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Yuba, una cultura diferente dentro de la comunidad Nikkei brasileña

En la Comunidad Yuba, cada integrante tiene sus responsabilidades, además de participar en actividades tradicionales de la cultura japonesa y clases de música, baile y otras
(foto: archivo personal/Masakatsu Yazaki)

NOTAS DEL EDITOR: En la década de los años 30, un grupo de inmigrantes japoneses se establecieron en una zona de Brasil llamada Aliança con la intención de establecer una colonia. Entre estos inmigrantes se encontraban Isamu Yuba y su familia. Con el tiempo, Yuba, junto con algunos amigos, compraron tierras en la zona. Tenían la visión de establecer su propia comunidad agrícola autosustentable, teniendo muy presente los valores de “cultivo, oración y arte". Su visión, con el tiempo, se convirtió en la comunidad Yuba.

Actualmente, la comunidad Yuba aún sigue con la visión original de Isamu Yuba. Es una comunidad que se distingue del resto de la comunidad nikkei-brasileña. Sus habitantes son responsables por mantener la comunidad, realizando labores de cultivo, preparando los alimentos, etc. y participando en la cultura tradicional japonesa. Asimismo, consideran importante una variedad de formas artísticas. En el siguiente artículo presentamos las historias de dos personas que viven o han vivido en la comunidad Yuba.

* * * * *

Existe una realidad algo distinta, que no es totalmente brasileña ni japonesa en la ciudad de Mirandópolis, a 600 km de San Pablo.  Allí viven inmigrantes y nipo-brasileños que preservan mucho del arte japonés. 


Una nueva cultura

Nacido en la ciudad de Hokuto, provincia de Yamanashi, Masakatsu Yazaki, de 72 años, vive en Yuba desde 1963, es decir, hace 53 años. “En aquella ocasión, vine únicamente a visitar la comunidad, no tenía la intención de establecerme en el Brasil”, cuenta. Después que se fue a vivir al Brasil, Yazaki invitó a su madre y a su padre a que también vinieran a vivir al Brasil y a que, algunas veces, su hermana y su hermano se quedaran en el país para visitarlos.

Masakatsu Yazaki estudió técnicas de artesanía con cuero en el Japón y se dedica a la música en Yuba (foto: archivo personal/Masakatsu Yazaki)

En la actualidad, Yazaki se dedica a la música. Autodidacta, toca el piano, dicta clases y también actúa como maestro en el concierto que se realiza en Navidad.  Además, realiza reparación de calzados – en el Japón, estudió técnicas de artesanía en cuero y de confección de calzados. Durante su tiempo libre, le gusta leer, ver películas y componer haiku (o haikai).

No obstante, lo que más le gusta de la vida en Yuba es el hecho de tener el 90% de autosuficiencia en la producción de alimentos y la libertad de poder hacer lo que quiera.

Quizás la comunidad sea uno de los pocos lugares en el Brasil donde se aprecia tanto la preservación de la cultura japonesa.  Sin embargo, al igual que en las ciudades, se hacen adaptaciones de acuerdo a la región. “Es un lugar donde nace una nueva cultura. La comunidad ha mantenido el idioma, las costumbres alimenticias y las tradiciones japonesas que se han ido amalgamando con las condiciones propias del lugar”.

Con el paso del tiempo ha habido grandes cambios. Yuba está construyendo una fábrica de procesamiento de alimentos y ha tenido un aumento de la población, además de un aumento en la cantidad de matrimonios y nacimientos.  Hoy hay 28 residencias y un total de 56 personas que viven en la comunidad. 

Muchos de los cambios son realizados por las nuevas generaciones – o, al menos, se encargan de ello. Yazaki tiene una visión muy positiva de los posibles líderes futuros de la comunidad. “Los jóvenes de Yuba llevan dentro de sí la influencia del espíritu de la cultura tradicional cultivada a lo largo de los ochenta años de trayectoria de nuestra comunidad, convirtiéndolos en jóvenes dedicados, de carácter fuerte y llenos de vitalidad”.


“...el arte necesita estar presente día a día...”

El arte formaba parte de Isamu Yuba, fundador da la Comunidad Yuba, que creía que era necesario traer artistas inmigrantes para fortalecer la colonia japonesa.  Fue así que la familia de Aya Ohara, de 43 años, fue a vivir allí, gracias a la invitación del propio fundador. 

El padre de Aya, Hisao Ohara, era escultor y su madre, Akiko Ohara, bailarina y coreógrafa. Akiko es la fundadora del Ballet Yuba y, a su llegada en 1961, comenzó una nueva etapa cultural de la comunidad con la construcción del Teatro Yuba.

La bailarina Aya Ohara, que nació y vivió en la comunidad, tuvo la experiencia de estudiar ballet en el Japón (foto: archivo personal/Aya Ohara)

Aya nació en Yuba y tenía una rutina diaria muy agitada. Asistía a la escuela estatal del barrio de Aliança y en la comunidad tenía clases de japonés, ballet, canto y dibujo semanalmente. Hasta los diez años de edad, ayudaba a preparar comidas para los cerca de 80 integrantes de la comunidad en ese entonces. Posteriormente, a partir de los 11 años de edad, comenzó a participar en las actividades del campo con sus hermanos mayores. 

