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Dos amigos, un destino

El Estadio la Unión (AELU), en sus 68 años de vida institucional, albergó infinidad de historias en su perímetro. Historias de triunfos deportivos, de metas en llegadas de emoción, de romances que terminaron en un altar religioso, de partidos que al final destruyeron amistades, de encuentros que unieron vidas, de carreras inconclusas y partidos victoriosos, de amistades que nacieron y adioses que terminaron en el llanto.

De miles y miles de postales que adornan nuestras casas familiares, de legendarios atletas que hoy nos representan en el frontis de muchos escenarios, de recuerdos y encuentros que solo volcaron infinidad de alegrías y llantos, y de amigos que solo buscaron la actitud con sus trabajos. Ahí donde unos simplemente tenían las horas de recreo, otros buscaban las noticias en los días enclavados de rojo. Su misión eran los resultados, el triunfo venerado o la derrota figurada. Los veíamos silenciosos, con sus máquinas fotográficas, sus mochilas al hombro y ese paso que sobresale cuando uno tiene responsabilidades. Tranquilos, humildes y con el saludo presto a buscar la noticia, a ensayar la toma de una ceremonia, a estar presentes en donde aquello quedará para la historia, o al último segundo, en la meta de una estrecha llegada de los clásicos cien metros de nuestros Undokay. Ellos sentirán que el día de mañana la noticia será la forma agradable de buscar el caliente café, la charla amigable de un editor o el rotar continuo de una noticia que, por ser emocionante, trágica, cómica o divina, será portada de una próxima edición.

El Señor Mario Teves

Mario Teves. Nos dejó en el silencio de un encierro que aún maniatados por esta pandemia no llegamos a comprender. Los amigos se nos van, con encierro o sin encierro, con cuidados o sin ellos, es un enemigo invisible y traicionero, un enemigo que solo espera a dar el zarpazo final. Si bien es cierto que más de un año no nos veíamos, yo sabía que ya pronto iba a volver a las páginas deportivas del diario Perú Shimpo, y que pronto nos veríamos en las instalaciones del AELU. Él, con su cámara fotográfica, en compañía de Lucho Valderrama, del diario Prensa Nikkei, y yo con mi despreocupado andar de caminante jubilado. Y también sabíamos que el tercero de Los Mosqueteros, el señor José Flores, del boletín del AELU, nos había dejado el 12 de mayo del 2020, en plena crisis por la pandemia del coronavirus. Dos amigos, un destino.

Los llamaban “Los Tres Mosqueteros”, tres periodistas de tres editoras distintas de la colonia japonesa. Hoy solo está presente el señor Luis Valderrama. Mi tocayo, como yo lo llamo. Y sabemos los dos que en este silencio “hay golpes en la vida tan fuertes”, que no esperábamos una ausencia precipitada de dos amigos. Descanso eterno para José Flores y Mario Teves.

Al señor Mario Teves lo conocía desde que yo visitaba el diario Perú Shimpo, en el jirón Puno de los Barrios Altos en Lima, y donde alguna vez me atreví a que el señor Juan Cabrera me presentara al señor Chihito Saito, para yo poder trabajar en el diario. Fue en 1961 y tuve la mala suerte de no encontrar trabajo. Solo me ligaba al diario el que yo colaborara en su página dominical lo cual, años después, me valió para hacer amistad con Ricardo Mitsuya Higa, quien tiempo después me presentó al señor Mario Teves.

A finales del siglo pasado, yo colaboraba con mi columna “Cerca al corazón” y mientras practicaba y jugaba al tenis, Mario me buscaba para darle ciertos datos de los campeonatos que se realizaban en el AELU. Tomé tanta pasión por el deporte blanco que dejé la pesca, que por muchos años había reemplazado al fútbol y al ciclismo. Una tarde invité a Mario a tomarnos una taza de café en el restaurante del tenis y Mario me invitó a que escribiera de tenis y sus participantes en el diario. “Yo le doy un espacio para su columna semanal”, me dijo, “y usted puede escribir todo lo que se le venga a la memoria”. Así fue como nació una estrecha amistad con Mario Teves.

Hicimos la columna y nació “Set Point con Aelucoop”, un rincón exclusivo del Tenis AELU. Dicha columna salía los jueves y Mario era la persona que venía a recoger los trabajos que yo ya tenía preparado. Hacíamos reportajes, biografías, datos humorísticos, artículos de los campeonatos, notas sociales y las obras a base de caricaturas de nuestro buen amigo y tenista Juan Kobashikawa. Y de las muchas ideas que Mario tenía nació la foto “Cicuta”, una creación exclusivamente de Mario. El me proporcionaba las fotografías y yo le ponía las leyendas. En muchas de las fotos se veía a personajes de la colectividad japonesa de entonces. De Mario Teves aprendí mucho en el tiempo que tuvimos una relación con la columna Set Point y la amistad, aquella que marca los hitos en la vida, no tuvo mejor idea que acrecentar mi mundo en las páginas del diario Perú Shimpo.

Hoy la resignación trae consigo el ponerse a pensar y cavilar. La vida, aquella que llevamos por el camino que nos trazaron nuestros padres, está compuesta de matices en el mundo que nos toca vivir. Y si de disfrutar se trata, es en la juventud donde las energías nos llenan de valor y el triunfo nos corona como los mejores. El Estadio La Unión representa el máximo desarrollo de nuestras actividades deportivas, aquello que es flujo del desarrollo físico y de los valores en un mundo competitivo, responsable y lleno de salud. Y en él se mueve todo un mundo de personas que nos hacen más llevadera la vida dentro del AELU. Personal administrativo, de profesionales del deporte, de salud, aseo y comunicaciones. Y dentro de ello, los periodistas deportivos. Una pena que en este primer año de pandemia el AELU y el diario Perú Shimpo se cubran de tristeza y luto.

El Señor Mario Teves del diario Perú Shimpo (el primero de la izquierda) con Luis Valderrama del diario Prensa Nikkei y el señor José flores del boletín AELU.

José Flores y Mario Teves nos dejaron escritorios y sillas de redacción en completa soledad. “Los Tres Mosqueteros” rompieron una dinastía de más de cuarenta años en el quehacer de las noticias. Solo Luis Valderrama, con papelito en mano, obtendrá los datos de resultados en set corridos, en goles a favor o en contra, en tiempos de cronómetros en las pistas, en llegadas ajustadas al pie de las piscinas, en carreras o bases llenas del béisbol, o simplemente el partido no jugado o suspendido. Y tendremos nuevamente jóvenes periodistas al acecho. Papelito en mano y lapicero presto, quizá ya no máquinas fotográficas, simplemente celulares. Tendrán otro tono las fotos impresas y otra será la sensación en las noticias. El tiempo irá pasando y las páginas sueltas obtendrán el color ocre diez veces superado, alguien me dirá. El remplazo de José, Mario y Ricardo, quienes tienen un estilo diferente. Y yo simplemente diré “cada periodista tiene su estilo propio, hay quienes escriben con la razón. Y otros con el corazón”.

 

© 2021 Luis Iguchi Iguchi

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