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Kizuna 2020: Nikkei Kindness and Solidarity During the COVID-19 Pandemic

“No le tenía miedo a este virus, pero sí respeto”  

En España se han registrado alrededor de 240 mil casos de personas infectadas con coronavirus. Una de ellas es el peruano y exdekasegi Gabriel Ueda Tsuboyama, quien vive en el país europeo desde hace más de 15 años. Por suerte, también es uno de los aproximadamente 150 mil recuperados hasta el momento.

Todo comenzó con un problema en la garganta que minimizó atribuyéndole un origen distinto del real.

“Fue un poco cómico todo. Resulta que llevaba un par de días con la garganta inflamada y cuando al tercer día amanecí con un dolor más fuerte, de ese tipo que te duele cuando pasas alimento, decidí ir a la consulta para que me receten algo e irme a casa”, relata.

Lo que hasta entonces creía que era una dolencia menor, de esas que se resuelven con una pastilla, se transformó en una experiencia que nunca olvidará.

“Cuando entré al ambulatorio, el médico me vio la garganta, me revisó el pecho y me midió la temperatura. Se fue sin decir nada y entró con un traje especial NRBQ (Nuclear-Radiológico-Biológico-Químico),mascarilla, guantes y todo eso. Yo obviamente me reí porque pensé para mis adentros ‘joder, qué exagerado el doc’. Me quedé frío cuando me dijo‘póngase esta mascarilla y entre a la habitacion de al lado”.

En la habitación estaba una enfermera con el mismo equipo de protección preparándose para realizarle una prueba.Gabriel le preguntó al médico qué ocurría y este le respondió:“Usted ha dado señales de ser portador de Covid-19, vamos a hacerle la prueba’. Yo me empecé a reír porque estaba sano, sin tos, ni moco, ni fiebre.Cuando me hacen la prueba salgo positivo”.

De inmediato llamó a su casa. “Le dije a mi señora que era positivo y ella no me creía, decía que me dejara de bromas y que a qué hora iba a llegar, jajajaja. El médico me decía que se sorprendía de que me riera porque ya había muertos, y le dije‘¿y qué hago doctor? ¿Me pongo a llorar? Ya tengo el virus’. Le dije que ya había pasado la influenza en Japón, y que eso podía jugar un papel importante en los anticuerpos que yo pudiera desarrollar. Me lo tomé deportivamente”.

El peruano —casado y con dos hijos— se enfermó a fines de marzo, cuando España estaba atravesando por el periodo más grave de la crisis sanitaria. “Recuerdo que ya estábamos en estado de alarma y en España no se acostumbra a ver policías y ejército en las calles. Fue como una película. Lamentablemente es la realidad y está muriendo gente”.

“LO MÁS FUERTE ERA QUE NO PODÍA ABRAZAR NI BESAR A MIS HIJOS”

El médico lo mandó a casa. Aislamiento total. Eso hizo. “Solo tuve miedo de contagiar a mi familia, sobre todo a mis hijos. Lo que hice fue acondicionar la habitacion de mi hija.Llevé todas mis cosas para seguir mi trabajo y no salir en absoluto.Hasta para bañarme avisaba que iba a ir al baño, para que mis hijos se aislaran en otra habitacion. Toda mi ropa, utensilios, cepillo de dientes, todo me lo separaron por precaución. Estuve recluido 25 días en una habitación”.

Cuando el médico le ordenó que se confinara en casa, sus advertencias en caso de que la situación se agravara en las siguientes 48 horas fueron claras: “Me dijo que si presentaba fiebre de 40 grados aunque fuera una hora o me faltaba el aire, que llamara a una ambulancia para que me recogiera”.

El peligro, empero, no caducaba a las 48 horas. “Tuve un poco de temor porque a los tres días me llamó el médico —te controlaban mediante llamadas— y yo tenía fiebre de 37 y picos de 38. Me duraron cerca de una semana y el médico me dijo que si no bajaba en un día, me tenía que ingresar (al hospital). Jamás una fiebre me había durado tanto. Eso era lo que me preocupaba”. También tenía fuertes dolores de cabeza, algo muy raro en él.

