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Los nikkei de América Latina y los nikkei latino

Simposio Osaka: “Los extranjeros y los derechos humanos”. Algunas reflexiones.

A veces cuando uno observa estos titulares en congresos o reunión de expertos da la sensación de que Japón es poco respetuoso de los derechos humanos, pero este país es indiscutiblemente un Estado de Derecho mucho más efectivo que muchos otros y en sus normativas estipulan los derechos y obligaciones de sus ciudadanos y de los extranjeros. Estos últimos tienen limitado los derechos políticos y algunas actividades económicas, pero gozan de los mismos derechos que los japoneses.

Desde luego, como todo sistema jurídico tiene falencias y no siempre dan respuestas efectivas a las violaciones de los derechos básicos. En los `90 cuando comenzaron a llegar los trabajadores extranjeros nikkei de Sudamérica muchos fueron objeto de la entrega forzada del pasaporte a las contratistas, del cobro de comisiones exhorbitantes por los trámites de visa, y lo más impactante fue la no admisión en algunas tiendas y firmas inmobiliarias (en la entrada decía “gaikokujin okotowari”, que significa: los extranjeros no pueden entrar). Algunas empresas no cumplían siquiera con las exigencias mínimas del derecho laboral y migratorio; sin embargo, en momentos de crisis económica esa situación afectaba de manera directa a los precarios extranjeros con despidos intempestivos y cambios inadmisibles en las condiciones de empleo. Desde luego, no eran solo los extranjeros los que sufrían estas arbitrariedades sino que muchos empleados japoneses estaban en la misma situación y sufrieron las mismas consecuencias. Pero dentro de este contexto, las mismas contratistas y agencias de empleo eventual no dejaron de hacer sus esfuerzos por reubicar al personal extranjero, no solo porque es la única forma de obtener sus ganancias sino porque después de una crisis siempre se producen vacios o nuevas necesidades de mano de obra en otros rubros o tareas.

Si bien los extranjeros como los japoneses del sector manufacturero con contratos indirectos han sido variable de ajuste en los programas de racionalización de personal, a diferencia de lo que se cree ocasionalmente no siempre han quedado en total desamparo, pues pueden cobrar el seguro de desempleo y aunque no estén asegurados, al menos desde el 2009 se flexibilizaron los requisitos para que las empresas regularicen de inmediato los aportes y los trabajadores parados cobren la asignación de desempleo.

Rememorando estos 20 años de trabajo con los extranjeros en las oficinas públicas de asistencia, se puede decir que muchos de los atropellos y desamparos e incluso violaciones a los derechos humanos básicos vienen del no conocimiento (ignorancia), malentendidos y actitudes exaltadas de los mismos extranjeros y de los temores y prejuicios que tienen los japoneses. Cuando no se toman medidas correctivas en la etapa inicial, los daños morales y emocionales de la víctima son enormes y solo queda un sabor amargo lleno de resentimientos. Por ejemplo, en esos años hubo una demanda judicial que tuvo mucha repercusión mediática de una brasileña de Shizuoka que le fue prohibida el ingreso a una tienda (joyería), pero el tribunal aun considerando que el dueño había sido asaltado en dos ocasiones anteriores por grupos extranjeros,condenó esa conducta discriminatoria y sentenció el pago de una indeminzación y disculpas a la demandante. En la aplicación de la ley, el juez dictaminó de manera muy correcta pero socialmente eso provocó un mayor distanciamiento entre los extranjeros y los vecinos japoneses de esa localidad. En un litigio judicial se puede corregir y sancionar una conducta, pero no necesariamente se puede recrear un mecanismo de convivencia intercultural cuando previamente hubo actitudes hostiles del lado extranjero (asalto, robo, etc.). El triunfo en los tribunales sino va acompañado posteriormente de una actitud conciliatoria y correctiva de ambas partes los puede distanciar aún más y fomentar manifestaciones discriminatorias encubiertas que muchas veces hieren mucho más.

