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Los nikkei de América Latina y los nikkei latino

El idioma japonés en las comunidades nikkei de América Latina

En un artículo anterior he mencionado que en el mundo hay cerca de 4 millones que estudian el idioma japonés, pero la pregunta es cuánto son en las comunidades de los descendientes de japoneses “nikkei”. En el reporte de la Japan Foundation de 2012 señala que en Sudamérica hay 443 establecimientos con 1.652 maestros donde cursan 32.968 cursantes. Es apenas el 1% del total en el mundo. Por ende, si tomamos solo a los nikkei se puede estimar que sea menos de la mitad de esa cifra.

En toda América Latina se dice que hay unos 1.600.000 nikkei donde por los cambios generacionales el interés por el idioma japonés ya no es tan prioritario como en décadas pasadas. Los que concurren a las clases de japonés lo hacen una o dos veces a la semana y de forma discontínua. Son muy pocos los que estudian desde la primaria hasta la secundaria con un programa estructurado y nivelado para cada etapa escolar.

Sin embargo, en las colonias japonesas de países como el Paraguay y Bolivia, que tienen un poco más de medio siglo de existencia, hay escuelas de idioma japonés que funcionan casi a tiempo completo. Muchos de estos establecimientos fueron construídos por los mismos inmigrantes japoneses y luego fueron cedidos al municipio para que sean parte de la educación formal obligatoria en el idioma local. Otros, se organizaron para ser una escuela cuasi-bilingue o con curso optativo de idioma japonés como es el caso del Liceo Mexicano-Japonés, Colegio La Unión (Aelu, Lima) y el Instituto Privado Argentino-Japonés "Nichia Gakuin” de Buenos Aires. Lo llamativo es que hoy los que concurren a estos establecimientos en su mayoría son alumnos que no son descendientes de japoneses y al parecer esta tendencia se profundiza.

Centro Cultural de Nichia Gakuin de Buenos Aires, Argentina. La escuela es casi bilingüe y por ende pueden estudiar el japonés y a través del Centro Cultural tienen una gama muy amplia de cursos y talleres relacionados a la cultura y las tradiciones japonesa.

Yo nací en una localidad llamada Belén de Escobar en las afueras de la Ciudad de Buenos Aires (50 km al noroeste) y gracias que había una importante concentración de inmigrantes japoneses dedicados a la floricultura, tuve la suerte de tener una escuela privada de idioma japonés los cinco días de la semana con 3 horas de clases por día. Los dos maestros vivían ahí mismo y ellos colaboraban en la edición de los boletines y demás actividades culturales y recreativas de la comunidad nikkei local. Gracias a esa infraestructura educativa muchos de nosotros pudimos aprender bien lo básico del idioma japonés, forjar una identidad nikkei sólida con un sentido de responsabilidad y gratitud hacia la sociedad argentina y la japonesa, y será por eso que pudimos ganar becas de estudio al Japón o trabajar en firmas y organismos japoneses radicados en la Argentina. Sin embargo, desde la década de los ’80 muchos padres nikkei orientan la educación de sus hijos dando prioridad por ejemplo al estudio del inglés como idioma extranjero. Yo mismo desde la secundaria concurrí a una academia privada de inglés, pues consideraba que eso me abriría mejores posibilidades para los estudios superiores y para el mundo laboral posterior.

En todas las comunidades nikkei del mundo, en diversas etapas históricas surge el debate de cómo encarar y continuar la enseñanza del idioma japonés. El cambio generacional, la mestización de las parejas y por ende de los hijos, la integración y los nuevos valores y pautas que van incorporando, influyen inexorablemente en la educación de los hijos. Incluso, muchos padres dejan de aportar económicamente como los inmigrantes de la primera generación en el mantenimiento de las escuelas e instalaciones de la colectividad y exigen cursos más prácticos y entretenidos a sus hijos con más contenidos visuales e ilustraciones.

Justamente hace unas dos décadas comenzó el interés por el manga y el animé pero más de parte de los nativos locales y no necesariamente de los jóvenes nikkei. Fueron ellos los que por querer comprender la versión original comenzaron a estudiar el idioma japonés para objetivos bien precisos. Y esta tendencia permitió a algunas escuelas comunitarias nikkei a resurgir de su resago y abandono. Aumentaron los alumnos y eso ha permitido y sigue permitiendo continuar con el funcionamiento de estos establecimientos y hasta de algunas asociaciones japonesas, siempre y cuando lleven una administración seria y transparente. Estas escuelas por más que sean de la comunidad nikkei ya no pueden priorizar la identidad de los descendientes pues la gran mayoría o en algunos cursos el 100% de los cursantes son nativos que no son nikkei. Por ende, surgen nuevas exigencias en la metodología de enseñanza del idioma japonés. Los docentes deben prepararse de otra manera, buscar y usar material didáctico diferente con otros contenidos y dirigidos a objetivos más puntuales. No en vano, han surgido maestros no japoneses o no nikkei, en su mayoría autodidactas y que luego hicieron el esfuerzo de estudiar en Japón, sea por una beca o por su propia cuenta. Hay que admitir que hay docentes que no tienen ninguna ascendencia japonesa pero que enseñan muy bien y merecen más posibilidades de capacitación con fondos públicos de Japón porque además de enseñar el idioma promueven la difusión de diversas expresiones culturales japonesas.

