la época en donde había un negocio de nikkei en cada cuadra y entre todos acordaban los precios. «¿Para qué pelear? Hay para todos», decían. No existía la competencia que hay ahora. Mary ingresó a la universidad para estudiar Contabilidad. Su primer trabajo fue en la perfumería de la familia Murakami en Magdalena y luego, en la farmacia de los Higa. Desde ese momento, Mary se dio cuenta de que le gustaba atender al público y no estar sentada en una oficina.


«Siendo dekasegi, me atraían los deepatos»

Fue una época difícil, en donde la crisis económica apretaba los hogares peruanos. Pero como un alivio, también era la época del «boom de los dekasegi», en donde muchos nikkei viajaron a Japón para trabajar. Mary estaba en la mitad de la carrera cuando dejó la universidad. Viajó a Japón como dekasegi y siempre que veía los deepatos (tiendas por departamentos), soñaba con tener un negocio similar en Perú. Después de casi 10 años, regresó a Perú con su esposo Juan Carlos. Querían invertir en un negocio pero no resultó. Su esposo tuvo que regresar a Japón y Mary se quedó en el Perú, teniendo ya dos hijos.


«Vendí gelatinas: no quería depender de las remesas»

Aunque su esposo enviaba remesas todos los meses, a Mary no le gustaba ser dependiente y quería hacer algo para ayudarse económicamente. Sus hijos tenían 4 y 8 años cuando decidió vender gelatinas. Había aprendido a hacer gelatinas en 3D y salía con su azafate para venderlas en su barrio. De puerta en puerta, sus vecinos, nikkei y peruanos, le compraron todas las gelatinas. «¡Me sentía tan contenta!», cuenta Mary. Pero hubo alguien que no lo veía bien: «¿no te da vergüenza vender así, tocando de puerta en puerta en el barrio?», le dijo. Ese comentario la entristeció, porque Mary lo hacía por sus hijos. Pero fue una amiga quien la alentó a seguir adelante. Así fue que Mary no solo vendía gelatinas 3D, sino también, maquillaje por catálogo, ropa, manualidades y aprendió a hacer chocolates y hasta tortas para matrimonio. Incluso llevando a sus hijos en un carrito, Mary salía a vender.


«Mi esposo regresó por los chicos»

Mientras su esposo estaba en Japón, Mary era mamá y papá para sus hijos. Su esposo tuvo que dejar a la menor de sus hijos cuando ella tenía apenas 1 mes de nacida, regresando al Perú cuando cumplió los 5 años. En total, fueron 10 años de idas y venidas entre Perú y Japón, en donde su esposo se perdió de los mejores momentos: el primer diente o el primer día de nido de los hijos. Pero llegó un momento en que los hijos necesitaban a su papá y se arriesgaron: su esposo regresó al Perú y abrieron una tienda.


«Daisuki Mensore, lleva las iniciales de mis hijos»

Eligieron el rubro de bazar porque a Mary le gustaba y también porque ella tenía experiencia atendiendo al público. El nombre de la tienda nació de las iniciales de sus 3 hijos: Diego Minoru, Daniel Masaru y Demi Mitsuki. ¡Qué mejor omamori (amuleto) que poner el nombre de los hijos! Así fue que su esposo propuso «Daisuki Mensore», combinando el japonés «daisuki» (me encanta) con el uchinaaguchi o idioma de Okinawa «mensore» (bienvenido), por sus raíces okinawenses. En sí, fue un trabajo en familia: su esposo dio el nombre, su hijo mayor diseñó el logo de la tienda y el hermano de Mary fue quien incluyó el sanshin (instrumento de cuerda de Okinawa) en el logo.

Mary Higa, su mamá, su esposo y sus tres hijos, celebrando el cumpleaños de Mitsuki, su hija menor. (Foto: Mary Higa)


«El apoyo comenzó con mi mamá»

Mary cuenta que su esposo viene a ayudarla a la tienda, después de salir de su trabajo. Sus hijos son quienes la actualizan con lo que está de moda y le sugieren la mercadería que podría venderse en la tienda. Algunos familiares y amigos también le muestran su apoyo, sobre todo en los momentos difíciles. «Ahí es donde siento el kimochi» (cariño). De su mamá, Mary se siente muy agradecida, porque recibe un apoyo enorme. Cuando el esposo de Mary estaba de viaje, su mamá siempre ha estado con ella. Incluso hasta ahora, la mamá de Mary se queda en la casa cuidando a los nietos mientras Mary trabaja en la tienda. Su mamá ya tiene 80 años, pero parece de 50, cuenta. «Siempre está pendiente de mí y quiere venir a la tienda, aunque sea estando paradita en la puerta para pasarme el candado para cerrar». Hasta ahora, recibe el apoyo de su mamá.


«Llevo el trabajo a casa»

Mary apenas tiene tiempo para descansar. Se acuesta a las 2 de la mañana y se levanta a las 6. Ha trabajado incluso en feriados y navidad. «Creo que mi tiempo se divide en un 80% para la tienda y 20% para la casa», asegura. Sus hijos son quienes le piden que pase más tiempo con ellos, pero como decía el papá de Mary: «Cuando tienes negocio: si no trabajas, no comes». Aunque es un sacrifico enorme para todos, sus hijos lo entienden en el fondo. Mary cuenta que cuando hay un evento, toda su familia se pone el “uniforme verde” de la tienda. Ella mandó a confeccionar media docena de happi (chaqueta utilizada en los festivales o matsuri) de color verde con el logo de la tienda para cada uno de los miembros de su familia, que son 6. Según Mary, «verlos vestidos así, significa un gran apoyo que me pone muy contenta».

Mary Higa y su familia usando el “uniforme” de Daisuki Mensore: happis verdes. (Foto: Mary Higa)


«La gente se sorprende de lo que tengo ahora»

Mary tenía el sueño de tener una tienda propia y ya lo cumplió. Reconoce que ha sido difícil, pero «cuando me ponen una traba en el camino; no me desanimo, sigo adelante», dice. La mayor recompensa para ella es cuando los clientes le agradecen por el buen servicio o cuando le hacen publicidad a su tienda pasándose la voz. Además, Mary está haciendo algo que le encanta: atender al público. Actualmente, participa en diversos eventos de la colectividad nikkei en Lima, como el Okinawa matsuri en febrero, el matsuri AELU en noviembre y el Undokai AELU de fines de abril. Incluso la invitan en ferias y colegios fuera de la colectividad nikkei, lo cual la pone muy contenta, porque significa que su tienda cada vez es más conocida. «El público peruano tiene bastante acogida por los productos japoneses», cuenta Mary.

Mary Higa y su hija menor en frente de su puesto en un matsuri. (Foto: Mary Higa)

Al concluir la entrevista, Mary Higa nos revela su principal secreto de su éxito: “esta tienda nació, más que nada, del ganbatte (esfuerzo) y las ganas de seguir adelante”.

Además de la tienda, Mary administra la página de Facebook de la tienda (Daisuki Mensore), en donde se puede ver los productos que ofrece.

 

* Artículo adaptado para Discover Nikkei y publicado originalmente en el diario Peru Shimpo el 1 de mayo de 2018.

 

© 2018 Milagros Tsuykayama Shinzato

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