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Carlos Yushimito: Los gérmenes de una escritura filosofal

Carlos Yushimito. Foto por Helen Hesse

La obra del escritor peruano Carlos Yushimito Valle (Lima, 1977) es tan peculiar como cautivante y reflexiva, llena de personajes extraños, historias fantásticas y situaciones en las que salen a relucir un estilo narrativo que lo ha encumbrado desde sus primeros años, cuando sus cuentos empezaron a aparecer en revistas universitarias, antologías de jóvenes narradores y publicaciones artesanales o digitales.

Desde entonces, ha cautivado a editores de Perú, Argentina, Colombia, Bolivia, Ecuador, España y Estados Unidos; incluidos los de la prestigiosa revista Granta, que en 2010 lo eligió entre los 22 escritores prometedores de menos de 35 años, junto al chileno Alejandro Zambra, el peruano Santiago Roncagliolo y los argentinos Andrés Neuman, Pola Oloixarac y Samanta Schweblin.

Traducido al inglés, italiano y francés, reeditado e ilustrado, su carrera literaria marcha al lado de la académica que sigue en la Universidad de Brown, en Providence, Rhode Island, donde cursa un doctorado en el Departamento de Estudios Hispánicos que lo ha llevado a escribir ensayos y dar conferencias alrededor del tema de la lectura o sobre su propia arte poética.

“Es uno de los nuevos autores peruanos que arriesgan en su escritura y a su vez se nutren fuertemente de la tradición literaria”, dice Ricardo Sumalavia, responsable de la antología de cuentos (“Selección peruana 2000-2015”, editada este año por Estruendomudo). “Me gustó su diálogo con otros textos, sin caer en lecturas crípticas, sino por el contrario, creando un espectro mayor, mucho más rico y sugerente”, añade el también escritor.


Poética del cuento 

Desde sus primeros cuentos, que circulan por internet y que se editaron en tres libros (“El mago”, en 2004, “Las islas”, en 2006, y “Lecciones para un niño que llega tarde”, en 2011, que recoge varios de los cuentos del libro anterior), Carlos Yushimito mostró una especial predilección por lo fantástico, lo onírico o pesadillesco, con una mirada más alegórica que perversa.

Un ilusionista, un impostor disfrazado, un hombre de hojalata, un periodista en busca de personas con malformaciones físicas, son seres enfrentados a su condición y a su destino, delineados por un autor que prefiere, en palabras de la escritora española Elena Medel, “no decir con tosquedad mientras exista una alternativa que evoque, plena de imaginación y de sugerencias”.

Con “Los bosques tienen sus propias puertas”, editado en 2013 por Peisa (y por Demipage en España un año después), el escritor nikkei volvió a deslumbrar con historias policiales y de ciencia ficción, aunque también acudió a relatos reflexivos que han hecho que su estilo se asocie al de Juan Carlos Onetti o William Faulkner: extractos de una realidad más amplia que parece no caber en historias que han ido haciéndose más largas.

Otros territorios

Carlos Yushimito en la Librería Sur.
Foto por Edgar López.

En julio de 2015, Carlos Yushimito regresó a Lima para presentar dos libros suyos editados este año. La editorial boliviana La Perra Gráfica lo contactó para publicar e ilustrar tres de sus cuentos en una edición artesanal (como la que tuvo su primer libro, “El mago”, hecho por “Sarita Cartonera” en Perú, y “Matapalo Cartonera” en Ecuador). Así nació “Rizoma” (el cuento que da el título apareció originalmente en “Los bosques tienen sus propias puertas”), de relatos fantásticos con serigrafías de Daniela Rico.

El libro de 350 ejemplares numerados fue presentado en la librería Sur (donde el mismo autor había estado hace dos años presentando “Subjetividades amenazadas”, subtitulado “Una relectura de la crisis social en la narrativa breve de Alonso Cuento, Guillermo Niño de Guzmán y Jorge Valenzuela Lima, publicado por Cuerpo de la Metáfora Editores), ante un público que conoce a Yushimito por otros territorios además del cuento clásico.

A los relatos, o “protonovelas” del libro “Rizoma”, como las llama él mismo, le antecedió el cuento infantil “La lavandera”, ilustrado por la artista nikkei Issa Watanabe para el Museo de Arte de Lima, en 2013; y le sucedió “Marginalia” (Odradek, 2015), un libro reflexivo y crítico que muestra otra faceta del escritor de seres mágicos, trágicos y perversos. “Dado que son textos muy íntimos, sin poco filtro con respecto a su “autor”, los imaginé circulando de modo limitado y con ninguna promoción en prensa”.


