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Futuro Colectivo

Nombres alrededor mio

No he escrito ni conversado sobre la influencia de los nombres japoneses en la cultura peruana (limeña, esta vez).  Nunca he escuchado una disertación ni leido una publicación sobre la influencia Nikkei en la cultura peruana… he estado desconectado de la colectividad y su producción literaria debido a que estaba concentrado en la mia y, además, conociendo y experimentando otras cosas fuera del círculo humano-cultural en el que crecí psicológica y emocionalmente, antes de irnos a Panamá.  Por ello me pareció interesante pensar tipeando, también en voz alta, sobre aquella influencia.

Viviendo en centroamérica no tuve contacto con algún latino, EEUUlizado o no, que tuviera nombres japoneses.  La influencia era muy fuerte por el Canal de Panamá bajo domino estadounidense y por las sendas bases militares además de las relaciones bilaterales que tenía –y tiene- con ese país y, por ello, los nombres tienen que ser tales:  John, Phil, Joseph, Kate, Lenny o Margareth que se mezclan según estrato social y nivel cultural con los habituales nombres latinos como José o Jóse, Carmen, María, Luz, etc. sin dejar de mencionar a los nombres extraños o los apellidos utilizados como nombres: Kennedy, Clinton, Washington, etc. entre los indígenas con apellidos nativos y con clara influencia de aquel país marketero por legado.

Hoy, esos nombres adoptados por el imaginario popular de todos los países deben estar más expandidos que antes, más comunes y más distorsionados, tal como pasa en el Perú, donde hay miles de Nayelly, Dayahnna, Miljaus (no tiene un amigo Bart), Hulk, Yojanna, Yumayi, Einstein, Yazuri (el sonido parece de la selva peruana), Bulma, Vegueta, Celin Dion (como nombres) y tantos otros, unos más graciosos –hasta chistosos- que otros, pero nombres al fin, tanto que motivan peculiares reportajes en nuestro medio.

Peor la llevan los profesores de colegios, generalmente los estatales, que deben preguntar cómo se escribe cada nombre o escribirlos como creen coloreando, aún más, las faltas ortográficas basadas en sonidos habituales.  De los alumnos, al ver ese actuar reflejado en sus nombres, no será sorpresa que escriban mucho o todo según el sonido de las palabras (no como está estandarizado) y con las letras a las que están habituados, por ejemplo, B en vez de V.

Aquellos, a los que, sin sorpresa, se podría añadir un recién nacido llamado Volpone (de la obra de teatro de Ben Jonson) y un Buslaiyer de 2 ó 3 años (Toy Story), son tan extraños como encontrar a una persona con rasgos autóctonos peruanos llamada Tenchi (con C) o Midori porque a su papá le gustó el sonido.  Sobran las Aquemi (con Q) y Sayuri sin saber lo que significan y hay varios Taqueshi y Mallumi en asentamientos humanos en la periferia de Lima.  La influencia es notoria y duradera en los asentamientos humanos Alberto Fujimori, Kenji Fujimori, Susana Higuchi y Satomi Kataoka -muy aparte del barullo político con tintes racistas- porque fueron fundados en “buenas épocas” donde el racismo no era el que dominaba los medios sino un cántico popular y político que caló hondo en el pueblo, aquel que aludía como “chino” a un descendiente Nikkei… es notoria, entonces, la mezcolanza que tenemos en varias culturas latinas donde se indiferencia todo lo que venga de lejos y se generaliza todo lo que sea extraño y ajeno a las costumbres propias (en vez de ser evaluadas y criticadas constructivamente).

Tal es la trascendencia de la cultura japonesa mimetizada con la peruana (110 años), o sea Nikkei peruano, que la influencia sonora llega hasta donde no ha llegado ni un volante de las actividades realizadas por la asociación que agrupa a nuestra colectividad.

MI PAPA TIENE LA “CULPA”

…me dijo un Kenji con quien estudié hace muchos años.  No sabía lo que significa su nombre, no le gusta pero todos lo llaman así porque es distinto a los nombres comunes que casi todos tenemos en nuestras respectivas regiones.  A los demás sí les gustaba el nombre que no tenían, pero al que lo tenía no, porque no se identificaba al no tener costumbre japonesa ni gusto por esa cultura o su comida.

Entonces, apelando a la diferenciación, los padres buscaron sonidos distintos sin importar la influencia cultural ni siquiera la forma en que se escriben correctamente; baste mencionar que hasta los nombres habituales se escriben mal o transmutan buscando individualidad y originalidad, dando un carácter pintoresco a la población mas, sumiéndola en un libertinaje indoloro de transformación de nuestras etiquetas personalizadas.

Tener un apelativo distinto a los normales crea una disyuntiva emocional: soy o no soy, pertenezco o no, qué soy (para los más existenciales), mi nombre es aceptado o no, etc, acrecentando el desorden, perdiendo la estandarización y urgiendo hacer “lo que da la gana” hasta con los nombres de la descendencia, como mal tradicional.

Aún así, es rasgo humano ampliar el abanico de posibilidades saliéndose de lo estipulado, experimentando y aprendiendo de actos generacionales, que al inicio son tomados como error o ignorancia pero que, con el tiempo, se vuelven parte del quehacer y hablar habituales.

© 2009 Victor Nishio Yasuoka

identity peru

Sobre esta serie

Victor Nishio Yasuoka experimenta con la vivencia Nikkei en Perú. Se pregunta: ¿Qué es ser Nikkei? Para imaginar un futuro colectivo local y global. También, analiza el racismo histórico y contemporáneo, incluso explaya las consecuencias del denominativo “chino” y sus razones profundas. Finalmente, aporta un panorama personal de las Bellas Artes y el apoyo cultural dado a los artistas de la colectividad desde su mirada profesional.