Por fortuna, la ambulancia no fue necesaria. El peruano comenzó a sentirse mejor en la segunda semana. Los antipiréticos (fármacos para reducir la fiebre) que le prescribió el médico funcionaron.

La fiebre remitió y consciente de que estaba en proceso de franca recuperación la tranquilidad retornó a su vida.

Finalmente, una nueva prueba certificó que había superado la enfermedad, pero como establece el protocolo sanitario, estuvo dos semanas adicionales aislado por precaución.

Con sus dos hijos después de superar el Covid-19 y recuperar su vida familiar. (Foto: Archivo personal)    

Como millones de personas en cuarentena, llenó gran parte de sus días consumiendo series y películas de los servicios de streaming.

Gabriel asegura que nunca pensó que no sobreviviría. “Siempre tuve confianza en que (la enfermedad) no iba a llegar a más”, asegura. “Mi único miedo era contagiar a mi familia”.

“No le tenía miedo a este virus, pero sí respeto... Miedo me daba que lo cogieran mis hijos, aunque el pediatra que los ve sospecha que ellos también han pasado por esto porque días antes tenían unos síntomas que no eran compatibles con otros procesos víricos. El pediatra nos dijo que al no haber una sintomatología infantil definida, él apuesta que los dos tuvieron Covid-19 por la tos, fiebre, vómitos, en fin. Pero no me dio miedo.Sabía que si no empeoraba lo podía superar. Lo más fuerte era que no podía abrazar ni besar a mis hijos”.

“Jamas pensé que iba a morir. No concebía esa idea”, enfatiza.

Quien conozca a Gabriel Ueda sabe que uno de sus rasgos más notorios es un peculiar sentido del humor que, en circunstancias difíciles como la que vivió, esparce risas que disipan la tensión.

“El primer día yo estaba como un ‘apestado’ en el cuarto. Me había aislado, mi mascarilla, guantes, todo. Me habían separado mis vajillas, mis cubiertos, mi vaso. Y cuando entra Paula (su esposa) con la comida para que yo no salga de la habitación, le digo ‘demuéstrame ahora que me amas y dame un beso’. ‘¿Un beso? Que te lo dé tu p.. madre’, y yo le digo ‘hija de p..., bésame si me quieres’, y la cojo de la mano y la quiero meter. Ella dice ‘en la cama no, la comida te la voy a dejar en la puerta como a los presos’. Fue muy buena. Nos reímos”, recuerda en un relato entrecortado por sus carcajadas.

GUARDIA SIEMPRE ARRIBA 

Hoy Gabriel está trabajando con normalidad (se dedica a la seguridad y la docencia). En su casa todo ha vuelto a funcionar como de costumbre. España está en una etapa gradual de desescalada tras una rígida cuarentena y parece haber superado lo peor. Sin embargo, sería una temeridad bajar la guardia.

“Lamentablemente muchas personas no respetan la distancia social o el uso de mascarillas. Creo sinceramente que muchos ciudadanos no se están tomando esta pandemia en serio”, advierte Gabriel. La guerra aún no está ganada.

 

© 2020 Enrique Higa

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About this series

In Japanese, kizuna means strong emotional bonds. In 2011, we invited our global Nikkei community to contribute to a special series about how Nikkei communities reacted to and supported Japan following the Tohoku earthquake and tsunami. Now, we would like to bring together stories about how Nikkei families and communities are being impacted by, and responding and adjusting to this world crisis.

If you would like to participate, please see our submission guidelines. We welcome submissions in English, Japanese, Spanish, and/or Portuguese, and are seeking diverse stories from around the world. We hope that these stories will help to connect us, creating a time capsule of responses and perspectives from our global Nima-kai community for the future.

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