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Lo japonés en polkas criollas de antaño

A mediados de la década de 1910 comenzó a editarse como semanario “El Cancionero de Lima”. Cada número tenía 8 ó 12 páginas, era de formato A6 (10 x 15 cms.), estaba enumerado y se imprimía con regularidad. En esas páginas se publicaban canciones de moda, aquellas que estaban en las calles y barrios, en los mercados y en los parques, en la garganta de los limeños de esos años.

“El Cancionero de Lima” no daba a conocer únicamente música criolla de jarana1, incluía todo lo que en esos momentos o en esas semanas la gente de cualquier sector social estuviera cantando o tarareando muy frecuentemente, algo que, digamos, estuviera de moda. El Cancionero prefería transcribir canciones que correspondían al mes que transcurría: si era Julio, no olvidaba de colocar el himno nacional con todas sus estrofas; si Diciembre, incluía canciones de navidad y villancicos. También sabía adecuarse al momento político; por ejemplo, cantos a la muerte del ex-presidente liberal Guillermo Billinghurst en 1915, canciones sobre las elecciones y candidatos, las que decían algo o mucho sobre una huelga, las dedicadas a la insurgente clase obrera. Si en esos días había pasado por los teatros de Lima una compañía de zarzuelas, colocaba la letra del coro y estrofas de las zarzuelas más pegajosas, las más canturreadas por la gente; por ejemplo, de “La Corte del Faraón”, de Vicente Lleó, colocó ese conocido coro: “Ay bah, ay bah, ay Babilonia que marea...” . También captaba e incluía los añadidos espontáneos del ingenio popular que innovaban la letra de esta canción tan popular.

En ese simpático cancionero de Lima encontramos repetidamente los hechos cotidianos expresados en canciones, sea como polkas, valses y marineras del mundo costeño. Sintomáticamente no presenta letras de música andina, nuestra gente serrana no tenía aún presencia en la cotidianidad de los limeños; por entonces, no se habían producido o no se sentían aún las masivas migraciones o transvases poblacionales de la sierra a la costa, como en los actuales tiempos.

El cancionero no tomó en cuenta a los inmigrantes serranos, pero sí lo hizo con los inmigrantes asiáticos, chinos y japoneses; más a estos últimos que a los fonderos2 del Celestial Imperio.

De El Cancionero de Lima, a continuación damos a conocer cuatro polkas en las que el tema central es el inmigrante japonés. Con mucha lástima desconocemos la música, aunque es muy posible que aún queden esas notas musicales en el recuerdo de algún anciano bohemio y jaranero. Es tarea buscarlo, grabarlo y recolocar esa música en el pentagrama.


AMORES DE UN JAPONÉS          LOS JAPONESES

Polka de moda                                  Polka de moda
Música del “Pobre Valbuena”          Con música de E.V. Igreda
Limeñita sí, sí,si                                 Los nipones son los hombres
consigo que me                                 hombres de la situación,
llegues a querer                                 porque tienen el negocio   
yo seré el nipón                                 de vender el té con el ron.
más feliz que ha venido       
del imperio japonés.                         Pues así como hacen plata,
                                                            esta gente mal venida
Dame tu corazón                               manteniéndose en el negocio
que yo el mío te daré                        de vender agua cocida.
y verás como es el amor       
el amor al estilo japonés.                 II
                                                            Yo japonés
Yo soy un peluquero                         te quiero mucho a ti;
de lo más especial,                          dame un pan con pescao frito,
afeito y corto el pelo                         dos centavos de cancha
a la moda imperial.                           y un poquito de ají.

Conmigo buena vida                        Si tú no hubieras venido
del todo pasarás,                             desde el Asia a mi nación,
tuyas serán mis libras                      nunca hubiéramos bebido
y en mi tú mandarás.                        el famoso “té con ron”.
               
Limeñita sí, sí,                                   III
hoy dame tu amor,                           Como aquí en Lima tenemos
que yo te daré                                  de borrachosos la mar,
entero el corazón.                            el licor lo que corre,
                                                           nadie deja de chupar.
Tin, tin, tin, tin       
tin,                                                      Los nipones ¡viento en popa!
tin,                                                      aprovechan la ocasión,
tin,                                                      como los otros de Europa,
tin.                                                      on el vino y con el ron.

 

LA JAPONESA                                   EL TONKIN
Polka                                                      Polka de moda
Letra de M.O. Lozano y música        
de Bocanegra                                       I
                                                                Cuando yo me paseaba
Con cuidado y atención                       por el parque inglés
que la polka japonesa                          tu amor me despreciaba
está de moda en el Japón.                  por un japonés,
                                                                a mi no me engaña nadie
II                                                              ni nadie me engañará
Japonesa, si, si, si                               desde Tonkín me voy a Palanquín.
si consigo tus amores            
con ardiente frenesí                               II
y seré dentro de un mes                       No es vida la que paso   
el impulso que requiere                        no es vida la que me doy,
el imperio japonés                                Yo tengo el alma enferma
como ha de ser palanquín                    herida de tanto amar   
todo el mundo se pasea                       a mi no me engaña nadie
con un entusiasmo vil                            ni nadie me engañará,
y si ha de ser lu-chin-kón                      de Tonkín me voy a Palanquín
brindémosle palmadas a mi amor      será para ti, más cómodo
mas yo he de ver                                   más cómodo, más cómodo.
si tiene buen humor           
para cantar la polka del Japón             III
si quieres buscarte un amante             Japonesa sí,
que tenga expeditos                              te quiero con amor y frenesí
los goces esenciales para amar          tú serás dentro de un mes
                                                                 la enviada del imperio japonés
III                                                              desde Tonkín me voy a Palanquín
Japonesa tú no lloras por mi amor      será para ti más cómodo
sentirás que yo no lloro por tu amor    más cómodo, más cómodo.
cuando más libre estoy,
mucho mejor   
si has de sufrir dame tu corazón   
que es más feo que un filón       
quiéreme, quiéreme, quiéreme, no.   
                   