Cuando en una sociedad se necesita convivir entre diferentes nacionalidades y etnias, ese ámbito social es simultáneamente el lugar de aprendizaje y de tensión, pero cuando uno logra comprender que en la diferenciación y en la diversidad se pueden compartir muchas cosas y enriquecerse mutuamente es posible organizar eventos comunitarios conjuntos, como ser festivales, concursos de oratoria, charlas-debate, etc. Sin embargo, cuando la sociedad receptora que es la mayoritaria tiene la percepción de que no necesita esa convivencia que incluso es desgastante y perturbador del “orden social”, eso provoca que los mismos extranjeros se encierren en su ámbito cultural y social.

Solo los que logran medianamente una convivencia armónica con la sociedad local acceden a más oportunidades de ascenso social. Además, muchas comunidades extranjeras aunque aparentemente sean muy reservados pueden aportar progreso y desarrollo donde son acogidos, tal es el caso de los colonos japoneses en América Latina, como las colonias agrícolas de Bolivia y del Paraguay donde desde una pequeña aldea han forjado municipios con una agroindustria que genera miles de empleo, producción y exportación. En algunas de estas localidades, los descendientes de segunda y tercera generación ocupan cargos políticos o administrativos en la alcaldía, puestos y posiciones que se han ganado con mucho esfuerzo y sacrificio desde los primeros inmigrantes.

Comunidad Boliviana en las afueras de la ciudad de Buenos Aires. Ya no son solo agricultores sino que son comerciantes mayorista de verduras, frutas y productos alimenticios. Hay un ascenso social muy importante en esta comunidad pero por sus rasgos étnicos a veces suelen ser objeto de discriminación.

La discriminación a los extranjeros no es novedad y existe lamentablemente en muchas partes. El “derecho de piso” que se les exige implica mucha tenacidad y paciencia, y cuando las alternativas y las posibilidades de retorno o de búsqueda de otro destino son pocas, tienen que abrirse camino como sea asumiendo las tensiones, las limitaciones y los desafíos. El desconocimiento sobre otras formas de vida y pautas culturales genera, a veces, expresiones y valoraciones equivocadas y hasta odiosas. En Sudamérica también han existido y siguen existiendo estas reacciones pero a medida que los extranjeros se integran a la sociedad local la convivencia es totalmente viable y hasta amigable. A veces los medios suelen destacar los enfrentamientos verbales y odiosos llamados “hate speech”, pero no hay que olvidar que eso se da generalmente entre grupos reaccionarios de ambas partes promovidos también por las circunstancias. En Japón algunas organizaciones sociales proponen leyes más rigurosas contra la discriminación de los extranjeros, pero poco sentido tiene cuando el colectivo extranjero manifiesta o representa gestos que provocan esas reacciones en algunos sectores de la sociedad japonesa. Cuando se mezclan los temas históricos y las tensiones diplomáticas que vienen de reclamos territoriales, es inevitable que ambas partes usen expresiones ofensivas y exacerben los ánimos.

Como nissei (segunda generación) nacido en la Argentina, desde el Jardín de Infancia tuve compañeros nikkei y hasta finalizar el ciclo de la primaria tuve, además de las clases en la escuela pública local, lecciones de idioma japonés y una participación muy activa en las actividades culturales y deportivas de la asociación japonesa. Por lo tanto, mi identidad se inclinaba más como japonés que como argentino. Sin embargo, ya en la secundaria se hizo más amplio y contínuo la relación con los no nikkei y eso me permitió integrar valores y conductas argentinas. El servicio militar obligatorio y el ingreso a la universidad me formó de manera más integral como ciudadano argentino y mis sentimientos estaban mucho más identificados y definidos, sin dejar de sentir interés por conocer algún día el país de mis padres. Desde luego que en este proceso de asimilación e integración hubo contradicciones y dudas sobre los valores adquiridos en el hogar y en algunas ocasiones percibí conductas discriminatorias por ser descendiente de japoneses, pero nada que pueda provocar un conflicto interno en mis valores ni rechazo hacia la sociedad local. Sin embargo, en las dos ocasiones en que mi padre sufrió lesiones graves por un accidente provocado por negligencia del conductor de un omnibus, no solo que no cobró un solo centavo sino que en el informe policial figuraba que la culpa la tenía mi padre. Por mi escasa edad y experienia en ese momento no pude apreciar la gravedad de la situación, pero posteriormente supe que nos habían engañado y descriminado de manera muy fea. Sin embargo, a medida que la integración se hizo más sólida las oportunidades se fueron ampliando y esa perseverancia, respeto y dedicación al trabajo, fueron los ingredientes para sentar una reputación intachable de los japoneses y sus descendientes.

