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Greenwood, Columbia Británica: Primer Centro de Internamiento

Greenwood,  ciudad ubicada en Columbia Británica (Canadá), se convirtió en el primer centro de internamiento en donde gente nikkei fue exiliada y “reubicada” de la costa de Columbia Británica. El 7 de diciembre de 1941, Japón bombardeó Pearl Harbor y poco después Canadá declaró la guerra a Japón cuando Hong Kong, un estado de la Comunidad Británica, cayó frente al ejército japonés. Este fue el comienzo de una reacción en cadena de decisiones gubernamentales para retirar a los japoneses-canadienses de la costa. Con la Ley de Medidas de Guerra vigente, los japoneses-canadienses se encontraban indefensos. Quizás ahí es donde nació el término “shikata ga nai” (“no hay más remedio”). Aquellos que protestaron fueron enviados a los campos de prisioneros de guerra en Petawawa, Schreiber o Angler en la provincia de Ontario. Con el fin de entender el “por qué” y el “cómo” se escogió Greenwood, uno debe remontarse a los primeros años del siglo XX.

Powell Street fue bautizada como “Japantown” por la mayoría de la población de Vancouver. Ya para finales del siglo XIX, el aserradero Hastings contrató mayormente a inmigrantes japoneses para realizar trabajos manuales. Como resultado, surgió una comunidad japonesa cuando los trabajadores necesitaron casas de huéspedes y lugares para comer. Se establecieron hoteles, tiendas, restaurantes, almacenes y baños públicos para atender las necesidades de los trabajadores. La población de Japantown aumentó considerablemente cuando los hombres solteros pidieron traer esposas desde Japón para comenzar una familia. Powell Street estaba floreciendo. Se estableció la Escuela de Idioma Japonés. Incluso organizaban un concurso de shibai (drama) todos los años y, por lo general, los actores de Shiga-ken ganaban el primer premio con su animada interpretación de canciones y bailes.

De acuerdo con el artículo de investigación de Jacqueline Gresko, Kathleen O’Melia era una misionera anglicana en East Vancouver en 1902. Hacia el año 1912, Kathleen se convirtió al catolicismo cuando tuvo un llamado para ayudar a los japoneses en Powell Street. A Kathleen los japoneses la llamaban O’Melia-san. En 1926, fue ordenada la hermana Mary Stella a la edad de 57 años.

La hermana Mary Stella inició la Misión Católica Japonesa en las calles Dunlevy y Cordova. Las hermanas abrieron una clase de jardín de infancia  y una guardería para los niños japoneses. Aquellos padres que tuvieron que salir de Vancouver para realizar trabajo por contrato dejaron a los niños con las hermanas. Hacia 1930, había un pequeño grupo de conversos. El padre Benedict Quigley era un fraile en aquella época que aprendió el dialecto de Wakayama para hablar con sus feligreses.

En 1931, las Hermanas y Frailes Franciscanos de la Expiación de Graymoor, Nueva York, abrieron otra misión japonesa-católica en Steveston. Allí había una gran comunidad japonesa con familias principalmente empleadas en la industria pesquera. La hermana Antoinette y la hermana Mary Stella tocaron las puertas de las casas ubicadas en la hilera de las fábricas de enlatados donde vivían las familias japonesas. En poco tiempo, tenían más de 200 conversos y cuatro hombres preparándose para el sacerdocio. Desafortunadamente, la hermana Mary Stella falleció en 1939. No pudo ver su sueño convertirse en realidad, pero otros siguieron ayudando para alcanzar su objetivo que era establecer misiones japonesas-canadienses. El padre Peter Baptist Katsuno se convirtió en el primer sacerdote japonés-canadiense ordenado en la Orden Franciscana. En 1941, la población “japonesa” total había aumentado a 2000 de 2500 en Steveston.

La segunda guerra mundial cambió el curso de la historia para los japoneses-canadienses.  El recinto ferial de Hastings Park fue el centro de detención para todos los japoneses-canadienses que vivían en la Isla de Vancouver, incluso hasta la costa de Prince Rupert. Aquellos que vivieron en Steveston y Vancouver pudieron vivir en sus hogares hasta que se les ordenó abandonar el lugar.

Aquí es donde las hermanas y los frailes franciscanos tuvieron un papel fundamental en el proceso de internamiento. Muchos de los feligreses pidieron a las hermanas que les encontraran un lugar seguro. El padre Benedict Quigley fue más allá del cumplimiento del deber para hacerlo posible. Condujo al interior, hasta Nelson, en Columbia Británica, para ver si podía encontrar un pueblo que aceptara a los japoneses-canadienses.

Greenwood (Cortesía del Museo de Greenwood)

El obispo Martin Johnson sugirió que Greenwood, que se convertía lentamente en un pueblo fantasma, podría aceptarlos. El padre Benedict manejó hasta Greenwood para encontrarse con el entonces alcalde W.E. McArthur, padre. Existían algunos asuntos que debían resolverse. Primero, el alcalde le dijo al padre Benedict que la gente del pueblo estaba preocupada por la seguridad si él aceptaba a los “japoneses”. El padre explicó al alcalde que era todo lo contrario. Los nikkei eran los que estaban asustados porque ¡no tenían un lugar a dónde ir! Esto me lo dijo Mitsi (Sasaki) Fugeta.

