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Futuro Colectivo

Mi primer Japantown - Parte 2 de 5

Parte 1 >>

San Francisco

Es la ciudad emblemática de tantas películas… es muy limpia, con sus edificios bien conservados en fachada (aunque una noche ventosa tiró abajo el letrero iluminado de 5m, de un hotel en un edificio antiguo, frente al lugar donde estábamos hospedados).

Vale conocerla, comprar en sus tiendas, conversar con su gente, compartir su comida en las mismas mesas y utilizar sus sistemas de transporte porque es una experiencia muy diferente a la que podemos obtener en una ciudad como Lima.

Al ser una ciudad cosmopolita, ya que fue fundada por inmigrantes y construida por las generaciones siguientes, el ambiente es grato, cómoda al caminar por sus calles sobretodo porque más del 30% de los genes de la población tiene origen oriental (chinos, filipinos, japoneses, vietnamitas, etc), característica notoria en tiendas por departamentos, bazares, cafeterías y hoteles en diversos puestos de trabajo: botones de hotel, reponedores de mercadería, atención al cliente, servicio en restaurantes además de turistas japoneses y chinos por montones.

La zona céntrica –downtown- de San Francisco ofrece gran variedad de lugares para comprar ropa y accesorios (vanidad en extremo con marcas “exclusivas” por el precio que tienen… además del diseño y excelente material); sobran restaurantes para todos los gustos y paladares: comida paquistaní, vietnamita, japonesa, china, cafeterías a montones incluso dentro de los hoteles -la que tiene la sirena mutante, aquella con 2 colas-; también encontramos, y probamos, la típica comida frita de carretera estadounidense servida en barra de un restaurante ambientado como si fuera viejo… o será que todo era, de verdad, viejo, aunque cocinada por latinos, la fuerza obrera en muchos estados de este país.

El español fue infaltable al momento de comprar o pedir dirección para llegar a algún lugar ya que nos encontramos con nicaragüenses a montones, salvadoreños, algunos peruanos y más latinos que tienen ya una vida construida por décadas o por ser hijos de inmigrantes y continuar con lo aprendido de sus padres: no renunciar a las comodidades que ofrece Estados Unidos para un trabajador promedio que en su país de origen pocos podrían alcanzar.

Con mucha razón son considerados la fuerza de trabajo ya que los encontramos, como a los que tienen origen oriental, en muchas tiendas en todo el downtown.

Partiendo desde el punto céntrico, el Union Square (Plaza de la Unión), se llega a donde se planee ir sin dejar de ver tiendas con diversas iniciativas y conceptos, productos y públicos objetivos (vestimenta, juguetes, libros…); pudimos caminar a Chinatown pasando debajo del portal con los leones que la cuidan y probar un pan de coco al vapor con un café en cafetera vieja de un restaurante –también viejo- donde el refill (re-llenado) de café nos costó 50 centavos y la señora, china con inglés difícil de comprender, fue amable después de hacernos entender de que teníamos que pagar primero, a pesar de no haber comido nada aún.

Chinatown

El barrio chino no dejó de parecerse al que tenemos en el Centro de Lima por saturado y con gente por montones entrando y saliendo de las tiendas y restaurantes de comida china.  Las bolsas con compras estaban en manos de muchos cuya atención no se dirigía a la arquitectura “victoriana” adaptada con cerámica china ni a los transeúntes sino a los objetos que se podían comprar, made in china.

Fue un poco difícil conversar con ellos, residentes del barrio, por su pronunciación: un inglés machacado con dejo chino y nuestro inglés latino, así, dos lenguas se juntaron en un solo idioma para tratar de comunicarnos (siempre pudimos obtener la información que necesitábamos pero costó algo de trabajo, como hablar inglés en Texas o con alguien acostumbrado a hablar como los estadounidenses de color, con un fuerte dejo de identidad).

La mañana atravesando Chinatown, se cerró con un almuerzo en el muelle que está al otro lado de la colina desde donde se puede ver la prisión de Alcatraz, donde pudimos sentir el frío que aguantaban los prisioneros hasta que la clausuraron por ser considerada inhumana (el dilema con ellos es que por alguna razón estuvieron presos y, sabiendo que las condiciones en las prisiones jamás van a ser cómodas, se atrevieron a delinquir… es decir, hay que aceptar las consecuencias de las acciones propias).

Esta caminata de, aproximadamente, 4km da una idea de la vida que tiene el San Francisco céntrico con sus tiendas y restaurantes con muchas décadas de vida y comida especializada que sólo se puede encontrar en una ciudad como esta, con alto nivel de vida (baste ver los autos que circulaban por todas las calles para entender que es una ciudad que mueve mucho dinero además de cobrar un impuesto a las ventas por encima de lo común:  9.5%, siendo 8.25% el común en la mayoría de las ciudades de California).  La siguiente mañana fue reservada para visitar Japantown.

Durante la noche relajamos los pies en agua caliente y dormimos después de una sopa instantánea con Harusame (que también fue el nombre de un destructor de la armada japonesa… aunque el kanji debe ser distinto, para nuestros oídos latinos es similar) o Fan si en chino (tallarines hechos con almidón de frijol mung, arroz, papa o maíz) acompañados con bagels comprados en una tienda de conveniencia.  De todo intentamos probar.

Parte 3 >>

© 2011 Victor Nishio Yasuoka

japantown san francisco

Sobre esta serie

Victor Nishio Yasuoka experimenta con la vivencia Nikkei en Perú. Se pregunta: ¿Qué es ser Nikkei? Para imaginar un futuro colectivo local y global. También, analiza el racismo histórico y contemporáneo, incluso explaya las consecuencias del denominativo “chino” y sus razones profundas. Finalmente, aporta un panorama personal de las Bellas Artes y el apoyo cultural dado a los artistas de la colectividad desde su mirada profesional.