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Japonés: La cultura detrás de un idioma 

En la APJ se dan clases de japonés y actividades de shodo para incentivar su estudio. (Foto: Asociación Peruano Japonesa)

Estudiar un idioma es una forma de conocer la cultura de un pueblo o un país. Y para conocer la milenaria y la moderna cultura del Japón es necesario estudiar su lengua y sus formas de escritura (hiragana, katakana, kanji y rōmaji), además del shodō (la caligrafía japonesa) no por un deber, sino por el disfrute que produce su aprendizaje. Lo saben los que lo enseñan, los que lo han aprendido y los que lo estudian.

En Perú existen pocos lugares donde puede aprenderse el japonés. El más conocido es la Asociación Peruano Japonesa (APJ), que cuenta con cerca de 40 profesores (ocho de ellos nativos japoneses) para los cerca de 450 alumnos que estudian todos los meses en los tres niveles de enseñanza. Contrariamente a lo que se podría creer, el mayor porcentaje de alumnos son jóvenes interesados en la subcultura japonesa, y que desean estudiar o vivir en Japón.

“Los chicos vienen por el manga, los animes y la música pop, pero acaban interesándose por la historia, la literatura y la cultura japonesa tradicional”, afirma Antonio Takayama, coordinador pedagógico del Departamento de Idioma Japonés de la APJ, a través del cual se ofrecen diversos servicios para los interesados, de cualquier edad, en estudiar o poner en práctica el nihongo.

Los seminarios, conferencias y cursos de actualización y perfeccionamiento para docentes de japonés, a nivel nacional, es un servicio que ofrecen como parte de su tarea de difundir el idioma. Este año, ofrecerán asistencia a profesores de seis provincias del Perú donde, si bien no hay academias especializadas en su enseñanza, sí hay profesores en institutos o universidades deseosos de darlo a conocer.

Pasión antes que negocio

Si bien hay una demanda sostenida en la APJ y existen otros centros de estudio como la Universidad Nacional Agraria La Molina, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (ambas en sus centros de idiomas) y la Universidad San Ignacio de Loyola (como parte de su carrera de Negocios Internacionales), el idioma japonés aún no se ve como una puerta para encontrar trabajo en su país de origen.

Takayama señala que en Cusco algunos jóvenes quieren aprender japonés para trabajar como guías turísticos y que la mayoría de estudiantes apuntan a una especialización o una carrera profesional como intérprete.  “Las becas son pocas como para pensar en estudiar el idioma solo por este motivo”, aclara que puede ser un mercado atractivo para el trabajo de guía pero no debe perderse la perspectiva de acceder a las becas existentes.

Lejos de ahuyentar a los jóvenes que sueñan con viajar a Japón, el idioma hace crecer en ellos una pasión que se palpa en los clubes de shodō o de conversación para los jóvenes, ex becarios y japoneses residentes en el Perú, quienes también se encuentran con espacios recreativos para compartir anécdotas e inquietudes sobre la práctica de este idioma.

 

Viviendo el idioma

Denise Goshima nació en Perú, es arquitecta y nikkei de segunda generación. Sus abuelos hablaban japonés pero sus padres no, por eso ella tuvo que aprender el idioma en un par de escuelas (en APJ y en Ichigokai) antes de viajar a Fukushima, en 2008, para hacer su especialización; regresando un año después para obtener su maestría. Ella dice que lo que más cuesta es soltarse y hablar sin preocuparse por las equivocaciones.

“Lo importante es que la gente te entienda y que pierdas el miedo a hablar en japonés”, opina Denise, quien confiesa que cuando llegó a Japón no se sentía preparada para usar el idioma, pero que las conversaciones coloquiales la ayudaron a familiarizarse. Además, en la universidad donde estudió le asignaron tutores y le explicaban algunos temas técnicos de la carrera en inglés.

“Leer un periódico es lo más complicado”, dice Denise, tanto por la escritura como por el contexto. Además, hubo otras situaciones para las que no estaba preparada. “Hay ciertos códigos que hay que conocer”, añade contando que existe un lenguaje coloquial, uno medio formal que se usa con los alumnos mayores (los senpai, los de mayor experiencia) y uno muy formal para dirigirse a los profesores. “Por eso yo recomiendo a quienes viajen a Japón hablar antes con alguien que haya estado allá”.

