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Kazoku: Calor de hogar y familia

En Kazoku cuentan con 10 enfermeras y técnicas para atender a las 19 personas que viven aquí. Crédito: Javier García Wong Kit.

Hay en Lima un lugar reservado para los nikkei de más edad, un lugar apacible que más que un asilo o un refugio como los hay en la capital peruana parece una residencia donde pueden sentir como en casa. Kazoku (que significa ‘familia’) tiene esa filosofía: vivir con la comodidad y la atención que tendrías con sus seres queridos.

Toño Tamashiro es el creador de lo que define como “la primera alternativa privada para el adulto mayor”, donde se cuidan las costumbres y la idiosincrasia de los issei y nikkei que buscan en este local del distrito de Jesús María (uno en el que se concentra un buen número de descendientes japoneses) un lugar para llevar una vejez digna.

“Uno de los temas que aclaramos a quienes nos visitan es que este no es un hospital, contamos con el apoyo permanente del doctor Enrique Chinén y con terapistas para la rehabilitación física, pero no contamos con instalaciones para ayudar a personas con tratamientos delicados”, dice Tamashiro, quien se dedica a la organización de eventos musicales pero que descubrió este mundo por necesidad.

El hombre inspirador

Toño Tamashiro con su padre, Nicolás Takey Tamashiro. Crédito: Toño Tamashiro.

Hace ocho años, la vida de Toño dio un vuelco cuando Takey Tamashiro, su papá, tuvo un accidente, quedando cuadripléjico. Estuvo cuatro meses y medio hospitalizado, pero pudo afrontar su enfermedad con total lucidez. Con el alta, Toño se dio con una gran dificultad: no tener un familiar en Perú que pudiera ayudarlo con una persona que requería atención permanente.

“Descubrí un mundo de tristeza, descuido y abuso en los asilos. Recorrí todos los distritos de Lima y mi papá estuvo en más de uno pero nunca pudo sentirse cómodo, me pedía que lo sacara de allí”. Toño observó que la realidad era una en los días de visita y otra en los días comunes. El abuso de las pastillas para tener a los ancianos sedados fue chocante.

“Los ves sujetando sus bolsas de medicinas o alimentos porque les roban”, dice Toño, quien a partir de todas estas experiencias decidió construir un edificio en el que los ‘ojichan’ y ‘obachan’ puedan vivir tranquilos, siguiendo las costumbres propias de la colonia, como el gohan sin sal. Además, él les pone televisores de alta definición con programas en japonés y su personal ha aprendido algunas palabras básicas en nihingo para hablar con los issei.

A toda comodidad

Su papá nunca llegó a hospedarse en Kazoku, pero Toño recuerda que en su último cumpleaños lo llevó en su silla de ruedas a comer entre el material de construcción. “Él sabía lo que yo estaba haciendo y creo que se fue orgulloso”, dice Tamashiro, quien no ha recibido donaciones ni el apoyo de las empresas privadas.

Aun así, ha podido construir cinco pisos (de momento solo hay tres habilitados) en los que viven 19 adultos mayores que comparten habitaciones (para evitar la soledad y riesgos a su seguridad) y que tienen baños con instalaciones de primera, con los lavabos a la altura de las sillas de ruedas, duchas telefónicas y ambientes comunes para ver televisión o conversar.

“Aquí ellos si quieren dormir un poco más, no hay problema, se les guarda su comida”, dice Toño, quien ha recibido a personas con depresiones severas y que han logrado recuperarse. “Es el kimochi”, dice él: el calor de hogar que se reforzado por un ambiente bien aseado y en el que se respira bienestar.

La medicina musical

El trabajo de Toño es dirigir una orquesta y cantar. Por eso, en los momentos de recreación no falta el karaoke, que los huéspedes disfrutan y que sirve como una suerte de medicina musical. “Muchos llegan en malas condiciones de salud. Sus familiares creen que no se van a recuperar y luego han vuelto por ellos, que han salido caminando”.

En Kazoku las instalaciones son de primera, contando con espacios para compartir, cantar y bailar. Crédito: Kazoku.

“A veces me piden canciones que no conozco, de su época de colegio”, añade Tamashiro, quien recuerda a un hombre que no solía hablar con nadie y al que ahora muestra en un video en el que se le ve departiendo en una fiesta. Celebran los cumpleaños y, gracias a que muchos pertenecen al Jinnai Center, de la Asociación Peruano Japonesa, cada tanto realizan actividades fuera.

Hacen paseos, ejercicios y actividades como el ikebana. También les invitan un obento. Como están en una zona residencial, cerca de la sede de la institución, también van a un parque que parece ideado para ellos por la tranquilidad que se respira. “Es importante que los familiares entiendan que aquí no se les alquila una cama, se les ofrece un hogar con todas las comodidades”.

Próximos proyectos

En el recibidor de Kazoku, una pantalla de televisión de alta definición muestra programación japonesa. Mientras recorremos los pasillos impecables y frescos, Toño me cuenta que uno de sus próximos es colocar unascensor para sillas de ruedas, y que espera habilitar en el cuarto piso un área de servicios y en el quinto una sala recreativa.

Actualmente trabajan aquí 10 personas, entre enfermeras y técnicas, que han sido bien seleccionados, puesto que muchos de los que se presentaron venían acostumbrados por las prácticas de los asilos. “Muchos dicen darles comida saludable, pero a las cuatro de la tarde, su última comida es un pan y té”, dice Tamashiro, recalcando que aquí la alimentación es balanceada y baja en condimentos.

Toño calcula que si desde 2014, en que inauguró esta residencia han llegado a alcanzar su capacidad instalada, en pocos años necesitarán más espacio, por lo que ya piensa en un segundo local donde pueda recibir a más issei, entendiendo que en los tiempos actuales es cada vez más difícil darles tiempo y espacio a los adultos mayores. “Estamos abiertos a cualquier tipo de donación o aporte”, dice Tamashiro.

En Kazoku están prestos a recibir cualquier donación o aporte. Para ello pueden escribir a info@tonotamashiro.com

 

© 2016 Javier Garcia Wong-Kit

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