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Irradiando angustia: La historia de los sobrevivientes americanos de la bomba atómica en su lucha por la indemnización del gobierno estadounidense - Parte 3

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A finales de 1970, los hibakusha americanos continuaban  su lucha por la retribución ante el gobierno federal inútilmente.  Para 1978, numerosos proyectos de ley habían sido presentados por 25 a 30 miembros del congreso, pero ninguno fue siquiera aprobado.1 Detrás de todos estos rechazos existía la idea continua de que los hibakusha americanos “eran parte de una nación enemiga en el momento del bombardeo”.

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Cuando se discute cualquier tipo de ayuda proporcionada por los E.E.U.U a todas las víctimas de la bomba atómica se ha especulado que, “quien fuera que haya proporcionado ayuda médica a los sobrevivientes estaría aceptando una responsabilidad moral e histórica por lo que les había sucedido.  De allí, la insistencia americana de que sea el gobierno japonés el que proporcione el tratamiento disponible”.2 Esta idea podía también aplicarse a los hibakusha americanos, quienes eventualmente tuvieron que depender del gobierno japonés por su ayuda financiera.

Mientras que el gobierno federal no podía declarar de manera justificada el hecho de no tener suficiente dinero, ya que en ese momento habían gastado más de 80 millones tan solo estudiando los efectos de la radiación en los hibakusha de Japón,3 ellos tenían otras razones. La razón más resaltante era la continua política del gobierno federal americano de no entregar dinero, “con el fundamento ex gratia, que surgía de la conducta legal de las actividades militares por parte de las fuerzas armadas estadounidenses en tiempos de guerra”,4 ya que ningún hibakusha americano o activista declaró jamás que la bomba fue de alguna manera ilegal o innecesaria, se les prohibió a ellos usar la Ley Federal de Demandas por Agravio (Federal Tort Claims), bajo la cual podían enjuiciar al gobierno por daños infligidos por el gobierno de Estados Unidos.

Con el fin de que pudieran evadir esta política, los activistas hibakusha americanos empezaron a integrar la idea de que existía la “obligación moral”5 de proveer asistencia médica gratuita por parte del gobierno federal. Además, el Congresista Norman Mineta agregó que el uso de la bomba atómica hacía que el caso de los hibakusha americanos fuera especial, uno que conseguía indemnización financiera del gobierno federal.6 A pesar de que este argumento haya parecido un argumento contundente para la audiencia de reunión del subcomité, compuesto casi enteramente por los simpatizantes del movimiento, la notable falta de comprensión del gobierno federal americano con respecto a los efectos de la radiación quizás hayan desviado la atención del argumento del Congresista Mineta.

Muestras de las notables confusiones con respecto a los efectos de la radiación se hacen presentes durante las audiencias de los “veteranos atómicos” (veteranos que habían sido enviados a Hiroshima tan solo días después de la bomba) y los “downwinders” (los americanos que estuvieron expuestos a la radiación como resultado de estar cerca del lugar de prueba, al igual que los mineros americanos de uranio); al igual que en los medios americanos. Mientras que los veteranos y los “downwinders” no podían ser rechazados debido a la idea de que ellos no eran parte de una nación enemiga, el gobierno americano, en cambio, declaró que sus enfermedades no eran necesariamente causadas por la radiación”.7 No fue hasta 1988 que el gobierno americano se retractó este (ahora se le  conoce como erróneo) argumento y pasó la Ley de Compensación por Exposición a la Radiación (RECA, por sus siglas en inglés) la cual compensaba a ambos grupos, pero no a los hibakusha americanos.

Los medios americanos servían solo para enredar aún más la ya enigmática bomba atómica. El gobierno incluso tuvo que ver con este oscurecimiento. “A inicios de 1945 los oficiales de Los Estados Unidos impidieron la amplia distribución de la mayoría de imágenes de la destrucción de las bombas, particularmente del caos humano que se originó, y suprimió información sobre la radiación, su efecto más atemorizador”,8 a pesar de que después en 1950 y en 1960 con las imágenes explícitas de las guerras de Corea y Vietnam, las imágenes realistas de las víctimas  serían mostradas abiertamente a través de los medios americanos, lo mismo no se puede decir de la bomba atómica. Además, la inmensidad general de la bomba hizo imposible que fuera apropiadamente comprendida y mostrada a través de los medios, censurados en cierto modo.