En general los maestros de idioma japonés surgieron como una necesidad dentro de la colectividad japonesa y en la gran mayoría de los casos era la esposa de algún inmigrante que lo hacía como un trabajo complementario y voluntario a la actividad que se dedicaban. A medida que pasaron los años la JICA-Agencia de Cooperación Internacional de Japón fue brindando diversos programas de capacitación para mejorar la enseñanza y hoy en día la Japan Foundation tiene una serie de cursos y seminarios de formación para los instructores de japonés, sin distinción de nacionalidad.

Actualmente, muchas asociaciones o grupos nikkei organizan diversos eventos, el baile de verano “obon”, bazar (venta de productos japoneses) y diversas muestras donde la participación en su gran mayoría son nativos no nikkei en una dimensión totalmente inimaginable hace un par de decenios atrás. La comida, la cultura y el idioma japonés van de la mano y allí donde los eventos saben congeniar adecuadamente estos elementos, la gente participa.

Por eso, en la enseñanza del idioma japonés es indispensable el ingrediente cultural, como ser los cursillos para leer el manga, aprender a dibujar los personajes de esas historietas, la manera de envolver en paños llamados “furoshiki”, la elaboración de adornos tradicionales para el cabello como el “kanzashi”, cocina de platos japoneses y desde luego, los tradicionales cursos de ikebana, sumie, kimono, wadaiko (tambor japonés), artes marciales como el judo, karate, kendo, etc. En todo esto Japón envía a través de JICA a cooperantes y voluntarios para la colectividad japonesa que suelen forman nuevos recursos humanos porque son expertos con mucha experiencia.

Son maestras de idioma japonés en instituciones nikkei de Brasil y Argentina. Es un programa de capacitación de JICA y uno de los desafíos es mejorar la metodología y los textos para enseñar a los no nikkei que cada vez son más los interesados en estudiar el idioma japonés.

Las necesidades se han diversificado demasiado y por ende las escuelas, academias y las mismas asociaciones nikkei, deben hacer un esfuerzo y manejo más profesional para satisfacer los requerimientos de los cursantes. Se hace necesario ofrecer una gama muy amplia de cursillos para diversas edades y niveles, y no necesariamente tienen que profundizar demasiado, salvo los más tradicionales como el ikebana, kanji (ideogramas) y el japonés de la JLPT (Japanese Language Proficiency Test o Nihongo Noryoku Shiken)  de la Japan Foundation que es para hacer una carrera de grado o posgrado en Japón. La APJ-Asociación Peruana Japonesa o el Centro Cultural Nichia y el Centro Nikkei Argentino de Buenos Aires, son algunas de las instituciones que tienen una variedad importante de cursillos y talleres.

Por esta situación, se hace difícil definir el perfil del maestro o docente de idioma japonés que las instituciones de cooperación japonesa deben despachar a los países de América Latina y del mundo. Lo que sí, para Japón es importante hacer un mayor esfuerzo para satisfacer más estas solicitudes porque la difusión del idioma y la cultura japonesa es un factor muy importante en la diplomacia pública y en la conquista de nuevos mercados y posibilidades de inversión en el exterior de Japón.

También es necesario resaltar que los mismos solicitantes de instructores de idioma japonés tienen la obligación de conocer mejor las necesidades de sus instituciones y del entorno social, como así también capitalizar mejor los recursos humanos ya existentes y formarlos allí mismo para los requerimientos de los cursantes. Un instructor despachado de Japón no siempre puede dar todas las respuestas a esas necesidades y a veces están excesivamente sobrecalificado. O, viceversa. Cuando se produce una disfuncionalidad muy grande entre las partes, un programa de capacitación termina con un sabor amargo difícil remendar. No siempre lo que argumentan los directivos es lo que reflejan las verdaderas necesidades in situ de los claustros y de los cursantes. Para que la cooperación educativa, cultural y académica sea provechosa es necesario una mejor comunicación en todos los niveles institucionales y más que nada desde las mismas aulas.

 

© 2017 Alberto J. Matsumoto

education japanese school Latin America

Sobre esta serie

El licenciado Alberto Matsumoto encara las distintas facetas del Nikkei en Japón. Desde la política migratoria sobre la inserción al mercado laboral del inmigrante hasta su inculturación a las costumbres y lenguaje japonés a través de la educación primaria y superior. Analiza la vivencia interna del Nikkei latino con su país de origen, su identidad y su convivencia cultural personal y social en un contexto cambiante de globalización.