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120 años de inmigración japonesa al Perú: recuerdos contra el olvido

El 3 de abril de 1959 se conmemoró en el Estadio La Unión el 60 aniversario del arribo del primer grupo de inmigrantes japoneses al Perú. Seis personas que llegaron en el primer barco, el Sakura Maru, estuvieron presentes en el evento. Entre ellas: Kojiro Ito (oriundo de la prefectura de Niigata), Kumazo Sugai (Niigata) y Taichi Tamura (Hiroshima).

60 años después, la colectividad nikkei se prepara para celebrar el 120 aniversario de la inmigración japonesa al Perú. Muchas cosas han cambiado desde entonces. En 1959, solo habían transcurrido 14 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y la colonia japonesa aún se estaba reconstituyendo después de los atropellos sufridos durante el conflicto bélico. Digamos que aún las circunstancias no eran idóneas para celebrar con fastos los grandes aniversarios de la inmigración japonesa al Perú.

La primera vez que la comunidad festejó por todo lo alto fue en 1979, cuando se cumplieron 80 años del inicio de la inmigración. Desde entonces, cada diez años se organizan celebraciones que los nikkei no solo convierten en oportunidades para recordar y destacar a los inmigrantes japoneses, sino también para expresar su agradecimiento al país que los acogió.

Gratitud manifestada en obras como el Policlínico Peruano Japonés, construido con motivo del 80 aniversario; el Teatro Peruano Japonés, por el 90 aniversario; y la Clínica Centenario, con ocasión de los cien años. En el primer y tercer caso, se trata de instituciones médicas que atienden a miles de peruanos diariamente, y en el segundo de uno de los principales escenarios artísticos de Lima.

Clínica Centenario: La Clínica Centenario Peruano Japonesa se construyó con motivo de los cien años de inmigración japonesa al Perú (crédito: Agencia Andina)

Si uno repasa la historia de la comunidad, descubre que esto no es nuevo. Solo para citar dos casos: cuando el Perú cumplió cien años como país independiente en 1921, la colonia japonesa decidió donar una estatua de Manco Capac, el fundador del imperio inca, según la leyenda. La estatua fue inaugurada cinco años después y hasta hoy es una de las obras más icónicas de Lima.

En 1935, cuando Lima cumplió 400 años de fundada, la colonia japonesa donó una piscina olímpica, “Nippon”, donde hoy se asienta el Estadio Nacional, el principal escenario deportivo del Perú. La piscina ya no existe, pero sobreviven fotos que dan testimonio de su existencia y magnitud.

A través de ambas obras, los issei expresaron su agradecimiento al país que les ofreció una segunda oportunidad en la vida y se convirtió en la patria de sus hijos, así como a la ciudad donde la mayoría de inmigrantes se estableció.

RECORDANDO A UN PERSONAJE CLAVE

Cumplir 120 años es un gran aliciente para hurgar en la historia. Los hitos son conocidos: el arribo del primer barco con inmigrantes japoneses el 3 de abril de 1899, los luctuosos años de la guerra (1939-45), la construcción del Centro Cultural Peruano Japonés en 1967, etc.

Cualquier persona más o menos familiarizada con la historia de la inmigración japonesa está informada sobre eso. Sin embargo, más allá de los hechos, hubo protagonistas, gente que hizo historia y cuya vida merece ser rescatada.

Hoy vemos obras, pero desconocemos (o sabemos poco) de sus impulsores. Probablemente el personaje más destacado de la primera mitad de la historia de la inmigración japonesa fue Ichitaro Morimoto, un hombre de negocios nacido en la prefectura de Tottori y príncipal artífice de la estatua de Manco Capac como presidente de la comisión encargada de preparar el obsequio de la colonia japonesa al Perú por su centenario.

Morimoto fue uno de los fundadores de la Sociedad Central Japonesa (hoy Asociación Peruano Japonesa, la institución rectora de la colectividad nikkei) y su presidente en seis periodos.

Asimismo, fue fundador y el primer presidente de la Asociación Estadio La Unión, uno de los principales clubes deportivos del país.

Morimoto tuvo diversos negocios en el Perú (una tienda de artículos japoneses, un taller de muebles, una tienda de instrumentos dentales, etc.) y fue condecorado por el presidente del Perú, Augusto B. Leguía, con la Orden del Sol.

El empresario japonés fue deportado a Texas, Estados Unidos, en 1944, pero pudo volver a Lima en 1947. En 1954, cinco años antes de su muerte, un agradecido Morimoto dijo públicamente: “Llegamos, mi esposa y yo, a este hermoso e hidalgo país que nos acogió con toda bondad el 20 de septiembre de 1904. Nos nacionalizamos peruanos en 1926, demostrando así el profundo cariño e inmensa gratitud para nuestra segunda patria”.