Con el tiempo, el alcalde aceptó tener una reunión de participación comunitaria para emitir un voto. Según Molly (Madokoro) Fukui, el alcalde McArthur trató de convencer a la gente local en la reunión que Greenwood necesitaba gente y que los japoneses de la costa no tenían a dónde ir. Después de varias reuniones, la gente del pueblo acordó aceptar a los japoneses-canadienses encarcelados solo si las hermanas y frailes franciscanos garantizaban la seguridad de la gente local y que ellos asumirían toda la responsabilidad. Al final, el voto fue casi unánime. Solo dos seguían votando en contra.

La hermana Jerome Kelliher y la hermana Eugenia Koppas hicieron un viaje en tren durante 18 horas hacia Greenwood un día antes para asegurarse que había rostros familiares cuando llegaran los primeros pasajeros. El 26 de abril de 1942, el tren llegó a Greenwood con ancianos, mujeres y niños en su mayoría. Los hombres jóvenes fueron enviados a los campos de prisioneros para carreteras.

El tren hacia Greenwood (Cortesía del Museo de Greenwood)

El alcalde McArthur tuvo su fiesta de bienvenida para saludar a los primeros japoneses-canadienses que bajaran del tren. Las hermanas estuvieron allí para saludar a los feligreses católicos. Un camión estaba esperando para cargar con las maletas y a algunas personas hasta sus alojamientos. Había muchos hoteles vacíos disponibles, cuando Greenwood fue alguna vez una floreciente ciudad de 3000 habitantes dedicada a la fundición y procesamiento. En 1918, el precio del cobre bajó tanto que la fundidora paró sus operaciones. La población disminuyó drásticamente a menos de 200. Casi 1200 nikkei llenaron las habitaciones de los viejos hoteles y casas.

Llegada de los japoneses-canadienses en Greenwood el 26 de abril de 1942
(Cortesía del Museo de Greenwood)

Una vez que esta gente de ciudad, bien vestida y que venía de la costa, había demostrado ser ciudadanos honestos y trabajadores, disminuyó la ansiedad de la gente local. Había varios aserraderos establecidos para aprovechar la gran fuerza laboral cuando los hombres regresaran de los campos de prisioneros para carreteras. Greenwood estaba en auge otra vez.

Cuando la guerra terminó en 1945, el gobierno insistió en que no deseaban que los japoneses-canadienses regresaran a la costa. Por eso, el ultimátum del gobierno era “que se vayan al este de las Montañas Rocallosas o que sean repatriados a Japón”. El Consejo de Comercio de Greenwood protestó contra esta ley injusta. Cuando otras comunidades estuvieron de acuerdo con la sanción del gobierno, Greenwood no lo estuvo. Así, las familias nikkei no estuvieron presionados para aceptar una opción “entre la espada y la pared” que les habían dado. Finalmente en 1949, el gobierno, siendo objeto de críticas, permitió a los japoneses-canadienses regresar a la costa y disfrutar de todas las libertades de un ciudadano canadiense.

Los residentes nikkei deben agradecer a la gente de Greenwood por el apoyo que han demostrado para mantener a los locales “adoptados” en la comunidad. La población nikkei aún ascendía a unas 700 después de 1949. Para 1950, la población total llegaba a unas 1000. Cuando cerraron otros campos de concentración, muchas familias tuvieron que elegir su destino. La mayoría de ellos fueron a Ontario y Québec. Algunos fueron a las praderas. Casi 4000 eligió Japón.

Es así como y por qué Greenwood se convirtió en el primer centro de internamiento. Los campos de internamiento provisionales en Lemon Creek, Popoff, Bay Farm y Rosebery en el valle Slocan y el campo de internamiento autofinanciado de Lillooet en Cariboo fueron desmantelados y han  desaparecido. Solo son un lejano recuerdo con solo un campo de los agricultores como evidencia. Solo New Denver tuvo una pequeña comunidad nikkei después de la guerra. El Museo Conmemorativo de Internamiento Nikkeiestá ubicado en este pueblo.

En Kaslo, falleció este año el último nisei que quedaba. La profesora en aquel entonces, Aya Higashi, era muy respetada y se le rinde homenaje a su nombre en la Iglesia Unida de St. Andrew y en el Museo del Hotel Langham. Unos cuantos residentes nikkei permanecieron en New Denver. Sin embargo, Greenwood aún tiene cerca de 30 nikkei que han echado raíces y nunca se han ido. Naturalmente, muchos han fallecido en Greenwood o se han mudado para estar cerca a sus hijos e hijas.

El Museo de Greenwood tiene una sección de historia nikkei y se está mejorando el parque Nikkei Legacy. La Orden Franciscana de la Expiación tuvo un gran papel al traer a los japoneses-canadienses a Greenwood. La Iglesia Unida tuvo además un papel pequeño. Se trata de la pregunta “qué pasaría”. ¿Qué tan diferente podría haber sido la historia de los nikkei si no dependía del alcalde McArthur aceptar a los japoneses-canadienses en Greenwood? Podríamos muy bien haber estado recogiendo remolachas en las praderas o haber partido hacia Japón, un país que la mayoría de los nisei nunca habían visitado. Los nikkei de Greenwood realmente fueron muy afortunados.

 

© 2016 Chuck Tasaka

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