Los jóvenes y adultos trabajan en el campo y las madres con sus hijos pequeños y los ancianos se encargan de los servicios en los comedores y en las huertas. Y cada uno tiene la libertad de escoger otras funciones específicas, como cuidar el acervo, dar clases de baile, etc.

“Me gustaba hacer todo lo que era colectivo. Ensayos de teatro, preparativos para las fiestas y trabajos”, revela Aya.  En su tiempo libre, cuando era niña, le gustaba dibujar, bordar y jugar al aire libre con sus amigos. 

Como la vida de un yubense no es igual a la vida que llevan los demás descendientes en las ciudades, su identidad también termina siendo diferente. “Me considero brasileña, con una fuerte influencia cultural de la Comunidad Yuba. Me siento diferente a los nipo-brasileños que viven en otros lugares del Brasil, sin embargo, también creo que soy diferente a los japoneses del Japón”.

En cuanto a las enseñanzas valiosas, todo fue relevante. “Es una escuela de vida, de afecto y de lo colectivo. Como si fuese una gran familia. La felicidad, la tristeza y los logros, todo es muy intenso”, dice.

Aya define la cultura de la Comunidad Yuba como una “cultura híbrida nipo-brasileña” y explica que las actividades culturales y el trabajo de cultivo establecen un constante diálogo con la sociedad, atrayendo así a las personas que actúan en las más diversas áreas, lo que crea intercambios y nuevas ideas.

Son muchas las tradiciones japonesas preservadas en la vida cotidiana de la comunidad, que las personas que viven o que vivieron en Yuba quieren transmitir a otras generaciones, entre ellas: mochi tsuki (evento de Año Nuevo), koinobori (Día de los Niños o kodomo no hi), hinamatsuri (Día de las Niñas), actividad de haikai y baile (inclusive bon odori). Los yubenses también mantienen diversas recetas que heredaron de sus ancestros, además de la presentación de Navidad que se lleva a cabo desde la fundación de la Comunidad Yuba, en 1935.

Al igual que Yazaki, Aya tiene un gran interés en el arte, más específicamente en el ballet, el que comenzó a bailar enseguida después de aprender a caminar, y cree que quizás ya le gustaba cuando aún estaba en el vientre de su madre.  

Fue gracias al ballet que, a los 15 años de edad, tuvo la experiencia de estudiar en el Japón durante cinco años. “Tuve la emoción de experimentar la vivencia del universo que siempre había conocido únicamente en los libros y en la imaginación”, cuenta la bailarina. Y añade: “Tuve que esforzarme mucho para seguir la disciplina y, después de mi formación, ingresé al grupo teatral Shiki, muy respetado en el Japón.  Durante este período, tuve el privilegio de adquirir una de las experiencias más ricas de mi carrera artística”.

Después de esta inmersión en la sociedad japonesa, Aya decidió vivir en San Pablo en busca de nuevas experiencias.  No obstante, mantiene el contacto con Yuba y coordinó entre 2009 y 2013, actividades de Ponto de Cultura - Cultivar a Arte.  Se trataba de una iniciativa del Gobierno Federal en asociación con el Gobierno Estatal con el objetivo de apoyar a las entidades que desarrollasen alguna actividad artística en la comunidad.

El proyecto en la Asociación Comunidad Yuba tuvo como propuesta fortalecer su núcleo a través de encuentros culturales, para generar reflexión, fomentar nuevas creaciones artísticas y formar a las nuevas generaciones a través de intercambios y vivencias en diálogo con la filosofía de la comunidad: el arte vinculado al cultivo de la tierra y a la oración. Además, buscó intensificar y ampliar el alcance de sus acciones culturales, de manera tal que las comunidades de los alrededores pudiesen aprovechar la infraestructura de Yuba, haciendo posible que la experiencia traída a mediados del siglo pasado pudiera ser transmitida a otras personas.  

Aya dice que estas experiencias fueron fundamentales para conocer la complejidad del Brasil, tanto en la cuestión racial como en la desigualdad social. “Para mí fue una oportunidad rica para reflexionar sobre la importancia del tema de la cuestión de la identidad”, concluye.

Aparentemente quien se torna yubense crea un fuerte vínculo con el arte. Y el pensamiento del fundador de la comunidad, Isamu Yuba, es muy interesante. Relacionar la cultura con las raíces, creando una identidad única.

Construir un núcleo en el Brasil donde los inmigrantes puedan adquirir integración social con su tradición.

Para alcanzar este objetivo, en primer lugar, necesitamos enraizar la cultura con principios firmes. 

Por ello, es necesario que el arte esté presente día a día para proporcionar una constante imaginación viva y la fuerza de la unión.

— Isamu Yuba y compañeros

 

© 2016 Tatiana Maebuchi

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