MENTALIDADES DE OTRA ÉPOCA

Detrás de los grandes hechos se cuelan pequeñas cosas que a veces pasan desapercibidas o tienen poco espacio en la historia oficial, pero que vale la pena recordar porque reflejan una época y una mentalidad.

Once días después del saqueo de negocios japoneses el 13 de mayo de 1940, en plena guerra, un terremoto golpeó a Lima. Mucha gente creyó que el sismo era un “castigo” de Dios por las vejaciones sufridas por los japoneses.

El libro Andando 75 años por los caminos del Perú, editado por Samuel Matsuda, narra:

“Se escuchaba decir que ‘(el emperador) Hirohito había presionado un botón y había enviado un terremoto al Perú’. Apenas sintió la violencia del sacudón del suelo, una mujer salió presurosa de su casa y en medio de la calle se arrodilló y mirando al cielo imploró a gritos: ‘Por favor, Señor, yo no he hecho nada malo contra los japoneses”.

Hablando de la guerra, en el Perú también hubo japoneses que se resistieron a aceptar la derrota de su país. Como en Brasil. Aunque los llamados kachigumi no llegaron a los extremos del país vecino, hay registro de su existencia hasta un año tan tardío como 1958, ¡trece años después del fin de la guerra!

MacArthur/Hirohito: Un embaucador hizo creer a los kachigumi en el Perú que Japón había capturado al general McArthur, en la foto con el emperador Hirohito, a quien algunos responsabilizaron de un terremoto que sacudió a Lima en 1940. (Crédito: Gaetano Faillace / U. S. Army)

Una vez, un importante dirigente de la colonia recibió una carta de los kachigumi: “Eres un traidor a la patria. No podemos permitir que sigas vivo porque andas diciendo a todo el mundo que Japón perdió la guerra. Anda despidiéndote de la familia porque pronto pasarán a ajusticiarte”.

Por suerte, nunca cumplieron su amenaza. Sin embargo, el mensaje evidencia el grado de irracionalidad y fanatismo de quienes creían en la invencibilidad del imperio japonés. Tenían una organización clandestina llamada Liga Fraternal Patriótica, cuya ceguera los hizo vulnerables a un embaucador llamado Kenzo Abe, que ingresó ilegalmente al Perú a través de la frontera con Brasil y que decía ser un oficial retirado de la armada japonesa.

Abe llegó a convencer a los kachigumi de que Japón había derrotado a Estados Unidos usando una bomba más poderosa que la atómica y que había capturado al general MacArthur. Asimismo, les hizo creer que una flota japonesa estaba en el Canal de Panamá y que pronto recogería a los japoneses que residían en el Perú para llevarlos de vuelta a Japón.

No duró mucho el hombre en el Perú. Alrededor de cinco meses después de su ingreso, fue arrestado y expulsado del país por entrar de manera ilícita a territorio peruano y perturbar el orden público1.

PIONEROS

Juan Ohata, Víctor Tateishi, Francisco Watanabe, Gerardo Yamakawa, Luis Okada, Olga Azato y Luis Minami son nombres que las nuevas generaciones nikkei desconocen.

Todos ellos, nisei, hicieron historia porque fueron pioneros en su campo. Ohata se convirtió en 1925 en el primer contador de la comunidad peruano japonesa; Víctor Tateishi, en el primer abogado en 1948; Francisco Watanabe, en el primer médico en el mismo año; y Gerardo Yamakawa, en el primer policía en 1956.

Luis Okada, en 1954, fue el primer nikkei en integrar una selección peruana de fútbol. Olga Azato fue el primer miembro de la comunidad en formar parte de una selección nacional de vóley. Campeona sudamericana, recibió los Laureles Deportivos, la máxima distinción que se otorga a los deportistas en el Perú.

Luis Minami llegó a ser el único boxeador nisei de América. Participó en los Juegos Olímpicos de México 68, donde obtuvo un meritorio quinto puesto tras dos victorias y una derrota en cuartos de final2.

Como ellos, hay muchos otros pioneros en diversos ámbitos. Gente que desafió los límites al incursionar en campos que hasta entonces eran territorio virgen para la comunidad. Nombres olvidados (o no lo suficientemente recordados) que la conmemoración de los 120 años de inmigración japonesa debería poner de relieve, así como personajes y hechos de nuestra historia cuyo recuerdo, con el efecto disolvente del tiempo, se va difuminando.

Notas:

1. Andando 75 años por los caminos del Perú. Matsuda, Samuel.

2. Revista Nikko.

 

© 2019 Enrique Higa

Centro Cultural Peruano Japones Ichitaro Morimoto Japanese Peruvians migration peru pioneers World War II