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La identidad nikkei bajo el análisis de Daniel Saucedo Segami, arqueólogo e investigador de la inmigración

Daniel Saucedo Segami es actualmente Investigador Postdoctoral Extranjero por la Sociedad Japonesa para la Promoción de la Ciencia (JSPS) en el Museo Nacional de Etnología de Japón. (Foto: ©APJ/Ricardo Espinoza).

En el colegio, Daniel Saucedo Segami notaba que había cosas que lo diferenciaban de sus compañeros de clase. Ciertas palabras, por ejemplo. “Una vez le dije ‘bakatare’ (tonto) a un amigo que había hecho algo malo. Él me miró y me dijo ‘¿qué cosa es eso?’”. O hablaba con ellos del butsudan y no lo entendían.

Espoleado por esas diferencias, desde muy pequeño Daniel se interesó por sus orígenes japoneses y, en particular, por la historia de sus bisabuelos inmigrantes que se establecieron en el puerto de Chancay.

Puerto de Chancay, al norte de Lima, donde se inicia la historia de inmigración de sus abuelos. (Foto: ©Archivo personal)  

La curiosidad infantil se transformó en objeto de estudio durante su juventud. En 2001, gracias a un intercambio entre la Universidad Católica del Perú, donde estudiaba arqueología, y la Universidad de Estudios Extranjeros de Osaka, viajó por primera vez a Japón.

Desde entonces, tiene un pie en uno y otro país. Va y viene a menudo. En Japón realizó estudios de posgrado y adquirió herramientas para formarse una visión interdisciplinaria.

Estudiar sus orígenes ha sido importante, dice, para conocerse mejor, para intentar entender qué parte de él es peruana y qué parte japonesa.

“Mi conclusión ahorita es que probablemente tengo más de peruano que de japonés, pero que puedo moverme en los dos ambientes tranquilamente”, afirma. Eso sí, dice que el proceso de conocerse nunca acaba. A no olvidar el adverbio: ahorita.

Hay ocasiones en las que se da cuenta con mayor claridad de hacia qué lado se inclina la balanza. Daniel revela que el mundo académico en Japón es muy tradicional y jerarquizado, lo se hace patente cuando, por ejemplo, en las reuniones de investigadores las mujeres les sirven el té a sus colegas varones.

“Eso es chocante. El hecho de que me choque me hace notar que soy peruano”. Dice que el Perú es un país ligeramente menos inequitativo en términos de igualdad de género que Japón, que aquí la mujer está más empoderada. Añade que la madre es una figura muy fuerte e intocable en el Perú, a diferencia de Japón.

Por otro lado, hay cosas que lo acercan más a su lado japonés. Por ejemplo, estar pendiente en una reunión de que todos tengan comida, atento a las necesidades de los demás, ese tipo de detalles que también son importantes en la comunidad nikkei.

En temas de identidad, Daniel cree que no debemos determinar a los demás, colocarles rótulos, definirlos. Aboga por la autodeterminación, la identidad debe estar fijada por la mirada propia antes que por la ajena. También apuesta por la elasticidad: “Ser flexible para conectar mejor”.

Adentrarse en la historia de sus antepasados le ha permitido a Daniel dimensionar la decisión de migrar de sus bisabuelos. Él, que recuerda las dificultades que tuvo que superar para adaptarse a Japón en su primera etapa, teniendo internet, avión y sabiendo a dónde iba, a duras penas se imagina lo que habrá sido subirse a un barco para un viaje de casi dos meses a un sitio del que no tenían ni idea de cómo era. “Me parece increíble esa actitud de aventura, ese coraje”.

Masaichi y Shigue Segami, los bisabuelos de Daniel Saucedo Segami. (Foto: ©Archivo personal)

Estudiar a sus ancestros también es una manera de mantener el hilo entre las sucesivas generaciones. Daniel quiere dejar algo para el futuro. Si, por ejemplo, su hija cuando crezca tiene ganas de conocer su historia familiar ya tiene una base con la que trabajar y continuar investigando.

LA IMPORTANCIA DE LOS OBJETOS

A veces nos deshacemos de cosas viejas que creemos que no tienen utilidad. Sin embargo, los objetos pueden ser una valiosa fuente de información. Muchas familias nikkei tienen pertenencias de sus antepasados cuya importancia no siempre aprecian.

