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Vientos nuevos en la poesía nikkei peruana - Parte 1

Portadas de las publicaciones de los poetas nikkei José Natsuhara, Kazuko Kikushima y Ana Akamine. Crédito: collage de Javier García Wong Kit.

La poesía nikkei tiene un largo historial en el Perú, a partir de autores clásicos como José Watanabe o Doris Moromisato, cuyos poemarios datan de los setenta y ochenta. En años siguientes, otros autores como Juan de la Fuente Umetsu han seguido una estética con una notoria influencia japonesa, la misma que ha inspirado a otros poetas peruanos sin ascendencia japonesa como Diego Sánchez Barreto y Alonso Belaunde Degregori, más cercanos al haiku.

En los últimos tiempos, la poesía nikkei ha ido trazando nuevos caminos que fluyen en direcciones diversas como vientos que siguen sus propios rumbos. Una de las poetas nikkei más experimentales es Tilsa Otta, cuyo primer poemario (Mi niña veneno en el jardín de las baladas del recuerdo, Álbum del Universo Bakterial, 2004) mezcla poemas, cuentos e ilustraciones propias; muy acorde con la personalidad creativa multifacética de la autora, quien también ha experimentado con la novela, el cómic y lo audiovisual.

Algunos autores han seguido ese camino múltiple, mientras otros han profundizado en una faceta que, como todo estilo, es difícil de encasillar. Poetas como Ana Akamine Yamashiro, Kazuko Kikushima y José Natsuhara han creado gran parte de su poética en los últimos diez años y, sin conformar necesariamente una generación o movimiento, pueden ayudar a entender los vientos nuevos de la poesía nikkei que resalta o prescinde de su ascendencia japonesa, pero sin apartarla de su identidad personal.

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Ana Akamine

Ana Akamine es una poeta que ha sido premiada, lo que le permitió editar su poemario Los árboles una vez fueron hombres. Crédito: archivo personal de la autora.

Desde que era pequeña, los padres de Ana Akamine fomentaron en ella la lectura. Sin embargo, fue con los poetas barrocos que descubrió la belleza en la poesía; su musicalidad, sonoridad e imágenes espectaculares que se muestran en las nuevas formas de emplear el lenguaje. “Abrieron para mí un mundo. Desde que tengo razón leer era todo, y aún lo es”, dice la autora, que no ha tenido una formación propiamente en letras, salvo algunos talleres de poesía y narrativa.

En 2013, obtuvo el segundo lugar de los juegos florales organizado por el Centro de Estudiantes de Literatura (CELIT) de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y en 2015 recibió una mención honrosa en el Cuento de las 1000 Palabras de la revista Caretas. Dos años después, ganó el VI Concurso Nacional de Poesía de Mujeres Scriptura 2017, que organizaron la Comisión de Escritoras del PEN Internacional del Perú y la Universidad Ricardo Palma, por su poemario “Los árboles una vez fueron hombres”, publicado por la editorial Carpe Diem (2018).

“Me sorprende la cantidad de editoriales que aparecen y se aplaude la difusión del arte, pero a veces veo que hay grupos que se aprovechan de la necesidad de expresar por parte de los escritores y se publica sin filtro: malas ediciones, faltas ortográficas o cuestionables criterios literarios donde es evidente el afán de vender. Por ejemplo, si bien celebro que hay cada vez más talleres y espacios donde la gente puede desarrollarse creativamente, el producto final es la publicación. No es la elaboración de materiales de calidad, sino la publicación. Se confunde la difusión con venta”.

Kazuko Kikushima

Kazuko Kakushima ha publicado el poemario Tatuajes y expermentado con la musicalización de sus versos. Crédito: Andy Bustamante (foto de la izquierda).

Kazuko Kikushima es psicóloga y comunicadora, lo que la ha llevado a desarrollar facetas variadas como la terapia holística, la publicidad y fotografía. “Me consideraba tímida, se me hacía mucho más fácil comunicar mis ideas escribiendo que hablando con la gente”. Empezó escribiendo sobre personas y para su primer libro de poemas titulado Tatuajes, busca una mezcla sutil entre lo tierno y lo sugestivo. Kazuko Kazuko Kikushima”.

En octubre de ese mismo año fue invitada a participar en el 4°. Festival Caravana de Poesía en Lima, y en noviembre participó en la II Feria Internacional del Libro Tarma 2017 para presentar su libro y realizar un taller de haikus. Un año después, publicó algunos poemas en el fanzine peruano “Poetas del Asfalto”. En 2019 fue seleccionada para participar de la 2ª Feria de Arte Nikkei, Perú Gambarimasho, con merchandising creado a partir de sus versos.

“Tenía algunos textos desde los 15 años. En Tatuajes hay poemas de amor y desamor, y también pensaba en lo que podía decir desde mi parte de psicóloga. Si vale la pena seguir con una relación o es mejor terminarla y sanarte, por ejemplo”, dice Kazuko, quien ha visto en la autoedición su próximo rumbo. “En poesía, la editorial y el autor terminan haciendo la publicidad. Para mí es mejor la autogestión porque te puedes conectar con el público de forma más directa. Además, ellos te hacen sentir su apoyo”.

José Natsuhara

José Natsuhara ha publicado varios poemas en formato digital e impreso y desarrollado su propia editorial. Crédito: archivo personal del autor.