La confusión que rodeaba a la radiación y a la bomba podía en cierta medida verse también en las experiencias de los hibakusha americanos. En la carta antes mencionada del Sr. Featherstone, escrita en 1978, al Sr, Kuramoto, él declara que sería difícil, “resaltar un solo punto y determinar la relación de la experiencia de la bomba atómica con los problemas de salud actuales”.9 Esta declaración en la carta es bastante errónea porque en 1971, el Dr. Noguchi en realidad probó que muchos de los hibakusha americanos estaban sufriendo de enfermedades relacionadas con la radiación; lo hizo introduciendo un  documento aprobado anónimamente por la Asociación Médica de California.10 A pesar de ello, el Sr. Featherstone y otros dentro del gobierno durante fines de los setenta aún sentían que la radiación no había necesariamente causado las enfermedades de los hibakusha americanos (o de los “veteranos atómicos”/ “downwinders”). A pesar de que los argumentos como los del Sr. Featherstone quizás no hayan aparecido en las audiencias de los hibakusha americanos, aún podría haber habido un aire de escepticismo entre los que rechazaron la aprobación del proyecto de ley.

Mientras que los hibakusha americanos nunca recibirían la indemnización de la fuente que ellos creyeron, eventualmente los hibakusha americanos usaron la asistencia del gobierno japonés.  Japón ya había aprobado un proyecto de ley alrededor de 1970 concediéndole el derecho a todos los sobrevivientes de la bomba atómica, sin importar su nacionalidad, asistencia médica gratuita siempre y cuando estuvieran viviendo en Japón. Muy pocos de los hibakusha americanos buscaron esta indemnización y permanecieron en su país natal, los Estados Unidos, pagando tarifas exorbitantes por cuidados mucho menos especializados. En un movimiento encabezado en parte por el Dr. Inouye, médicos japoneses empezaron a venir a los Estados Unidos una vez al año para proporcionar tratamientos a los hibakusha americanos. Inicialmente solo alrededor de cien hibakusha pidieron este tratamiento, pero a través de los años este se expandiría para incluir casi a todos los hibakusha americanos. Algunos cuantos de los hibakusha americanos, aquellos que necesitaban un tratamiento más extensivo, se les envió gratis a Japón en donde podían recibir tratamiento de doctores expertos en enfermedades relacionadas con la radiación.    

El doctor Mitsuo Inouye examina a un sobreviviente de la bomba atómica. (Recorte del periódico Daily Breeze, 28 de junio de 1987)

Estos doctores japoneses y el tratamiento que ellos proporcionaron prácticamente terminaron la lucha por la asistencia médica gratuita del gobierno de los Estados Unidos, ya que los hibakusha podían acceder a todos los tratamientos que necesitaban. Además, alrededor de 1980, los hibakusha americanos se sentían más americanos que nunca, los proyectos de ley continuaban apareciendo anualmente en el Congreso hasta que su promotor principal, el Congresista Roybal,  tomó una nueva postura en 1992.  De muchas maneras ellos ya no eran los americanos “perdidos”, ya que los hibakusha empezaron a hablar abiertamente en las protestas antinucleares, y prestaron servicio como testigos directos de las atrocidades de la guerra nuclear. Tal como lo estableció el Reverendo Hamoaka: “en el contexto más amplio, las metas de los sobrevivientes han sido satisfechas”.11

Eventualmente, el gobierno americano ayudó financieramente a los hibakusha americanos, aunque no de manera directa, al permitir que los doctores japoneses ejercieran la medicina en los Estados Unidos. Sin embargo, el gobierno federal ni se disculpó ni revisó su posición de que los hibakusha americanos, sin importar su estatus como ciudadanos, fueran parte de la “nación enemiga” cuando se arrojó la bomba. A pesar de que un proyecto de ley que compensara a los hibakusha americanos podría haber sido aprobada eventualmente en el Congreso, especialmente tras seguir la aprobación de la Ley de Compensación por Exposición a la Radiación, el fervor decreciente por los hibakusha americanos mantiene esta noción como una mera especulación.

