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Nikkei en Rio de Janeiro

No hay Japantown en esta gran ciudad, sé que existe en Sao Paulo pero, lamentablemente, no pude ir… para el siguiente viaje ya que este tuvo que ser corto.

Tratando de conocer la ciudad y de buscar personas con similares ancestros, mi señora y yo nos paseamos por las calles comerciales y centros comerciales además de las atracciones turísticas.

El Maracaná está en plena remodelación para el 2014 (nos botaron del segundo nivel aunque las puertas estaban abiertas y no habían letreros de señalización).  Asumo que la administración de este estadio daba por hecho que todos utilizarían los ascensores en vez de ejercitar las piernas por las escaleras (veía similar desorganización que en Lima, por algo somos latinos, países hermanos, mismo continente, vecinos).

No sabíamos por dónde estábamos pero nos botaron de un piso; subimos al único al que se podía subir y la señora, gordita, con lentes y un peinado tipo hongo, regañaba a la ascensorista y luego a un vigilante mientras nos señalaba… por los gestos asumo que nos echaba culpas por estar en un nivel “prohibido” sin habérnoslo hecho saber.

El Cristo Redentor fue la siguiente parada, hermosa escultura con más de 4 millones de votos para convertirse en una de las maravillas modernas del mundo.  Luego vimos gran parte de los edificios de Río desde el Pan de Azúcar con sus 2 tramos y 3 estaciones de funicular (del latín funiculus, cuerda).  El día estaba nublado pero hubo suficiente luz para fotos y ver lejos aunque nunca pudimos ver el Río de Janeiro publicitado en internet y en comerciales pro-turismo hacia Brasil.

Conocimos varios distritos cuyas calles comerciales se parecían bastante porque tenían las mismas tiendas y los buses pasaban por todas ellas (el consumismo está bien establecido en esta ciudad tal como apunta a ser Lima).  El sistema de transporte es fácil de entender ya que es casi una franja de ida y vuelta, muy simple y parecido al de Cancún donde los hoteles y centros de entretenimiento se conectan por una vía principal por donde pasa el transporte para los turistas y los locales que quieran utilizarlos.

Mas en esta zona turística pude encontrar a poquísimos Nikkei caminando.  Algunos en centros comerciales y nos miramos como nos miramos todos: tratando de identificarnos o de saber el apellido sin conocernos, buscando en la memoria a alguna tía abuela que pudo ser amiga de la familia o a algún primo lejano que se casó con alguien y nos pudo haber llevado de visita una vez, hace 10 años o más, cuando estábamos “chiquititos”.
Más allá de lo desconocido, la pronunciación fue un impedimento ya que me es difícil entender el portugués común, hablado rápido y con la G arrastrada cuando es una D o una S en español, entre otras diferencias como las frutas que no hay en Lima pero sí en nuestra selva y los nombres distintos como Morango para las fresas (¿acaso mora y mango?).

En los centros comerciales hay muchas marcas de restaurantes fusión pero ningún Nikkei dentro cuando me acercaba a las barras de sushi (más o menos como pasa en las marcas estadounidenses de comida “japonesa”).

La falta del rasgo oriental es algo parecido a lo que sucede en muchos de los nuevos “Chifas” que se abren en nuestra ciudad donde se ofrecen platos fusionados chinos con muchos años entre nosotros pero ningún chino o hijo suyo, los cocinan, sino emprendedores llegados de provincia pero con ascendencia netamente peruana.

Ví marcas con nombres japoneses como Sushi Leblon, Ten kai o Benkei Sushi mas no los cambié por un rodizio en Rio Sul, cerca al centro comercial que tiene 30 años (por ello hay otros mejores) ni tampoco por una feijoada (frejolada) en un restaurante típico en el distrito de Ipanema a media cuadra de la salida del metro en General Osório (con acento).

El rodizio fue impresionante no por la barra de ensaladas y entradas sino por la insistencia de los mozos en vaciar sus “espadas” llenas de carnes; un tipo de carne por mozo apurado como ansioso por repartir pedacitos de costillas en todos los platos como si estuviera a presión para que los comensales llenasen la barriga y se retirasen pronto. 

La frejolada tenía embutidos y carnes además de nariz, ubre y pata (dijeron, no los probé) con varios acompañamientos cargados de frejoles y una posterior acidez por tanta carga para digerir (felizmente, comimos poco y regresamos caminando al hotel bajo una llovizna agradable y con poca gente en la calle).

No encontré un Nikkei en nuestras caminatas largas por estas calles (no nos animamos a alejarnos de la zona turística-comercial debido a lo escuchado por amigos y conocidos sobre el nivel de peligrosidad fuera de estas zonas).

Preguntaba por un barrio japonés pero nadie sabía dar referencia (en internet pude encontrar algunas referencias pero no pude llegar estando en el lugar… por alguna razón habrá sido).

Pero sí conversé con un Nikkei en el metro.  Su pelo era de los años 80, peinado hacia arriba en voluminoso cerro como el Corcovado.  Su curiosidad le llevó a preguntar sobre nuestra procedencia y sus lentes nos veían de arriba abajo tratando de entender lo que decíamos al igual que nosotros lo que salía de su boca.  Fue una conversación corta porque su bajada era antes que la nuestra y fue la única interacción, casual, con Nikkeis en Rio de Janeiro.

Si llego ir a Sao Paulo espero poder tener tiempo de visitar el Japantown –curiosidad sobra-, iniciativa que falta en Lima aunque tal vez no exista porque hay un décimo de los Nikkei que hay en Brasil.  Esperemos que se cree el Japantown en Lima antes que desaparezcan las costumbres, tradiciones e identificación de la juventud con sus ancestros inmigrantes al Perú, el ejemplo lo tenemos en varias ciudades de este continente.

© 2010 Victor Nishio Yasuoka

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