Denise Goshima estudió japonés y viajó Japón para hacer una maestría. (Foto: Archivo personal)

Un largo aprendizaje

El escritor argentino Jorge Luis Borges dijo en 1985: “de algún modo seguiré estudiando japonés después de mi muerte corporal” para referirse a lo inagotable que es este idioma.  “En japonés creo que hay nueve modos de contar las cosas, y las palabras varían también según los números […] hay un sistema que sirve para contar cosas largas y cilíndricas; este bastón o un lápiz o un taco de billar. Hay otro para contar animales chicos o grandes”.

Su conferencia “Mi experiencia con el Japón” ilustra lo que les sucede a muchos: aunque tiene una gramática menos complicada (no se conjugan los verbos como en el español, por ejemplo), hay aspectos que solo pueden entenderse cuando se sabe que algunas palabras encierran conceptos y no solo objetos o personas. Por si fuera poco, la enseñanza del japonés es distinta a la del inglés, ya que se trabaja memorizando situaciones.

Una de las formas en que se le enseña a los niños a escribir es relacionando los caracteres con el objeto que representan por la similitud de los trazos. Hay kanjis que son ideogramas y otros son pictogramas. La forma más usual de conocer algunas palabras es leyéndolas en rōmaji (caracteres romanos según la pronunciación en japonés), donde, por ejemplo, お弁当 significa caja de almuerzo y se debe leer como ‘obentou’.


Un país lleno de cultura

Se dice que la cultura japonesa es muy cerrada, lo que quizá tenga su origen o consecuencia en el hecho de que su idioma se habla en un solo país. Para conocerla a cabalidad hace falta conocer el japonés. Borges afirmaba que en la poesía japonesa casi no hay metáfora, “no se compara una cosa con otra. Es como si los japoneses sintieran que cada cosa es única”. En japonés, hay palabras que se refieren a ideas únicas y muy específicas.

La expresión japonesa ‘Tsundoku’, por ejemplo, se refiere a los acumuladores de libros que los compran pero no los leen; solo los acumulan. Denise Goshima recuerda una que llamó mucho su atención: ‘enrio’, la costumbre de no tomar el último bocado de una bandeja en una reunión por cortesía, esperando que sea otro el que lo haga. Y también una que usó y que ahora echa en falta en el español: daijoubu (que puede usarse para decir que no necesitas ayuda, o para preguntar si alguien que se ha caído está bien).

El japonés es, en sí, un idioma lleno de cultura, sin contar los haikus, el origami, ikebana, las ilustraciones japonesas, ceremonias y religiones. Actualmente, existen muchas formas de acercarse a él mediante blogs como Gambateando (del peruano Roberto Galarza), con videos que te ayudan con la pronunciación y en libros como Japonés en viñetas, del español Marc Bernabé.

Existen distintas formas de estudiar japonés. Izquierda: libro con método convencional. Derecha: portada del libro Japonés en viñetas, de Marc Bernabé.


Enseñar japonés

La profesora Ana Takahashi durante una clase de japonés en la APJ. (Foto: Javier García Wong Kit)

Ana Takahashi es profesora de japonés en la Asociación Peruano Japonesa y cree que el manga, anime y J-pop, así como el internet, ayudan a que los estudiantes conozcan más el nihongo y lo aprendan más rápido. “Un alumno de japonés que no se interese por estos temas estará en desventaja con sus compañeros”, dice señalando que para entender un idioma hay que entender su cultura.

Viajar a Japón es otra recomendación que hace para quienes quieran dominar el idioma. No es lo mismo ser turista que vivir en el país, estudiar y trabajar. Con esto último es que se llega a conocer más la idiosincrasia del japonés, en aspectos como la puntualidad y la relación laboral. “Hay que vivir el idioma”, dice. Por eso, en clase siempre hace hablar a los alumnos. Desde el nivel más bajo, todas las clases son en japonés.

“A veces salimos en grupo y practicamos en la calle situaciones reales”, cuenta la sensei Ana, quien comparte con sus estudiantes aspectos de la vida en Japón como parte de sus clases. Les enseña, por ejemplo, qué es un furuhon'ya, una cadena de tiendas de libros de segunda mano que abundan en ese país. “Tienen hasta siete pisos y pueden encontrar  colecciones de mangas a buen precio”. Vivir el idioma es contagiar ese entusiasmo por un país en el que no dejan de soñar.

 

© 2016 Javier Garcia Wong-Kit

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