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Otra vez Fujimori

Aun cuando en esta oportunidad mi tema no es Alberto Fujimori sobre el cual mis convicciones no han cambiado un ápice, si lo es su primogénita Keiko Fujimori que se encuentra a un paso de ocupar el sillón presidencial.

A través de las consabidas campañas sucias, hemos constatado el desesperado afán por condenarla a pesar de su intachable proceder político desde el 2006 cuando obtuvo el más  alto número de preferencias alcanzado en el Perú a nivel parlamentario. Sus antecedentes personales para poder culparla de cualquier cosa, no dieron los dividendos esperados y por tanto, sólo les quedó recurrir a las fuentes llenas de posibilidades ofrecidas por el manoseado juicio a Alberto Fujimori donde sus antecedentes oficiales (no reales) de corrupción con que lo condenaron, les permitió embadurnarla hasta hacerla irreconocible. Pero esas campañas tampoco lograron bajarle sus niveles de popularidad.

Mirado desde la distancia, se hace más fácil obtener un acercamiento a la verdad porque hasta acá llegan debilitadas las nubes de mentiras que le quitan el azul al cielo. Está la ventaja de contar con informaciones variadas venidas de todas partes, no constreñidas   a  sólo una cara de la medalla. Tampoco estamos expuestos a los repetidos  cantos de sirenas de  los vendedores de “verdades a la medida” ni al alcance de las garras de los propagadores del miedo.  Con todo esto a favor, hasta  se hacen reconocibles las fisonomías enmascaradas de los que entre bambalinas exigen venganzas y seguridades. Aquellos que en un momento dado, sufrieron el desprecio y la violenta arremetida de Fujimori en su lucha abierta contra la corrupción, el narcotráfico y el asesinato de los protegidos grupos de extrema izquierda. (Siempre en estas situaciones los extremos políticos se tocan).

Pero, a pesar de esta virulenta y millonaria campaña de desprestigio, dos extremos no deseados y temidos, porfiadamente se mantuvieron dentro de las primeras preferencias entre los demasiados postulantes al sillón presidencial. En un extremo, un Ollanta Humala, ex militar discípulo de la tristemente célebre Escuela de las Américas (igual que Vladimiro Montesinos) con un historial de dolosas aristas no suficientemente  difundidas. En el otro, una hija de Alberto Fujimori que con toda seguridad, hereda la porfía del padre para no aceptar presiones y mantenerse en una ruta democrática que favorezca una vez más, al grueso de la población peruana. Total, Keiko como auténtica ‘nikkei’, tiene claridad absoluta de lo que es Justicia.

Por lo mismo, ambos fueron comparados con el “cáncer” y el “sida”, tildados así por la brillante imaginativa del renombrado escritor Vargas Llosa (entre paréntesis, soy un admirador de su literatura) que no duda en echar a rodar su prestigio acercándose peligrosamente a estos grupos de poder que recuperaron sus fuentes casi históricas de privilegios, después que Fujimori se las arrebatara por diez largos años. Pero sus cosechas fueron igualmente magras a pesar del tremendo despliegue publicitario de alcance internacional. Las esperanzas peruanas continuaron fieles a aquellos nombres que con saña pretendían ser borrados.

Los resultados de la primera vuelta se hicieron taxativos. Sólo Humala y Keiko podían continuar. Después de este balde de agua fría -  imagino - siguieron cónclaves desesperados. ¡Cualquier cosa menos otro Fujimori!. Y hemos vuelto a conocer declaraciones de Vargas Llosa con una versión modificada en 180 grados apoyando a Humala e instando al pueblo peruano a seguir sus pasos.

Ahora en junio será el momento de la verdad definitiva y desde fuera de esa burbuja llena de pasiones interesadas, tengo la certeza que Keiko Fujimori será elegida Presidente por los votos de toda esa amplia clase oprimida y de aquellos que sopesan las realidades sin conformarse con el “chorreo”. La voz de los “sin voz” se hará sentir fuertemente porque su único lugar de expresión ciudadana está en las urnas. Y el recuerdo, agradecimiento y fe depositada en el “chinito” se encarnará  en la figura de esa hija que no se ha dejado amilanar, aun cuando ha tenido que permanecer amordazada casi tanto como ellos.

¿Y cuál será el comportamiento de esa significativa colonia ‘nikkei’ peruana que dudó de su rol en 1990?. Me hubiera gustado haber leído  dentro de los comandos fujimoristas algún nombre japonés pero, no tuve tanta suerte y espero que haya sido por falta de acuciosidad. Pero eso carece de verdadera importancia. Lo único valedero es que sin necesidad de desprenderse de los acostumbrados silencios y  ubicaciones de segunda fila, expresen en las urnas la fuerza del colectivo japonés que siempre aflora en momentos álgidos como éste. (Sería interesante repasar una vez más las escenas de valor y compromiso a favor del colectivo, mostrado por los japoneses el 11 de marzo recién pasado). Por lo demás, Keiko necesita a su lado a la gente buena ahora y con mayor razón mañana.

En junio tiene que lograrse el resultado correcto con los votos del gran Pueblo y sin lugar a dudas, con los votos y el compromiso de los ‘nikkei’ peruanos.

© 2011 Ariel Takeda

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