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Futuro Colectivo

La función de los kenjinkai - Parte 2

>> Parte 1

Tal vez estemos en los atisbos de la 7ma. generación Nikkei en el Perú, una que, aunque sufra discriminación por apariencias y forma de pensamiento y actuar, crecerá totalmente integrada a la sociedad peruana y más a la globalización de la individualidad.

Por ello, la función de los kenjinkai, en un país como el nuestro,  tiene que ser la de esclarecer y prolongar ciertos valores como la familia, el respeto, la puntualidad y tantos otros que casi no vemos a nuestro rededor y que a veces hasta son percibidos como comportamientos extraños porque no es de común hacer como dar pase a un peatón cuando se maneja, preferencia –con paciencia- a un anciano para bajar escaleras o respetar la discapacidad.

Son valores universales pero que se están perdiendo, por ello, como “valor agregado” Nikkei, aquellos deberían arraigarse en el hacer y pensar de la colectividad debido a la herencia de iguales y similares valores que tenemos o que, por lo menos, hemos escuchado de los abuelos; al haberlos visto antes, será más fácil asimilarlos, no es cosa nueva.

VALORES

Los divorcios son tan fáciles, hoy, que debemos evitar que nuestras propias familias se rompan y separen por egoísmos y envidias materialistas; la responsabilidad es escasa en el trabajo mientras que el mal olor de la mediocridad se respira todos los días.

La puntualidad, como valor del antiguo Japón, debería trascender y ser una carta de presentación en vez de “la hora peruana” contagiada y aprobada en muestra de viveza… criollada… ignorancia.  El respeto por todos, no sólo adultos mayores, debería ser de cuna, no una de oro o plata ni de adobe o ichu –insulsa discriminación- sino de respeto por uno mismo para irradiarlo a los demás.  El cambio empieza dentro de uno, si no se entiende sólo se sigue, en borrega actitud, hasta que se diluye.

La función de los kenjinkai, hoy, debe ser “globalizada” pero no en su acepción común sino alrevés, como se aplica realmente, esto es, tratar de evitar que se pierdan los valores que la globalización está dejando al olvido; lo describo así porque si menciono una antiglobalización, sea lo que fuere, lo que obtendré será oposición tecnofílica y mediática.

O sea, la función es el anteponerse a la marea habitual de desdicha y dejadez y concentrarse en fortalecer al individuo… ya que la globalización es, en realidad, individualización (o sea, dicotomía inducida a través de necesidades básicas insatisfechas y deseos bien sembrados en un medio crédulo que no juzga para no ser juzgado).

La colectividad no está exenta ni protegida de estos cambios planetarios por lo que debemos atesorar aquellos valores –antiguos, sí- pero que mantienen unida a la gente y crea un progreso y desarrollo reales, en comunidad, en colectividad: son los valores y valoraciones (la persona es más importante que su dinero, no alrevés) que hacen que un grupo salga a buscar a una persona perdida, que se junten en un evento para recolectar fondos por un familiar enfermo, que la atención se centre en un problema que sufre una institución de la colectividad para que todos puedan aportar soluciones.

Así, expongo un punto de vista más abierto que antes, hasta para mí, porque las herramientas sociales deben ser variadas para evolucionar, deben convertirse en lo que no son para evitar añejarse entre telarañas y perderse en el tiempo dejando camino libre a las imágenes nuevas, coloridas y seductoras pero sin contenido.

Por ello, los kenjinkai ya no deben ser agrupaciones que aluden a un origen prefectural -concepto que celebra 110 años entre nosotros, ya puede ser considerado antigüedad- sino que deben celebrar el origen común que tenemos los Nikkei a través de la unión, tan mentada y utilizada al inicio de la inmigración y en tiempos de crisis, como también a través de los valores heredados y que se han perdido en los países “primermundistas” sometidos a las reglas del consumismo y no de la familia.

Si esa Unión -como se llama nuestro complejo deportivo representativo- sirvió a los inmigrantes que tanto sufrieron, servirá también para nosotros que estamos sufriendo aunque no nos damos cuenta porque lo compensamos –incluso antes de que pase- con la tarjeta de crédito.

Así, en esta época de la información, lo que unió a los inmigrantes que estaban solos y en un entorno agresivo y desconocido puede unir a los Nikkei de hoy, no con los mismos tonos de antes, para no pecar de diluvianos, sino adaptados a los intereses personales y colectivos de este presente con más fobias que antes pero con mayor número de oportunidades.

No es fácil como el decirlo o escribirlo, pero nada es imposible si un grupo suficientemente grande se lo propone; los demás se plegarán.  ¿Quién sembrará la semilla?

© 2009 Victor Nishio Yasuoka

community kenjinkai

Sobre esta serie

Victor Nishio Yasuoka experimenta con la vivencia Nikkei en Perú. Se pregunta: ¿Qué es ser Nikkei? Para imaginar un futuro colectivo local y global. También, analiza el racismo histórico y contemporáneo, incluso explaya las consecuencias del denominativo “chino” y sus razones profundas. Finalmente, aporta un panorama personal de las Bellas Artes y el apoyo cultural dado a los artistas de la colectividad desde su mirada profesional.