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¿Por qué existen las minorías étnicas? - Parte 2

>> Parte 1

TEORICO Y REAL

Lo teórico va ligado a la presencia real de las “minorías” porque es estudio y sustento para la existencia de las mismas; mas esos estudios (no todos ni por todos, nada es absoluto excepto que todo es relativo) son malutilizados para descubrir puntos para criticar o para torcer posturas y vilipendiar a las “minorías”; vivimos en un sistema social con una estructura mental donde lo bueno no se dice y lo malo se encara.

Por ejemplo, los que predican “pureza aria” se basan en estudios tergiversados y manipulados para obtener ciertos resultados (como la curva de campana para el coeficiente intelectual) y en arengas recalcitrantes con visión parcial y parcializada.

Además, las frases condicionantes con máscara positiva como “el que quiere puede” siempre se dicen pero nadie enseña ni guía para concretarlas; al que no aprende se le tacha con un mísero y lacónico “ni modo, no puedes” sin corregir la situación.  Con el tiempo esos males, convertidos en comportamientos, se convierten en “tradición” y engordan la transmisión oral entre generaciones.

Por eso, entre tantas otras cosas con pies de barro, tampoco puedo hablar de una minoría étnica aunque mis motivos no sean académicos ni teóricos y pertenezca a la “minoría” peruano-japonesa.

MINORÍA

Es un término mal utilizado y mal relacionado al racismo.  En el Perú existen “minorías étnicas” a montones y a lo largo de todo su territorio provenientes de todo el planeta.  Acepto su existencia como “minorías” mas no creo en esa clasificación sino es con limpieza académica (donde casi todo está permitido por ser etapa de análisis y aprendizaje).

Algunos clasifican a Lima como megalópolis (aunque no lleguemos aún a los 10 millones) cosmopolita (aunque aún creamos en los límites territoriales) y multicultural (aunque muchos aún desprecien costumbres y tradiciones ajenas en vez de aprender de ellas).

Así, los nativos de esta región se consideran “minoría” -aunque sean más en número- y por ello se someten a la opinión y decisión del de piel blanca y ojos claros.  Parece una imagen de la época de trata de esclavos mas, al parecer, ese comportamiento quedó impregnado en el imaginario popular y, hasta hoy, lo vemos en mercados y plazas donde la aglomeración popular deja entrar a un “blanquiñoso” para que opine “si quiere” pero sin hacerle caso, y también en centros comerciales donde un “cholo” no entra porque “me van a botar pues” a pesar de que puede hacerlo aunque reciba miradas de desprecio por “no estar al nivel, míralo cómo se viste”.

CHOLO

Según un sociólogo amigo, “cholo” significa “perro chusco de delincuente”.  No lo he podido corroborar porque no he tomado el tiempo necesario pero, de ser así, el “choleo” es un acto de desprecio de lo más bajo.  Así, decir “cholito” con cariño no tiene algo de tierno porque se alude a una condición paupérrima y socialmente despreciable, sin saberlo.

De los Nikkei: se nos trataba (y trata) de ponjas, el inverso de ja-pon… incluso algunos Nikkei utilizan el “ponja” para referirse a japoneses de nacimiento; también de “chinos” por generalizar junto con los Tusan, esto es, “todos ustedes son lo mismo para mí”; se nos clasifica como “amarillos” por el color de piel y de “orientales” siendo más peruanos, trabajando por nuestro país, en vez de desarrollar la viveza y el malhablar.

Por experiencia cercana, puedo comentar que existen algunos Nikkei (los menos) que, rechazando sus raíces, formaron familia según sus ideales artificiales o compensaciones basadas en carencias de juventud, con parejas no Nikkei.  Vivieron y viven vidas alejadas de sus propias familias, a las que frecuentan sólo por la obligación que imponen las fechas estereotípicas como navidad, día de la madre y padre, cumpleaños.  Terminan rompiendo sus raíces con peleas familiares debido a puntos de vista divergentes sobre cómo (mal)tratar a la madre y padre (ya abuelos) en sus últimas etapas de vida, algunos en venganza tácita e inconciente, otros en indiferencia total.

Para elegir una pareja siempre debe mediar buena comprensión y comunicación aún mejor, no hay otros requisitos, pero la motivación de aquellos que niegan su ascendencia fue la negación de su procedencia porque no supieron adaptarse al entorno en que vivían: quisieron tener y ser más de lo que fueron y a la madre y padre echaron culpas, así, este párrafo no comprende a los que, casados con no-Nikkei, participan en actividades de la colectividad y no tienen “recelos” contra su ascendencia ni contra lo que Son.  Mi pareja no es Nikkei.

De los de piel morena: se les califica como “sombras”, “llantas”, “monos” y muchísimos adjetivos denigrantes relacionados con el color de su piel.  Nada de esto es correcto pero se siguen utilizando términos como zambo para calificar a todos los “negros” cuando, por definición, es negro con indio americano.  También vemos a morenos discriminarse entre ellos cuando uno es más “claro” que otro… un sinsentido más.

Sin apertura mental de las sociedades, sobretodo de las mismas “minorías étnicas”, no habrá un cambio tangible que muestre que la igualdad es un componente básico de la libertad; hasta entonces sólo creeremos vivir en libertad… mas esta será real sólo cuando muchos otros males sean erradicados de nuestras mentes y corazones.  Somos lo que pensamos y estamos aquí para llevarlo a la práctica; si el mundo está como está es porque estamos pensando mal.

Entonces, ¿por qué existen las minorías étnicas?... porque así lo hemos dejado ser, sin empeñarnos en corregir la situación desde su concepto.  No se trata de un problema social que conlleva maltrato “racial” sino de una actitud sumisa que no corrige abusos y maltratos a cada oportunidad posible.

Si uno se deja abusar, el abusador creerá que está en lo correcto, multiplicará su maltrato y muchos bajarán la cabeza ante aquel; los maltratados se desahogarán a sus espaldas (con amigos o familiares) y creerán, a la larga, que eso es lo que les “toca vivir”… pero es mentira.

El que abusa lo hace por tener pésima autoestima (y alguna psicotraumatización), si el abusado lo deja hacer no hará más que reafirmarlo y, en detrimento personal, bajar su propia autoestima.  Por tanto, no vale pena alguna dejarse maltratar, dar mejilla (ninguna), absorber cóleras de terceros ni “expiar” pecados ajenos.

Lo que vale es corregir para educar, con paciencia, buen humor (o sin humor) y sin dejarse afectar… un insulto que no fue tomado como tal, no insultó.  Contra un agresor, que no sabrá en qué pensar, mas que muecas iracundas y vociferaciones maltrechas, una sonrisa en silencio, con ayuda de la mirada significará: “no me estás atacando porque no tienes fundamento”.

© 2009 Victor Nishio Yasuoka

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