Los objetos sirven para construir la historia de la inmigración japonesa, explica Daniel. Cada historia familiar se conecta con la gran historia.

Ahora bien, considera que se necesita un “centro de investigación sobre lo nikkei” que ayude a las familias —por ejemplo— con documentos antiguos en idioma japonés que no entiendan, a guardar sus objetos si no tienen espacio para almacenarlos o a restaurarlos si están deteriorados.

La historia, subraya, no debe estar circunscrita solo a lo nikkei, sino que es necesario ver cómo ella encaja en la historia del Perú. “Es importante que le demos énfasis a lo nikkei, pero no quedarnos nunca ahí, siempre tratar de ver cómo estamos aquí, como él Perú nos influencia y cómo nosotros influenciamos al Perú”.

LO NIKKEI EN JAPÓN: ¿HAFU? ¿GOSEI?

“El concepto de nikkei acá tiene un valor. Nosotros como comunidad nos hemos posicionado de una forma determinada en el Perú, se nos ve de una manera específica. En Japón realmente no sirve. El que seas nikkei o no es irrelevante para mucha gente. Si no hablas japonés, si no entiendes las costumbres, vas a ser como cualquier otra persona que llegue para trabajar”, dice Daniel.

Los hijos y nietos de la primera generación de migrantes peruanos, niños y jóvenes que han nacido en Japón o se han criado allá, “quizá están entrando más en esa idea de hafu, que es más global, que en la idea de nikkei que es un poco más antigua. Quizá se consideren más eso: japoneses con algo más, que probablemente peruanos nikkei o que nikkei por último. Creo que cada vez se están desconectando más de esa identidad. Lo cual no es malo, lo que sucede es que es un fenómeno global”.

Hafu proviene de la palabra inglesa “half” (mitad) y se utiliza para referirse a los hijos de matrimonios internacionales en Japón. Aunque algunos critican el término porque sugiere una carencia, como si al hafu le faltara algo, y prefieren la palabra daburu (de “double”, doble), que denota la idea de dos culturas que se abrazan, Daniel explica que el uso de hafu está más extendido en Japón.

Internarse en el terreno de las definiciones es difícil. El arqueólogo pone como ejemplo el caso de su propia hija: “Ella es hija de japonesa y de nikkei de cuarta generación. Mi hija, ¿qué es? ¿Gosei o hafu? Ella probablemente va a tener que identificar eso en su momento”.

Más allá de Japón, Daniel afirma que el término nikkei está alcanzando una dimensión global. “En la época de mis papás hablar de nikkei era muy específicamente de un universo limeño, un poco más de provincias máximo, pero pensar a nivel global era raro. Ahora es facilísimo para un nikkei de acá comunicarse con uno de Argentina, de Estados Unidos, convivir en espacios similares. El término nikkei va a cambiar radicalmente”.

UN PAÍS FÁCIL PARA VIVIR

El Japón de hoy tiene mucho más acceso a lo extranjero que el Japón que el arqueólogo conoció en su primer viaje en 2001. Sin embargo, quizá hablar de mayor apertura sea ir muy lejos. “Abrirse es un término más complicado”, dice.

A los japoneses les gusta observar lo que ocurre en el extranjero, pueden tomar cosas de afuera para crear algo nuevo o mejorar lo que tienen, pero eso no implica que “cambien su esencia. Tienden a ser muy cerrados en ese lado todavía”.

Además del orden, y lo ha notado particularmente en el ámbito académico, destaca la perseverancia de los japoneses, el empeño con el que emprenden una tarea. “Japón te enseña a ser constante”.

Daniel dice que Japón es un país “fácil para vivir si uno conoce el idioma, no hay sobresaltos”. Pero como ciudadano global que se siente cómodo viviendo aquí y allá, siempre vuelve al Perú.

 

* Este artículo se publica gracias al convenio entre la Asociación Peruano Japonesa (APJ) y el Proyecto Discover Nikkei. Artículo publicado originalmente en la revista Kaikan Nº 110, y adaptado para Discover Nikkei.

 

©2017 Texto y fotos: Asociación Peruano Japonesa

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