Para José Natsuhara, la poesía llegó de una manera natural, sin intermediarios, ya que en su familia nadie está vinculado con la literatura. “Yo jugaba a escribir, llenaba cuadernos y luego lo comencé a ver más en serio, pero no tan en serio, porque comienzas a dedicarte a escribir para los demás y eso malogra tu propia escritura, escribes para gustar”. Estudió filosofía, electrotecnia y psicología, y dirigió la revista “Monólogo”. Ahora tiene a su cargo la revista “Primate” y el fanzine “a-ISLA(miento)”.

Poeta autodidacta y editor (su sello es Triada Primate), ha publicado los poemarios: Oh! Dios cabeza de escopeta (2020) y La guerrilla elegante (2020), ambos de acceso gratuito a través de su catálogo virtual. En sus versos se manifiestan diversos aspectos espirituales que absorbe de toda fuente que tiene al alcance. En Bolivia, su obra ha sido publicada por Trilce Chávez, bajo el título “Teclas metafísicas que abren piernas insospechadas” (2018).

“Creo que es importante encontrar una voz propia, para decir algo que sea sincero. A veces cuando se encuentra, se habla de una fórmula y se dan dos cosas: se cae en la repetición o se sigue experimentando. Yo prefiero lo segundo. Hago uso de referencias de todo tipo y, al mismo tiempo, le doy una estructura que permita la dilucidación de una tesis. Todo poema es una tesis, la belleza es una ciencia para mí”.

Identidad nikkei

Hay algo en los jóvenes y no tan jóvenes poetas nikkei que los lleva a relacionarse con su ascendencia japonesa de una manera distinta a la de sus antecesores, autores que quizás tuvieron un mayor contacto con los hechos históricos vinculados a la migración. Aunque con distintas aproximaciones, estos autores dan, muestran y exteriorizan formas que son identificables con el país de sus ancestros en combinación, por supuesto, con su vertiente peruana y la influencia cultural de la globalización.

Ana Akamine dice sentir deudas enormes con los anónimos romances españoles y con la poesía contemporánea. Más que autores, ella prefiere hablar de estilos: desde lo barroco al modernismo y surrealismo. “Pero si me dices un narrador y un poeta: Borges y Lorca”. En el caso de la poesía nikkei, “lo interesante es que encontré espacios poéticos donde me sentía plenamente identificada. La sociedad nikkei es cerrada y rica. Esto hace que el choque cultural cuando uno sale al exterior sea evidente. La veo desde la melancolía”.

Kazuko Kikushima tiene también referentes de dentro y fuera del país: José Watanabe y el poeta venezolano Gustavo Pereira. “Desde el 2018 empecé a cambiar de estilo al leer a otros autores que no son tan comerciales, con una mirada más contemplativa como la de Watanabe. Describir un paisaje o una situación es más divertido que escribir algo cursi. Crear escenas y pensar de dónde nace esto”. De su origen japonés dice guardar ciertas formas relacionadas a la decencia. “Ahora hay artistas que salen con poca ropa o se ven envueltos en escándalos. Creo que parte de mi identidad nikkei me lleva a mantener el honor y otros valores que están alineados a lo que nos enseñaron nuestros ancestros”.

José Natsuhara dice practicar el dokkodo, “el camino de la soledad”, una serie de preceptos disciplinarios y espirituales escritos por el samurái Miyamoto Musashi, además de tener al monje zen Ikkyū como una de sus mayores influencias. Entre sus poetas preferidos señala a Abraham Valdelomar, Blanca Varela, la boliviana Hilda Mundy y el peruano Tomás Ruiz Cruzado. “La experiencia familiar marca bastante mi obra, he crecido con las historias de la inmigración japonesa. La figura de mi abuela me ha marcado mucho”.

Poemas futuros

Actualmente, Ana Akamine viene trabajando un nuevo poemario, además de tener otros publicados en revistas digitales e impresas, y participar en recitales. “No creo que aborde el tema de la identidad nikkei en mi poética. Sin embargo, es inherente a mí, está en mi psiquis, mis actos y en la forma de ver y entender el mundo. He vivido las transgresiones del trato diferenciado y me ha hecho ser más crítica y consciente socialmente. El arte debe ser transgresor, la literatura como arte es crítica permanente de lo social con intención o no, sino se queda solo en lo estético y no trasciende”.

Recientemente, Kazuko Kikushima se mudó a Trujillo, la ciudad de José Watanabe, pero desde antes viene trabajando en colaboración poética con músicos. Su segundo libro es en realidad un “playlist poético” que ya tiene una parte disponible en Spotify y contará con bonus tracks. Ahí han participado músicos como No Recomendable, Leonel Bravo y Hans Gamarra, entre otros, habiendo ritmos que fusionan la canción de autor, el reggae y otros ritmos. “Para la edición impresa será un libro interactivo, con un código QR en cada página. Leer un poema escuchando una canción. Las colaboraciones con estos músicos crean un modo nuevo de consumir poesía y abrirse a nuevos públicos”.

Para José Natsuhara, toda su obra está estructurada sobre la espiritualidad zen. “Conozco la historia de los migrantes japoneses en Pisco y quiero plasmarlas en un libro. Lo hago por una cuestión personal, más que por encajar en cierto grupo”, dice el poeta, poniendo como referencia a José Watanabe. “Creo que lo atractivo es que no fuerza un discurso japonés o peruano, escribe lo que siente. Un riesgo dentro de la poesía nikkei es caer en la etiqueta misma, esforzarnos demasiado en proponer un producto y descuidar el trasfondo”. En la actualidad está trabajando un proyecto ambicioso: un “Mapa del Perú”, una antología poética de cada región del país.

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© 2021 Javier García Wong-Kit

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