IV                   
Ha de ser
con mucha afinación
se ha de cantar
que llame la atención
bailo yo el japonesito
con tal cuidadito
tan especial de no fallar

V
Prende ...
inanimados corazones
tú llenarás el seno de mi amor,
tú has de ver
las brisas de un amante
que se rinde
al seno del amor.

 

En el sentir popular, la polka era y es sobre todo música festiva a la que debe integrarse una letra ingeniosa, y para el limeño común y corriente el japonés fue motivo de sonrisa, burlas, prejuicios. Pero, siempre fue visto con algún respeto, principalmente debido a su capacidad de lograr riqueza con mucho trabajo, esfuerzo y tenacidad, y aun con mucha imaginación. A esto se refiere una de esas polkas. El autor de la letra observa extrañado que el japonés hace dinero con una cosa tan simple como es vender “agua cocida” o té, pero aun más, para aumentar sus ventas le añadió a esta bebida tan simple algo que atrae mucho a los “borrachos” o ebrios: el ron. Por este ingenio y sagacidad los “nipones van viento en popa”, dice la letra.

En todas las otras canciones, el amor y el enamoramiento están presentes. En la primera de ellas, “Amores de un japonés”, el autor, quien usa el seudónimo de “Pobre Valbuena” – nombre utilizado por un timador mítico de Lima–, nos habla de un japonés enamorado de una limeña a la que aún no consigue conquistar del todo. La presentación personal (“Yo soy un peluquero / de lo más especial”) y las ofertas que hace para triunfar son divertidas (“tuyas serán mis libras3 / y en mi tú mandarás”); y el japonés procura remover la curiosidad de la mujer que asedia: “y verás cómo es el amor, el amor al estilo japonés”.

Dos de esas polkas son bastante parecidas, “La Japonesa” y “El Tonkín”, y son todo lo contrario de lo que dice la anterior. En ambos casos es un peruano el que se encuentra enamorado de una japonesa que no acepta sus requerimientos y ella hasta lo engatusa. A decir verdad, esto sólo es claro en “La Japonesa”, en la tercera y quinta estrofas, y también en “El Tonkín”, en la tercera estrofa. La letra del resto, en ambas polkas, es una mezcla de ideas, si hacemos una concesión; pero, difíciles de entender por su incoherencia. No obstante esta falta de lógica, lo japonés es tema central en estas ingeniosas canciones. Y es así posiblemente por lo que inicialmente decíamos, lo japonés es lo “sandunguero” o gracioso y en las letras de las canciones se le incluye forzadamente, a como de lugar, y con giros que no encajan en el conjunto. Pero, más que una unidad lógica y coherente en la letra y en el argumento completo, le habría interesado al autor que ese tema gracioso lo vivan cantantes, danzantes, público, pues el ritmo acelerado también se adecua a ello y eso es siempre lo importante en la alegre polka criolla. Por eso mismo, a los autores no les importaba utilizar palabras que se supone están mas bien vinculadas al mundo chino, tales como “palanquín” e “imperio”, y hasta sonidos chinos (“tonkín”, “lu-chin-kón”) como si fueran japoneses. Todo este libertinaje en el léxico se permitieron los libérrimos autores para que rimaran con otras palabras que anteceden o que vienen después.

En las canciones del pueblo están también, por supuesto, sus diarias vivencias y ya desde esos años los japoneses estaban participando en ellas, a nuestro parecer bastante temprano teniendo en cuenta que todavía la cantidad de inmigrantes del Japón no era numerosa. En tanto que para los autores los japoneses eran parte de su experiencia cotidiana, ellos los consideraban como “negociante”, “peluquero” o “el que vende té con ron”, y que además es un extranjero que habla un idioma extrañísimo que afecta al oído y que en él frecuentemente utiliza la vocal “i” o la terminación “in” con su español. Y saben también que con ese japonés o japonesa, por no ser personas socialmente lejanas, era posible el amor, los enamoramientos; pero, hubo también desagrado ante los japoneses (“esta gente mal venida”), debido a la competencia que significaban y por los prejuicios sociales, generalmente trasmitidos por los sectores sociales más poderosos, dueños de parte del “consenso nacional”, y también por la propia actitud discriminatoria de las clases populares, tal como ocurre hasta el presente.



Notas:
1. Entre sus distintas acepciones, “Jarana” se utiliza aquí en la que significa diversión bulliciosa, fiesta. En el Perú, con música y baile.

2. Fondero se denominaba en el Perú de las primeras décadas del siglo 20 a los conductores o propietarios de pequeños restaurantes para el sector popular.

3. La libra peruana era de oro y equivalía a diez soles, por entonces esa libra tenía un valor de cambio igual a la libra inglesa.

 

* Este artículo se publica bajo el Convenio entre la Fundación San Marcos para el Desarrollo de la Ciencia y la Cultura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y el Japanese American National Museum, Proyecto Discover Nikkei.

© 2007 Humberto Rodríguez Pastor