En todas las audiencias el gobierno americano permaneció escéptico sobre los efectos de la radiación y consistente en su perspectiva de que los hibakusha americanos eran miembros, durante la Segunda Guerra, de una nación enemiga; lo cual, al final, prohibió cualquier forma de compensación directa. Mientras que las rutas de ambos, el Dr. Inouye y los hibakusha americanos, para obtener sus metas arribaron con obstáculos inesperados, solo el Dr. Inouye logro el sueño americano completo. Él ayudó a hacer lobbies y a luchar por los hibakusha americanos, pero al final ellos solo alcanzaron lo que tan solo se puede describir como una victoria incompleta.

Notas:

1. Transcripción de H.R. 8440 de la colección del Dr. Inouye, p. 20
2. Lifton , p. 309
3. “The American Hibakusha”, Race, Poverty & the Environment (online; jstor, 1995), http://www.jstor.org/, 4.
4. Carta del Sr. Featherstone de la colección del Dr. Inouye, p. 1
5. Transcripción de H.R. 8440 de la colección del Dr. Inouye, p. 103
6. Ibíd.
7. Harvey Wasserman and Norman Solomon, Killing our Own: The Disaster of America’s Experience with Atomic Radiation (New York : Delacorte Press, 1982), 3
8. Hein and Selden, p.4
9. Carta del Sr. Featherstone de la colección del Dr. Inouye, p.1
10. Sodei, p. 118
11. De una entrevista en Sodei, p. 119


BIBLIOGRAFÍA

Libros

Davenport, John. The Internment of Japanese Americans During World War II: Detention of American Citizens. New York: Chelsea House, 2010. 
Este libro es parte de la reconocida  Serie “Milestones in American History”, y fue tan solo usado por las fuentes primarias que provee.

Hein, Laura Elizabeth, and Mark Selden. Living with the Bomb: American and Japanese Cultural Conflicts in the Nuclear Age. Armonk, N.Y.: M.E. Sharpe, 1997.
Una amplia gama de autores  e investigadores compilaron este libro, aunque Laura Elizabeth Hein y Mark Selden son considerados como los autores principals ya que reunieron la colección. El libro es una fuente válida e incluso tiene una reseña en jstor.org

Lifton, Robert Jay, and Greg Mitchell. Hiroshima in America: Fifty Years of Denial. New York: Putnam's Sons, 1995. 
Este libro fue escrito por dos de los principales expertos mundiales en todos los aspectos de la bomba atómica, desde los efectos psicológicos de los sobrevivientes hasta los aspectos gubernamentales. El  libro es ampliamente citado y es una secuela al Death in Life: Survivors of Hiroshima  de Robert Jay Lifton, el cual ganó el National Book Award in Science en 1969.

Sodei, Rinjiro. Were We the Enemy?: American Survivors of Hiroshima. Boulder, C.O.: Westview Press, 1998. 
Este libro sirve como una versión extensa y algo actualizada de la sección Living with the Bomb, y tal como la obra antes mencionada el libro reúne abundantes fuentes primarias. Además en el ensayo solo se empleó fuentes primarias e información recopilada reunidas a través de entrevistas que son proporcionadas por el libro.

Wasserman, Harvey, and Norman Solomon. Killing our Own: The Disaster of America’s Experience with Atomic Radiation. New York: Delacorte Press, 1982. 
Este libro, co-escrito por el reconocido Harvey Wasserman, incluye minuciosas notas al pie y fue solo usado para un fragmento de información que es completamente viable. 

Yoo, David. Growing up Nisei: Race, Generation, and Culture among Japanese Americans of California, 1924-49. Urbana: University of Illinois Press, 2000. 
Este libro, que fue publicado por  the University of Illinois Press, es una fuente legítima.  Además esta fuente fue solo usada en el ensayo por sus citas de los japoneses Americanos.

Online

Autor no especificado, “The American Hibakusha.” Race, Poverty & the Environment, Vol. 5, no. ¾ (1995), BURNING FIRES: Nuclear Technology & Communities of Color 4. http://www.jstor.org/.

 

© 2014 Jordan Helfand

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