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Los caminos cruzados de la literatura peruana y japonesa

La distancia geográfica no ha sido razón para apartar la creación literaria de dos países tan disímiles como Perú y Japón, cuyas historias reales han alimentado a las de ficción. Escritores y académicos se han asomado a los caminos cruzados de estas naciones, encontrando temáticas, coincidencias y otras curiosidades a partir de la migración.

La profesora japonesa Shigeko Mato es una estudiosa de ambas literaturas y se ha especializado en analizar sus sutiles encuentros. Cuenta que sus profesores de la University of New Mexico, en Estados Unidos, la animaron a leer obras literarias de Latinoamérica, a fin de que pudiera mejorar su español. “En la escuela secundaria en Japón, no tenía mucha pasión por la literatura porque la manera de leer era muy mecánica y no había oportunidad para expresar mis ideas”.

Cuando leyó La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, se enamoró de su complejidad, dice que era “como si participara en el proceso de hacer la obra junta con el protagonista, el narrador y el autor”. De ese interés saltó a otros autores del boom latinoamericano y de allí a la literatura nikkei aunque cuestiona su nombre.

“En un curso de lengua española, leímos un cuento sobre una relación entre una abuela, inmigrante japonesa, y su nieto nacido en un país hispanoamericano. No recuerdo mucho los detalles del cuento, pero recuerdo la sensación de una sorpresa que tuve al encontrar una relación entre Latinoamericana y mi país”.

Conociendo lo nikkei

En el Perú, los principales referentes de la literatura nikkei son muy disímiles: José Watanabe, Augusto Higa, Fernando Iwasaki, Doris Moromisato, Carlos Yushimito. Shigeko cuenta que Watanabe es su poeta favorito. “Como Arguedas, la poesía de Wanatabe atrapa al lector en su tierra natal de Laredo, donde hay mucho contacto con la naturaleza y donde parece que no hay una división entre el mundo humano y el natural. Escribe poemas para hablar de cosas cotidianas observadas de una manera natural sin ninguna pretensión de crear un poema magnífico”.

De Higa le interesó cómo inserta voces diferentes a los estereotipos que se tiene de los descendientes japoneses. “Especialmente me interesan sus protagonistas que casi siempre están fuera del círculo de la comunidad nikkei, revelando lo que ha sido ocultado”. Ella considera que el gran aporte de estos escritores ha sido haber abierto una puerta para darle otra mirada a la cultura y la identidad japonesa en Perú y Latinoamérica.

“No quiero asociarlos solamente por su raza, etnicidad o apellido, pero las palabras japonesas salen en sus obras y no se puede negar que quieren mostrar algo que está relacionado con Japón, por lo menos”. Shigeko refiere como ejemplo a la narración que hace Higa de su experiencia como dekasegi en tierras niponas. “Es un escritor generoso y paciente”, dice respecto a Augusto, a quien pudo entrevistar sobre cómo decidió incluir a lo nikkei en sus obras.

Voces escritas

Portada y contraportada del libro Las voces que entrecruzan el Perú y Japón. Crédito: Editorial Morrup.

Las voces que entrecruzan el Perú y Japón es el libro que Shigeko ha publicado este año con la editorial Morrup, con el cual se acerca a distintas obras para darle una revisión al término “literatura nikkei”. Ella cuestiona el uso de esta categoría y señala que no cree en un lado japonés y un lado peruano. “Para mí son escritores de ascendencia japonesa que incorporan algo japonés en sus obras. Hay escritores peruanos que también incorporan algo relacionado con Japón o con la memoria japonesa en Perú como Selenco Vega Jácome”.

Otros autores peruanos, como Luis Arriola, han narrado la migración, pero de Perú a Japón, en libros como Gambate y los cuentos de Otosan. En el caso de Diego Alonso Sánchez Barreto, ha explorado la técnica japonesa del haiku en los libros de poemas Por el pequeño sendero interior de Matsuo Basho y Se inicia un camino sin saberlo. El novelista Enrique Planas también se ha alimentado de la cultura y presencia nipona en Perú en su novela KimoKawaii.

Para Shigeko Mato, existe una temática menos abordada en lo referido a los nexos de la literatura peruana y japonesa y es lo referido al gobierno de Alberto Fujimori. “Me encantaría ver el tema del fujimorismo desde la perspectiva de la comunidad nikkei. Otro tema que me interesa es la experiencia de dekasegi de los peruanos nikkei y no nikkei”, dice la investigadora. Sin duda, esa visión podría contribuir a abordar la xenofobia tan presente en el Perú.

Portadas de los libros que contienen las historias revisitadas por Shigeko Mato para su reciente publicación. Crédito: Collage elaborado por Javier García.


Lengua e identidad

Gran parte de la literatura que aborda la vida de los migrantes o los descendientes japoneses en el Perú tiene que ver con la identidad. De allí han surgido obras que la investigadora considera positivos porque han permitido introducir todo un espacio temático de lo nikkei en la literatura peruana, pero también han sido negativos por limitar a estas obras a esa categoría, cuando hay escritores nikkei que han contado otro tipo de historias.

Allí pueden estar Fernando Iwasaki y Carlos Yushimito, por ejemplo, quienes han incluido referencias de España y Brasil en sus narraciones. “Ahora estoy pensando hacer un proyecto comparativo sobre las conexiones entre la memoria nikkei y las otras memorias en el Perú, Latinoamérica y Asia”, dice Shigeko. “Primero quiero explorar las memorias pequeñas que no han sido visibles en el mundo y examinar qué puntos de intersecciones (nódulos y ensamblajes) crean cuando una memoria se encuentra con la otra”.

En Las voces que entrecruzan el Perú y Japón la memoria migratoria es abordada a través de la obra de la escritora peruana Doris Moromisato; la multiplicidad de la identidad en la novela Mezameyo to ningyo wa utau (Despiértate, canta sirena), de Tomoyuki Hoshino; el fenómeno dekasegi y los migrantes indocumentados en “Lolo”, de Luis Arriola; y las memorias silenciadas en la sociedad peruana y la comunidad nikkei en El japonés Fukuhara, de Selenco Vega.

La obra de tres autores peruanos (Doris Moromisato, Luis Arriola [arriba] y Selenco Vega [abajo a la derecha]) y el japonés Tomoyuki Hoshino bajo la lupa de Shigeko Mato. Crédito: Collage elaborado por Javier García.

 

© 2021 Javier Garc;ia Wong-Kit

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