La discriminación en América Latina se percibe mucho más dentro de la enorme desigualdad social y económica existente y en las injusticias que se observan a diario en las empresas, en la administración pública y en la misma sociedad. A veces, la manera en que los medios transmiten determinados hechos no favorece la comprensión e incluso generan más exclusión y humillación a los afectados.

Hall donde se realizó el Simposio, Osaka, Noviembre de 2014

En noviembre del año pasado (2014) se realizó en la Ciudad de Osaka un Simposio sobre “Los extranjeros y los derechos humanos”, organizado por una fundación del Ministerio de Justicia, en donde tuve el honor de participar como panelista. Allí señalé que aún siendo minoría un extranjero tiene muchas posibilidades de sumar positivamente que restar en la sociedad japonesa en base a su particularidad. El 98% de la población de este país son japoneses con su propia historia y tradiciones y por más que uno observe elementos difíciles de comprender o aceptar, mientras el sistema social funcione medianamente bien no es fácil exigir cambios radicales o bruscos. De todos modos, en estos 20 años hubo muchas mejoras en las ayudas públicas a los extranjeros y una percepción menos sensacionalista, aunque siempre hay medios y ONGs que promueven el tono hostil. A veces algunos extranjeros rechazan todo lo que es japonés, sean costumbres, valores, tradiciones, etc., pero nadie les obliga a adoptar la nacionalidad japonesa ni comportarse como ellos. En esta sociedad como en muchas otras, cualquier extranjero puede complementar sus atributos y contribuir con su aporte. Tanto las empresas como las instituciones públicas tienen dificultades en el manejo de la diversidad pero eso significa que para muchos extranjeros es una oportunidad única para ofrecer sus diferencias en beneficio de sí mismo y de esas organizaciones.

La discriminación como los prejuicios vienen de la ignorancia, de los celos y envidias, y también de rencores a veces poco fundados, pero más que nada de los miedos e ideas equivocadas. Dentro de la sociedad japonesa hay quienes creen que no tienen la necesidad de comprender ni de convivir con las minorías. Sin embargo, para encontrar respuestas viables a la complejidad del mundo de hoy y a los diversos problemas de esta sociedad, Japón puede recurrir a las percepciones que tienen los extranjeros. Desde luego, también está en los extranjeros que esas propuestas se transformen en algo positivo para la sociedad japonesa. 

Extracto de la nota publicitaria en Yomiuri Shinbum, pág. 20, 10.01.2015.

Webs relacionados al tema:

http://www.moj.go.jp/JINKEN/jinken04_00101.html Dirección de Derechos Humanos, Ministerio de Justicia de Japón

http://www.jinken.or.jp Fundación Pública Centro de Difusión y Edcuación de los Derechos Humanos

 

© 2015 Alberto J. Matsumoto

Human Rights nikkei in japan visa

Sobre esta serie

El licenciado Alberto Matsumoto encara las distintas facetas del Nikkei en Japón. Desde la política migratoria sobre la inserción al mercado laboral del inmigrante hasta su inculturación a las costumbres y lenguaje japonés a través de la educación primaria y superior. Analiza la vivencia interna del Nikkei latino con su país de origen, su identidad y su convivencia cultural personal y social en un contexto cambiante de globalización.