Filosofía y letras

Portada del libro "Marginalia".
Foto: Editorial Odradek.  

“Marginalia”, subtitulado “Breve repertorio de pensamientos prematuros sobre el arte poco notable de leer al revés”, recoge algunos textos breves publicados en periódicos, revistas y charlas que ofreció en universidades. Intimidad, observación y crítica social se deslizan con libertad por sus páginas en las que se encuentra un esbozo de autobiografía:

Hace diez años que aparento veinticuatro y en la vida real las personas pasan por mi izquierda y siempre encuentro formas de arrugarles el malhumor. Una vez metí un libro mío en un sobre y lo mandé por vía postal. Desde entonces hablo demasiado en público. De otro modo yo sería tan solo el lector de Felisberto (Hernández), Faulkner y Vallejo, de David Lynch; escribir me ayudaría a no estar solo, y publicaría endeudando a mis amigos.

Por qué escribir, la literatura latinoamericana, la moral, el humor, los best seller y hasta la “civilización del espectáculo”, de Vargas Llosa desfilan en anotaciones que el autor solía hacer en libretas o papeles sueltos, algunos de los cuales publicó en redes sociales. “La idea de convertirlo en libro nació como un experimento y sin mucha dirección clara sobre lo que debía ser. Solo la animaba una certeza: Últimamente creo que es bueno plantar una alternativa a la edición comercial, más o menos masiva, de libros”, dice Yushimito.


Nikkei por el mundo

Adonde vaya, Carlos Yushimito será nikkei, es decir, un descendiente de inmigrantes del Japón que no puede ocultar esa identidad que se retrata en su rostro (que no es el de un nipón) y su nombre, que mezcla oriente y occidente. Yoshimitsu, el apellido de su abuelo, significa “el que tiene suerte”, y la de este escritor parece estar cruzando fronteras, donde su pasaporte siempre será un enigma.

Este año le tocó visitar Cusco, Ecuador y próximamente Bolivia, donde dictará un taller de lectura creativa como el que ofreció en Lima, en julio de 2015, en la Casa de la Literatura Peruana. “En ambos talleres surgieron por igual conversaciones exigentes, a veces tímidas, pero múltiples, llenas de perspectivas. A mí me ha servido para reafirmar la necesidad de generar espacios de diálogo y consenso alrededor del libro, precisamente en una época en la que el estímulo de la lectura parece ser tan poco apreciado”.

En “The afinity of the eye, Writing Nikkei in Peru”, de Ignacio López-Calvo, los nikkei del Perú asoman como poetas, narradores testimoniales y de ficción. Yushimito encarna, junto a Fernando Iwasaki, los rostros posnacionales y posnacionalistas de la producción cultural peruano japonesa. Autores heterogéneos por una narrativa que se gestó y que abordó otros mundos (Sevilla para Iwasaki y Estados Unidos para Yushimito, quien ambientó muchas de sus primeras historias en Brasil).


Un germen intelectual

La etimología de germen (a la manera narrativa del cuento “Los que esperan”, incluido en los libros “Lecciones para un niño que llega tarde” y “Rizoma”) viene del latín y significa engendrar, crear. También se refiere a principio. Yushimito cuenta que muchos de sus cuentos surgen de sueños y pesadillas. Por eso tiene, al lado de su cama, una libreta en la que los transcribe.

Esos monstruos han servido para historias como la de “Rizoma” (una papa huayro servida en un restaurante de Lima y que convierte en cinocéfalos, hombres con cabeza de perro, a quienes la prueban); aunque el relato también esté cargado de realidad (un guiño a Ferran Adriá, la cocina molecular y el auge de la gastronomía peruana) y de su estilo metafórico (“somos como las moscas que besan todos los alimentos”, “Los postes arrojaban una luminiscencia orgánica y flotaba amarillenta como un caldo lleno de grasa”).

“Narrativamente creo que sigo creyendo en la capacidad que tiene el lenguaje para expresar la experiencia humana a pesar de sus múltiples limitaciones. Hay mucha gente que piensa, equivocadamente, que me olvidé de escribir “bien”, es decir, de escribir desde el registro mimético realista. Si yo no estuviera dispuesto a cambiar y explorar mis propias capacidades creativas lo que hago, estéticamente, no tendría sentido alguno. En tal sentido, creo que estoy aprendiendo a modelar mi mirada del mundo y de las percepciones del mismo, incluso desde cierta disonancia. Me entusiasma ejercer un poco de fisgón, de husmeador. Llevar esa curiosidad de lector al territorio de la escritura”.

Presentación de "Rizoma" de Carlos Yushimito en la Librería Sur.
Foto por Edgar López.

 

© 2015 Javier García Wong-Kit

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