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Celebrando 55 años de servicio y defensa personal

Chris Hope, Jefe de Finanzas del Centro Cultural Japonés Canadiense (JCCC) presenta a Shihan Tsumura con el premio Don Valley West por Servicio Comunitario por sus sobresalientes contribuciones voluntarias en la ciudad de Toronto.

A inicios del año tuve el honor de presentar a Shihan Kei Tsumura, fundador del Club de Karate del Centro Cultural Japonés Canadiense (JCCC), en Toronto,quien recibió el premio Don Valley West al Servicio Comunitario, por sus sobresalientes contribuciones voluntarias en la ciudad de Toronto.

Este es un premio más sobre servicio comunitario para la colección de Tsumura que conmemora su 55° aniversario como fundador y Master Sensei del JCCC Club.

Shihan Tsumura es uno de los practicantes mejor calificados de Shito-Ryu Itosu-kai Karate en el mundo. Durante más de medio siglo ha compartido su pasión por este arte con generaciones de estudiantes como voluntario en el JCCC y ha supervisado el establecimiento de clubes de Karate Shito-Ryu Itosu-Kai en todo Canadá y en todo el mundo.

Como se informó en el periódico Nikkei Voice en Canadá, le pedí a Shihan Tsumura que compartiera algunas palabras en la víspera de su aniversario.

Esto es lo que dijo.

* * * * *

Quiero comenzar aprovechando la oportunidad de agradecer a todos esos estudiantes de alrededor del mundo que hicieron esto posible.

Después de 55 años es fácil entrar en un mundo de nostalgias y dejar mi mente viajar atrás a esos días, a través de la Época de Oro del karate, cuando éramos reyes, estrellas de rock y la vida era cada vez mejor como el vino que envejece.

Shihan Kei Tsumura como estudiante en 1960 con el Gran Maestro Ryusho Sakagami.

Entre los que conocimos a lo largo de los años se incluye un completo espectro de personas: dedicados, talentosos, benevolentes, generosos y amorosos. Como también hubo algunos increíblemente egocéntricos, racistas, ladrones, opresores, quienes a menudo nos sorprendían con un cúmulo de emociones: arrogancia, insolencia, ignorancia y más. Pero prevalecimos. Fue divertido.

Ellos venían de todos los ámbitos de la vida. Teníamos soldados, cantantes y científicos. Tuvimos doctores, bailarines y vendedores de drogas (¡recuerden los años 60 y 70!). Hubo jueces, superintendentes de edificios y periodistas. Tuvimos nuestra cuota de abogados, trabajadores y de personas inmorales. No nos olvidemos de curas, políticos y policías. Venían de todas partes. Hubo muchas lumbreras en el firmamento de la eternidad.

Pero esto no ha cambiado el sentido de nuestras vías. Especialmente cuando siempre hemos tenido el karate para seguir adelante.

No tengo suficiente espacio, ni la urgencia, de satisfacerme con las anécdotas, excepto quizás de gritar algunos nombres de países y volver a escuchar los ecos que me traen felicidad: Japón, Holanda, Francia, Alemania, Austria, Suiza, Luxemburgo, Italia, Estados Unidos, Chile. Nunca olvidaré Argentina, otro país en el que contemplaba vivir.

Siempre recordaré Irlanda. Solo me tomó 13 visitas.

Algunas veces uno se envuelve recordando cosas.Una vez desembarcado un vuelo lleno de políticos argentinos, multitudes de fanáticos gritando y ondeando banderas llenaban el aeropuerto. Los políticos desembarcaron primero. Nadie respondió. Nosotros fuimos después y el ruido fue ensordecedor. Los políticos se volvieron hacia nosotros, admirados. Fue brillante.

Un grupo de nosotros comiendo en un restaurante de la calle en Sudamérica y viéndonos representados en las noticias de la televisión. Hey, todos merecen sus 15 minutos en el espectáculo de la vida.

Y qué se puede decir de esa noche en la casa de nuestro anfitrión, donde descubrimos a un estudiante yendo en puntas de pie hacia el refrigerador para obtener un bocado de medianoche. Él perdió sus pantalones cortos en la puerta del refrigerador, pero conservo la pata de pavo antes de caer al suelo. Eso fue para morirse de la risa.

Nunca vamos a olvidar a ese estudiante mayor que invirtió largas horas entrenando, diciendo que quería pelear como el boxeador Joe Louis y escribir libros como Truman Capote. Desafortunadamente, el escribió como Joe Louis y peleó como Truman Capote. Tendrías que haberlo visto.

OK, me he puesto anecdótico, pero 55 años han sido un largo camino de karate.

No hay un último capítulo de karate, quizás solo remando el bote de Mabuni hacia la isla de Budo.

Y hoy, todos sufrimos con el caos y lo impredecible. Todo lo que podemos hacer es poner en orden a todo y esperar lo mejor.

La memoria es a veces un territorio en que no podemos confiar y con el tiempo se va desapareciendo. Algunas veces cuando uno piensa que tiene todas las respuestas y te crees que te colocas en la dirección correcta, la vida te cambia todas las preguntas. Tanto por el Feng Shui. Pero eso está bien también.

Supongo que nunca va a ver un final para el karate. El recuerdo que ha vivido cada quien difiere unos de otros. Esa es la forma que debería ser.

Antes que se me acabe el aire, a todos los que han venido a través de los años y a todos nuestros auspiciadores, gracias de nuevo por hacer posibles estos 55 años. Soy verdaderamente privilegiado de haber tenido la oportunidad de haber pasado este tiempo en este barco con ustedes.

¡Nuestras puertas están abiertas y más serán siempre bienvenidos a bordo!.

Estudiantes actuales de Shito-Ryu Karate entrenando antes de una competencia en el JCCC en Toronto.

 

* Este artículo publica en inglés originalmente en Nikkei Voice en junio de 2018.

 

© 2018 Chris Hope

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